Algunos consejos
Para los que penséis viajar a Rumanía, o a algún otro país de las mismas características es importante que, a la hora de hacer la maleta, tengáis en cuenta algunas cosas:
• El papel higiénico y las servilletas son un bien escaso; con esto quiero decir que en un buen restaurante, no en una casa de comidas, os pondrán dos servilletas de papel, ni una más, aunque pidáis tres platos; lo mismo pasa con el papel higiénico: en el baño del hotel hay un rollo y si se acaba... a mí no me dieron otro en un hotel de los considerados buenos (y caros). Y por supuesto no esperéis encontrar el suave rollo al que estamos acostumbrados por estos lares. No está de más llevar un par de paquetes de kleenex en la mochila.
• En la capital y el resto de grandes ciudades se encuentra casi de todo, pero no sucede lo mismo en los pueblos de los Cárpatos o de Maramures. Para las chicas: tampones y demás, mejor llevarlos de casa o aprovisionarse en alguna de las ciudades por las que paséis, para no llevaros sorpresas desagradables; lo mismo se puede decir de los condones.
• Algo curioso es el elevado precio de todos los productos de higiene, demasiado caros para los estándares rumanos; un bote pequeño de gel de baño cuesta tanto como en España, entre dos y tres euros, que es una barbaridad en un país donde el sueldo medio de un trabajador ronda los 100 euros al mes. Esto no supone un problema, gel y champú lo hay en todas partes, sólo os aviso de los precios, para que no os sorprendan.
• En el asunto medicamentos, mejor ir preparados si tomáis alguno regularmente; tampoco está de más llevar el típico botiquín con algo para el dolor de cabeza o los problemas de estómago, tan frecuentes al viajar. El problema en este caso sería el idioma: es muy posible que el farmacéutico no hable inglés, por lo que podéis terminar haciendo gestos con la mano en la barriga, a lo Julio Iglesias, para explicarle a la farmacéutica que os duele el estómago, como me pasó a mí.
• El agua caliente... bueno, puede haberla, o no. En los hoteles no hay problema, pero en los albergues es mejor asegurarse antes. Los que la tienen las 24 horas del día suelen anunciarlo en sus folletos y en carteles en las paredes del propio albergue, porque no es algo tan común.
• Si queréis lavar ropa, hacedlo un día que el sol brille mucho, porque aquí no hay secadoras, ni siquiera en muchos hoteles, así que sólo queda la opción del tendedero. En los hoteles las mujeres que se ocupan de la limpieza suelen llevar también el servicio de lavandería; por muy poco dinero te lavan y planchan la ropa en tiempo récord. Es mejor hablar directamente con ellas, porque a veces no es un servicio del hotel, sino que lo hacen ellas por su cuenta para sacarse un dinerillo. Eso sí, mejor chapurrear un poquito de rumano, lo básico para hacerse entender.
• Y por último, el dinero. Todo es barato, así que en este sentido no hay problema, pero es imposible llevar dinero cambiado ya de España ( en el Banco de España en Madrid me miraron como si fuese un marciano cuando les pregunté que donde podía conseguir lei rumanos ). En el propio aeropuerto hay oficinas de cambio, pero no cambiéis ahí, porque la comisión es más alta que en las oficinas de la ciudad, aunque al cambio no se pierda mucho. Con los cajeros automáticos no suele haber problemas.
Creo que no me dejo nada en el tintero (bueno, en el teclado). No está de más tener en cuenta estas cosas a la hora de emprender el viaje, para que nada os amargue la visita por algunas de las zonas más bonitas de este país. No es el más moderno del mundo, pero eso forma parte de su encanto.
• El papel higiénico y las servilletas son un bien escaso; con esto quiero decir que en un buen restaurante, no en una casa de comidas, os pondrán dos servilletas de papel, ni una más, aunque pidáis tres platos; lo mismo pasa con el papel higiénico: en el baño del hotel hay un rollo y si se acaba... a mí no me dieron otro en un hotel de los considerados buenos (y caros). Y por supuesto no esperéis encontrar el suave rollo al que estamos acostumbrados por estos lares. No está de más llevar un par de paquetes de kleenex en la mochila.
• En la capital y el resto de grandes ciudades se encuentra casi de todo, pero no sucede lo mismo en los pueblos de los Cárpatos o de Maramures. Para las chicas: tampones y demás, mejor llevarlos de casa o aprovisionarse en alguna de las ciudades por las que paséis, para no llevaros sorpresas desagradables; lo mismo se puede decir de los condones.
• Algo curioso es el elevado precio de todos los productos de higiene, demasiado caros para los estándares rumanos; un bote pequeño de gel de baño cuesta tanto como en España, entre dos y tres euros, que es una barbaridad en un país donde el sueldo medio de un trabajador ronda los 100 euros al mes. Esto no supone un problema, gel y champú lo hay en todas partes, sólo os aviso de los precios, para que no os sorprendan.
• En el asunto medicamentos, mejor ir preparados si tomáis alguno regularmente; tampoco está de más llevar el típico botiquín con algo para el dolor de cabeza o los problemas de estómago, tan frecuentes al viajar. El problema en este caso sería el idioma: es muy posible que el farmacéutico no hable inglés, por lo que podéis terminar haciendo gestos con la mano en la barriga, a lo Julio Iglesias, para explicarle a la farmacéutica que os duele el estómago, como me pasó a mí.
• El agua caliente... bueno, puede haberla, o no. En los hoteles no hay problema, pero en los albergues es mejor asegurarse antes. Los que la tienen las 24 horas del día suelen anunciarlo en sus folletos y en carteles en las paredes del propio albergue, porque no es algo tan común.
• Si queréis lavar ropa, hacedlo un día que el sol brille mucho, porque aquí no hay secadoras, ni siquiera en muchos hoteles, así que sólo queda la opción del tendedero. En los hoteles las mujeres que se ocupan de la limpieza suelen llevar también el servicio de lavandería; por muy poco dinero te lavan y planchan la ropa en tiempo récord. Es mejor hablar directamente con ellas, porque a veces no es un servicio del hotel, sino que lo hacen ellas por su cuenta para sacarse un dinerillo. Eso sí, mejor chapurrear un poquito de rumano, lo básico para hacerse entender.
• Y por último, el dinero. Todo es barato, así que en este sentido no hay problema, pero es imposible llevar dinero cambiado ya de España ( en el Banco de España en Madrid me miraron como si fuese un marciano cuando les pregunté que donde podía conseguir lei rumanos ). En el propio aeropuerto hay oficinas de cambio, pero no cambiéis ahí, porque la comisión es más alta que en las oficinas de la ciudad, aunque al cambio no se pierda mucho. Con los cajeros automáticos no suele haber problemas.
Creo que no me dejo nada en el tintero (bueno, en el teclado). No está de más tener en cuenta estas cosas a la hora de emprender el viaje, para que nada os amargue la visita por algunas de las zonas más bonitas de este país. No es el más moderno del mundo, pero eso forma parte de su encanto.
Huevos de Pascua rumanos
Una tradición rumana muy llamativa es decorar huevos de distintas aves con muchos colores. Se hace en todo el país, pero sobre todo en la región de Bucovina. Los elementos decorativos empleados tienen que ver con el folcklore y la cultura rumana: el sol, hojas de árboles y símbolos cristianos, como la cruz.

Aunque hoy en día se pueden encontrar huevos pintados en cualquier época del año, era una costumbre de la época de Pascua, a la que los rumanos dan mucha importancia; los huevos representan la fuente de la vida. Existen muchas leyendas que explican por qué los huevos se pintaban de rojo y los motivos por los que pasaron a ser un símbolo de la resurrección de Jesucristo. La más conocida cuenta que cuando la Virgen María fue a velar el cuerpo de su hijo al pie de la cruz, llevó consigo una cesta de huevos, que se volvieron rojos por la sangre que derramaba el cuerpo. Al verlo, Jesucristo dijo que desde ese momento debían pintarse huevos de rojo para recordar el día de su crucifixión.
Tradicionalmente, los huevos empleados eran los de gallina, aunque hoy podemos encontrar huevos pintados de todo tipo de aves; los más llamativos y también los más caros son los de avestruz. Transportarlos es un poco difícil, ya que están vacíos y son muy frágiles, hay que tener mucho, mucho cuidado para que no se rompan en el viaje de vuelta a casa.

Además de en Rumanía, la tradición de los huevos pintados es típica de otros países del Este, como Rusia o Ucrania.

Aunque hoy en día se pueden encontrar huevos pintados en cualquier época del año, era una costumbre de la época de Pascua, a la que los rumanos dan mucha importancia; los huevos representan la fuente de la vida. Existen muchas leyendas que explican por qué los huevos se pintaban de rojo y los motivos por los que pasaron a ser un símbolo de la resurrección de Jesucristo. La más conocida cuenta que cuando la Virgen María fue a velar el cuerpo de su hijo al pie de la cruz, llevó consigo una cesta de huevos, que se volvieron rojos por la sangre que derramaba el cuerpo. Al verlo, Jesucristo dijo que desde ese momento debían pintarse huevos de rojo para recordar el día de su crucifixión.
Tradicionalmente, los huevos empleados eran los de gallina, aunque hoy podemos encontrar huevos pintados de todo tipo de aves; los más llamativos y también los más caros son los de avestruz. Transportarlos es un poco difícil, ya que están vacíos y son muy frágiles, hay que tener mucho, mucho cuidado para que no se rompan en el viaje de vuelta a casa.

Además de en Rumanía, la tradición de los huevos pintados es típica de otros países del Este, como Rusia o Ucrania.
Monasterios de Bucovina
En 1993, los monasterios de Bucovina fueron declarados conjuntamente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se trata de un grupo de monasterios de más de 500 años, cuyas paredes interiores y exteriores están cubiertas de frescos. Las pinturas tenían una función, como la mayoría del arte sacro: enseñar la Historia Sagrada a la población, en su mayoría analfabeta.
Un buen lugar para establecer el campamento base para visitar los monasterios son las localidades de Suceava o Gura Humorului.

Voronet, Humor, Moldovita, Sucevita y Putna son sólo los más importantes. Algunos de ellos sirven de lugar de retiro a órdenes religiosas, que se ocupan de su mantenimiento y de recibir a los visitantes. La dureza de los inviernos rumanos y el paso del tiempo han conseguido borrar casi en su totalidad los frescos exteriores; sólo se conservan en algunas zonas, donde da menos el viento. Pero en el interior las pinturas asombran. Parece que finalmente las autoridades rumanas se han dado cuenta del inmenso valor de estos monasterios y han puesto los medios para conservarlos, porque la mayoría se encuentra en proceso de restauración. Parece increíble que a alguien se le pueda ocurrir, pero a la entrada de cada uno de los monasterios, hasta donde alcanza la mano de los humanos, hay todo tipo de pintadas y grabados del estilo “Mary estuvo aquí”, dejadas por analfabetos culturales de todo el mundo.
Dejando esto aparte, que reconozco que me pone de muy mal humor, además de los monasterios merece la pena perder un poco el tiempo paseando por sus jardines, bastante bien cuidados, y detenerse para hacer alguna compra en los alrededores, llenos de puestos ambulantes de artesanía. Creo que ya lo dije una vez, pero no está de más repetirlo: la artesanía que venden a las puertas de los sitios más turísticos es auténtica, nada de made in China, así que nadie tenga miedo de comprarla.
El problema que presentan los monasterios es el acceso; si no se dispone de vehículo propio es prácticamente imposible visitarlos. El transporte público tarda mucho, y eso cuando llega. Por ejemplo, al monasterio de Sucevita, el más grande y mejor conservado, no llega ningún autobús. Lo mejor es organizarlo como una excursión y pactar un precio con un taxista, para que os lleve a todos. Si optáis por dormir en Suceava, en el albergue Class Hostel, Mónica que lo organiza con un taxista local, por un precio más que razonable; cuántas más personas, más barato saldrá.
Un buen lugar para establecer el campamento base para visitar los monasterios son las localidades de Suceava o Gura Humorului.

Voronet, Humor, Moldovita, Sucevita y Putna son sólo los más importantes. Algunos de ellos sirven de lugar de retiro a órdenes religiosas, que se ocupan de su mantenimiento y de recibir a los visitantes. La dureza de los inviernos rumanos y el paso del tiempo han conseguido borrar casi en su totalidad los frescos exteriores; sólo se conservan en algunas zonas, donde da menos el viento. Pero en el interior las pinturas asombran. Parece que finalmente las autoridades rumanas se han dado cuenta del inmenso valor de estos monasterios y han puesto los medios para conservarlos, porque la mayoría se encuentra en proceso de restauración. Parece increíble que a alguien se le pueda ocurrir, pero a la entrada de cada uno de los monasterios, hasta donde alcanza la mano de los humanos, hay todo tipo de pintadas y grabados del estilo “Mary estuvo aquí”, dejadas por analfabetos culturales de todo el mundo.
Dejando esto aparte, que reconozco que me pone de muy mal humor, además de los monasterios merece la pena perder un poco el tiempo paseando por sus jardines, bastante bien cuidados, y detenerse para hacer alguna compra en los alrededores, llenos de puestos ambulantes de artesanía. Creo que ya lo dije una vez, pero no está de más repetirlo: la artesanía que venden a las puertas de los sitios más turísticos es auténtica, nada de made in China, así que nadie tenga miedo de comprarla.
El problema que presentan los monasterios es el acceso; si no se dispone de vehículo propio es prácticamente imposible visitarlos. El transporte público tarda mucho, y eso cuando llega. Por ejemplo, al monasterio de Sucevita, el más grande y mejor conservado, no llega ningún autobús. Lo mejor es organizarlo como una excursión y pactar un precio con un taxista, para que os lleve a todos. Si optáis por dormir en Suceava, en el albergue Class Hostel, Mónica que lo organiza con un taxista local, por un precio más que razonable; cuántas más personas, más barato saldrá.
El Delta del Danubio
Hoy toca hablar del Delta del Danubio, destino final de nuestro viaje. Tulcea, una pequeña ciudad costera, es un buen lugar para hacer base y visitar los alrededores del delta.
Al contrario que la mayoría de ciudades que visitamos en Rumanía, la zona del Delta sí es turística, tanto para extranjeros como para los propios rumanos. Ya sabéis, el mar y el solecito nos tiran a todos; pero no os preocupéis que todavía no es Benidorm.

Hay distintas empresas que organizan tours para visitar el Delta en barco, además de los que ofrecen los hoteles; es cómodo, pero no es la opción más recomendable, ya que son barcos muy grandes que sólo pueden desplazarse por los grandes canales. La otra opción es buscarse algún pescador en el puerto que esté dispuesto a llevaros. Esto último es lo que hicimos nosotros, aunque fue de casualidad, porque ese día no había ningún tour organizado. También es la manera más divertida, porque coincides con otros viajeros que han optado por lo mismo. El día que queríamos salir en barco caminamos por el puerto hasta que un pescador nos llamó desde su barco, en el que ya había varias personas, todos extranjeros. Eran dos franceses, dos italianos, un belga y nosotros, dos españoles. Al ser un grupo pequeño tienes más contacto con la gente.
El precio no es muy barato, no salió por 25 € con la comida incluida (todo el día en el río), pero merece la pena. El barco en el que viajamos nosotros era un pesquero pequeñito que cabía perfectamente por los canales por los que no pasan los grandes barcos de los tours, y los canales son el único sitio donde todavía se puede contemplar la fauna del Danubio. Los animales están en su hábitat, aún no se han acostumbrado a la presencia de turistas y salen volando cuando notan el movimiento. Hay todo tipo de especies: flamencos, ibis, pelícanos (sí, tienen una bolsa en el pico) y un montón más. Lo más gracioso son las ranas, que se quedan quietas en los nenúfares mirando pasar el barco.

El Delta da mucho más de sí de lo que yo he contado en este artículo, pero creo que es una buena aproximación. No conozco otras desembocaduras, así que no puedo comparar, pero os aseguro que la vida salvaje todavía se puede contemplar en el Danubio.
Al contrario que la mayoría de ciudades que visitamos en Rumanía, la zona del Delta sí es turística, tanto para extranjeros como para los propios rumanos. Ya sabéis, el mar y el solecito nos tiran a todos; pero no os preocupéis que todavía no es Benidorm.

Hay distintas empresas que organizan tours para visitar el Delta en barco, además de los que ofrecen los hoteles; es cómodo, pero no es la opción más recomendable, ya que son barcos muy grandes que sólo pueden desplazarse por los grandes canales. La otra opción es buscarse algún pescador en el puerto que esté dispuesto a llevaros. Esto último es lo que hicimos nosotros, aunque fue de casualidad, porque ese día no había ningún tour organizado. También es la manera más divertida, porque coincides con otros viajeros que han optado por lo mismo. El día que queríamos salir en barco caminamos por el puerto hasta que un pescador nos llamó desde su barco, en el que ya había varias personas, todos extranjeros. Eran dos franceses, dos italianos, un belga y nosotros, dos españoles. Al ser un grupo pequeño tienes más contacto con la gente.
El precio no es muy barato, no salió por 25 € con la comida incluida (todo el día en el río), pero merece la pena. El barco en el que viajamos nosotros era un pesquero pequeñito que cabía perfectamente por los canales por los que no pasan los grandes barcos de los tours, y los canales son el único sitio donde todavía se puede contemplar la fauna del Danubio. Los animales están en su hábitat, aún no se han acostumbrado a la presencia de turistas y salen volando cuando notan el movimiento. Hay todo tipo de especies: flamencos, ibis, pelícanos (sí, tienen una bolsa en el pico) y un montón más. Lo más gracioso son las ranas, que se quedan quietas en los nenúfares mirando pasar el barco.

El Delta da mucho más de sí de lo que yo he contado en este artículo, pero creo que es una buena aproximación. No conozco otras desembocaduras, así que no puedo comparar, pero os aseguro que la vida salvaje todavía se puede contemplar en el Danubio.
El camino de Rumanía hacia Europa
Contestando al comentario que me hizo Óliver, voy a daros mi opinión sobre la incorporación de Rumanía a la realidad Europea. La verdad, yo soy bastante crítica con España, siempre hemos estado a la cola de Europa, con nuestros queridos italianos, griegos y portugueses (va a ser verdad esto de que los latinos somos diferentes) y si ahora no nos va tan mal no es porque hayamos mejorado, sino porque se han incorporado diez nuevos países que están más atrasados que nosotros.
Según los informes de la Unión Europea, tanto Rumanía como Bulgaria están realizando importantes progresos de cara a su incorporación a la Europa comunitaria. Sobre el papel, es posible que así sea. Pero no sé cuántos de estos comisarios y analistas que realizan los informes se han molestado en conocer, de verdad, la realidad rumana. Si a los españoles nos costó treinta años, a ellos les va a costar cincuenta.
En mi blog trato de mostrar a todos los que lo quieran leer que Rumanía es un país hermoso, que merece la pena visitarlo y que además nuestras visitas ayudan a mejorar su economía, pero es tan bonito como pobre. No puedo hablar de cómo era la España de los ochenta, cuando entramos en la Unión Europea, porque mi memoria histórica empieza a partir de los noventa, antes no es que tuviese mucha conciencia de lo que me rodeaba, pero estoy segura de que estábamos un poquito mejor de lo que están los rumanos ahora. Pongamos que la situación actual de Rumanía puede equivaler, por ejemplo, a la española de los 60. Cuando visitamos Bucarest nos encontramos a unos niños de la calle esnifando pegamento en una de las plazas más céntricas de la ciudad, no en los suburbios. Y los trenes en los que viaja la clase media, no los más baratos, están en peores condiciones que nuestros regionales, bastante peor.
Esto es lo que quiero destacar; en las regiones turísticas sí se están poniendo al día en avances, reciben muchas visitas de extranjeros procedentes de la Europa pudiente, pero queda una gran parte del país a la que estos avances no llegan ni por asomo. Puede que la situación no sea tan distinta de la española de 1986, pero el problema ahora es que todos los países de la UE han evolucionado desde entonces, por lo que nuestros estándares de los ochenta no van a ser válidos en el 2007. Bucarest es una ciudad que está infestada de perros callejeros, muchos de ellos con rabia, lo cual es un grave problema social. Pero lo que sucede es que hay otros que hay que atender primero, como sacar a los niños de la calle o modernizar la agricultura, que es la fuente de subsistencia de muchas personas. Y el problema de los perros callejeros no es aceptable en una comunidad de la que forman parte países como Alemania o Finlandia que, en muchos campos, están a la cabeza del mundo.
A Rumanía hay que mirarla con la mente muy abierta, porque es un país hermoso y con muchas posibilidades. Se puede visitar, no es tan peligroso como pueda parecer. Pero por ahora, creo que su calificación en su camino a la Unión Europea es un "necesita mejorar". Esperemos que lo haga antes del 2007.
Por si alguien quiere consultar los avances de estos dos países, en la sección de enlaces he puesto algunos a los informes y a la propia página de la Unión Europea.
Según los informes de la Unión Europea, tanto Rumanía como Bulgaria están realizando importantes progresos de cara a su incorporación a la Europa comunitaria. Sobre el papel, es posible que así sea. Pero no sé cuántos de estos comisarios y analistas que realizan los informes se han molestado en conocer, de verdad, la realidad rumana. Si a los españoles nos costó treinta años, a ellos les va a costar cincuenta.
En mi blog trato de mostrar a todos los que lo quieran leer que Rumanía es un país hermoso, que merece la pena visitarlo y que además nuestras visitas ayudan a mejorar su economía, pero es tan bonito como pobre. No puedo hablar de cómo era la España de los ochenta, cuando entramos en la Unión Europea, porque mi memoria histórica empieza a partir de los noventa, antes no es que tuviese mucha conciencia de lo que me rodeaba, pero estoy segura de que estábamos un poquito mejor de lo que están los rumanos ahora. Pongamos que la situación actual de Rumanía puede equivaler, por ejemplo, a la española de los 60. Cuando visitamos Bucarest nos encontramos a unos niños de la calle esnifando pegamento en una de las plazas más céntricas de la ciudad, no en los suburbios. Y los trenes en los que viaja la clase media, no los más baratos, están en peores condiciones que nuestros regionales, bastante peor.
Esto es lo que quiero destacar; en las regiones turísticas sí se están poniendo al día en avances, reciben muchas visitas de extranjeros procedentes de la Europa pudiente, pero queda una gran parte del país a la que estos avances no llegan ni por asomo. Puede que la situación no sea tan distinta de la española de 1986, pero el problema ahora es que todos los países de la UE han evolucionado desde entonces, por lo que nuestros estándares de los ochenta no van a ser válidos en el 2007. Bucarest es una ciudad que está infestada de perros callejeros, muchos de ellos con rabia, lo cual es un grave problema social. Pero lo que sucede es que hay otros que hay que atender primero, como sacar a los niños de la calle o modernizar la agricultura, que es la fuente de subsistencia de muchas personas. Y el problema de los perros callejeros no es aceptable en una comunidad de la que forman parte países como Alemania o Finlandia que, en muchos campos, están a la cabeza del mundo.
A Rumanía hay que mirarla con la mente muy abierta, porque es un país hermoso y con muchas posibilidades. Se puede visitar, no es tan peligroso como pueda parecer. Pero por ahora, creo que su calificación en su camino a la Unión Europea es un "necesita mejorar". Esperemos que lo haga antes del 2007.
Por si alguien quiere consultar los avances de estos dos países, en la sección de enlaces he puesto algunos a los informes y a la propia página de la Unión Europea.





