Ryan: aprendiendo a ser feliz
De repente, pensé: "¿Y por qué no ver la vida desde otro punto de vista?"
¿Quién soy?
Inseguro pero soñador, nostálgico pero optimista... así soy yo. Espero seguir luchando por salir de este pozo que es la rutina, con la ayuda de otras personas que, como yo, viven buscándole algo de sentido a este mundo.
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100. Érase que se era... Ryan
Erasé que se era, en un extraño país que por aquellos entonces algunos conocían y pocos habitaban, llegó un apuesto príncipe con un destino fijado: Iba a ser El Rey Feliz de aquel lugar.

Como siempre pasa en estos casos, nuestro príncipe al llegar era un poco triste y algo melancólico. Si hubiese sido alegre su misión sería demasiado sencilla y nuestro cuento no tendría razón de ser. Pero también resultó ser sensible, comprometido con su tiempo, soñador, gentil aunque algo cabezota, bastante autocrítico... tanto que a veces prefería echarse piedras sobre su propio tejado antes que contra el de los demás. En definitiva, un buen merecedor del trono.

En los primeros tiempos de su estancia en su nueva región conoció a una princesa que, aunque guapa y encantadora, tenía el don del Enredo. El don le había sido concedido cuando aún contaba días por un hada malvada y consistía en confundir totalmente a las personas que tenía a su lado. Cual fue la mala fortuna del joven que, al poco de frecuentarla, quedó prendado de sus encantos y, por supuesto, totalmente enredado. Estaba lleno de dudas, millones de preguntas sin respuesta, interrogantes que se amontonaban sin que una luz cayera sobre ellos. Ya no era fácil distinguir si eso que sentía era amor, cariño o incluso necesidad. Pero era un sentimiento fuerte a la par que confuso.

Este contratiempo no era lo único que frenaba al príncipe para completar su destino. Recién llegado ya pretendía sentirse parte de un lugar que no era el suyo puesto que, aunque el trono le pertenecía por legítimo derecho no se había educado entre los lindes de ese peculiar reino. Pretendía llegar ganarse a sus súbditos al instante sin ser consciente de que el pueblo necesita tiempo para conocer en profundidad a sus dirigentes y llegar a quererlos y guardarles lealtad con sinceridad. Entre sus más allegados consejeros se hizo con algunos que no resultaron ser tan leales como él pensaba. En realidad no eran malas personas, lo que ocurría es que estaba acostumbrado a sus antiguos compañeros de camino: gente que lo conocía desde su nacimiento o su infancia, con los que había crecido y compartido juegos y rabietas, ilusiones, sueños, promesas, decepciones... y quiso tener lo mismo con personas diferentes. Dio todo, como siempre había hecho hasta ahora, esperó recibir lo mismo, pero no fue así.

Un día decidió compartir todas sus dudas, todos sus pensamientos con algunos de sus ciudadanos y redactaba pregones que después mandaba colgar en la puerta de algunas catedrales. Todos los que los leían quedaban prendados de la forma de escribir que tenía su alteza, en ocasiones se leyeron frases tan geniales como “La vida es tan inestable y tan sorprendente que no vale la pena planificar nada. La juventud me corre por las venas, y no estoy dispuesto a dejar pasar la oportunidad de disfrutar de ella”.

La búsqueda de tal felicidad, acto que en muchas culturas se consideraba arriesgado, temerario y digno sólo de un rey, le llevó a olvidar otros asuntos y así, sin apenas darse cuenta, el hechizo de la princesa enredada se esfumó. Un día la miró a los ojos y ya no se sentía confuso. Pasó un tiempo en que lo que más sentía era nostalgia de todo, incluso de lo que dejó por vivir. Su problema era que tendía a ver lo que ya había pasado como algo mejor de lo que ya estaba pasando...

Muchos nobles y gente de la realeza comenzaron a hablar de esos pregones y muchos otros enviaban misivas a su majestad alabándolos. Pero el que más llamó la atención a nuestro protagonista fue un joven príncipe de un territorio cercano. Poco a poco en él descubrió un apoyo, alguien en quien confiar, lo que parecía un verdadero amigo. El cariño fue creciendo y dando paso a un sentimiento más intenso, un sentimiento que ninguno se esperaba pero que estaba ahí. Ese fiel amigo, de la noche a la mañana, se convirtió en su príncipe azul, que si bien no resultó al final todo lo azul que él pensaba, sí le enseño un mundo y una parte de sí mismo que no conocía y que jamás pensó tener. Mientras descubría y no el verdadero color del nuevo príncipe, éste le hizo recobrar la ilusión, dejar la nostalgia para regodearse en el presente y verlo como lo mejor que podía tener. También le ayudó a eliminar ciertos prejuicios que no se ven de la misma manera cuando los usas con los demás o cuando los usan contigo.

Parecía que todo iba en buen camino, su empresa estaba cada vez más cerca de ser completada, si seguía así en poco tiempo sería por fin coronado como Rey Feliz. Pero como hemos dicho, el príncipe al final no resultó todo lo azul que debiese y tan pronto como empezó, sin apenas tiempo para pensar, terminó esa historia que compartían.

Un corto tiempo de desánimo y pequeña oscuridad sobrevino a nuestro heredero seguido de otro de luces y sombras, un optimismo algo melancólico daba paso a un pesimismo esperanzado y así transcurrían los días. Puede que fuese su forma de redactar los pregones reales pero cada vez su pueblo lo veía más y más maduro, algunos pensaban que ya estaba preparado para ser El Rey Feliz, otros no y así se lo hicieron saber pero sería él quien tendría que decidirlo.

Se encontraba vacilante, no sabía que hacer, los sirvientes de palacio lo veían ir de un lado a otro pensativo. Todos sabían qué pensaba, estaba cavilando buscando la solución a un problema que le afligía desde hacía tiempo. De repente llamaron a la puerta y como paseaba justo al lado de ésta la abrió él mismo sin pararse a pensar en protocolos. Unos ojos llenos de ilusión lo miraban, no se habían visto antes pero sabía que esos ojos estaban dispuestos a andar el camino junto a él, de enseñarle y dejarse enseñar millones de cosas, de repente la voz que pertenecía a esos ojos dijo:

- Vengo buscando a El Rey Feliz ¿sería tan amable de anunciarme?

- No hará falta, soy yo. – contestó El Rey Feliz


Pero colorín colorado, este cuento... AÚN NO SE HA ACABADO!!!

Míriam (Eris)

Ceuta, 17 Noviembre 2005


Este es mi pequeño (pero extenso) tributo a, en mi opinión y supongo que la compartiréis, uno de los mejores blogers que circulan por la red, y si no es el mejor, es el que tiene el corazón más grande, y si no... pos porque ha sido el único que me lo ha pedido. Siento si se ha retrasado un poco pero ha sido a causa de unos problemillas técnicos ajenos a nuestra voluntad.
He de reconocer que cuando se me planteó este reto me vi pequeña, insignificante para la magnitud del trabajo que se me proponía, porque somos pocos los privilegiados a los que nos ha dado oportunidad de ver lo inmensamente grande que es y la tremenda humanidad que alberga y no sé vosotros, pero yo me siento agradecida por ello. La verdad, también me vi un poco desbordada porque decidí que me releería el blog entero para escribirlo y “muxa tela eh?” aunque si soy sincera: he disfrutado como una enana, recordando, descubriendo cosas que antes no había leído o en las que no había reparado, recordando otras que empezaban a difuminarse... Ha sido genial, por eso espero que os hayáis divertido leyendo esta historia tanto como yo me he divertido escribiéndola.

 
108. No quiero despertarme
Tesis, antítesis y síntesis. Dialéctica pura y dura. Buscando el equilibrio, el término medio, el punto en el que todo encaja...

Tesis...

El Ryan que escribía en este blog hace un año. Tímido, con tendencias depresivas, ratón de biblioteca, racional hasta el último detalle, un analista profundo de cada acto, de cada gesto, de cada mirada. Enamoradizo e inseguro, falto de autoestima. Con pequeños puntos de inflexión que le hacían avanzar, con algún que otro traspiés en el camino, que deja atrás sus prejuicios y los estereotipos, luchando contra el miedo y "el que dirán". Un Ryan que sintió la soledad, el amor y el desamor. Un Ryan que buscaba la felicidad.

Antítesis...

El Ryan de este verano y de estos últimos meses. Extrovertido, abierto, despreocupado, sincero, pasional, impulsivo. Un Ryan que iba ganando seguridad a cada paso, que no temía el "qué dirán", que se sentía libre y cómodo. Un Ryan que conseguía lo que se proponía, que daba rienda suelta a sus deseos, sin pensar en el mañana. Era alguien que se proponía nuevos retos a cada instante, luchaba por ellos y los alcanzaba. Un Ryan sonriente, alegre, festivo, deseoso de conocer gente nueva. Pero también era un Ryan que tenía miedo. Miedo a dos estúpidas palabras. Miedo a darse cuenta de que toda esta euforia era efímera. Que la vida no se rige por el lema del "carpe diem". Que la estabilidad no se encuentra en aventuras de una noche. Un Ryan que seguía buscando la felicidad.

Síntesis...

El Ryan de estos últimos 12 días. Un Ryan que es una mezcla de todo y de nada. Es un Ryan que, día a día, va aprendiendo de los errores. Un Ryan que consigue diferenciar el día de la noche, que cambia de registro según lo requieran las circunstancias. Sigue siendo un Ryan inseguro, racional, temeroso de la soledad y de la fugacidad de los momentos alegres; un Ryan al que aún le queda muchísimo por aprender. Pero es un Ryan a quien los golpes le van haciendo cada día más fuerte, más luchador, más libre. Y, lo más importante, el Ryan de hoy en día es un Ryan que ha perdido el miedo a esas dos palabras que tanto respeto le imponían. Un Ryan que ha encontrado algo que verdaderamente le hace feliz.

Y quizás todo esto no sea más que mera retórica, más que un espejismo, una opinión que mañana habrá cambiado. Sea como sea, mientras dure, no pienso dejar escapar esta sensación de estabilidad y seguridad.

Ahora os toca a vosotros: ¿cuáles diríais que han sido las tesis, antítesis y síntesis de vuestra vida hasta el momento?

PD: M'adono que ho he guanyat tot, i tot ho he perdut. Però ara res no importa si et tinc a tu... Potser em podries receptar un consell, que m'ajudi a soportar el temps quan tu no hi ets... (Me doy cuenta de que todo lo he ganado, y todo lo he perdido. Pero ahora nada importa si te tengo a ti... Quizás me podrías recetar un consejo, que me ayude a soportar el tiempo cuando tu no estás...)
 
107. Palabras que se llevará el viento
¿Y si en la vida no existieran las casualidades?
¿Y si un ser supremo se dedicase a mover los hilos que nos manejan, haciéndonos chocar unos contra otros, relacionándonos entre nosotros, queriéndonos, haciéndonos daño, olvidándonos mutuamente?

¿Y si todo tuviera un sentido?
¿Y si todas esas dudas que desde pequeños solemos tener, y que se van acrecentando con el paso de los años, tuvieran una respuesta, concisa y fácil de entender, que nos aliviara de este sufrimiento y nos hiciera libres?

¿Y si, por un solo instante, pudiera ser feliz?
¿Y si el resultado de mis acciones hubiera conseguido romper los hilos que me manejan, dándome tan solo un segundo de libertad, que yo hubiera aprovechado para dar ese pequeño cambio de perspectiva que me hiciera superar el pasado y poner los dos pies en el futuro?

¿Y si te dijera que te quiero?
¿Y si me arriesgara a perderlo todo, a hundirme en la soledad, sólo por luchar por esa remota oportunidad de conseguirte, de conseguir que tú sintieras las mismas mariposas que intentan escapar de mi estómago cada vez que te veo?

¿Y si nada fuera lo que parece?
¿Y si todas estas frases no tuvieran ningún sentido, si todo fuera una manera simple de crear una cortina de humo, de confundirte, de esconderte lo que de verdad siento, lo que voy a hacer a partir de ahora; un modo de hacerte creer que lo he superado, que ya no me afecta?

¿Y si te confesara que no me quiero despertar?
¿Y si tuviera miedo a una vida sin ti?
¿Y si tuviera ahora más ganas que nunca de vivir?
¿Y si fuera más feliz sin ti?

¿Y si te dijera que no tengo ni idea de cómo poder definir lo que siento?

PD: ¿Qué haríais si la vida os diera una segunda oportunidad para decir esas cosas que, por miedo, nunca dijistéis? ¿Las diríais?
 
106. Turnedo

Siempre lo he pensado, uno de mis grande defectos en lo que respecta a las relaciones de pareja es mi inevitable tendencia a sobrevalorar mis esfuerzos y mis renuncias a favor del otro, mientras que infraestimo los detalles y todo lo que el otro pone de su parte para ahondar en la relación.

No lo puedo evitar. Y lo peor de todo es que soy consciente de ello. Sé que en una pareja, las cosas no se hacen esperando una reciprocidad. No se cumple la máxima de "hoy por mi, mañana por ti". No. Los esfuerzos se hacen sin esperar nada a cambio, por el mero hecho de saber que al otro le hace feliz que tu realices esa concesión. Entonces, si tengo bien aprendida esta lección, ¿por qué soy incapaz de dejar de contabilizar mentalmente todo lo que hago por mi pareja, comparándolo con lo que hace ella?

Otra de las teorías que se me ha ocurrido es la posibilidad de que en toda pareja se dén dos roles: el que realiza las concesiones y el que disfruta de ellas. Uno renuncia a una gran lista de ventajas para hacer más cómoda la relación al otro. Y ya no me refiero a diferencias milimétricas, que son inevitables (es muy difícil cuantificar las concesiones, por no decir imposible, y, por tanto, es aún más imposible calcular quién sale ganando), sino a la apreciación clara, en la pareja, de uno que renuncia a infinidad de comodidades mientras que el otro simplemente se limita a aceptar estas renuncias como naturales. Como si siempre tuviera que ser así.

¿Qué es lo que me hace pensar así? No mi pareja actual, sino todas las parejas que he tenido hasta la fecha, en las que yo he ido desempeñando, alternativamente, uno u otro papel.

Y la conclusión de todo este argumento es que me he dado cuenta de que, para que una pareja tenga unas bases sólidas, para que funcione sin demasiados problemas, es necesario que sean los dos quienes hagan concesiones, en una proporción similar. No se trata de una condición sine qua non, pero si algo que puede facilitar mucho las cosas.