Love... in itself
La infidelidad, per sé, es caso a analizar. Depende del contexto bajo el cual la relación de pareja, consumada o no en matrimonio, se esté llevando a cabo. Tendemos a idealizar tanto a las personas, a esperar tanto de ellas, que no somos capaces de verlas con defectos y virtudes, por mucho que convivamos con ella.
En toda relación llega un periodo de crisis, durante el cual empiezas a notar que, no sé, como diría Milan Kundera: "sus orejas son muy grandes"... Tal vez, sí, son grandes, pero puedes adorar esas orejas de dumbo, por la simple y sencilla razón de que son TUS orejas, están allí por tí y para tí, en las buenas, en las malas y en las peores...
Esto es lo que he escuchado, lo que he podido ver a través de otros ojos, no los míos. Por el contrario, yo he sido de la contraparte, de la que intuye o descubre la infidelidad y se ha culpado diciendo "¿serán mis orejas demasiado grandes? ¿habrá modo de cortarlas? ¿y si tal vez son mis cejas? ¿qué puedo mejorar?". En esos inútiles intentos de ser perfecta me han tachado de perfeccionista, histérica, posesiva, indecisa, inmadura, bla bla bla bla... Eso, hasta hace unos tres años. Después de mucho tiempo decidí ser yo... grave error. También decidí ser "él"... mayor error.
Regreso a lo mismo, le doy vueltas, lo observo, y digo: "qué cagada de vida tengo". Tengo un empleo de éxito total, tengo una imagen bien hecha por primera vez en mi vida, con el corte perfecto, una figura, si no delgada, al menos no muy rellena (manteniendo las curvas necesarias), soy exitosa, admirada... Y sin embargo me sigo sintiendo tan sola...
Hoy, hace una semana... Una semana y él no fue capaz de decirme "Feliz cumpleaños" el lunes 17 de diciembre, de igual manera tampoco fue capaz de avisare que se iba de vacaciones. Mucho menos esperaré un "Feliz Navidad"... Prometí no hacerme ilusiones, prometí ser fría. Sinceramente, no he podido lograrlo, y todos los días espero un mensaje, una llamada, y recibo solamente un frentazo de realidad que me dice "pero si serás pendeja, ¡te usó y ya!"...
Tengo ganas de llorar, tengo ganas de gritar, tengo ganas de kedarme en casa por siempre, a esperar su regreso... Me carga la chingada...
Cumplí 25 años, me abrazaron, me felicitaron... me sentí vieja, pendeja, sola...
Qué asco de navidad me he decargar este año...
En toda relación llega un periodo de crisis, durante el cual empiezas a notar que, no sé, como diría Milan Kundera: "sus orejas son muy grandes"... Tal vez, sí, son grandes, pero puedes adorar esas orejas de dumbo, por la simple y sencilla razón de que son TUS orejas, están allí por tí y para tí, en las buenas, en las malas y en las peores...
Esto es lo que he escuchado, lo que he podido ver a través de otros ojos, no los míos. Por el contrario, yo he sido de la contraparte, de la que intuye o descubre la infidelidad y se ha culpado diciendo "¿serán mis orejas demasiado grandes? ¿habrá modo de cortarlas? ¿y si tal vez son mis cejas? ¿qué puedo mejorar?". En esos inútiles intentos de ser perfecta me han tachado de perfeccionista, histérica, posesiva, indecisa, inmadura, bla bla bla bla... Eso, hasta hace unos tres años. Después de mucho tiempo decidí ser yo... grave error. También decidí ser "él"... mayor error.
Regreso a lo mismo, le doy vueltas, lo observo, y digo: "qué cagada de vida tengo". Tengo un empleo de éxito total, tengo una imagen bien hecha por primera vez en mi vida, con el corte perfecto, una figura, si no delgada, al menos no muy rellena (manteniendo las curvas necesarias), soy exitosa, admirada... Y sin embargo me sigo sintiendo tan sola...
Hoy, hace una semana... Una semana y él no fue capaz de decirme "Feliz cumpleaños" el lunes 17 de diciembre, de igual manera tampoco fue capaz de avisare que se iba de vacaciones. Mucho menos esperaré un "Feliz Navidad"... Prometí no hacerme ilusiones, prometí ser fría. Sinceramente, no he podido lograrlo, y todos los días espero un mensaje, una llamada, y recibo solamente un frentazo de realidad que me dice "pero si serás pendeja, ¡te usó y ya!"...
Tengo ganas de llorar, tengo ganas de gritar, tengo ganas de kedarme en casa por siempre, a esperar su regreso... Me carga la chingada...
Cumplí 25 años, me abrazaron, me felicitaron... me sentí vieja, pendeja, sola...
Qué asco de navidad me he decargar este año...





