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Un rostro en la multitud
Si todo el mundo es alguien, entonces ninguno es nadie.
Sindicación
 
9 - Pasar desapercibidos
Casi todo el mundo anda medio poético por los blogs.

Es normal. Cuando uno escribe quiere hacerlo bien. Quiere gustar a los demás, y decir cosas grandes. Quiere decir aquello que los demás no han dicho todavía, o decir lo mismo, pero de otra forma. De algún modo, uno siempre intenta ser original.

Pero es que de vez en cuando se leen unos poemitas y unas cosas que parece que las hayan escrito en un estado de trance romántico, con pajaritos enamorados revoloteando alrededor, estrellitas y duendecillos mágicos escondidos tras los árboles con cara de picarones.

Bueno, eso para otro día: las niñas mágicas con blogs oscuros y fotos de unicornios y de la protagonista ésa de la peli Amelie. Sí, ésa cuya vida era mágica, en el buen sentido de la palabra y en el malo también. Esa peli en la que las cosas no ocurrían simplemente porque sí, sino que todo era un presagio de algo posterior. Todo tenía un significado oculto que había que descubrir. Para otro día...

¿A qué viene todo ese mundo idílico que queréis pintar también en los blogs?
De verdad, me dan arcadas con los poemas que leo en algunos sitios. Qué mal gusto, joder.

Esas cosas no se hacen en público. O, al menos, que avisen, y digan “el siguiente enlace contiene un poema escrito por mí, ábrelo bajo tu responsabilidad, pero te aviso de que es un pastelazo infumable”.
Noto al leerlos cómo se me van poniendo las piernas flojas a cada línea. Y después vienen los de “qué bonito, Marupuri, me has hecho llorar, y me has animado el día”.
Qué queréis, ¿que veamos lo sensibles que sois?

Es como cualquiera de las canciones éstas de moda que se limitan a mezclar expresiones que ya están sobresaturadas hace siglos, como “mi alma”, “sin ti no puedo vivir”, “me muero de tanto amor” bla, bla, bla. Son todas iguales.

Ya no hay sensibilidad. Hay sensiblería. Se ha perdido la sutileza.
Están de moda las demostraciones pomposas de lágrima fácil.

Está de moda regalarle a tu novia un ramo de rosas en medio de un sitio lleno de gente, para que todo el puto mundo lo vea.
Ahora lo más importante no es el hecho en sí del detalle de las flores o lo que sea. Ahora, lo más importante es que lo vean los demás. Porque ahora sólo somos algo si los demás lo valoran.

¿De qué te sirve ponerte moreno en la playa si después no sales para que los demás puedan admirar tu bronceado? Los demás tienen que verlas. Quieren que las vean, igual que ellas ven a los famosos por la tele.

No quieren pasar desapercibidas. Ya nadie quiere pasar desapercibido.

A la gran mayoría de tías, verdaderamente se la pela que le digas que la quieres, que te quieres casar con ella, o alguna otra gilipollez de ésas. Lo que quieren es que la gente se entere de ello. Quieren lucirse delante de sus amigas: si ocurre sin gente delante, a los pocos minutos se encargarán de que lo sepa todo el mundo.

Y la mayoría de los blogs que veo por aquí son para contar cosas por el estilo. Que si fulanito quería salir conmigo, pero menganito aún me quiere. Quieren ser las protagonistas de la serie televisiva que se montan.

Quieren que sepamos de sus vidas, porque no quieren pasar desapercibidos.

Nadie valora ya el contenido de las cosas, sino sólo el continente. Lo que se ve. La importancia está ya en la forma. Que se vaya todo al carajo. No importa si no tienes nada que decir. “¡¡Diiiilo con grasssia y salero shikiiiillooooo, oleee qué arrrtee!!”

No importa si no sientes una mierda por una tía. Hazle un regalo en público. No importa si no trabajas una mierda. Haz como que trabajas, y haz como que te interesas por tu trabajo.

La modestia y el buen gusto se han ido al carajo. Sólo queremos que todo quede redondo de cara a los demás, que los diálogos sean naturales y breves, pero ingeniosos.

Ya todo lo que hacemos lo pensamos con vistas a que quede bien, como si nos viéramos a nosotros mismos en una película.

Y todo esto se está extendiendo hasta tal punto que la gente de verdad cree en ello. Lo que quiero decir es que todo lo que vivimos lo hacemos en función de los demás. Cada vez se sitúa la vida en plano más alejado y menos comprometido, viendo las cosas desde fuera, porque se ha perdido el tiempo para reflexionar y darnos cuenta de las cosas.

Incluso nosotros mismos vivimos nuestra vida desde fuera, mirándonos desde algún sitio que no está dentro, como si estuviéramos en nuestra película:

A veces estás en alguna situación de tu vida tal, que, por los motivos que sean, supone una encrucijada más o menos importante. Puede ser cualquier cosa, basta con que pienses más de lo que estás acostumbrado a pensar, para que, sin darte cuenta, te sorprendas en ese momento tomando conciencia de ti mismo.

Y, en vez de pensar en la situación (en cómo has llegado allí, y qué caminos puedes tomar), de repente te miras desde fuera, como si fueses el protagonista de una película, de tu película, y te imaginas lo bien que está quedando esa escena. Incluso piensas en el movimiento de la cámara: un traveling lento, alejándose de costado, contigo al fondo, el pavimento de la calle mojado, algunos tipos solitarios pasando, y tú allí en medio de todo, fumando un pitillo, mientras el mundo seguía girando sin sentido.
Al fondo, la banda sonora de Van Morrison.

Estaremos solos en ese momento, sí, pero... nos estamos viendo nosotros mismos...¡Alguien nos está mirando!
No hemos pasado desapercibidos. Menos mal, qué alivio, alguien me estaba mirando.






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