13 - El centro comercial.

No sé. A lo mejor no os pasa a vosotros, pero yo siempre he notado algo raro cuando estoy en un centro comercial. Lo noto sobre todo cuando estoy en el hall. No sé si se dice así, me refiero a la zona principal, el centro, donde suelen estar las maquinitas y los cacharritos, junto a los restaurantes, para que los niños se entretengan mientras los padres comen tranquilos.
Por una parte, te ves como uno más, y eso te relaja ¿no? Es como cuando en un monólogo alguien cuenta la anécdota de que una vez estaba cagando en un servicio público y, al estar el water mojado y sucio por todas partes, se puso a cagar a pulso, agarrando como pudo el pomo de la puerta. Y se pone el tío a describir el dolor que sintió en los cuádriceps, y todo eso que en el momento de hacerlo tú es muy incómodo, porque te imaginas que todo el mundo fuera puede ver lo que estás liando ahí metido.
Vale, con cosas como ésta después te partes el culo una vez que te lo cuentan y sientes mucho alivio, porque ves que, más o menos, todo era una tontería.
Bueno, pero no es de esta sensación de la que quería hablar. Lo que pasa es que me he enrollado un poco porque ayer en la playa tuve que cagar así, y lo tengo fresco todavía. Espero que no salgan fotos puclicadas por ningún lado...
Lo que no me gusta tanto cuando voy a uno de esos centros es que me da un poco de pena estar allí. Es una especie de melancolía que es lo suficientemente pequeña como para no quitarme el buen ánimo que llevo, pero lo suficientemente grande como para que en ese momento sea consciente de ella y me pregunte el porqué.
Y no es que sienta lástima de los demás, que me vea superior ni nada. Es una pena que me da de todos nosotros, en conjunto. No sé, pero, después de tanto esfuerzo por aparentar, después de tanto “tener un par”, y todo eso, al final, resulta que todos necesitamos más o menos lo mismo, y reaccionamos más o menos igual ante las mismas cosas, aunque no nos guste.
Resulta que lo único que queremos no es más que divertirnos, sólo eso. Pasarlo bien. Y no es tan difícil, ni se necesita tanto para conseguirlo si uno quiere, si uno deja de obsesionarse por lo que puedan pensar los demás, si se reirán, y te considerarán un tonto, blandengue, etc.
No hay que complicarse tanto con todo, parece que hasta divertirse se ha convertido en un problema ¿qué cosa hay hoy en día que no cause agobios o estrés? Irse de vacaciones, comunicarse, comer, tu modelo de gafas. La oferta es tan amplia que hay que hacer una lista de pros y contras hasta para abrir la boca.
Cuando lo de divertirse es algo que sale por naturaleza, no hay un momento en el que “te pones a pasarlo bien”. Hay que clasificarlo todo, separarlo o especializarlo.
O estás trabajando, o lo estás pasando bien. No quería decirlo, pero es algo tan artificial...
Cuando sales del cine y ves los cacharritos parados, las luces del centro apagadas y todo desierto, ves que, aunque ponga en un letrero“centro de diversión”, le falta algo.
Lo que pone la diversión es la gente, y no el sitio. Porque verdaderamente lo que pone en el cartel es “centro de ocio”.
Y por eso nos encuentro un poco perdidos, porque nos crean necesidades, nos hacen pensar que necesitamos cosas que en verdad no nos hacen falta, y todo para sacar tajada.
No necesitamos agua con sabor a melón (¡¡que la he visto en un supermercado!!), ni necesitamos esperar al fin de semana para pasarlo bien, porque entonces cuando llega el sábado o el domingo nos sentimos obligados a “pasarlo bien” por el hecho de ser sábado.
El tiempo libre ha pasado a ser tiempo de ocio, entendiendo ocio como mercancía. Y no quiero que jueguen con nosotros de esa manera. Porque a veces somos demasiado inocentes como para ver detrás de todo una intención de vendernos algo. O que simplemente pasamos de comernos la cabeza. Y juegan con nosotros. ¿Para qué? Para que necesitemos dinero para ser felices, si es que se puede ser feliz, y esto ¿para qué? Pues, para que necesitemos trabajar.
Siempre trabajas para alguien. Aunque seas el jefe, aunque seas autónomo, o aunque seas el presidente, siempre trabajas para alguien. Por eso todo esto funciona.
Recuerdo haber sentido esa pena en situaciones parecidas, cuando veo las fiestas de los pensionistas, con todos los abueletes bailando pasodobles sin sentir ningún tipo de vergüenza, propia ni ajena. O fiestas organizadas de cumpleaños, en las que los chavales lo pasan bien con un par de globos de colores y una pelota de goma.
En esos sitios se me hace incluso más patente esa impresión, porque no está todo tan escondido o disimulado. Es una diversión más inocente, sin tanta pretensión.
Cuando voy al centro comercial y siento eso, me pongo suave y me entran ganas de abrazarlos a todos y protegerlos, porque me parecen verdaderamente vulnerables. Como si tuviera que protegerlos de algo. Como si hubiera unos tíos encorbatados asomados por ahí arriba en alguna ventana, riéndose mientras se frotan las manos y les brillan los dientes. Mirando a la gente con malicia, esperando a dar el bocado para chuparles la sangre.
P.D.: Mientras comíamos el otro día, intentaba llegar a algo, y no consigo pasar de esto que he escrito. Y leyéndolo me parece que todavía no tengo nada claro, quiero decir, que no sé si es por esto del ocio y del consumismo por lo que siento esa especie de tristeza. Así que si a alguien le pasa lo mismo no estaría mal que lo dijera. La verdad es que me gustaría que lo dijera.
12 - Tu vida es una puta mierda.
Y lo sabes.





