Ryan: aprendiendo a ser feliz
De repente, pensé: "¿Y por qué no ver la vida desde otro punto de vista?"
¿Quién soy?
Inseguro pero soñador, nostálgico pero optimista... así soy yo. Espero seguir luchando por salir de este pozo que es la rutina, con la ayuda de otras personas que, como yo, viven buscándole algo de sentido a este mundo.
También en RSS
 
117. Lágrimas que anuncian conclusiones

El jueves pasado puse punto y final al asunto que, durante los últimos 6 meses, más tiempo me ha robado. En el momento en que lo voluntario se convierte en una obligación; en el que dejas de sentirte realizado para pasar a sentirte mal si no puedes hacerlo tal y como te gustaría, es hora de replantearse si realmente merece la pena o no.

Y esto no lo merecía. Y creo que hacía mucho, pero mucho, tiempo que no me sentía tan aliviado. Aliviado porque tendré mucho más tiempo para mí mismo y para los que quiero. Pero aliviado también porque se acabaron (al menos hasta que vuelva a surgir otro tema así) las noches en las que me costaba conciliar el sueño, las tardes de los viernes echadas a perder, reuniones con personas a las que no soportaba, infinidad de trámites burocráticos.

Carpetazo. Punto y final. Hasta aquí hemos llegado. Se acabó.

Y hay que ver lo bien que me ha sentado...
 
116. Una víctima casi perfecta

No, las cosas no van tan mal. Aún tengo pareja (y estable). Aún sigo guiándome por criterios poco artificiales. Aún no me he visto en la necesidad de mentir. Aún no me he comprado una webcam. Aún no me siento basura. Aún no añoro mi vida de antes (aunque tampoco soy totalmente feliz ahora).

No, no me refería a eso con el post anterior. Quizás estaba motivado por una serie de decepciones que he tenido en las últimas semanas. Hace un tiempo hablaba de dos personas que, con un poco de suerte, podrían ocupar un papel protagonista en mi vida. Ahora, desde la perspectiva que otorga la experiencia, me siento más que decepcionado. Me siento dolido. He sido un iluso.

Tampoco quiero decir que haya perdido la fe en mis amigos. Aún me queda para dar y regalar (bueno, quizás no tanta). Pero me doy cuenta de que todo no es un camino de rosas. Hay personas que se guían por el interés, personas vacías, aburridas... como las que describía hace una semana aquí.

Y ya no es sólo por el hecho concreto de estas dos personas. La cuestión está en que tengo miedo de que me vuelva a pasar con otras personas, de estar condenado a repetir los mismos errores una y otra vez, sin aprender de ellos. Siempre es el mismo ciclo: les conoces, te dan confianza, tu les das la tuya, durante un tiempo sois inseparables, (mal)gastas tu tiempo en ellos y, en el momento más inesperado (normalmente suele ser cuando más les necesitas), te dan de lado, ignoran tus llamadas, dejan de tener detalles contigo. Desaparecen.

No era la primera vez que me pasaba. Tampoco será la última, estoy seguro. Porque siempre acabo volviendo a caer, siempre vuelvo a confiar en una sonrisa o en una mano tendida.

Quizás soy un inocente, un confiado, un ingenuo. Yo prefiero pensar que no soy prejuicioso, que aún conservo la esperanza en las personas.
 
115. Podría coger cualquier autobús con tal de un beso más
Sé que a veces aún añoras tu vida de antes. Eras un infeliz. Pero como mínimo eras consciente de ello.

Ahora haces creer que vives en una burbuja, que nada podría afectar a esta felicidad que parece acompañarte cada día. Pero lo cierto es que esta burbuja no existe. Nada de lo que dices o haces es real. Es triste darte cuenta de que no tienes una vida tan perfecta como pensabas. Pero más triste es aún llegar a la conclusión de que te has creído tus propias mentiras.

Y, sin entender del todo por qué, toda tu realidad la has ido distorsionando. Los primeros en caer fueron tus amigos. Poco a poco, los empezaste a dejar de ver. Vuestra relación se fue enfriando hasta llegar a un punto en que tus conversaciones con ellos se acababan con un "¿qué tal?" y un "bien". Tus antiguas amistades fueron sustituidas por personajes efímeros, vividores que, como tú, se dedican a fantasear y hacer castillos en el aire. Sueños que nunca se cumplirán, ideas que nunca verán la luz. Amigos de borrachera. Son petardos, promiscuos, con pluma, en un mimetismo sorprendente con el entorno que les rodea.

El siguiente paso es tu pareja. Si antes te enamorabas de alguien por su personalidad y su físico, ahora esta segunda dimensión se convierte en la única importante. Culo. Ojos. Músculos. Polla. Empiezas a darte asco a partir del momento en que piensas en cómo será su manera de follar, para a continuación ponerte a pensar en tu siguiente víctima. Buscas personas a quienes dominar, a quienes hacer esclavas de tus deseos. Rollos de una noche o de una semana, si folla bien. Uno tras otro. Compulsivamente. Piensas que no tienes suerte, que ya encontrarás a aquel que haga vibrar tu corazón. Qué equivocado estás. Hace tiempo que dejaste de tener corazón.

Y eso por no hablar de tu tiempo libre. Se acabaron los libros, la buena música, el cine. Tu único entretenimiento es internet. Messenger. Páginas de contactos. Conversaciones pseudo-reales en las que idealizas a tu interlocutor. Webcams para intentar convencerte a ti mismo de que todo es real. Y cuando todo acaba, subes la música al máximo para no sentirte culpable.

Basura, te das cuenta de que no eres más que basura. Pero piensas que eres feliz. Lo crees. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que verdaderamente importa?
 
114. Quiero ahogar mis miedos, y gritar al cielo mis ganas de libertad...
Sales de la ducha. Te vistes, una camisa ajustada, pantalones oscuros y zapatos. Con un poco de gomina, te colocas el pelo hasta dejarlo de punta. La colonia te hace toser al notar ese cosquilleo en la nariz. El mismo cosquilleo que sientes que te sube desde los pies hasta la nuca, pasando por toda la espalda. Primera cita.

Te metes en el metro y, justo en ese momento, empieza a sonar en el mp3 los primeros acordes de vuestra canción. Sí, esa canción que te grabó en aquel recopilatorio y cuya letra tienes puesta junto al nombre en el messenger. Llega el tren y, con él, una brisa que mueve los papeles tirados por el suelo. Mientras se para, notas como el suelo tiembla. ¿Es el suelo? ¿No serán mis piernas? Primera cita.

Llegas al lugar donde habíais acordado quedar, casi 10 minutos tarde. Pero él aún no ha llegado. Enciendes un cigarro e intentas tranquilizarte. Pero de poco sirve. Doblando la esquina, por fin aparece. Vestido de punta en blanco, con esas gafas que tan bien le quedan, y con ese toque despeinado que tanto te encanta. Una mirada basta para arrancarte una sonrisa que ya no se te irá del rostro en toda la noche. Primera cita.

Decidís compartir la comida y, en un tierno gesto, te lleva un trozo de carne hasta la boca, con el tenedor. Al retirar la mano, por un instante, vuestros dedos se rozan y sientes como una chispa de felicidad salta entre los dos. La conversación fluye y fluye, y parece que nunca os cansaréis de hablar. La cerveza empieza a hacer efecto y, de manera casi imperceptible, vuestras palabras evolucionan desde la suavidad y la confianza hasta los piropos y las confesiones. Primera cita.

Entráis justo en aquel momento de la noche en que el local está lo suficientemente vacío como para poder encontrar sitio, pero lo suficientemente lleno como para que no os dé vergüenza bailar. Un par de copas y aquella canción de hace unos años son el coctel infalible para haceros salir a bailar. La intensidad de la música va subiendo y, a cada minuto que pasa, vais perdiendo más consciencia de lo que os rodea. De pronto, vuestra canción. Un abrazo. Vueltas y más vueltas, deseando que nunca acabe este momento. Primera cita.

Le acompañas hasta la puerta de su casa. Te apoyas con mirada angelical en la puerta y le suplicas unos minutos más de conversación. En el horizonte, hace rato que el sol despuntó. "Tenemos que repetir lo de esta noche". Sí, ha estado genial. Os miráis a los ojos. Y la conversación se acaba. Porque ya no hay nada más que decir. Os acercáis. Escasos centímetros separan vuestras caras. Y, en ese momento, vuestros labios se acercan de manera irremediable...


Quizás una primera cita es lo que necesito para recuperar la ilusión...

Y, ¿vosotros? ¿Qué recuerdos guardáis de aquella primera cita tan especial?
 
113. Perdido en la inmensidad, buscando tu puerto aún...
Es como una bofetada. Una bocanada de aire fresco después de haber salido de un túnel. Un vaso de agua cuando tienes sed. Como el despertador después de haber dormido profundamente. Exactamente la misma sensación.

Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos. Nos quejamos por pequeños detalles o manías cuando, en realidad, no son más que pequeñas imperfecciones sin importancia. No sabemos valorar lo que tanto nos ha costado conseguir y nos acomodamos en el conformismo, nos acostumbramos a su presencia y dejamos de luchar para mantenerlo.

Me estoy refiriendo a todo lo bueno que tenemos. Los amigos. La familia. Las comodidades del siglo XXI. Unos estudios. La seguridad (dentro de lo que cabe) de que no tendremos problemas para sobrevivir. La salud. No los valoramos suficientemente. No tenemos (porque escapa a nuestra mente o incluso porque no queremos) la suficiente perspectiva como para reconocer en cada uno de estos elementos la importancia que tiene en nuestra vida.

Hoy, como ya me ha pasado otras muchas veces, me he dado cuenta de la suerte que tengo. Y no lo digo por quedar bien. Ni tampoco lo digo en un arrebato de arrogancia. Aún sigo preguntándome que ha podido ver en mí, qué puede haberle hecho enamorarse de mí. Tampoco soy gran cosa. Tengo muchos defectos y manías. No soy una persona fácil. Y, sin embargo, ahí está.

Hoy he tenido esa sensación. He abierto los ojos y he pensado: qué feliz soy a tu lado.

Y, vosotros, ¿sabéis valorar lo que tenéis?

PD: Siéntate cómodamente. Mira atrás y encontrarás lo que buscas.