96. Daños colaterales

Veo soldados, desplomados, caen...
Veo suicidas secuestrados por religiones...
Daños colaterales, excusas por no saber perder,
periodistas mudos, crímenes de olvido en tiempos de guerra,
civiles que han muerto entre ruinas, entre lloros.
Humos de rendición, ataques cobardes,
fuegos artificiale, luces de color
en noches cerradas disparando dolor,
hundiendo valores, quemando esperanzas...
Buscando un enemigo invisible, gritando, mirando al cielo.
Tantas palabras para olvidar, tantas promesas en el cajón,
mientras yo lo veo todo y lloro de rabia...
Tantas excusas para explicar, y tantos discursos
hablando de paz desde el circo de la hipocresía.
Pueblos que han perdido la libertad, libertad de mente, de movimiento.
Falsa democracia, este-oeste, oriente-occidente.
Ya no hay colores, los sueños son en blanco y negro.
Ya no hay vencidos, sólo oscuridad, sólo miseria.
Danys col·laterals, de Fes-te Fotre (Traducción libre)
...y miles de preguntas, que se resumen en tan solo una:
¿POR QUÉ?
95. Cuidado con lo que deseas
Hace tiempo que tenía ganas de escribir este post (o, mejor dicho, transcribirlo). El texto original lo escribió una amiga mía (que, por el momento, permanecerá en el anonimato...), y desde el primer momento en que lo leí, me sentí profundamente identificado con estas palabras...
Recuerdo que hace poco más de un año deseaba más que nada tener una relación que me diese vida, quería estar con alguien que me hiciese pasar de un estado de animo a otro en semanas, deseaba que me llevase a ser el tio más feliz del mundo y, días después, consiguiese que me sintiese el más desgraciado. Pensaba, imbécil de mí, que así no me cansaría nunca de estar con esa persona. Sé que es un poco raro desear eso, pero en la circunstancia en la que me encontraba no era demasiado extraño extraño poder sentir eso.
... y mi deseo se cumplió.
Meses después esa persona apareció. No era alguien que me llamase la atención, de hecho casi ni me fijé en él, pero al parecer él si que se fijó en mí. Poco a poco me fue conquistando, se convirtió en alguien imprescindible para mí y, sí, me hizo sentir la persona más afortunada del mundo, con él llegué a ser feliz, más de lo que nadie habia conseguido antes, pero... la segunda parte también llegó, él acostumbrado a tenerme, se fue distanciando,y yo, enganchado a él, necesitaba más.
Ahora yo estoy pendiente de una llamada que sé que no va a llegar, deseando y esperando que me vuelva a hacer sentir el tio más feliz del mundo.
A partir de ahora cuidaré mis deseos, y espero que vosotros también cuideis los vuestros, pues hasta los mejores sueños pueden convertirse en las peores pesadillas.
Recuerdo que hace poco más de un año deseaba más que nada tener una relación que me diese vida, quería estar con alguien que me hiciese pasar de un estado de animo a otro en semanas, deseaba que me llevase a ser el tio más feliz del mundo y, días después, consiguiese que me sintiese el más desgraciado. Pensaba, imbécil de mí, que así no me cansaría nunca de estar con esa persona. Sé que es un poco raro desear eso, pero en la circunstancia en la que me encontraba no era demasiado extraño extraño poder sentir eso.
Meses después esa persona apareció. No era alguien que me llamase la atención, de hecho casi ni me fijé en él, pero al parecer él si que se fijó en mí. Poco a poco me fue conquistando, se convirtió en alguien imprescindible para mí y, sí, me hizo sentir la persona más afortunada del mundo, con él llegué a ser feliz, más de lo que nadie habia conseguido antes, pero... la segunda parte también llegó, él acostumbrado a tenerme, se fue distanciando,y yo, enganchado a él, necesitaba más.
Ahora yo estoy pendiente de una llamada que sé que no va a llegar, deseando y esperando que me vuelva a hacer sentir el tio más feliz del mundo.
A partir de ahora cuidaré mis deseos, y espero que vosotros también cuideis los vuestros, pues hasta los mejores sueños pueden convertirse en las peores pesadillas.
94. Quien empuja a caer siempre quita la red
Ya va siendo hora de cerrar el chiringuito, recoger la toalla de playa, levar anclas y poner rumbo, a velocidad de crucero, de nuevo hacia la gran ciudad. Dentro de un par de días mi sesión de pueblo de este verano habrá acabado. Y lo que toca ahora es sacar conclusiones...
1. Ironías del destino, giran las tornas: donde antes me sentía más inseguro ahora me he encontrado más a gusto que nunca. Viviendo en ese punto casi perfecto entra la rutina y las pequeñas sorpresas de cada día, lo cierto es que este mes en el pueblo ha sido genial. Esperemos que, de nuevo en la ciudad, no me hunda en el pesimismo y consiga mantener el empuje.
2. No se trata de olvidar, sino de aprender a vivir con esta ausencia. Hay muchas cosas que no entiendo (y creo que nunca entenderé) pero, más allá del rencor o la añoranza, lo que queda es una lección aprendida, una experiencia necesaria, y nunca un recuerdo que olvidar (al menos para mí).
3. Estoy mucho más enganchado de lo que pensaba. Nunca llegué a imaginarme que el "mono" podría ser tan fuerte. En cuanto vuelva a la ciudad, pienso suministrarme una dosis bien fuerte. Me encerraré en mi habitación durante unas horas y que la mente me lleve a donde quiera. Y yo que pensaba que podía vivir sin internet... (¿A qué creíais que me estaba refiriendo, malpensados? Jajaja)
4. Los amores de barra no me van. Pueden hacerte pasar una noche irrepetible. Pero es que ahí está el problema: es irrepetible. ¡Yo quiero más! Ya véis, para bien o para mal, soy un cursi. Un romántico, que se suele decir para quedar bien. ¿El último sobre la tierra? Por mi bien, espero que no...
5. A partir de ahora, prometo confiar más en mí. Prometo luchar por cambiar. Prometo seguir aprendiendo. Prometo no dejarme guiar por el egoísmo o la arrogancia. Prometo seguir más mis sentimientos y no tanto la razón. Prometo hacer alguna locura. Prometo disfrutar más de la vida. Y, obviamente, prometo cumplir mis promesas.
6. Nuevos retos me esperan a partir de este mismo fin de semana. Varias preguntas me asedian. ¿Seré capaz de responderlas? Sigue el drama. ¿Acaso pretendía librarme de él? Es más, ¿qué sería de la vida sin él? Pues eso.
7. ¡El verano está a punto de acabarse! Este año se me ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, visto y no visto. A ver si el próximo me lo planteo de otra forma. Desde luego, lo que tengo claro es que sólo pensaré en mi. Haré lo que me apetezca, cuando me apetezca y con quien me apetezca. Dueño y señor. A no ser que me vuelva a enamorar, claro está...
En resumen, siete breves reflexiones sobre lo que han dado de si estos dos últimos (e intensos) meses, que reposarán en mi memoria bajo la poco original etiqueta de "El verano del Reggaeton" (¿Qué le vamos a hacer? No se me ha ocurrido ningún otro nombre mejor... :P).
Y, vosotros, ¿qué conclusiones habéis sacado de este verano?
93. ...¡nadie puede hacerte daño! (3ª parte)
Lo reconozco, lo admito, lo acepto (y demás sinónimos): soy un exagerado. Pero, ¿por qué no tomarse la vida con un poco más de emoción? Y, ahora que estamos en verano, razón de más. La noche acabó de la mejor manera posible pero, eso sí, esta historia no fue más que un momento de pasión entre dos personas con ganas de divertirse.
El martes pasado volvimos a quedar ella y yo. Y, aún a pesar de tener claro lo que había significado, no pude evitar pensar en lo que hubiera podido pasar si toda esta historia hubiese ocurrido hace unos años. Pero, en fin, ahora ya no vale la pena darle más vueltas al tema. Como mínimo me alegré de comprobar que ella estaba de acuerdo conmigo en esto.
Sin embargo, lo que más me inquieta ahora mismo es saber qué pasa conmigo. El problema es que no estoy completamente seguro de que lo que pasó el sábado fuera un instante de pura pasión o tan solo el recuerdo de un sentimiento falso que llegué a creerme. Sin embargo, ¿por qué no me lo pensé ni un momento antes de lanzarme? ¿Por qué empecé a darle vueltas cuando ya estaba en casa, cuando todo había acabado?
Por otra parte, tenía entendido que en la fase de aceptación con la sexualidad de uno mismo siempre hay momentos de duda, en los que te crees que puedes tirar tanto a un lado como a otro; pero... ¿tantas dudas? ¿Es esto normal? Lo único que sé con total seguridad es que, hasta ahora, nunca he hecho nada de lo que después me haya arrepentido, ni nada que no sintiera.
Pero no voy a agobiarme más con en este tema. Simplemente sé que no pienso cerrarme ninguna puerta, pero tampoco quiero ponerme una etiqueta, porque empiezo a estar harto de ellas. ¿Por qué esta obsesión por enmarcarse dentro de un grupo? ¿Por qué tantas vueltas a una cuestión que, al fin y al cabo, no importa absolutamente nada?
Se acabó.
A partir de ahora, pienso tomar ejemplo de noches como ésta y disfrutar de la vida sin asfixiarme dentro de etiquetas que no tienen ningún sentido.
El martes pasado volvimos a quedar ella y yo. Y, aún a pesar de tener claro lo que había significado, no pude evitar pensar en lo que hubiera podido pasar si toda esta historia hubiese ocurrido hace unos años. Pero, en fin, ahora ya no vale la pena darle más vueltas al tema. Como mínimo me alegré de comprobar que ella estaba de acuerdo conmigo en esto.
Sin embargo, lo que más me inquieta ahora mismo es saber qué pasa conmigo. El problema es que no estoy completamente seguro de que lo que pasó el sábado fuera un instante de pura pasión o tan solo el recuerdo de un sentimiento falso que llegué a creerme. Sin embargo, ¿por qué no me lo pensé ni un momento antes de lanzarme? ¿Por qué empecé a darle vueltas cuando ya estaba en casa, cuando todo había acabado?
Por otra parte, tenía entendido que en la fase de aceptación con la sexualidad de uno mismo siempre hay momentos de duda, en los que te crees que puedes tirar tanto a un lado como a otro; pero... ¿tantas dudas? ¿Es esto normal? Lo único que sé con total seguridad es que, hasta ahora, nunca he hecho nada de lo que después me haya arrepentido, ni nada que no sintiera.
Pero no voy a agobiarme más con en este tema. Simplemente sé que no pienso cerrarme ninguna puerta, pero tampoco quiero ponerme una etiqueta, porque empiezo a estar harto de ellas. ¿Por qué esta obsesión por enmarcarse dentro de un grupo? ¿Por qué tantas vueltas a una cuestión que, al fin y al cabo, no importa absolutamente nada?
Se acabó.
A partir de ahora, pienso tomar ejemplo de noches como ésta y disfrutar de la vida sin asfixiarme dentro de etiquetas que no tienen ningún sentido.
92. ...que nadie puede hacerte daño... (2ª parte)
Tenía mis serias dudas sobre si debía escribir o no este post. La verdad, y desde este momento ya lo digo, es que mi intención no es herir los sentimientos de nadie. Ni mucho menos. Y, si lo hago, lo siento de veras, pero creo que no debería censurarme en mi propio blog. No lo he hecho hasta ahora y, sintiéndolo mucho, no lo voy a hacer en esta ocasión. De nuevo repito que mi intención no es ni parecer prepotente ni presumir de nada (entre otras cosas, porque no creo que tenga nada de lo que presumir), sino tan solo escribir sobre algo que me ha ocurrido y sobre mis sentimientos al respecto. Hecha esta advertencia, empiezo con la "película" de los hechos...
Curiosamente, todo comenzó con la llamada de uno de los "bloggers" que por aquí circula, el Senyor Sepi. Para poder hablar tranquilamente, me aparté un poco de donde estábamos todos y me fui detrás de unos árboles que había por allí. Fue entonces cuando la vi. También estaba hablando por teléfono y, tal y como había hecho yo, se había alejado para tener algo de tranquilidad. Al reconocerme, sonrió de esa manera que sólo ella sabía y me saludó.
Después de colgar, me acerqué a ella. Aún estaba hablando con quien resultó ser un amigo que tenemos en común, que está viviendo en Sevilla. Me pasó el móvil para que yo le saludara. Y, mientras hablaba, no podía apartar mi mirada de sus ojos. Ella había cambiado bastante físicamente, pero esos ojos permanecían invariables: brillantes, como si siempre estuviera emocionada y oscuros, muy oscuros.
Eran los mismos ojos que tenía cuando la conocí, hace ya casi 4 años. La verdad es que nuestra historia fue bastante frustrante. Coincidíamos todas las tardes en la escuela de idiomas, y siempre nos volvíamos juntos para casa. Y, casi sin darme cuenta, acabé enamorándome de ella. La acompañaba siempre hasta el portal de su casa y, en secreto, deseaba que ella, en algún momento, me diera alguna señal. Pero la única señal que me dió (¡qué amarga ironía!) fue enrollarse con uno de mis mejores amigos y estar saliendo con él 2 años. Al final, acabamos muy distanciados y yo me fui del pueblo sin tener ni siquiera su móvil.
¡Pero ahí estaba! Para poder escuchar lo que me decía este amigo por el móvil, se me acercó a la cara y me cogió del brazo. Sólo con el roce de su piel ya todo un escalofrío me recorrió el cuerpo. Después de colgar, nos sentamos en un banco que había al lado y nos pusimos a hablar. Durante casi una hora, nos resumimos todo lo que había pasado en nuestras vidas en estos dos años, nos reímos juntos recordando los momentos felices y también nos emocionamos al pensar en esas personas que salieron de nuestras vidas.
No sé cómo pasó exactamente, si me lancé yo o se lanzó ella. Quizás ayudó algo el alcohol, no lo sé. La cuestión es que, al final, acabamos besándonos. Tampoco fue nada en serio, entre otras cosas porque nos interrumpieron al rato mis amigos para ver con quién hablaba tanto tiempo (¡muy oportunos, ellos...!), pero la importancia que tuvo para mí fue mucha.
Nuevo retorno al pasado, giro de 180º en la opinión que tenía sobre mí mismo y un nuevo dilema sobre el qué pensar: ¿qué significó? ¿Fue tan solo una aventura de una noche, unos besos tontos o algo más? ¿Estoy dispuesto a afrontar una relación a 800 km de distancia? ¿Y ella, qué es lo que piensa? El final de toda esta historia, en el próximo post...
91. Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para ti... (1ª parte)
Ahora sí que sí. Ahora puedo afirmar con toda la seguridad del mundo que he conseguido, por fin, saldar todas las deudas del pasado, que los nudos que me ataban a este pueblo se han aflojado y he logrado escapar. La de ayer fue una noche intensa, única e irrepetible, de ésas que sólo pasan muy de vez en cuando. Y, por primera vez en mucho tiempo, estoy muy satisfecho de todo lo que ocurrió, sobre todo de cómo me comporté. Una reconciliación deseada desde hace años, un antiguo amor que renace y, más allá de los hechos en sí, la satisfacción, después de un mes de "crisis", de levantar cabeza y hacerlo a lo grande.
La noche empezaba sin demasiadas expectativas: era el cumpleaños de una amiga mía y la verdad es que iba casi por obligación, porque de la gente con la que íbamos a quedar, amigos míos tan solo eran dos; y, además, entre los invitados estaba Él. Él, con mayúsculas. Él, quien durante un largo período de mi vida fue mi mejor amigo, mi confesor, mi gran apoyo. Él, quien, sin saber muy bien por qué, me traicionó y me hizo pasar un año entero con miedo a salir a la calle. Él, que casi me dejó sin amigos, que me hizo la vida imposible...
Hacía más de dos años que nos habíamos dejado de hablar, y lo cierto es que, según caminaba hacia nuestro lugar de encuentro (detrás de la iglesia, como siempre), ya me iba haciendo a la idea de lo incómodo que estaría. Pero me equivocaba. Cuando le vi, noté lo cambiado que estaba. Su mirada parecía mucho más madura, mucho más sensata. Y, casi sin darme cuenta, ahí estaba yo, dándole la mano y saludándole, por primera vez en dos años.
Al principio tampoco podía decir que estuviera "en mi salsa", pero una vez que las botellas empezaron a abrirse y nos tomamos las primeras copas, el ambiente empezó a animarse. Bromas y risas como hacía tiempo que no veía. Y eso me dio la seguridad necesaria para ir a saludar a gente que también hacía tiempo que no veía, que también estaban por allí. Sé que luego esas personas se dedicarían a criticarme, a hablar de mí ("Mira, Ryan, que desde que se ha ido, pasa de nosotros...", dirán seguramente), pero es que, sinceramente, no me importa. ¡No me importa! Me repito estas palabras y apenas puedo creerme que lo piense de verdad. ¡Pero así es!
A raíz de un pequeño roce que hubo entre dos de las personas que había allí, Él y yo nos pusimos a hablar. Nos referíamos a esas dos personas, en un principio, pero según iba avanzando la conversación nos dimos cuenta de que esa conversación se podía aplicar perfectamente a nosotros dos. "Respeto", me dijo, "me he dado cuenta que es la clave. Podemos pensar diferente, vivir la vida de modos distintos, tener cada uno nuestros propios valores, pero lo importante es que siempre haya respeto el uno por el otro". Y nosotros no nos respetamos cuando todo pasó. También fue culpa mía, ¿por qué ocultarlo?, podría haber intentado pararlo todo y no entrar en el juego de insultos y cizañas, pero yo tampoco lo hice.
Sin embargo (y en esto también estuvimos de acuerdo), todos nuestros problemas pasaron hace mucho tiempo. ¿Qué sentido tiene, pues, mantenerlos? Tampoco hablamos de hacernos ahora "amigos íntimos", ni mucho menos, sino de tan solo respetarnos el uno al otro (de nuevo nos encontramos con la idea clave). Y cuando, al final de la noche, se me acercó para darme un abrazo, me di cuenta de que la gran deuda que tenía en este pueblo acababa de quedar saldada. Por fin, después de dos años cargando con ese peso en mi conciencia, me sentí aliviado.
Pero, por si esto no fuera poco, la noche aún me deparaba una sorpresa aún mayor. ¿Quién dijo que el pasado nunca vuelve, que los amores de quinceañeros no dan segundas oportunidades? Más, en el próximo post...
90. Despídete, pero no dejes de mirar atrás... y te das cuenta que es más fácil esperar y alargar el
Siempre lo he pensado, el verano es época de cambio. Unas amistades se rompen y otras nacen (o renacen), algunas parejas dan por acabadas sus relaciones y otras no hacen más que empezar, los grupos de amigos se ven alterados por abandonos y nuevas incorporaciones... Y, no podía ser de otra manera, en la blogósfera tenía que pasar exactamente lo mismo.
Por un lado, en estas dos últimas semanas he descubierto dos nuevos blogs que realmente valen la pena. El primero de ellos, firmado por Credendo Vides, me ha sorprendido por su frescura y por su particular visión del mundo (¿o debería decir inframundo?). Espero poder ponerme más al día cuando vuelva a tener internet, dentro de un par de semanas. El otro, además, tiene una historia personal detrás, y es que con su protagonista me une una relación algo más que blogosférica. ¡No, no! Tranquilos, que no estamos liados, anda que no sois mal pensados... Me refería a una relación más bien telepática. :P Como no podía ser de otra manera, me estoy refiriendo a Eris.
Sin embargo, como antes decía, el verano también es época de despedidas. En particular, ha habido dos que me han afectado especialmente. En primer lugar, la de Aatomo. La verdad es que me sentía bastante identificado con su blog (especialmente con sus últimos posts, como ya comentaré más adelante), me parecía muy coherente y de mucha calidad, por lo que he sentido bastante su marcha. Espero poder coincidir con él en algún otro lugar de este universo virtual.
Y no podía dejar de comentar la despedida de Xavi. No sé si llegará a leer alguna vez este post, pero aún así no puedo evitar recordar lo importante que ha sido en mi vida, tanto en términos "blogosféricos" (él fue uno de los que más me animaba a escribir) como "reales" (aunque eso de "real" sea un tanto relativo, ya que internet no deja de ser también una realidad; alternativa, pero una realidad, al fin y al cabo). No me cansaré de decirlo: dejando de lado cualquier vínculo personal, su blog fue (y sigue siendo) uno de mis favoritos, uno de esos que devoraba cada vez que me encontraba un artículo nuevo. Lamento no haber encontrado ninguna última referencia a mi en su blog porque, aunque él no lo quiera admitir (o sí; no lo sé), este blog no se entiende sin él; igual que su blog no se entiende sin el mío (y digo esto desde la más absoluta humildad). Por mucho que me pueda doler, no negaré nunca su papel protagonista.
Así que dado que, como he dicho, en mi aprendizaje hacia la felicidad él y su blog han sido indispensables, hoy no miento al afirmar que, con su despedida, una parte de este blog desaparece. Y como este blog, al fin y al cabo, soy yo mismo, un trocito de mi se ha desvanecido, una pequeña llama hoy se ha apagado para no volver a encenderse.
A los nuevos, bienvenidos; a los que se van, hasta siempre, os echaré de menos.
PD: ¡Acabo de ver que Aatomo ha vuelto! ¡Yujuu! :P
89. Esta sensación extraña, que se adueña de mi cara, juega con esta sonrisa dibujándola a sus anchas
No tengo casi ni tiempo para aburrirme estos días. Nada más llegar aquí, decidí ponerme a estudiar en serio y, de momento, parece que lo estoy cumpliendo. Eso sí, hay ciertas cosas a las que tampoco quería renunciar, como por ejemplo pasar el máximo tiempo posible con mis amigos. ¿Solución? Estudiar todos juntos en la biblioteca.
Así que nos hemos propuesto ir todos los mañanas a la biblioteca. Y, para aprovechar el tiempo, estamos quedando a las 9,30 de la mañana, lo cual supone una fuerte pelea diaria contra el sueño (¿quién tiene ganas de madrugar en vacaciones? Bueno, ¡y durante el resto del año!), que es compensada por la satisfacción de haber aprovechado el tiempo y, sobre todo, por el lugar al que vamos a estudiar. Resulta que hemos descubierto que, en un antiguo palacio que hay en el pueblo, han habilitado unas salas para poder estudiar. Y, como de momento aún lo sabe poca gente, allí nos veis a los 4 ó 5 que nos reunimos cada día completamente solos. En fin, que estudiar, de momento, tampoco es que hayamos estudiado demasiado, pero pasarlo bien, ¡anda que no lo estamos disfrutando!
Sobre las 2 de la tarde, toca levar anclas y volver a casa a comer. Y, después de la comida, entre el calorcito y el estómago lleno, es inevitable acabar "traspuesto" durante un rato. Un rato, por no decir casi tres horas, porque hasta las 6 de la tarde no hay quien me levante de la cama.
Una vez de vuelta a la vida, llega la merienda: un buen bocadillo de ese embutido que hacen tan bueno por aquí, una coca-cola y un helado. ¡Anda que no me cuido! Después, si mis padres no están en casa, aprovecho para colarme de incógnito en el ordenador de mi padre para poder actualizar el blog y mirar el correo. Y, ya para rematar la tarde, una sesión de "¿Quién quiere ser millonario?", que me tiene enganchado.
La noche comienza a las 9, cuando todos los amigos quedamos detrás de la iglesia, como hemos hecho toda la vida, para ir a dar una vuelta, a alguna terracita a tomar algo o, simplemente, a sentarnos en algún banco a comer pipas. Y así, entre risas, recuerdos y alguna que otra confesión, nos dan la 1 o las 2 de la madrugada. Vuelta a casa, comer los restos de la cena (¡pero qué restos! Jeje Esto de estar en casa de "mamá" es lo mejor...) y rápido a dormir, que mañana habrá que levantarse temprano.
Así, no me extraña que cada noche se dibuje una gran sonrisa en mi cara mientras Morfeo me empieza a acunar entre sus manos...
Y, vosotros, ¿cuál es vuestro horario cuando estáis de vacaciones?
88. Enamorado del Cantábrico
Jueves 4 de Agosto de 2005, 11.24 a.m., en una playa indeterminada del Cantábrico
A pesar de la bandera amarilla y los avisos por la fuerte resaca, decidí meterme un rato en el mar para intentar sofocar el asfixiante calor. Las olas venían con bastante potencia, y alguna que otra me hacía retroceder cerca de un metro, pero no parecían excesivamente peligrosas. De pronto, casi de manera sobrenatural, el mar se puso en calma. Fue entonces cuando la vi. Sería aproximadamente un metro y medio más alta que yo. Se acercaba lentamente. De fondo, empezó a escucharse la banda sonora de "Tiburón". Intenté retroceder, llegar de cualquier manera a la orilla. Luchaba contracorriente, pero todo esfuerzo parecía no servir para nada. La tenía justo encima. Abrí por última vez la boca para inspirar todo el aire posible y, en ese momento, toda la fuerza de la ola cayó sobre mi...
No recuerdo cuánto tiempo pasaría bajo el agua, intentando llegar a la superficie, pero cada segundo me parecía interminable. Cuando por fin conseguí sacar la cabeza del agua, tuve el tiempo justo para limpiarme los ojos y coger el máximo aire posible para sobrevivir a la siguiente ola que se acercaba, de igual o mayor magnitud. Esta vez perdí completamente la orientación, no sabía hacia dónde nadar, ni siquiera si conseguiría llegar a la superficie. Tras otros inacabables segundos, volví a respirar y, exhausto, me arrastré hasta la arena seca, donde caí rendido. A pesar de lo dramático del momento, no pude evitar reir al pensar en lo patética que era la situación. Después de todo lo que yo había criticado las playas, se había cumplido eso de que "el mar te devuelve el golpe", ¡y de qué manera!
Bromas aparte, la verdad es que estos días han sido geniales. He conseguido desconectar completamente del resto del mundo, he visitado infinidad de lugares impresionantes, he conocido a muchísimas personas interesantes y, lo más importante... ¡me he vuelto a enamorar! Y es que la zona del Cantábrico me ha encandilado. ¡Menudas playas! ¡Menudos paisajes de montaña! ¡Menudos caminos! Sin duda alguna, volveré.
Por lo demás, me quedan por delante unas cuantas semanas en mi pueblo (donde, por cierto, no tengo internet, así que ¡perdonadme si no puedo pasarme por vuestros blogs tanto como quisiera!), que pienso seguir exprimiendo al máximo, aprovechando que he conseguido pasar el bache con bastante éxito y estoy viviendo un momento "dulce". A ver si consigo reducir un poco el ritmo de este verano porque, a este paso, llegará septiembre y casi no me habrá dado tiempo a disfrutar de él, de lo rápido que se me está pasando. ¡Freno de mano, ahora!
Y, vosotros, ¿qué tal va vuestro verano? ¿Alguna experiencia "paranormal" que explicar?
PD.
- Escribir un sms con una broma "subida de tono" a una amiga... 1 minuto
- Buscar su número en la agenda del móvil y enviarlo... 15 céntimos de €
- Darte cuenta de que se lo has enviado a tu abuela... 5 segundos
- Que tu abuela te llame y te pregunte si estás borracho... ¡NO TIENE PRECIO!
A pesar de la bandera amarilla y los avisos por la fuerte resaca, decidí meterme un rato en el mar para intentar sofocar el asfixiante calor. Las olas venían con bastante potencia, y alguna que otra me hacía retroceder cerca de un metro, pero no parecían excesivamente peligrosas. De pronto, casi de manera sobrenatural, el mar se puso en calma. Fue entonces cuando la vi. Sería aproximadamente un metro y medio más alta que yo. Se acercaba lentamente. De fondo, empezó a escucharse la banda sonora de "Tiburón". Intenté retroceder, llegar de cualquier manera a la orilla. Luchaba contracorriente, pero todo esfuerzo parecía no servir para nada. La tenía justo encima. Abrí por última vez la boca para inspirar todo el aire posible y, en ese momento, toda la fuerza de la ola cayó sobre mi...
No recuerdo cuánto tiempo pasaría bajo el agua, intentando llegar a la superficie, pero cada segundo me parecía interminable. Cuando por fin conseguí sacar la cabeza del agua, tuve el tiempo justo para limpiarme los ojos y coger el máximo aire posible para sobrevivir a la siguiente ola que se acercaba, de igual o mayor magnitud. Esta vez perdí completamente la orientación, no sabía hacia dónde nadar, ni siquiera si conseguiría llegar a la superficie. Tras otros inacabables segundos, volví a respirar y, exhausto, me arrastré hasta la arena seca, donde caí rendido. A pesar de lo dramático del momento, no pude evitar reir al pensar en lo patética que era la situación. Después de todo lo que yo había criticado las playas, se había cumplido eso de que "el mar te devuelve el golpe", ¡y de qué manera!
Bromas aparte, la verdad es que estos días han sido geniales. He conseguido desconectar completamente del resto del mundo, he visitado infinidad de lugares impresionantes, he conocido a muchísimas personas interesantes y, lo más importante... ¡me he vuelto a enamorar! Y es que la zona del Cantábrico me ha encandilado. ¡Menudas playas! ¡Menudos paisajes de montaña! ¡Menudos caminos! Sin duda alguna, volveré.
Por lo demás, me quedan por delante unas cuantas semanas en mi pueblo (donde, por cierto, no tengo internet, así que ¡perdonadme si no puedo pasarme por vuestros blogs tanto como quisiera!), que pienso seguir exprimiendo al máximo, aprovechando que he conseguido pasar el bache con bastante éxito y estoy viviendo un momento "dulce". A ver si consigo reducir un poco el ritmo de este verano porque, a este paso, llegará septiembre y casi no me habrá dado tiempo a disfrutar de él, de lo rápido que se me está pasando. ¡Freno de mano, ahora!
Y, vosotros, ¿qué tal va vuestro verano? ¿Alguna experiencia "paranormal" que explicar?
PD.
- Escribir un sms con una broma "subida de tono" a una amiga... 1 minuto
- Buscar su número en la agenda del móvil y enviarlo... 15 céntimos de €
- Darte cuenta de que se lo has enviado a tu abuela... 5 segundos
- Que tu abuela te llame y te pregunte si estás borracho... ¡NO TIENE PRECIO!






