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Un rostro en la multitud
Si todo el mundo es alguien, entonces ninguno es nadie.
Sindicación
 
6 - Demasiado ruido.
En medio del botellón. Sotopocientosmil cabezas gritando y mirando a los demás por el rabillo del ojo, a ver si alguien los mira a ellos. Culos, tetas. La música está altísima. Me pitan los tímpanos. Debería estar bebiendo y fumando, como todos. Cigarrito en una mano, cubata en la otra, la cintura ladeada.
Y lo que tengo es un zumo de piña en la mano derecha, y la izquierda en el bolsillo, jugando con las llaves.

Debería poner esa cara de tipo duro que mira a un lado y a otro , controlando la situación. Oteando el horizonte mientras expulsa el humo con magnificencia.
Debería comportarme como si yo fuese el tío más chulo del lugar, Harry el sucio. Aquí estoy yo ¿qué pasa?.

Pero soy un pardillo que se entretiene en estudiar con curiosidad lo que hace la gente, observando cómo se comportan los demás.
Les miro, intentando encontrar en sus caras un rastro de duda, algo que me diga que ellos tampoco entienden nada. Que también hacen como se que lo pasan bien. Que también están forzando las risas. Que también están aquí porque aquí es donde están los demás.

Debería decirle algo a ésa que tengo delante, a ver si me la follo. Joder. Cómo puede estar tan buena una tía. Se me van los ojos a las curvas que le marcan las caderas en la minifalda. Son descaradamente voluptuosas.
Uno no puede mirarlas y pensar en otra cosa que no sea darle cipotazos. Me impone mucho una tía tan buena, la veo tan por encima, que no tengo valor de entrarle.

Pero después de oírle dos frases y tres "¡cohónee!", me doy cuenta de que no ve más allá. Se me va el deseo de follarla, y dejo de mirarle las tetas. No sé por qué, pero en esos casos siempre pienso que cepillármela sería utilizarla. Me da lástima. No puedo estar con alguien a quien considere inferior a mí. No soporto esa sensación de poder.

Debería estar descojonándome con el puntito que se está pillando el tío de enfrente. "¡Mira macho, ese tío es la polla!".
Pero no dejo de preguntarme si no estará huyendo de algo. Si no será ésa la única manera que tienes ya de escapar de tu vida, el último estímulo cuyos impredecibles caminos se acerquen un poco a una imitación barata del espectáculo que debería ser una vida de verdad, una vida digna de ser vivida.

Es sábado por la noche, y, cuando debería estar pasándomelo de escándalo, sigo buscando entre la gente, y no puedo evitar mirarme a mí y a los demás, y reírme sin ganas con un gesto estúpido, como cuando te ríes de un mal chiste.
Si no me divierto ahora que estoy en la juventud, ¿cuándo coño me voy a divertir en mi puta vida?
Estoy en la fiestaza, rodeado de miles de personas, y me siento solo, aún más solo que si no hubiera nadie.

Toda esta gente me sobrecoge. Soy un rostro en la multitud, pero no sé si estoy dentro, o fuera de ella. Todo esto tiene que ser más fácil. Tiene que serlo. Espero que nadie haya notado lo que estoy pensando. Qué vergüenza, si pusieran ahora mismo delante de toda esta gente una pantalla gigante con mis pensamientos. Con mis jodidos pensamientos. Entre codazos y pisotones.

Creo que tiene que haber algo mejor.

Hay un pensamiento que me martillea la cabeza constantemente, incluso en los momentos de mayor felicidad.
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¿Y si la vida es esto?
No