La boina.
Me contó un ex-astronauta, en cierta velada en la que dimos en coincidir, una anécdota que "si non é vero é ben trovatto", y que se refería al primer hombre que "pisó" la Luna.
Me explicó que, habiendo Neil Amstrong posado su pie sobre suelo selenita, alguien de la NASA le preguntó jocosamente si había signos de vida inteligente en el satélite terrestre; y Amstrong, que atisbó una boina en el suelo, junto al modulo lunar, contesto: Desde luego que no.
Ese ex-astronauta ahora pinta cuadros de delirios cosmológicos y estampas del universo, y preside una junta de Alcoholicos Anónimos en su condado.
No iba errado el tal Amstrong, pues la boina equivale al estadio más retrógrado de la condición humana ya desde casi las Guerras Púnicas y esa impronta ha permanecido hasta nuestros días como símbolo de la pequeñez mental de las personas.
Ese curioso artilugio que responde al nombre de boina, cuya etimología desconozco, ya debía de ser conocido por los antiguos, sabedores de que el 80% del calor corporal se pierde por la cabeza. Algún tipo de boina debían de utilizar y seguro que estaba reservado su uso a las clases derigentes de la tribu. Para significarse, más que nada...
Con el devenir del tiempo, la susodicha prenda caló en las mentes del pueblo llano, que ávido de copiar e imitar a sus dueños y señores, se apoderaban de toda tendencia en moda y complementos. Pero mientras que el muestrario sombrerero de las clases pudientes evolucionaba con los tiempos, la boina se quedó para siempre anclada en las cabezas planas. De ahí que se asocie incultura a boina. Intolerancia a boina. Conformismo a boina. Servilismo a boina. Y así hasta aburrirnos.
El diseño de semejante funda capilar parece hecho a prueba de innovación. Blindado contra todo lo que suene a modernidad o sentido común. Impermeable a todo nuevo pensamiento y más si es ajeno. Y de un material inextirpable del subconsciente del sujeto que la lleva. Nunca un sombrero hizo tanto mal a la humanidad. Ni siquiera los que se ven en los campos de fútbol. Y aunque no lo parezca, todavía está entre nosotros. Filtrada bajo el cuero cabelludo.
No hace falta recurrir a escenas del pasado cavernario de un país, ni buscar ejemplares iletrados para ver de cerca una. Ya casi no existen en su forma habitual y pocos son los que aún se atreven a lucirla en público. Pero es fácil descubrirlas en nuestros políticos, que son de boina, ¡y de los zafios! En los periodistas , voz de su amo, que no sólo son de boina-boina, sino que además son de una sola ceja.
En los deportistas que nos representan, que les das el canuto para hacer la "O" y se lo fuman. O en el tontodebaba que truca su moto para llamar la atención , y lo consigue... Pero sobre su madre.
Todos ellos son ejemplos de lo arraigada que está la boina entre la sociedad actual, y asusta pensar que bajo apariencias de Gaultier, Moschino, Versace u otro pamplinas, se esconden boinas. Eso sí, revestidas de diseño y glamour. ¡Para pincharse y no salir ni gota!
Y ya el ejemplo más claro de cuanto expongo, lo hallamos en el ejército. ¿De todos los tipos de sombreros que han existido y existirán han tenido que escoger la boina? ¿No les sentaba bien el Cannotier? ¿Qué tiene de malo la Chistera?¿No es marcial un Bombín?¿No se podía jurar bandera con una Pamela?
Por algo será que eligieron la que eligieron, no fuera que les diera por pensar y llegasen a cuestionarse a sí mismos. Y mientras los ejércitos lleven boina, seguirán siendo lo que son: organizaciones que dan miedo.
Por ello les prevengo de la abundancia de boinas que andan sueltas por el mundo. Sean cautelosos e intenten adivinar si su interlocutor la lleva. A veces la esconden muy bien.
Utilicen con ellos la mera cortesía y escabúllanse lo más rápido que puedan. Si detectan en vds. algo de criterio propio e ideas claras, se volverán hostiles y le criticarán. O peor aún, difudirán rumores sobre su persona y todos los que lleven boina les creerán. Avisados están.
Me explicó que, habiendo Neil Amstrong posado su pie sobre suelo selenita, alguien de la NASA le preguntó jocosamente si había signos de vida inteligente en el satélite terrestre; y Amstrong, que atisbó una boina en el suelo, junto al modulo lunar, contesto: Desde luego que no.
Ese ex-astronauta ahora pinta cuadros de delirios cosmológicos y estampas del universo, y preside una junta de Alcoholicos Anónimos en su condado.
No iba errado el tal Amstrong, pues la boina equivale al estadio más retrógrado de la condición humana ya desde casi las Guerras Púnicas y esa impronta ha permanecido hasta nuestros días como símbolo de la pequeñez mental de las personas.
Ese curioso artilugio que responde al nombre de boina, cuya etimología desconozco, ya debía de ser conocido por los antiguos, sabedores de que el 80% del calor corporal se pierde por la cabeza. Algún tipo de boina debían de utilizar y seguro que estaba reservado su uso a las clases derigentes de la tribu. Para significarse, más que nada...
Con el devenir del tiempo, la susodicha prenda caló en las mentes del pueblo llano, que ávido de copiar e imitar a sus dueños y señores, se apoderaban de toda tendencia en moda y complementos. Pero mientras que el muestrario sombrerero de las clases pudientes evolucionaba con los tiempos, la boina se quedó para siempre anclada en las cabezas planas. De ahí que se asocie incultura a boina. Intolerancia a boina. Conformismo a boina. Servilismo a boina. Y así hasta aburrirnos.
El diseño de semejante funda capilar parece hecho a prueba de innovación. Blindado contra todo lo que suene a modernidad o sentido común. Impermeable a todo nuevo pensamiento y más si es ajeno. Y de un material inextirpable del subconsciente del sujeto que la lleva. Nunca un sombrero hizo tanto mal a la humanidad. Ni siquiera los que se ven en los campos de fútbol. Y aunque no lo parezca, todavía está entre nosotros. Filtrada bajo el cuero cabelludo.
No hace falta recurrir a escenas del pasado cavernario de un país, ni buscar ejemplares iletrados para ver de cerca una. Ya casi no existen en su forma habitual y pocos son los que aún se atreven a lucirla en público. Pero es fácil descubrirlas en nuestros políticos, que son de boina, ¡y de los zafios! En los periodistas , voz de su amo, que no sólo son de boina-boina, sino que además son de una sola ceja.
En los deportistas que nos representan, que les das el canuto para hacer la "O" y se lo fuman. O en el tontodebaba que truca su moto para llamar la atención , y lo consigue... Pero sobre su madre.
Todos ellos son ejemplos de lo arraigada que está la boina entre la sociedad actual, y asusta pensar que bajo apariencias de Gaultier, Moschino, Versace u otro pamplinas, se esconden boinas. Eso sí, revestidas de diseño y glamour. ¡Para pincharse y no salir ni gota!
Y ya el ejemplo más claro de cuanto expongo, lo hallamos en el ejército. ¿De todos los tipos de sombreros que han existido y existirán han tenido que escoger la boina? ¿No les sentaba bien el Cannotier? ¿Qué tiene de malo la Chistera?¿No es marcial un Bombín?¿No se podía jurar bandera con una Pamela?
Por algo será que eligieron la que eligieron, no fuera que les diera por pensar y llegasen a cuestionarse a sí mismos. Y mientras los ejércitos lleven boina, seguirán siendo lo que son: organizaciones que dan miedo.
Por ello les prevengo de la abundancia de boinas que andan sueltas por el mundo. Sean cautelosos e intenten adivinar si su interlocutor la lleva. A veces la esconden muy bien.
Utilicen con ellos la mera cortesía y escabúllanse lo más rápido que puedan. Si detectan en vds. algo de criterio propio e ideas claras, se volverán hostiles y le criticarán. O peor aún, difudirán rumores sobre su persona y todos los que lleven boina les creerán. Avisados están.
Comentario:
Salva sea la madre. Y pensé que bastaba con asustarse de aquellos que calzan zuecos... muchas gracias, no sabes la cantidad de boinas que asoman allá en donde veraneo... ya decía yo!!





