Todos para todos, y una para una
Así traducía el célebre lema de los Mosqueteros la censura comunista, allí donde llegaba, adoctrinando así a los ciudadanos camaradas hasta en la más rebuscada oportunidad.
Cuenta la leyenda por boca de sus allegados, que Leonid Brézhnev, icono de la patria rusa desde 1965 hasta 1977, y por añadidura, sumo sacerdote del entonces comunismo en el planeta, llevó un día a su madre a visitar la Dacha que los gerifaltes de turno disfrutaban por obra y gracia del Estado benefactor. La humilde progenitora, al ver el lujo y despilfarro que allí moraba, asustada preguntó a su vástago: ¡Hijo mío! ¿Qué pasará el día que los comunistas se enteren de esto?
Y es que , a mi entender de mero observador y curioso del tema, el Comunismo nació muerto.
En realidad, el gran mérito de esta ideología es haber durado tanto esgrimiendo tan sólo papel mojado... Bueno, y un férreo control de absolutamente todo. Nadie se cree ya que aquello pudiera funcionar, y más ahora que se conocen con detalle las "técnicas de convencimiento general" (les suenan palabras como gulag, Siberia, purga...) que empleaba el Partido. ¡Así hasta gobierno yo!
Todos somos iguales, vale. Si es lo que la gran mayoría quiere escuchar, adelante, aceptamos pulpo como animal de compañía... Ok.
Pero también es justo reconocer y aceptar que unos son más iguales que otros (miren a su alrededor y con toda honestidad díganse si se ven igual a todos los que ven...)
Esto se pudo comprobar ya en 1917, cuando todavía no había triunfado la Revolución Bolchevique, y miles de soldados, campesinos harapientos y mal instruídos, con la nieve por la cintura, escuchaban las arengas de los líderes (mal empezamos) que viajaban en tren alfombrado, con chimenea y brandy en la mano. Si todos eran iguales, ¿porqué unos iban a todo tren de vida y los demás a pie? ¡Y nadie se rebeló! Con una platea así, no me extraña que se les subiera el poder a la cabeza. Yo, de haber sido comunista, hubiera elegido ser de los del tren, ¡qué carajo!
Y una vez más hallamos el quid de la cuestión en las debilidades humanas. Ni Marx, ni Engels, ni Lenin ni nadie de los implicados en su puesta en marcha tuvieron el detalle de reparar en el concepto estatus, que se mide por la acumulación de bienes, y que es absolutamente innato al ser humano. ¿Qué es lo primero que dice un niño cuando es ya capaz de articular la frase más simple?: "Es mío".
Nacemos con el sentido de la posesión y de la propiedad más marcado de la Naturaleza. ¿Y con cuatro teorías sobre la reordenación social y el reparto equitativo nos lo quieren anular? Imposible. Que no.
He sabido de colectivos okupas que han saltado por los aires por culpa de un mechero y su titularidad. Todos nos miramos en el espejo del prójimo para motivarnos, compararnos o consolarnos, y buscamos el destacar de una manera u otra entre nuestros semejantes... ¿Y nos quieren poner a todos cuello mao?
Fue bonito mientras se escribió, pero la puesta en práctica, ya desde su origen, hizo aguas por todas partes. Nunca ha existido el Comunismo más allá del contorno del libro que lo explica. En su lugar ha habido la dichosa "Dictadura de proletariado" tan nefasta como la militar o de cualquier tipo, y que sirvió de excusa para en el nombre de la comunidad, aprovecharse unos pocos. Siempre los mismos. Fue el cómo poner a trabajar a todo un país en tu propio beneficio. ¡Y pobre de ti que no los adorases!
Repito, el gran logro ha sido su longevidad dado el poco contenido real que escondía y caido el muro de Belín, se ha comprobado que todo era poco más que Sputniks, fuegos de artificio y desfiles de cartón-piedra. Y hablando del muro... Curiosamente, de los miles de ciudadanos que cruzaron la frontera hacia el mundo libre, la mayoría lo hicieron para comprar televisores en color. No se sabe de ninguno que lo hiciera para pregonar las bonanzas del sistema comunista a los corrompidos occidentales y su degenerada fiebre consumista.
Me preocupa que alguien pueda pensar que digo lo que digo por resentimiento de clase. Las distintas revoluciones en el mundo sólo han causado la migración de la aristocracia a mejores climas, pero no su desaparición. ¡Que todo inconveniente sea ese! Y salvo algún avaricioso con poca vista, en la rusia zarista los únicos que perdieron la vida y la hacienda fueron el Zar y su resignada familia. El resto huyó a tiempo salvando honor y joyas.
Que ya lo dijo la Biblia, novela gore donde la haya: "Al César lo que es del César, y adiós muy buenas".
Cuenta la leyenda por boca de sus allegados, que Leonid Brézhnev, icono de la patria rusa desde 1965 hasta 1977, y por añadidura, sumo sacerdote del entonces comunismo en el planeta, llevó un día a su madre a visitar la Dacha que los gerifaltes de turno disfrutaban por obra y gracia del Estado benefactor. La humilde progenitora, al ver el lujo y despilfarro que allí moraba, asustada preguntó a su vástago: ¡Hijo mío! ¿Qué pasará el día que los comunistas se enteren de esto?
Y es que , a mi entender de mero observador y curioso del tema, el Comunismo nació muerto.
En realidad, el gran mérito de esta ideología es haber durado tanto esgrimiendo tan sólo papel mojado... Bueno, y un férreo control de absolutamente todo. Nadie se cree ya que aquello pudiera funcionar, y más ahora que se conocen con detalle las "técnicas de convencimiento general" (les suenan palabras como gulag, Siberia, purga...) que empleaba el Partido. ¡Así hasta gobierno yo!
Todos somos iguales, vale. Si es lo que la gran mayoría quiere escuchar, adelante, aceptamos pulpo como animal de compañía... Ok.
Pero también es justo reconocer y aceptar que unos son más iguales que otros (miren a su alrededor y con toda honestidad díganse si se ven igual a todos los que ven...)
Esto se pudo comprobar ya en 1917, cuando todavía no había triunfado la Revolución Bolchevique, y miles de soldados, campesinos harapientos y mal instruídos, con la nieve por la cintura, escuchaban las arengas de los líderes (mal empezamos) que viajaban en tren alfombrado, con chimenea y brandy en la mano. Si todos eran iguales, ¿porqué unos iban a todo tren de vida y los demás a pie? ¡Y nadie se rebeló! Con una platea así, no me extraña que se les subiera el poder a la cabeza. Yo, de haber sido comunista, hubiera elegido ser de los del tren, ¡qué carajo!
Y una vez más hallamos el quid de la cuestión en las debilidades humanas. Ni Marx, ni Engels, ni Lenin ni nadie de los implicados en su puesta en marcha tuvieron el detalle de reparar en el concepto estatus, que se mide por la acumulación de bienes, y que es absolutamente innato al ser humano. ¿Qué es lo primero que dice un niño cuando es ya capaz de articular la frase más simple?: "Es mío".
Nacemos con el sentido de la posesión y de la propiedad más marcado de la Naturaleza. ¿Y con cuatro teorías sobre la reordenación social y el reparto equitativo nos lo quieren anular? Imposible. Que no.
He sabido de colectivos okupas que han saltado por los aires por culpa de un mechero y su titularidad. Todos nos miramos en el espejo del prójimo para motivarnos, compararnos o consolarnos, y buscamos el destacar de una manera u otra entre nuestros semejantes... ¿Y nos quieren poner a todos cuello mao?
Fue bonito mientras se escribió, pero la puesta en práctica, ya desde su origen, hizo aguas por todas partes. Nunca ha existido el Comunismo más allá del contorno del libro que lo explica. En su lugar ha habido la dichosa "Dictadura de proletariado" tan nefasta como la militar o de cualquier tipo, y que sirvió de excusa para en el nombre de la comunidad, aprovecharse unos pocos. Siempre los mismos. Fue el cómo poner a trabajar a todo un país en tu propio beneficio. ¡Y pobre de ti que no los adorases!
Repito, el gran logro ha sido su longevidad dado el poco contenido real que escondía y caido el muro de Belín, se ha comprobado que todo era poco más que Sputniks, fuegos de artificio y desfiles de cartón-piedra. Y hablando del muro... Curiosamente, de los miles de ciudadanos que cruzaron la frontera hacia el mundo libre, la mayoría lo hicieron para comprar televisores en color. No se sabe de ninguno que lo hiciera para pregonar las bonanzas del sistema comunista a los corrompidos occidentales y su degenerada fiebre consumista.
Me preocupa que alguien pueda pensar que digo lo que digo por resentimiento de clase. Las distintas revoluciones en el mundo sólo han causado la migración de la aristocracia a mejores climas, pero no su desaparición. ¡Que todo inconveniente sea ese! Y salvo algún avaricioso con poca vista, en la rusia zarista los únicos que perdieron la vida y la hacienda fueron el Zar y su resignada familia. El resto huyó a tiempo salvando honor y joyas.
Que ya lo dijo la Biblia, novela gore donde la haya: "Al César lo que es del César, y adiós muy buenas".
¿Y qué?
Creo que hoy es vier... lun... Es hoy. Y todavía me pitan los oídos.
La verdad es que no sé quien ganó la carrera del domingo, es más, les puedo asegurar que era lo que menos me importaba a lo largo de mi fin de semana en Montecarlo. Yo estaba por otros menesteres más hedonistas, y comprobando cuán en forma mantengo mis niveles de hipocresía. Sobre todo social. ¡Soy un fiera!
Todo comenzó en el solarium del Spa que frecuento con otros colegas, cuando apareció aquel cretino ostentoso, hijo de ves a saber que banquero de turno y que posee un rasgo muy definidor: no tiene sombra. Huyó, de lo idiota que es el sujeto.
Pues bien, fue abrirse la puerta del recinto y en menos de 16 segundos estábamos todos invitados a ir en su barco a Mónaco. Quería conocer azafatas con paraguas, pero no se atrevía a ir solo y requería de nuestra "ayuda" para romper el hielo. ¡Y vaya si lo rompimos!
Si hay algo que no soporto en esta vida, además de la sopa de sémola, son los encefalogramas planos. Y la mentada cría de banquero supera todas las barreras; pero la naturaleza humana guarda un arma para suavizar los roces entre seres de distinta especie, y que por ende, evita que nos degollemos por las esquinas. Es la hipocresía.
Nosotros contentos, ya teníamos plan para el week-end; y él feliz pues había conseguido compañía para el mismo. Desde ese momento todos guardamos nuestras opiniones personales al respecto y dedicamos al interfecto el mejor repertorio de trato encantador que podemos desplegar. Reímos sus bromas estúpidas, creyó que realmente nos importaban sus anécdotas soporíferas, NO nos pagó nada -en la mayoría de sitios tampoco nos cobran-, sólo nos trasladó. Y llegados a Mónaco, exactamente a la puerta del Gran Casino, le perdimos la pista.
Ecahamos manos de las agendas Last-Generation y en una hora de saludos cordialísimos y recuerdos para todos, teníamos alojamiento perpétuo en pleno centro del circuíto. Imbuidos como estábamos en la espiral de "sonrisas para todos", saludé a la familia Grimaldi como si mi vida fuera en ello, abracé a pilotos y managers con verdadero entusiasmo, cené, comí, brindé, reí, bailé y vomité entre gentes que me inspiran la misma confianza que que una cobra en la cama.
Y nadie lo notó. Todos estaban encantados conmigo. ¡Serán hipócritas!
Fíjense a qué extremos llegó mi mimetismo con el ambiente que, yo que soy abstemio, bebí mojitos hasta el delirio en dura pugna con una heredera nórdica. Gano ella. Yo rompía el hielo.
Allá donde fueres , haz lo que vieres. Y yo no estoy dispuesto a renunciar a mi estatus, por muy mal que me caigan mis congéneres, ya que es la vida para la que he sido programado y en la que me desenvuelvo con toda naturalidad. Compartimos origen de cuna pero para ellos yo soy como un videojuego- algo irreal-; y yo los veo como recortables, estirados y blandengues. Finjo cuando toca y no pierdo el sueño por ello. Todos, al fin y al cabo, usamos la hipocresía. La necesitamos, no sea que un ataque de sinceridad ciudadana desembocase en un río de sangre. Hay que ser honesto... cuando se pueda. Y si riendo las gracias a un bobo, ganamos en calidad de vida, hagámoslo. Su vanidad se verá colmada y a nosotros nos dejarán en paz. Si nos presentan a una novia de facciones picassianas, encajamos el impacto y abortamos la transmisión del cerebro a la boca, haciendo que de la misma sólo brote simpatía y cordialidad. ¿Qué hay de malo en ello? ¿Preferimos ir a hostias con el primero que nos pongan delante y se nos tuerza?
¿Hay algo más solitario que un sincero? ¿Hay alguien que quiera quedarse solo y denostado? La respuesta mía es nada, lo dudo, no y no, por este orden. Todos queremos ser aceptados en nuestro entorno y aunque nos repatee el relacionarnos con según que seres antropomorfos, hay que hacerlo, so pena de ser blanco de las iras populares, objeto de rumores y estigmatizado socialmente. ¡¡Mira, mira el hombre que come gatos!!... Y cosas peores.
Bendita sea la hipocresía y el bien que al hombre procura. Si la historia universal ha ido como ha ido con el uso indiscriminado de semejante condimento, ¡cómo habría sido sin ella!
Y si está tan extendida será por algo, que lo caduco tiende a la desaparición y la hipocresía al alza.
Y detesto los motores de 12 cilindros en "V" y toda la heráldica de Ferrari. Mis oídos internos parecen una tetera hirviendo, silbando sin parar. Vale que no me puse los tapones -resulta ridículo intentar impresionar a una chica Martini con dos topos amarillos en las orejas, pierdes credibilidad y pareces un teleñeco-, pero los coches podrían ser más silenciosos... ¿Y si había gente durmiendo?
La verdad es que no sé quien ganó la carrera del domingo, es más, les puedo asegurar que era lo que menos me importaba a lo largo de mi fin de semana en Montecarlo. Yo estaba por otros menesteres más hedonistas, y comprobando cuán en forma mantengo mis niveles de hipocresía. Sobre todo social. ¡Soy un fiera!
Todo comenzó en el solarium del Spa que frecuento con otros colegas, cuando apareció aquel cretino ostentoso, hijo de ves a saber que banquero de turno y que posee un rasgo muy definidor: no tiene sombra. Huyó, de lo idiota que es el sujeto.
Pues bien, fue abrirse la puerta del recinto y en menos de 16 segundos estábamos todos invitados a ir en su barco a Mónaco. Quería conocer azafatas con paraguas, pero no se atrevía a ir solo y requería de nuestra "ayuda" para romper el hielo. ¡Y vaya si lo rompimos!
Si hay algo que no soporto en esta vida, además de la sopa de sémola, son los encefalogramas planos. Y la mentada cría de banquero supera todas las barreras; pero la naturaleza humana guarda un arma para suavizar los roces entre seres de distinta especie, y que por ende, evita que nos degollemos por las esquinas. Es la hipocresía.
Nosotros contentos, ya teníamos plan para el week-end; y él feliz pues había conseguido compañía para el mismo. Desde ese momento todos guardamos nuestras opiniones personales al respecto y dedicamos al interfecto el mejor repertorio de trato encantador que podemos desplegar. Reímos sus bromas estúpidas, creyó que realmente nos importaban sus anécdotas soporíferas, NO nos pagó nada -en la mayoría de sitios tampoco nos cobran-, sólo nos trasladó. Y llegados a Mónaco, exactamente a la puerta del Gran Casino, le perdimos la pista.
Ecahamos manos de las agendas Last-Generation y en una hora de saludos cordialísimos y recuerdos para todos, teníamos alojamiento perpétuo en pleno centro del circuíto. Imbuidos como estábamos en la espiral de "sonrisas para todos", saludé a la familia Grimaldi como si mi vida fuera en ello, abracé a pilotos y managers con verdadero entusiasmo, cené, comí, brindé, reí, bailé y vomité entre gentes que me inspiran la misma confianza que que una cobra en la cama.
Y nadie lo notó. Todos estaban encantados conmigo. ¡Serán hipócritas!
Fíjense a qué extremos llegó mi mimetismo con el ambiente que, yo que soy abstemio, bebí mojitos hasta el delirio en dura pugna con una heredera nórdica. Gano ella. Yo rompía el hielo.
Allá donde fueres , haz lo que vieres. Y yo no estoy dispuesto a renunciar a mi estatus, por muy mal que me caigan mis congéneres, ya que es la vida para la que he sido programado y en la que me desenvuelvo con toda naturalidad. Compartimos origen de cuna pero para ellos yo soy como un videojuego- algo irreal-; y yo los veo como recortables, estirados y blandengues. Finjo cuando toca y no pierdo el sueño por ello. Todos, al fin y al cabo, usamos la hipocresía. La necesitamos, no sea que un ataque de sinceridad ciudadana desembocase en un río de sangre. Hay que ser honesto... cuando se pueda. Y si riendo las gracias a un bobo, ganamos en calidad de vida, hagámoslo. Su vanidad se verá colmada y a nosotros nos dejarán en paz. Si nos presentan a una novia de facciones picassianas, encajamos el impacto y abortamos la transmisión del cerebro a la boca, haciendo que de la misma sólo brote simpatía y cordialidad. ¿Qué hay de malo en ello? ¿Preferimos ir a hostias con el primero que nos pongan delante y se nos tuerza?
¿Hay algo más solitario que un sincero? ¿Hay alguien que quiera quedarse solo y denostado? La respuesta mía es nada, lo dudo, no y no, por este orden. Todos queremos ser aceptados en nuestro entorno y aunque nos repatee el relacionarnos con según que seres antropomorfos, hay que hacerlo, so pena de ser blanco de las iras populares, objeto de rumores y estigmatizado socialmente. ¡¡Mira, mira el hombre que come gatos!!... Y cosas peores.
Bendita sea la hipocresía y el bien que al hombre procura. Si la historia universal ha ido como ha ido con el uso indiscriminado de semejante condimento, ¡cómo habría sido sin ella!
Y si está tan extendida será por algo, que lo caduco tiende a la desaparición y la hipocresía al alza.
Y detesto los motores de 12 cilindros en "V" y toda la heráldica de Ferrari. Mis oídos internos parecen una tetera hirviendo, silbando sin parar. Vale que no me puse los tapones -resulta ridículo intentar impresionar a una chica Martini con dos topos amarillos en las orejas, pierdes credibilidad y pareces un teleñeco-, pero los coches podrían ser más silenciosos... ¿Y si había gente durmiendo?
Soy un delincuente
Hoy, por fin , he hecho algo que tenía ganas de cometer desde hace mucho, mucho tiempo. Aprovechando el diorama de Bagdag que el Ayuntamiento ha tenido a bien regalar a los transeuntes de mi cuidad -aceras levantadas, farolas caidas, escombros por todas partes y ruido infernal-, me he apeado del coche y junto al mismo he adquirido un CD en el Top Manta. Ni recuerdo de quién era el que he comprado, sólo pretendía empaparme en la experiencia de delinquir a plena luz del día y con testigos por doquier. Y no estaba solo.
He atisbado la situación, he elegido una portada seductora y no he perdido ripio del tenso y vigilante rostro del vendedor. Pagados mis tres € religiosamente por una música que seguro ni los vale, he deseado que apareciese la Guardia Urbana para ser pillado in fraganti y así poder decir la mía a voz en grito. Es otro de los encantos de la nobleza, el poder expresarse libremente sin ser detenido o retenido en comisaría. Basta con enseñar las credenciales y los rostros y actitudes de los agentes mudan al más absoluto de los servilismos. Y yo que me aprovecho.
Pero no ha pasado nada. Tan sólo he aumentado la angustia del pobre morito que vigilaba la mercancía y casi provoco un atasco yo solito. Allí como un pasmarote, mi CD en la mano y Fermín apresurándome.
¡Yo que creía que estaba cometiendo una estafa en la vía pública! ¡Que robaba el el pan de la boca de los músicos y arruinaba comerciantes a diestro y siniestro! Y lo único que he hecho en realidad, ha sido engrosar las arcas de la mafia que organiza todo el tinglado. Eso sí que me da rabia, porque encima son los mismos de siempre pero más cínicos que nunca.
Durante mis estudios de Finanzas Internacionales aprendí una regla de oro para calibrar con bastante objetividad el desarrollo de los acontecimientos, una regla que además sirve para casi todo en esta vida. Nos enseñaron que cuando sucede un hecho o se mantiene una situación, hay que discernir quién es el más beneficiado por semejante conjunción planetaria y observarlo con cautela, pues a buen seguro tiene algo que ver con todo ello.
Pasa en la guerra de Iraq, pasa en la Liga de fútbol, pasa en Wall Street y en las cerreras de galgos. Y en el negocio de la música es obscenamente visible.
Todo comenzó cuando una serie de empresas de ocio electrónico decidieron que les teníamos que comprar sus reproductores de DVD y CD, que para eso los habían inventado. Nos los ofertaron hasta la nausea, nos obligaron a creerlos imprescindibles en nuestras vidas. ¡Eres más antigüo que los Hititas! ¡Todavía con VHS!
Luego desmbarcaron con los grabadores e internet se apuntó al bombardeo. Aquello supuso la debacle del negocio musical establecido... ¿O no? La orgía de descargas diarias de archivos hizo "temblar" a las grandes multinacionales del vinilo que, curiosamente, pertenecen a los emporios fabricantes de maquinitas repro-grabadoras del mercado. ¡Qué casualidad!
Y la decisión fue draconiana: señores compradores del mundo, desde hoy no se puede piratear ni música, ni cine ni nada que sea susceptible de quedarse enganchado a un CD.
Nos pusieron toda la tecnología del planeta en nuestras manos a precios de insulto, crearon las vías de acceso a las descargas gratuitas y como nadie entraba en las tiendas, satanizaron el uso de lo que habían inventado. Y crearon impuestos nuevos para escarmentar.
El negocio no había hecho más que comenzar. Ya que los anónimos compradores se obstinaban en no adquirir en las tiendas oficiales, ellos irían a la calle. Y eso hicieron. ¿Acaso alguien se cree que unos indocumentados chinos tienen la infraestructura y el capital necesarios para piratear millones de copias a la semana. No, alguien se les pone a su disposición. Eso, y los masters de grabación del último disco recien salido del horno. Y no pasa nada, si les pillan mañana habrá otros inmigrantes en su lugar, haciendo lo mismo que los anteriores. Máximo beneficio, riesgo cero.
Y hay más. Con la excusa de bla, bla, bla escatiman los derechos de autor a los compositores aduciendo que la gente es mala y perversa y los quieren ver muertos de hambre antes que pagar el abuso del precio oficial de mercado. Somos malos, malos de verdad y los músicos nos odian ya que no pueden hacerlo a la mano que les da de "comer". Los comerciantes también odian a la mano que les provee de carísima mercancia que no venden, pero se cuidarán mucho de pedir precios más populares y menos ahora que no se comen un colín. Y la discográfica... La discográfica, con su política de "Muchos pocos mejor que pocos muchos", sigue ingresando ingentes cantidades de dinero libre de impuestos y sin declarar, gracias a la excelente forma física de los vendedores ambulantes. Aprovecho para poner sobre aviso a los ojeadores de futuras estrellas del atletismo. Hay cantera.
Pero repito, los desalmados somos los consumidores de productos falsificados, que no tenemos ni el más mínimo resquicio de compasión por nuestros congéneres y que vamos a lo nuestro como egoistas seres pluricelulares. Parece mentira que no nos dejemos vaciar la cartera, o que no sigamos el juego a los "buenos", y eso lo pagan familias enteras que ven su modus vivendi peligrar. A cada CD que compramos, les acercamos un paso más a la cola del desempleo. Sí, nosotros.
Y digo yo... ¿Porqué no toman de una vez la Bastilla y acaban con este negocio de unos cuantos, como hicieron con nosotros tiempo atrás?
¿Para qué dos mercados paralelos de venta pudiendo hacer uno sólo y bien? La respuesta hay que buscarla en el atávico comportamiento humano: Por avaricia. Por quererse quedar con todo. Nada para nadie. Todo para mí. Y la avaricia no entiende de dramas familiares ni economías arruinadas.Sólo busca excusas y culpables. Es el problema de los nuevos ricos, que nunca tienen bastante y enferman de dinero y poder. Y el dinero es, en el fondo, como una droga: mucho embrutece y poco sabe a nada, y si no se nace acostumbrado a él se cometen abusos y tropelías.
Y todo ello me ofende por una sola razón. Mis acciones de las discográficas han bajado en picado desde que éstas alegan menos ingresos por culpa de la piratería.... ¡Y cada día tienen los yates más grandes! ¡Serán...!
He atisbado la situación, he elegido una portada seductora y no he perdido ripio del tenso y vigilante rostro del vendedor. Pagados mis tres € religiosamente por una música que seguro ni los vale, he deseado que apareciese la Guardia Urbana para ser pillado in fraganti y así poder decir la mía a voz en grito. Es otro de los encantos de la nobleza, el poder expresarse libremente sin ser detenido o retenido en comisaría. Basta con enseñar las credenciales y los rostros y actitudes de los agentes mudan al más absoluto de los servilismos. Y yo que me aprovecho.
Pero no ha pasado nada. Tan sólo he aumentado la angustia del pobre morito que vigilaba la mercancía y casi provoco un atasco yo solito. Allí como un pasmarote, mi CD en la mano y Fermín apresurándome.
¡Yo que creía que estaba cometiendo una estafa en la vía pública! ¡Que robaba el el pan de la boca de los músicos y arruinaba comerciantes a diestro y siniestro! Y lo único que he hecho en realidad, ha sido engrosar las arcas de la mafia que organiza todo el tinglado. Eso sí que me da rabia, porque encima son los mismos de siempre pero más cínicos que nunca.
Durante mis estudios de Finanzas Internacionales aprendí una regla de oro para calibrar con bastante objetividad el desarrollo de los acontecimientos, una regla que además sirve para casi todo en esta vida. Nos enseñaron que cuando sucede un hecho o se mantiene una situación, hay que discernir quién es el más beneficiado por semejante conjunción planetaria y observarlo con cautela, pues a buen seguro tiene algo que ver con todo ello.
Pasa en la guerra de Iraq, pasa en la Liga de fútbol, pasa en Wall Street y en las cerreras de galgos. Y en el negocio de la música es obscenamente visible.
Todo comenzó cuando una serie de empresas de ocio electrónico decidieron que les teníamos que comprar sus reproductores de DVD y CD, que para eso los habían inventado. Nos los ofertaron hasta la nausea, nos obligaron a creerlos imprescindibles en nuestras vidas. ¡Eres más antigüo que los Hititas! ¡Todavía con VHS!
Luego desmbarcaron con los grabadores e internet se apuntó al bombardeo. Aquello supuso la debacle del negocio musical establecido... ¿O no? La orgía de descargas diarias de archivos hizo "temblar" a las grandes multinacionales del vinilo que, curiosamente, pertenecen a los emporios fabricantes de maquinitas repro-grabadoras del mercado. ¡Qué casualidad!
Y la decisión fue draconiana: señores compradores del mundo, desde hoy no se puede piratear ni música, ni cine ni nada que sea susceptible de quedarse enganchado a un CD.
Nos pusieron toda la tecnología del planeta en nuestras manos a precios de insulto, crearon las vías de acceso a las descargas gratuitas y como nadie entraba en las tiendas, satanizaron el uso de lo que habían inventado. Y crearon impuestos nuevos para escarmentar.
El negocio no había hecho más que comenzar. Ya que los anónimos compradores se obstinaban en no adquirir en las tiendas oficiales, ellos irían a la calle. Y eso hicieron. ¿Acaso alguien se cree que unos indocumentados chinos tienen la infraestructura y el capital necesarios para piratear millones de copias a la semana. No, alguien se les pone a su disposición. Eso, y los masters de grabación del último disco recien salido del horno. Y no pasa nada, si les pillan mañana habrá otros inmigrantes en su lugar, haciendo lo mismo que los anteriores. Máximo beneficio, riesgo cero.
Y hay más. Con la excusa de bla, bla, bla escatiman los derechos de autor a los compositores aduciendo que la gente es mala y perversa y los quieren ver muertos de hambre antes que pagar el abuso del precio oficial de mercado. Somos malos, malos de verdad y los músicos nos odian ya que no pueden hacerlo a la mano que les da de "comer". Los comerciantes también odian a la mano que les provee de carísima mercancia que no venden, pero se cuidarán mucho de pedir precios más populares y menos ahora que no se comen un colín. Y la discográfica... La discográfica, con su política de "Muchos pocos mejor que pocos muchos", sigue ingresando ingentes cantidades de dinero libre de impuestos y sin declarar, gracias a la excelente forma física de los vendedores ambulantes. Aprovecho para poner sobre aviso a los ojeadores de futuras estrellas del atletismo. Hay cantera.
Pero repito, los desalmados somos los consumidores de productos falsificados, que no tenemos ni el más mínimo resquicio de compasión por nuestros congéneres y que vamos a lo nuestro como egoistas seres pluricelulares. Parece mentira que no nos dejemos vaciar la cartera, o que no sigamos el juego a los "buenos", y eso lo pagan familias enteras que ven su modus vivendi peligrar. A cada CD que compramos, les acercamos un paso más a la cola del desempleo. Sí, nosotros.
Y digo yo... ¿Porqué no toman de una vez la Bastilla y acaban con este negocio de unos cuantos, como hicieron con nosotros tiempo atrás?
¿Para qué dos mercados paralelos de venta pudiendo hacer uno sólo y bien? La respuesta hay que buscarla en el atávico comportamiento humano: Por avaricia. Por quererse quedar con todo. Nada para nadie. Todo para mí. Y la avaricia no entiende de dramas familiares ni economías arruinadas.Sólo busca excusas y culpables. Es el problema de los nuevos ricos, que nunca tienen bastante y enferman de dinero y poder. Y el dinero es, en el fondo, como una droga: mucho embrutece y poco sabe a nada, y si no se nace acostumbrado a él se cometen abusos y tropelías.
Y todo ello me ofende por una sola razón. Mis acciones de las discográficas han bajado en picado desde que éstas alegan menos ingresos por culpa de la piratería.... ¡Y cada día tienen los yates más grandes! ¡Serán...!
Do you parlez espagnolo?
Todos los hallazgos del hombre desde que se escindió del mono hasta nuestros días, han sido un paso en el progreso de la raza y en su asentamiento como especie dominante. Lo prueba el fuego y su posterior dominio por primates avanzados. La música, excelencia sólo destilable por seres con cierta sensibilidad y maña en el uso y abuso de materias primas. La agricultura, que supuso el nacimiento de las urbes y embrión de futuros imperios. Y como estos ejemplos mil, unos más dignos que otros, pero con un común denominador: hicieron evolucionar al ser humano hacia lo que es hoy... Lo cual tampoco es decir demasiado, pero es lo que hay.
No obstante, la sabiduría de la naturaleza dotó al hombre de un elemento que equilibrase tanta superioridad con respecto al resto de lo existente en la tierra. Le dio el lenguaje. Y todo saltó por los aires.
Lo recoge el Antiguo Testamento en el célebre suceso de la torre de Babel; y Hume ya lo expresó magistralmente al hacernos ver que el lenguaje, lejos de ser un elemento de comunicación y entendimiento, era fuente de conflictos constantes. Nos oímos pero no nos escuchamos.
En el típico esquema de la comunicación, a saber: emisor-canal-receptor, sólo funciona el aspecto "canal" . Lo demás falla casí por sistema.
¿Cuántas veces no nos han entendido la ironía y se ha montado un cristo? O la recurrente frase sacada de contexto utilizada para caldear ánimos y conductas. Entre lo que uno dice y cómo lo dice y lo que el otro escucha, si le da la gana, hay un mundo; por eso la sociedad tiende a las frases cortas y a l uso de tecnología para no tener que ser uno mismo quien tenga que comunicarse cara a cara. ¡Ultimamente parece que nos dé pánico!
Sospecho que la prueba de la superioridad de los animales sobre el hombre es precisamente que no hablan. Ya saben decirse lo que tienen que decirse. Y si algún día se les ocurre decir ni pío, permítanme la grosería, la habrán cagado. Desde ese momento nos fregarán los platos, nos traerán el diario, nos harán la compra... Y en el peor de los casos, estaremos sometidos a chantaje por parte de la mascota. ¡Jesús, con todo lo que ha visto mi perro en la biblioteca!
Pueden apostar sus bienes, si los hubieran, a que nunca escucharán una tontería de boca de un animal... y háganme el favor de no pensar en los tertulianos de TV como he hecho yo. Esa fauna no cuentan.
Que para decir tonterías cualquier idioma sirve, es una máxima universal. Por eso no entiendo las disputas ligüísticas en las que se obstinan los políticos, que no los ciudadanos, para ningunear al rival o desprestigiar a una comunidad u otra.
El talento, la inteligencia, lo interesante, no se manifiesta con relativa frecuencia y es por ello necesario admirar estas perlas, estén en el idioma que estén, cuando aparezcan. Que una determinada gente hable más de un idioma, pues mejor para ellos, pero de nada les servirá si la usan para expresar idioteces o usarla como arme arrojadiza. Al fin y al cabo es conocimiento y cada cual se lo administra a su manera, así que mejor usarlo de forma inteligente.
Los que disfrutamos del conocimiento de varias lenguas lo consideramos un lujo, y por tanto, un bien que hay que cuidar con esmero. Ello no es óbice para que nos entendamos perfectamente con seres de un solo idioma. Y a veces con indivíduos que carecen de él. Es el privilegio de los políglotas. No lo arruinemos.
Tras mi paso por el campo de internamiento para aristócratas más caro de europa, allí en la "bella" Suiza, me planté con 16 años y sabiendo 6 idiomas, catalán incluido. Pueden hacerse una idea de lo que era una disputa generacional en mi casa durante los veranos. ¡Parecía la taberna de la ONU!
Con el tiempo opté por la lengua que menos problemas me presentaba a todos sus niveles y elegí ésta en la que escribo. No quiere decir ni de lejos que la domine, ¡pero imagínense en las otras! Todavía tengo mis trifulcas con los acentos y otras normas de ortografía y se me cuelan expresiones traducidas literalmente de otros idiomas. Incluso en ocasiones me sorprendo pidiendo el café en infinitivo, al más puro estilo guiri.
Lo dicho, si hacemos un esfuerzo por decir cosas que interesen y de forma interesante, seguro que nos escucharemos más. Y el ánsia de conocer opiniones expresadas en otro idioma nos arrastrarán en tromba a las academias de lenguas. Y algo aprenderemos, que buena falta nos hace.
No obstante, la sabiduría de la naturaleza dotó al hombre de un elemento que equilibrase tanta superioridad con respecto al resto de lo existente en la tierra. Le dio el lenguaje. Y todo saltó por los aires.
Lo recoge el Antiguo Testamento en el célebre suceso de la torre de Babel; y Hume ya lo expresó magistralmente al hacernos ver que el lenguaje, lejos de ser un elemento de comunicación y entendimiento, era fuente de conflictos constantes. Nos oímos pero no nos escuchamos.
En el típico esquema de la comunicación, a saber: emisor-canal-receptor, sólo funciona el aspecto "canal" . Lo demás falla casí por sistema.
¿Cuántas veces no nos han entendido la ironía y se ha montado un cristo? O la recurrente frase sacada de contexto utilizada para caldear ánimos y conductas. Entre lo que uno dice y cómo lo dice y lo que el otro escucha, si le da la gana, hay un mundo; por eso la sociedad tiende a las frases cortas y a l uso de tecnología para no tener que ser uno mismo quien tenga que comunicarse cara a cara. ¡Ultimamente parece que nos dé pánico!
Sospecho que la prueba de la superioridad de los animales sobre el hombre es precisamente que no hablan. Ya saben decirse lo que tienen que decirse. Y si algún día se les ocurre decir ni pío, permítanme la grosería, la habrán cagado. Desde ese momento nos fregarán los platos, nos traerán el diario, nos harán la compra... Y en el peor de los casos, estaremos sometidos a chantaje por parte de la mascota. ¡Jesús, con todo lo que ha visto mi perro en la biblioteca!
Pueden apostar sus bienes, si los hubieran, a que nunca escucharán una tontería de boca de un animal... y háganme el favor de no pensar en los tertulianos de TV como he hecho yo. Esa fauna no cuentan.
Que para decir tonterías cualquier idioma sirve, es una máxima universal. Por eso no entiendo las disputas ligüísticas en las que se obstinan los políticos, que no los ciudadanos, para ningunear al rival o desprestigiar a una comunidad u otra.
El talento, la inteligencia, lo interesante, no se manifiesta con relativa frecuencia y es por ello necesario admirar estas perlas, estén en el idioma que estén, cuando aparezcan. Que una determinada gente hable más de un idioma, pues mejor para ellos, pero de nada les servirá si la usan para expresar idioteces o usarla como arme arrojadiza. Al fin y al cabo es conocimiento y cada cual se lo administra a su manera, así que mejor usarlo de forma inteligente.
Los que disfrutamos del conocimiento de varias lenguas lo consideramos un lujo, y por tanto, un bien que hay que cuidar con esmero. Ello no es óbice para que nos entendamos perfectamente con seres de un solo idioma. Y a veces con indivíduos que carecen de él. Es el privilegio de los políglotas. No lo arruinemos.
Tras mi paso por el campo de internamiento para aristócratas más caro de europa, allí en la "bella" Suiza, me planté con 16 años y sabiendo 6 idiomas, catalán incluido. Pueden hacerse una idea de lo que era una disputa generacional en mi casa durante los veranos. ¡Parecía la taberna de la ONU!
Con el tiempo opté por la lengua que menos problemas me presentaba a todos sus niveles y elegí ésta en la que escribo. No quiere decir ni de lejos que la domine, ¡pero imagínense en las otras! Todavía tengo mis trifulcas con los acentos y otras normas de ortografía y se me cuelan expresiones traducidas literalmente de otros idiomas. Incluso en ocasiones me sorprendo pidiendo el café en infinitivo, al más puro estilo guiri.
Lo dicho, si hacemos un esfuerzo por decir cosas que interesen y de forma interesante, seguro que nos escucharemos más. Y el ánsia de conocer opiniones expresadas en otro idioma nos arrastrarán en tromba a las academias de lenguas. Y algo aprenderemos, que buena falta nos hace.
No pain, no Spain
Ese era el lema del equipo americano de atletismo que se preparó para las Olimpiadas del 92, en Barcelona. Y a los yanquis, amantes de los lemas y las fanfarrias más variopintas, parece que les motivaba enormemente pues cosecharon una de sus mejores olimpiadas desde que participan en ellas.
Es ovbio que para superarse es necesario un cierto sacrificio. O cuando menos dedicación. Aunque siempre hay casos singulares que pegándose la vida padre, luego llegan a la competición y arrasan. Y eso es lo que no pueden soportar los del montón. Son los Salieri del deporte, los que confunden el sufrimiento con el rendimiento. Los que creen que a través de la constancia y la renuncia a una vida placentera se consigue la gloria. Y no es así. ¿Qué lugar habría entonces para el dopaje?
A mi entender, como modesto practicante de algunas modalidades deportivas, el "todo vale por la gloria" no me sirve. El deporte no es doloroso, no tiene que serlo. Su práctica ha de suponer beneficio para el organismo y elevar nuestro sentido del humor; y no creo que llegar a la meta semicomatoso, con los ojos en blanco y totalmente desorientado sea bueno para nadie. ¿Qué mérito tiene ser el más rápido del mundo si uno se ha atiborrado de drogas para conseguirlo? ¿Se duerme bien sabiendo que uno es el yonki más rápido del mundo? ¿Tanta presión recibe un profesional que se ve abocado a sustancias ilegales? Y la pregunta del millón: A ese nivel ¿sigue disfrutando el atleta de su trabajo?
Dudo mucho que compense el robar un segundo al crono, a cambio de pañales prematuros, cambios hormonales y molestias de por vida que persiguen a los deportista de élite. Todo lo que ha de producir el deporte cuando se practica de forma sana, es bienestar físico y unas irrefrenables ganas de comer. Y como no, la satisfación de haber ganado a ese imbécil de turno que se las da de listo y al que sólo le puedes hacer comer su chulería en la cancha.
Hoy día, el sufrimiento llevado al paroxismo, sólo sirve para tener algún titular al día siguiente y para engrosar las morbosas imágenes de alguna televisión. No vende el caerse muerto al cruzar la meta, y encima es un mal ejemplo para aquellos que empezaban a plantearse el hacer algo de ejercicio.
El deporte ha de volver a ser y suponer satisfacción personal. Y si se quiere competir, que sea de tú a tú. De atleta a atleta. De capacidad física a capacidad física, y no de empresa farmaceutica a empresa farmaceutica, como sucede últimamente. Si yo me tomo todo lo que toma un ciclista para afrontar una etapa del Tour, seguro que me tienen que bajar de la bici a palos. Haría tres etapas en una, y con los ojos vidriosos y espuma en la boca, perseguiría dragones en las metas volantes y tendría conversaciones con las setas. ¡Y ellos, al día siguiente tan frescos! Y a eso le llaman deporte...
No soy de la opinión de mezclar mundos diferentes a menos que se puedan controlar las consecuencias, y el juntar drogas y deporte no creo que sea lo más apropiado. Las drogas están muy bien para lo que están, y el deporte idem de idem, pero mezclarlas... mal asunto.
Si la empresas farmaceuticas quieren asomarse al deporte de élite, que lo hagan en forma de patrocinio en vez de en especies. Como lo hacen con nosotros, los integrantes del Comité Olimpico Intenacional, que nos pagan los desplazamientos y nos obsequian con viajes a lugares paradisíacos. Eso sí sería ayudar al deporte, y no envileciéndolo con sustancias venenosas que sólo hacen que falsear los resultados y enfermar a los atletas.
Sean pues moderados en la práctica deportiva y no busquen más allá de su buena forma y elasticidad, y ya veran como su organismo se les agradece. Y si el cuerpo les pide quemar energías, vayan a bailar y dróguense si quieren, pero no mezclen una cosa con la otra. Por salir a hacer jogging enfarlopado hasta las cejas no hará vd. más ejercicio y tan sólo batira la marca de su propia estupidez. Así que "Altius, Citius, Fortius" pero no a cualquier precio.
Es ovbio que para superarse es necesario un cierto sacrificio. O cuando menos dedicación. Aunque siempre hay casos singulares que pegándose la vida padre, luego llegan a la competición y arrasan. Y eso es lo que no pueden soportar los del montón. Son los Salieri del deporte, los que confunden el sufrimiento con el rendimiento. Los que creen que a través de la constancia y la renuncia a una vida placentera se consigue la gloria. Y no es así. ¿Qué lugar habría entonces para el dopaje?
A mi entender, como modesto practicante de algunas modalidades deportivas, el "todo vale por la gloria" no me sirve. El deporte no es doloroso, no tiene que serlo. Su práctica ha de suponer beneficio para el organismo y elevar nuestro sentido del humor; y no creo que llegar a la meta semicomatoso, con los ojos en blanco y totalmente desorientado sea bueno para nadie. ¿Qué mérito tiene ser el más rápido del mundo si uno se ha atiborrado de drogas para conseguirlo? ¿Se duerme bien sabiendo que uno es el yonki más rápido del mundo? ¿Tanta presión recibe un profesional que se ve abocado a sustancias ilegales? Y la pregunta del millón: A ese nivel ¿sigue disfrutando el atleta de su trabajo?
Dudo mucho que compense el robar un segundo al crono, a cambio de pañales prematuros, cambios hormonales y molestias de por vida que persiguen a los deportista de élite. Todo lo que ha de producir el deporte cuando se practica de forma sana, es bienestar físico y unas irrefrenables ganas de comer. Y como no, la satisfación de haber ganado a ese imbécil de turno que se las da de listo y al que sólo le puedes hacer comer su chulería en la cancha.
Hoy día, el sufrimiento llevado al paroxismo, sólo sirve para tener algún titular al día siguiente y para engrosar las morbosas imágenes de alguna televisión. No vende el caerse muerto al cruzar la meta, y encima es un mal ejemplo para aquellos que empezaban a plantearse el hacer algo de ejercicio.
El deporte ha de volver a ser y suponer satisfacción personal. Y si se quiere competir, que sea de tú a tú. De atleta a atleta. De capacidad física a capacidad física, y no de empresa farmaceutica a empresa farmaceutica, como sucede últimamente. Si yo me tomo todo lo que toma un ciclista para afrontar una etapa del Tour, seguro que me tienen que bajar de la bici a palos. Haría tres etapas en una, y con los ojos vidriosos y espuma en la boca, perseguiría dragones en las metas volantes y tendría conversaciones con las setas. ¡Y ellos, al día siguiente tan frescos! Y a eso le llaman deporte...
No soy de la opinión de mezclar mundos diferentes a menos que se puedan controlar las consecuencias, y el juntar drogas y deporte no creo que sea lo más apropiado. Las drogas están muy bien para lo que están, y el deporte idem de idem, pero mezclarlas... mal asunto.
Si la empresas farmaceuticas quieren asomarse al deporte de élite, que lo hagan en forma de patrocinio en vez de en especies. Como lo hacen con nosotros, los integrantes del Comité Olimpico Intenacional, que nos pagan los desplazamientos y nos obsequian con viajes a lugares paradisíacos. Eso sí sería ayudar al deporte, y no envileciéndolo con sustancias venenosas que sólo hacen que falsear los resultados y enfermar a los atletas.
Sean pues moderados en la práctica deportiva y no busquen más allá de su buena forma y elasticidad, y ya veran como su organismo se les agradece. Y si el cuerpo les pide quemar energías, vayan a bailar y dróguense si quieren, pero no mezclen una cosa con la otra. Por salir a hacer jogging enfarlopado hasta las cejas no hará vd. más ejercicio y tan sólo batira la marca de su propia estupidez. Así que "Altius, Citius, Fortius" pero no a cualquier precio.
¡Al rico récord!¡
Lo peor de ser abstemio es que tienes que velar las borracheras de los colegas , los cuales sabiéndose en "buenas manos", se abandonan a la bebida sin mesura. Mi revancha viene cuando hay que recuperarlos para el mundo real, que es cuando despliego mi repertorio de remedios caseros. Y fue así que el otro día , mientras mantenía sumergida la cabeza en agua helada a un conde cuyo nombre omitiré, me quedé dormido sujetando al infeliz. Nada, quince, tal vez veinte minutos y desperté sobresaltado por Fermín, mi inefable mayordomo. Repuestos del susto, procedimos a sacar al conde-buzo de la bañera. Y ¡oh, sorpresa! ¡Estaba vivo el muy ladrón! Cianótico, pero vivo. A punto estuve de reanimarlo con un brandy pero me detuve a tiempo , no fuera a agravar lo que había pretendido curar. Me lo tomé yo.
Durante el almuerzo hicimos burla del suceso hasta que Fermín dijo la frase fatídica: "Esto de hoy, si me lo permiten, merece salir en el "LIbro Guiness de los récords" como la siesta más larga de un borracho bajo el agua. O como el intento de homicidio más patético de la aristocracia. Pueden elegir... señoritos"
Desde entonces que no puedo quitarme el dichoso libro de la cabeza. Que la estupidez humana no tiene límite se sabe desde antes de abandonar la EGB... o eso... Como se le llame ahora. La prueba es lo que acabo de relatar; pero que encima quede registrado oficialmente, yo, personalmente, creo que es de muy mal gusto.
Siempre me ha intrigado mucho ese compendio de hazañas de a duro que se pueden leer en sus páginas. Las hay de todos tipos y colores. Las que no tiene ningún mérito, como ser el hombre más calvo del mundo, o el más feo. Las hay también impregnadas de aires festivos ( la paella más..., el bocadillo menos...) que con la excusa, montan una fiesta y colocan a su pueblo en el mapa durante unos días.
Sin embargo, la parte más aterradora la constituyen la ingente legión de fracasados que a diario incriben su nombre en el libro, sin vergüenza alguna. Que un tipo sea el récord mundial en la modalidad de comerse un televisor en menos tiempo, a mí me eriza el vello.
Todo lo que se agolpa en mi cabeza es indescriptible. Y sobre todo preguntas: ¿Cómo y cuándo descubrió que podía hacerlo? Si acreditó un tiempo oficial- necesario para validar el récord-, es que se cronometró. ¡Y necesitó testigos que avalasen su proeza! O sea, que lo hizo en público y en plena consciencia de lo que estaba haciendo. ¡Tiemblo al pensar en un día cualquiera en la vida de uno de ellos! Toda su realización personal se sustenta en aparecer, con nombre y apellidos, al lado de su insulto al género humano. Y encima ufanos.
Pero no crean que la alegría les dura mucho. Siempre habrá en el otro rincón del mundo un sociópata que, al leer la gesta del primero, encontrará sentido a su vida y dedicará sus esfuerzos a conseguir batirlo. Y lo peor de todo es que lo hará.
Lamentablemente no acaba aquí la cosa. El drama se masca cuando además de pretender ponerse en ridículo, lo hacen esgrimiendo causas humanitarias. Imagínense un tipo que se hace atar boca abajo en el ala de un Jumbo para realizar un vuelo transoceánico, y que declara que donará lo recaudado a la asociación de niños lobotomizados del Perú. Repugnate.
Con tal de conseguir que se hable de ellos aunque sea en esperanto, son capaces de avergonzar a un colectivo de pobres niños y sus familiares, que maldita culpa tienen. Y la socieda, lejos de reprobar estas conductas, van y les aplauden. ¿Sabían que es el libro más vendido del mundo? Hoy día la fe no está en los templos, está en las editoriales.
Y otro, casi diría que el más sobrecogedor rasgo que les caracteriza, es que podrían ser cualquiera de nosotros. No se les distingue a simple vista y hasta parecen indivíduos normales. Nada hace sospechar en ellos que son portadores de una tara, que esperemos no sea genética: la capacidad de autodescalificarse hasta el ridículo por dos segundos de "fama". Al precio que sea.
No obstante, he querido hacer un esfuerzo de comprensión hacia el tema y contemplo la posibilidad de que, en el fondo, el libro en cuestión sea una hábil maniobra para tener censados a todos aquellos capaces de lo que han logrado y más. Puede que sea la única medida de control sobre esas gentes enajenadas que ven así encauzadas sus veleidades psicótico-ególatras. Mientras uno prueba de masticar una cosechadora , no estará haciendo nada peor... Digo yo.
De todas formas, no me quedaré con las ganas de saber si soy capaz de ejecutar Mozart en mi clavicordio con la punta de la nariz y los ojos vendados. Pero ya me aseguraré de hallarme bien solito... y en anonimato.
Durante el almuerzo hicimos burla del suceso hasta que Fermín dijo la frase fatídica: "Esto de hoy, si me lo permiten, merece salir en el "LIbro Guiness de los récords" como la siesta más larga de un borracho bajo el agua. O como el intento de homicidio más patético de la aristocracia. Pueden elegir... señoritos"
Desde entonces que no puedo quitarme el dichoso libro de la cabeza. Que la estupidez humana no tiene límite se sabe desde antes de abandonar la EGB... o eso... Como se le llame ahora. La prueba es lo que acabo de relatar; pero que encima quede registrado oficialmente, yo, personalmente, creo que es de muy mal gusto.
Siempre me ha intrigado mucho ese compendio de hazañas de a duro que se pueden leer en sus páginas. Las hay de todos tipos y colores. Las que no tiene ningún mérito, como ser el hombre más calvo del mundo, o el más feo. Las hay también impregnadas de aires festivos ( la paella más..., el bocadillo menos...) que con la excusa, montan una fiesta y colocan a su pueblo en el mapa durante unos días.
Sin embargo, la parte más aterradora la constituyen la ingente legión de fracasados que a diario incriben su nombre en el libro, sin vergüenza alguna. Que un tipo sea el récord mundial en la modalidad de comerse un televisor en menos tiempo, a mí me eriza el vello.
Todo lo que se agolpa en mi cabeza es indescriptible. Y sobre todo preguntas: ¿Cómo y cuándo descubrió que podía hacerlo? Si acreditó un tiempo oficial- necesario para validar el récord-, es que se cronometró. ¡Y necesitó testigos que avalasen su proeza! O sea, que lo hizo en público y en plena consciencia de lo que estaba haciendo. ¡Tiemblo al pensar en un día cualquiera en la vida de uno de ellos! Toda su realización personal se sustenta en aparecer, con nombre y apellidos, al lado de su insulto al género humano. Y encima ufanos.
Pero no crean que la alegría les dura mucho. Siempre habrá en el otro rincón del mundo un sociópata que, al leer la gesta del primero, encontrará sentido a su vida y dedicará sus esfuerzos a conseguir batirlo. Y lo peor de todo es que lo hará.
Lamentablemente no acaba aquí la cosa. El drama se masca cuando además de pretender ponerse en ridículo, lo hacen esgrimiendo causas humanitarias. Imagínense un tipo que se hace atar boca abajo en el ala de un Jumbo para realizar un vuelo transoceánico, y que declara que donará lo recaudado a la asociación de niños lobotomizados del Perú. Repugnate.
Con tal de conseguir que se hable de ellos aunque sea en esperanto, son capaces de avergonzar a un colectivo de pobres niños y sus familiares, que maldita culpa tienen. Y la socieda, lejos de reprobar estas conductas, van y les aplauden. ¿Sabían que es el libro más vendido del mundo? Hoy día la fe no está en los templos, está en las editoriales.
Y otro, casi diría que el más sobrecogedor rasgo que les caracteriza, es que podrían ser cualquiera de nosotros. No se les distingue a simple vista y hasta parecen indivíduos normales. Nada hace sospechar en ellos que son portadores de una tara, que esperemos no sea genética: la capacidad de autodescalificarse hasta el ridículo por dos segundos de "fama". Al precio que sea.
No obstante, he querido hacer un esfuerzo de comprensión hacia el tema y contemplo la posibilidad de que, en el fondo, el libro en cuestión sea una hábil maniobra para tener censados a todos aquellos capaces de lo que han logrado y más. Puede que sea la única medida de control sobre esas gentes enajenadas que ven así encauzadas sus veleidades psicótico-ególatras. Mientras uno prueba de masticar una cosechadora , no estará haciendo nada peor... Digo yo.
De todas formas, no me quedaré con las ganas de saber si soy capaz de ejecutar Mozart en mi clavicordio con la punta de la nariz y los ojos vendados. Pero ya me aseguraré de hallarme bien solito... y en anonimato.
Dr. Livingstone, supongo?
Escribir estas páginas es para mi un acto de pura satisfacción personal y el hecho de ser leido o no me trae sin cuidado. Si alguien visita mi blog, yo ni me entero salvo que dejen constancia de ello. Y hasta ahora sólo una persona lo ha hecho con británica puntualidad. Y a ella le quiero dedicar la reflexión que hoy expongo.
La visitante en cuestión es una, la misma, infalible. Una que, visto lo que corre por el resto de blogs, equivale a cien visitas diarias. La altura intelectual de la susodicha no abunda en estos pagos y para mi supone un estímulo para mejorar en este embrollo informático en el que me he metido. Responde al nombre de Aldara, y les insisto en que se acerquen por su blog. No se arrepentirán. Esta mujer atesora muchos, muchos quilates de enorme talento.
Pero como cualquiera de nosotros, pertenece al género humano, y por lo tanto comparte virtudes y defectos de la especie. Concretamente en este caso se ha cometido "pecado de suposición". El pecado más venial que pueda existir y al que nos hemos acostumbrado desde los albores de la humanidad y que, a pesar de las evidencias, nos empecinamos en conservar y aplicar constantemente en nuestras vidas.
Forma parte de la naturaleza humana el suponer las cosas en vez de comprobarlas. El anticipar acontecimientos o conductas antes de que ocurran y todo por culpa de la estadística, la ciencia más errónea que haya, que nos acostumbró a dar por hecho lo que sucedía unas cuantas veces seguidas. Y así hemos evolucionado, suponiendo y clasificando según patrones y experiencias ajenas ya establecidos.
Un hijo no matará a su padre, supuso Julio César. Ese coche parará, suponemos al cruzar la calle. Escuchamos al metereólogo suponiendo que sabe de qué habla. Y la chica enamorada supone que su príncipe no la llamará -como siempre-, y languidece junto al teléfono que no sonará, pues el angustiado chico supone que ella no contestará; y si lo hace será para poner alguna excusa y zafarse de él. Así muere un amor que no empezó. Por culpa de las suposiciones.
En mi caso particular, mucha gente se extraña al conocer mi noble condición, esparando que mi apariencia fuera entre Lequio y Marichalar. Como si pertenecer a una clase social obligara a guardar un estricto cánon estético. Tengo, por supuesto, mis momentos Marichalar, pero ello no implica que lo sea a todas horas y lugares. Lo mismo exactamente que sucede con mis ideas y opiniones. Que la gente nos suponga una ideología determinada a mí ni fú ni fá. Pero me sorprende que todavía la humanidad insista en vernos como un grupo único de pensamiento cavernícola. Como ya dije en la presentación de este mi blog, habemos de todo en la nobleza. Los hay que responden al patrón típico que se espera de ellos, y también los hay que van a su bola. Y yo soy de estos últimos.
Intento por todos los medios huir de la suposición -aunque no siempre lo consigo-, que suele ser el germen de la metedura de pata, y en el caso de las personas con más razón todavía. He visto tantas cosas y conocido tanta gente que ya no me creo nada de antemano y sólo utilizo mi propia experiencia para catalogar sucesos e indivíduos. Si me encuentro con un negro de la calle, le trataré como al Rey. Y si me encuentro al Rey, le trataré como a un negro de la calle. Como personas, sin que su cuna, rango o aspecto influya en los juícios que de ellos pueda extraer.
¿Porqué nadie roba en nuestras mansiones? Porque todo el mundo piensa que estamos hiper-protegidos contra cualquier agresión externa, cuando en realidad no cerramos ni las ventanas. No hace falta tener marines en la nevera, ni cámaras vía satélite. La suposición popular nos salvaguarda de intempestivos allanamientos de morada.
Por ello, invito desde aquí a luchar contra la suposición en todos sus frentes. A no dar por sentado ni cierto nada antes de conocerlo. A no creer que alguien es algo por ser lo que sea. O que piensa de una manera por ser de un estrato social u otro. El hábito no hace al monje.
Y para terminar, romperé una lanza en favor del único caso de suposición inteligente que conozco. Fue el del periodista Stanley, quien nunca dio por sentado que aquel blanco al que acababa de encontrar en plena selva fuera el doctor Livingstone. Por eso, primero preguntó antes de dar por seguro su hallazgo.
La visitante en cuestión es una, la misma, infalible. Una que, visto lo que corre por el resto de blogs, equivale a cien visitas diarias. La altura intelectual de la susodicha no abunda en estos pagos y para mi supone un estímulo para mejorar en este embrollo informático en el que me he metido. Responde al nombre de Aldara, y les insisto en que se acerquen por su blog. No se arrepentirán. Esta mujer atesora muchos, muchos quilates de enorme talento.
Pero como cualquiera de nosotros, pertenece al género humano, y por lo tanto comparte virtudes y defectos de la especie. Concretamente en este caso se ha cometido "pecado de suposición". El pecado más venial que pueda existir y al que nos hemos acostumbrado desde los albores de la humanidad y que, a pesar de las evidencias, nos empecinamos en conservar y aplicar constantemente en nuestras vidas.
Forma parte de la naturaleza humana el suponer las cosas en vez de comprobarlas. El anticipar acontecimientos o conductas antes de que ocurran y todo por culpa de la estadística, la ciencia más errónea que haya, que nos acostumbró a dar por hecho lo que sucedía unas cuantas veces seguidas. Y así hemos evolucionado, suponiendo y clasificando según patrones y experiencias ajenas ya establecidos.
Un hijo no matará a su padre, supuso Julio César. Ese coche parará, suponemos al cruzar la calle. Escuchamos al metereólogo suponiendo que sabe de qué habla. Y la chica enamorada supone que su príncipe no la llamará -como siempre-, y languidece junto al teléfono que no sonará, pues el angustiado chico supone que ella no contestará; y si lo hace será para poner alguna excusa y zafarse de él. Así muere un amor que no empezó. Por culpa de las suposiciones.
En mi caso particular, mucha gente se extraña al conocer mi noble condición, esparando que mi apariencia fuera entre Lequio y Marichalar. Como si pertenecer a una clase social obligara a guardar un estricto cánon estético. Tengo, por supuesto, mis momentos Marichalar, pero ello no implica que lo sea a todas horas y lugares. Lo mismo exactamente que sucede con mis ideas y opiniones. Que la gente nos suponga una ideología determinada a mí ni fú ni fá. Pero me sorprende que todavía la humanidad insista en vernos como un grupo único de pensamiento cavernícola. Como ya dije en la presentación de este mi blog, habemos de todo en la nobleza. Los hay que responden al patrón típico que se espera de ellos, y también los hay que van a su bola. Y yo soy de estos últimos.
Intento por todos los medios huir de la suposición -aunque no siempre lo consigo-, que suele ser el germen de la metedura de pata, y en el caso de las personas con más razón todavía. He visto tantas cosas y conocido tanta gente que ya no me creo nada de antemano y sólo utilizo mi propia experiencia para catalogar sucesos e indivíduos. Si me encuentro con un negro de la calle, le trataré como al Rey. Y si me encuentro al Rey, le trataré como a un negro de la calle. Como personas, sin que su cuna, rango o aspecto influya en los juícios que de ellos pueda extraer.
¿Porqué nadie roba en nuestras mansiones? Porque todo el mundo piensa que estamos hiper-protegidos contra cualquier agresión externa, cuando en realidad no cerramos ni las ventanas. No hace falta tener marines en la nevera, ni cámaras vía satélite. La suposición popular nos salvaguarda de intempestivos allanamientos de morada.
Por ello, invito desde aquí a luchar contra la suposición en todos sus frentes. A no dar por sentado ni cierto nada antes de conocerlo. A no creer que alguien es algo por ser lo que sea. O que piensa de una manera por ser de un estrato social u otro. El hábito no hace al monje.
Y para terminar, romperé una lanza en favor del único caso de suposición inteligente que conozco. Fue el del periodista Stanley, quien nunca dio por sentado que aquel blanco al que acababa de encontrar en plena selva fuera el doctor Livingstone. Por eso, primero preguntó antes de dar por seguro su hallazgo.
Si vis pacem...
Buscaba yo por mi biblioteca una edición de "Las Obras Completas" de Virgilio, en cuidada encuadernación de lujo con tapa dura -la butaca del salón cojea y quería poner fin a el desasosiego que ello me causa-, cuando cayó en mis manos, mejor dicho, en mi juanete, una maravilla de incunable versado sobre las artes de la guerra, el cual tomé con gran interés.
Lo ojeé largo y tendido, refrescando las primeras lecturas que de él hice y no pude menos que extraer paralelismos con la actualidad y reflexionar sobre la utilidad de los ejércitos y el empleo de las armas a lo largo de la historia. Por ejemplo,antigüamente y aprovechando que la cartografía era una ciencia incipiente, las guerras servían para apropiarse del territorio vecino y presentarlo como propio al ejecutor de mapas, el cual trazaba una línea fronteriza allá donde le indicaban, y todo eso que se había ganado al enemigo. Los países estaban por hacer y semejante coyuntura la aprovechaban los de culo más inquieto, incapaces de quedarse en casita y disfrutar de los suyos. No, había que meter el dedo en el ojo al vecino, que para eso se tenían las armas y las ganas de usarlas.
Más tarde y tras cientos de tratados en los que se delimitó lo que a cada cual pertenecía, el reclamar los Alpes para la corona de Castilla como que no colaba, por lo que hubieron de buscarse nuevos horizontes allende los mares... ¡Y que les voy a contar!
De nuevo los medios evolucionan pero los motivos no, y siempre estará la avaricia detrás de cada acción bélica. Pero algo sí ha cambiado, y es la manera de concebir un ejército y el uso que de él se hace. ¿Es mejor un ejército numeroso y aparatosamente pertrechado? ¿O por el contrario es preferible grupos reducidos de acción directa y con armamento ligero? Yo personalmente me inclino por que la tropa estuvieran haciendo el amor todo el día, pero si he de escoger me quedo con la opción guerrillas.
Así lo entendió -lo extraigo literal del libro fantástico-," Nonecio de Antioquía, que en su cruzada unipersonal del año 1003, y con la sola ayuda de dos asnos, un pollo y un hamster, sitió la ciudad de Jerusalén durante un día y su noche. Y la estrategía funcionó. La guardia sarracena de turno murió de risa en pocas horas y Nonecio pudo franquear las murallas sin ser detenido ni importunado. Saqueó la cuidad hasta que los asnos dijeron basta, y retomó sus pasos hacia casa, en silencio. La única baja fue el pollo, que en su martirio contribuyó al buen ánimo de la soldadesca".
Ni que decir tiene que su influencia ha llegado hasta nuestros días y en casi todos los ejércitos mundiales se sigue empleando su estrategia: acción sorpresa, poca tropa y un mando. Habitualmente es el hamster el responsable superior.
Y esta visión moderna del arte de la guerra ha tenido su repercusión en la sociedad civil. Ser soldado es ser un profesional. Se elige. Sólo se ha de saber dónde está la mano derecha. No!... la "otra" derecha.
Las madres ya no lloran trenes cargados de vástagos adolescentes, ahora ya no se va al frente, las trincheras son acuartelamientos de lujo. Y sales por la tele. Hoy día puedes ver por TV como el misil disparado por un psicópata, a diez mil milllas de tu casa, entra por la ventana de tu cocina y te funde. El frente ya está aquí. Ya que no queremos ir a la guerra, la guerra viene a nosotros. No problem. Cuéntesela a sus niertos. Y de paso explíqueles porqué todavía existen los ejércitos y qué utilidad tienen. ¡ Si de quien tenemos que protegernos es de nosotros mismos!
Bueno, otro día más. Ahora voy a ver si Plauto me puede solucionar los sinsabores de la butaca.
Lo ojeé largo y tendido, refrescando las primeras lecturas que de él hice y no pude menos que extraer paralelismos con la actualidad y reflexionar sobre la utilidad de los ejércitos y el empleo de las armas a lo largo de la historia. Por ejemplo,antigüamente y aprovechando que la cartografía era una ciencia incipiente, las guerras servían para apropiarse del territorio vecino y presentarlo como propio al ejecutor de mapas, el cual trazaba una línea fronteriza allá donde le indicaban, y todo eso que se había ganado al enemigo. Los países estaban por hacer y semejante coyuntura la aprovechaban los de culo más inquieto, incapaces de quedarse en casita y disfrutar de los suyos. No, había que meter el dedo en el ojo al vecino, que para eso se tenían las armas y las ganas de usarlas.
Más tarde y tras cientos de tratados en los que se delimitó lo que a cada cual pertenecía, el reclamar los Alpes para la corona de Castilla como que no colaba, por lo que hubieron de buscarse nuevos horizontes allende los mares... ¡Y que les voy a contar!
De nuevo los medios evolucionan pero los motivos no, y siempre estará la avaricia detrás de cada acción bélica. Pero algo sí ha cambiado, y es la manera de concebir un ejército y el uso que de él se hace. ¿Es mejor un ejército numeroso y aparatosamente pertrechado? ¿O por el contrario es preferible grupos reducidos de acción directa y con armamento ligero? Yo personalmente me inclino por que la tropa estuvieran haciendo el amor todo el día, pero si he de escoger me quedo con la opción guerrillas.
Así lo entendió -lo extraigo literal del libro fantástico-," Nonecio de Antioquía, que en su cruzada unipersonal del año 1003, y con la sola ayuda de dos asnos, un pollo y un hamster, sitió la ciudad de Jerusalén durante un día y su noche. Y la estrategía funcionó. La guardia sarracena de turno murió de risa en pocas horas y Nonecio pudo franquear las murallas sin ser detenido ni importunado. Saqueó la cuidad hasta que los asnos dijeron basta, y retomó sus pasos hacia casa, en silencio. La única baja fue el pollo, que en su martirio contribuyó al buen ánimo de la soldadesca".
Ni que decir tiene que su influencia ha llegado hasta nuestros días y en casi todos los ejércitos mundiales se sigue empleando su estrategia: acción sorpresa, poca tropa y un mando. Habitualmente es el hamster el responsable superior.
Y esta visión moderna del arte de la guerra ha tenido su repercusión en la sociedad civil. Ser soldado es ser un profesional. Se elige. Sólo se ha de saber dónde está la mano derecha. No!... la "otra" derecha.
Las madres ya no lloran trenes cargados de vástagos adolescentes, ahora ya no se va al frente, las trincheras son acuartelamientos de lujo. Y sales por la tele. Hoy día puedes ver por TV como el misil disparado por un psicópata, a diez mil milllas de tu casa, entra por la ventana de tu cocina y te funde. El frente ya está aquí. Ya que no queremos ir a la guerra, la guerra viene a nosotros. No problem. Cuéntesela a sus niertos. Y de paso explíqueles porqué todavía existen los ejércitos y qué utilidad tienen. ¡ Si de quien tenemos que protegernos es de nosotros mismos!
Bueno, otro día más. Ahora voy a ver si Plauto me puede solucionar los sinsabores de la butaca.
En defensa propia
Me voy a comprar un "Hummer". Bueno, todavía no lo tengo decidido pero temo que las circunstancias me obliguen a ello.
Para quien no sepa lo que es un "Hummer", le diré dos cosas: primero, que es la versión callejera de un vehículo militar con el que los yankis aterrorizan a los transeuntes de allá donde invaden, y cuyo tamaño le cataloga como "Tanque urbano". Y segundo, que es una vergüenza que no sepan lo que es en pleno siglo XXI, máxime cuando están en boca y mente de todo el mundo, Vamos, que están de moda.
Pero no es ese el motivo por el cual me haré con uno. Soy, entre otros, lo que se da en llamar Creadores de Tendencias, o sea, que la gente acaba por hacer, comprar, vestir, o todo, lo que gente como yo tenía por costumbre desde tiempo atrás. Puedo decir sin ruborizarme -aunque lo hago-, que yo soy la moda. O al menos contribuyo.
Es el miedo creciente que me inunda al salir a la cerretera el que me abocará a parapetarme en un blindado de dos toneladas cúbicas de metal, refuerzos y defensas titánicas. Pero sin cláxon. ¡Es el único coche capaz de adelantar a un "Ferrari" pasandole por encima! Más seguridad, imposible.
Y ese miedo me lo produce un tipo exclusivo de conductores: las mamás desocupadas que a bordo de enormes todoterrenos invaden la intimidad y el carril de los demás. Generalmente esgrimen un minúsculo móvil en una de sus extremidades, lo cual les confiere un aspecto más estremecedor . Y les juro que ser la víctima en un mal encuentro con ellas es sumamente agotador. Les confesaré algo: yo me desplazo en ciclomotor por la ciudad. Sí, no se rían. ¿Cuántas veces no me habrán tenido junto a su ventanilla en un semáforo , con mi "look" de mensajero? Y en dos ocasiones he salvado el pellejo gracias a mi cuidada forma física.
El sólo hecho de tener que hacer un parte a medias con una móvil-adicta, nerviosa y más preocupada por el aspecto de su pelo que por la desintegración de mi moto, es una tarea muy ingrata. Por lo menos -no hay como un accidente para que la gente se sincere-, hay que agradecerles que reconozcan el motivo por el que conducen, de manera temeraria, coches que no controlan. Y es porque puestos a pegársela, que pierda el otro. Así de sencillo. Tiene su lógica.
Ante tamaño argumento sólo cabe tomar nota y las medidas pertinentes En su concepción de la jungla urbana, ellas lo entienden así y ¿quién es nadie para discutirlo? Pero yo me blindo. Y si tropiezo con una, probará su propia medicina.
Evidentemente, he sospesado los inconvenientes económicos y medio ambientales de adquirir esa fortaleza con rueda de recambio, y he llegado a algunas conclusiones básicas. Por ejemplo, el precio de la gasolina me la... Y no tengo problemas de conciencia al admitir que seré de los primeros en adquirir los nuevos vehículos que sustituyan a los de gasolina cuando ésta se agote. Si acabo por adquirir el trasto será por única y exclusivamente defensa propia. ¿Acaso no vale más una vida humana que toda la gasolina del mundo?
Si hay que pagarla, se paga. Y si hay que agotarla, sea, sin miedo. Que me teman los demás. Pero con suerte moriré en mi cama , anciano perdido.
Por cierto... ¿he mencionado que no tengo carnét de conducir?
Para quien no sepa lo que es un "Hummer", le diré dos cosas: primero, que es la versión callejera de un vehículo militar con el que los yankis aterrorizan a los transeuntes de allá donde invaden, y cuyo tamaño le cataloga como "Tanque urbano". Y segundo, que es una vergüenza que no sepan lo que es en pleno siglo XXI, máxime cuando están en boca y mente de todo el mundo, Vamos, que están de moda.
Pero no es ese el motivo por el cual me haré con uno. Soy, entre otros, lo que se da en llamar Creadores de Tendencias, o sea, que la gente acaba por hacer, comprar, vestir, o todo, lo que gente como yo tenía por costumbre desde tiempo atrás. Puedo decir sin ruborizarme -aunque lo hago-, que yo soy la moda. O al menos contribuyo.
Es el miedo creciente que me inunda al salir a la cerretera el que me abocará a parapetarme en un blindado de dos toneladas cúbicas de metal, refuerzos y defensas titánicas. Pero sin cláxon. ¡Es el único coche capaz de adelantar a un "Ferrari" pasandole por encima! Más seguridad, imposible.
Y ese miedo me lo produce un tipo exclusivo de conductores: las mamás desocupadas que a bordo de enormes todoterrenos invaden la intimidad y el carril de los demás. Generalmente esgrimen un minúsculo móvil en una de sus extremidades, lo cual les confiere un aspecto más estremecedor . Y les juro que ser la víctima en un mal encuentro con ellas es sumamente agotador. Les confesaré algo: yo me desplazo en ciclomotor por la ciudad. Sí, no se rían. ¿Cuántas veces no me habrán tenido junto a su ventanilla en un semáforo , con mi "look" de mensajero? Y en dos ocasiones he salvado el pellejo gracias a mi cuidada forma física.
El sólo hecho de tener que hacer un parte a medias con una móvil-adicta, nerviosa y más preocupada por el aspecto de su pelo que por la desintegración de mi moto, es una tarea muy ingrata. Por lo menos -no hay como un accidente para que la gente se sincere-, hay que agradecerles que reconozcan el motivo por el que conducen, de manera temeraria, coches que no controlan. Y es porque puestos a pegársela, que pierda el otro. Así de sencillo. Tiene su lógica.
Ante tamaño argumento sólo cabe tomar nota y las medidas pertinentes En su concepción de la jungla urbana, ellas lo entienden así y ¿quién es nadie para discutirlo? Pero yo me blindo. Y si tropiezo con una, probará su propia medicina.
Evidentemente, he sospesado los inconvenientes económicos y medio ambientales de adquirir esa fortaleza con rueda de recambio, y he llegado a algunas conclusiones básicas. Por ejemplo, el precio de la gasolina me la... Y no tengo problemas de conciencia al admitir que seré de los primeros en adquirir los nuevos vehículos que sustituyan a los de gasolina cuando ésta se agote. Si acabo por adquirir el trasto será por única y exclusivamente defensa propia. ¿Acaso no vale más una vida humana que toda la gasolina del mundo?
Si hay que pagarla, se paga. Y si hay que agotarla, sea, sin miedo. Que me teman los demás. Pero con suerte moriré en mi cama , anciano perdido.
Por cierto... ¿he mencionado que no tengo carnét de conducir?





