4 - Otro intento de vencer la timidez
Me dirigía a la parada del autobús. Era por la mañana temprano, y vi que había dos personas esperando. Iba a ser mi primer contacto humano del día.
Pensé en armarme de valor y saludar de una vez, no quedar como un maldito prepotente que se cree mejor que los demás, que es lo que supongo que se creerá la gente ante mi actitud. Un tío que llega y ni siquiera mira a los demás. "El primer hijo de puta del día", pensarán. Si supieran cuánto me gustaría hablarles, si supieran que sólo necesito un poco de ayuda. De veras que quería hacerlo. Tenía que echarle huevos, no puede ser tan difícil. Sólo hay que decir lo que dice todo el mundo en estos casos.
Mientras me iba acercando, me puse a pensar en cómo lo haría. Siempre planeo este tipo de cosas con antelación para no quedar demasiado serio con un "buenos días", o demasiado snob con un "hola, qué tal".
Miraría a las dos personas, sin fijar la vista, sólo con una ligera pasada de ojos a cada una, siguiendo la horizontal desde los ojos de una hasta la otra, y, mientras decía "¡hola!", haría una pequeña flexión de la cabeza, como cuando se saluda al rey, pero con menos sumisión, que fuera una cosa llana pero sincera. Para que vieran que no me situaba ni por encima ni por debajo de nadie. Sí, eso estaría bien. Quedaría como un tío que sabe llegar a los sitios. Pensarían que soy alguien con experiencia, con don de gentes. Sociable.
Era una parada de pueblo, ya en las afueras, casi en pleno campo. Aislada. Aquí no es como en las ciudades. Es casi obligatorio intercambiar alguna palabra. Más que nada para hacer ver que no llevas malas intenciones. Sólo vas a coger el autobús. Se considera descortés el no saludar. Mejor dicho, si no saludas, te conviertes automáticamente en un tipo bastante sospechoso.
Cuando estuve un poco más cerca, podía distinguir un poco más aquellos bultos. Eran dos muchachas. De mi edad más o menos. Además, no estaban mal. "Mierda", pensé, "¿Y si no me responden?". Hasta que no llegase el autobús, habría un silencio bastante tenso. Quedaría bastante mal. No tanto por lo que ellas pensaran de mí, sino porque me hundiría yo mismo. Un fracaso ahora que estaba intentando evitar pensar en el fracaso sería terrible para mí. Me escondería otra vez durante otra temporada (metafóricamente).
¿Tengo 25 años y me da miedo saludar a la gente al llegar a una parada de autobús? Venga, coño. Esto ya está pasando a ser un problema. Mézclate un poco. Es mi primer intento de dar el primer paso, de intercambiar alguna palabra con alguien que no me conozca. ¿Tan alto concepto tengo de los demás que me da miedo lo que piensen de mí? En estas ocasiones recuerdo eso de que "Pensar demasiado es malo para la autoestima", así que respiré hondo hinchando el pecho, y me acerqué decidido a saludar.
Estaba ya a sólo un par de metros. Iba diciendo para mis adentros "gesto con la cabeza ¡hola!", "gesto con la cabeza ¡hola!", "gesto con la cabeza ¡hola!", lo estaba visualizando. Comencé a levantar la cabeza para saludarlas. Iba a decirlo. Nacía mi nuevo "yo", el ave fénix levantaba la cabeza. En ese momento, justo antes de alcanzarlas, mi pie derecho topó con una piedra de poco tamaño que había en el borde de la carretera. Un conglomerado de esos de asfalto. No fue un tropezón que llamara la atención. Ni siquiera perdí el paso. No creo tampoco que se notara. Pero el resultado fue que le dí un pequeño puntapié a la piedra aquella, que se movió unos treinta centímetros.
Era una tontería, lo sé, pero eso no estaba en mi plan. Noté cómo me ardían los cachetes.
¡Todo a la mierda! Me subieron los colores, bajé la cabeza y me escabullí reptando hasta el final de la parada. Allí me quedé, en un rincón, lo más quieto que pude, esperando a que llegara el autobús, y deseando que ninguna de aquellas dos hubiera visto moverse la piedra.
Soy un cobarde. No soy más que un cobarde.
Pensé en armarme de valor y saludar de una vez, no quedar como un maldito prepotente que se cree mejor que los demás, que es lo que supongo que se creerá la gente ante mi actitud. Un tío que llega y ni siquiera mira a los demás. "El primer hijo de puta del día", pensarán. Si supieran cuánto me gustaría hablarles, si supieran que sólo necesito un poco de ayuda. De veras que quería hacerlo. Tenía que echarle huevos, no puede ser tan difícil. Sólo hay que decir lo que dice todo el mundo en estos casos.
Mientras me iba acercando, me puse a pensar en cómo lo haría. Siempre planeo este tipo de cosas con antelación para no quedar demasiado serio con un "buenos días", o demasiado snob con un "hola, qué tal".
Miraría a las dos personas, sin fijar la vista, sólo con una ligera pasada de ojos a cada una, siguiendo la horizontal desde los ojos de una hasta la otra, y, mientras decía "¡hola!", haría una pequeña flexión de la cabeza, como cuando se saluda al rey, pero con menos sumisión, que fuera una cosa llana pero sincera. Para que vieran que no me situaba ni por encima ni por debajo de nadie. Sí, eso estaría bien. Quedaría como un tío que sabe llegar a los sitios. Pensarían que soy alguien con experiencia, con don de gentes. Sociable.
Era una parada de pueblo, ya en las afueras, casi en pleno campo. Aislada. Aquí no es como en las ciudades. Es casi obligatorio intercambiar alguna palabra. Más que nada para hacer ver que no llevas malas intenciones. Sólo vas a coger el autobús. Se considera descortés el no saludar. Mejor dicho, si no saludas, te conviertes automáticamente en un tipo bastante sospechoso.
Cuando estuve un poco más cerca, podía distinguir un poco más aquellos bultos. Eran dos muchachas. De mi edad más o menos. Además, no estaban mal. "Mierda", pensé, "¿Y si no me responden?". Hasta que no llegase el autobús, habría un silencio bastante tenso. Quedaría bastante mal. No tanto por lo que ellas pensaran de mí, sino porque me hundiría yo mismo. Un fracaso ahora que estaba intentando evitar pensar en el fracaso sería terrible para mí. Me escondería otra vez durante otra temporada (metafóricamente).
¿Tengo 25 años y me da miedo saludar a la gente al llegar a una parada de autobús? Venga, coño. Esto ya está pasando a ser un problema. Mézclate un poco. Es mi primer intento de dar el primer paso, de intercambiar alguna palabra con alguien que no me conozca. ¿Tan alto concepto tengo de los demás que me da miedo lo que piensen de mí? En estas ocasiones recuerdo eso de que "Pensar demasiado es malo para la autoestima", así que respiré hondo hinchando el pecho, y me acerqué decidido a saludar.
Estaba ya a sólo un par de metros. Iba diciendo para mis adentros "gesto con la cabeza ¡hola!", "gesto con la cabeza ¡hola!", "gesto con la cabeza ¡hola!", lo estaba visualizando. Comencé a levantar la cabeza para saludarlas. Iba a decirlo. Nacía mi nuevo "yo", el ave fénix levantaba la cabeza. En ese momento, justo antes de alcanzarlas, mi pie derecho topó con una piedra de poco tamaño que había en el borde de la carretera. Un conglomerado de esos de asfalto. No fue un tropezón que llamara la atención. Ni siquiera perdí el paso. No creo tampoco que se notara. Pero el resultado fue que le dí un pequeño puntapié a la piedra aquella, que se movió unos treinta centímetros.
Era una tontería, lo sé, pero eso no estaba en mi plan. Noté cómo me ardían los cachetes.
¡Todo a la mierda! Me subieron los colores, bajé la cabeza y me escabullí reptando hasta el final de la parada. Allí me quedé, en un rincón, lo más quieto que pude, esperando a que llegara el autobús, y deseando que ninguna de aquellas dos hubiera visto moverse la piedra.
Soy un cobarde. No soy más que un cobarde.
Comentario:
Animo, solo es cuestión de mentalizarte y no avergonzarte. A mi me da verguenza ajena el que pasa sin saludar, no se que será peor.
Un "bueenasssssssss" en tono amable, bastará. Suerte!
Comentario:
El otro dia me pasó una cosa encantadora, nos metimos en el ascensor del metro 4 personas una pareja otro chico y yo. La verdad es que no nos saludamos y de pronto, el chico que iba solo nos preguntó a todos... a que piso vais... Todos soltamos una carcajada tremenda y nos fuimos cada uno a nuestro anden con la sonrisa puesta, fue bonito.
( inciso, los ascensores de metro solo bajan o suben un piso desde la calle a las taquillas y viceversa )
( inciso, los ascensores de metro solo bajan o suben un piso desde la calle a las taquillas y viceversa )
Comentario:
Es que cuando planeamos cada gesto, cada detalle, cada palabra en cosas tan simples, le otorgamos una importancia que no tiene, llega la presión, y la presión lo jode todo. No creas que no te entiendo, me he sentido bastante reflejada en tu post.Antes era demasiado tímida, en exceso diría yo... el simple hecho de pedir ketchup en un restaurante me ruborizaba, tú fíjate, qué tonteria.. bien, aún conservo algo de esa timidez, de hecho me sonrojo con facilidad pero consigo salir airosa de esas situaciones, cómo he llegado a ese punto? bien.. supongo que he ganado en autoestima y que ha llegado un punto que me importa bastante poco la opinión que tengan los demás de mí, sobre todo de desconocidos, no me obsesiono con el " qué estarán pensando de mí" y por qué deberían estar pensando algo de mí? Bueno, vaya tela, que forma de esplayarme.. lo siento! es que ese tema da mucho de sí... Un saludo!! xx
Comentario:
Hombre, yo sólo te diría que tratándose de chicas igual un puntito de timidez hasta te beneficia, porque les suele encantar. Vamos, que no habría sido ningún desastre si las hubieras saludado poniéndote rojo.
Ánimo, tú puedes.
Ánimo, tú puedes.





