<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Ryan: aprendiendo a ser feliz]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[De repente, pensé: "¿Y por qué no ver la vida desde otro punto de vista?"]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[117. Lágrimas que anuncian conclusiones]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_121.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>El jueves pasado puse punto y final al asunto que, durante los últimos 6 meses, más tiempo me ha robado. En el momento en que lo voluntario se convierte en una obligación; en el que dejas de sentirte realizado para pasar a sentirte mal si no puedes hacerlo tal y como te gustaría, es hora de replantearse si realmente merece la pena o no.<br/><br/>Y esto no lo merecía. Y creo que hacía mucho, pero mucho, tiempo que no me sentía tan aliviado. Aliviado porque tendré mucho más tiempo para mí mismo y para los que quiero. Pero aliviado también porque se acabaron (al menos hasta que vuelva a surgir otro tema así) las noches en las que me costaba conciliar el sueño, las tardes de los viernes echadas a perder, reuniones con personas a las que no soportaba, infinidad de trámites burocráticos.<br/><br/>Carpetazo. Punto y final. Hasta aquí hemos llegado. Se acabó.<br/><br/>Y hay que ver lo bien que me ha sentado...]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[116. Una víctima casi perfecta]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_120.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>No, las cosas no van tan mal. Aún tengo pareja (y estable). Aún sigo guiándome por criterios poco artificiales. Aún no me he visto en la necesidad de mentir. Aún no me he comprado una webcam. Aún no me siento basura. Aún no añoro mi vida de antes (aunque tampoco soy totalmente feliz ahora).<br/><br/>No, no me refería a eso con el post anterior. Quizás estaba motivado por una serie de decepciones que he tenido en las últimas semanas. Hace un tiempo hablaba de dos personas que, con un poco de suerte, podrían ocupar un papel protagonista en mi vida. Ahora, desde la perspectiva que otorga la experiencia, me siento más que decepcionado. Me siento dolido. He sido un iluso.<br/><br/>Tampoco quiero decir que haya perdido la fe en mis amigos. Aún me queda para dar y regalar (bueno, quizás no tanta). Pero me doy cuenta de que todo no es un camino de rosas. Hay personas que se guían por el interés, personas vacías, aburridas... como las que describía hace una semana aquí.<br/><br/>Y ya no es sólo por el hecho concreto de estas dos personas. La cuestión está en que tengo miedo de que me vuelva a pasar con otras personas, de estar condenado a repetir los mismos errores una y otra vez, sin aprender de ellos. Siempre es el mismo ciclo: les conoces, te dan confianza, tu les das la tuya, durante un tiempo sois inseparables, (mal)gastas tu tiempo en ellos y, en el momento más inesperado (normalmente suele ser cuando más les necesitas), te dan de lado, ignoran tus llamadas, dejan de tener detalles contigo. Desaparecen.<br/><br/>No era la primera vez que me pasaba. Tampoco será la última, estoy seguro. Porque siempre acabo volviendo a caer, siempre vuelvo a confiar en una sonrisa o en una mano tendida.<br/><br/>Quizás soy un inocente, un confiado, un ingenuo. Yo prefiero pensar que no soy prejuicioso, que aún conservo la esperanza en las personas.]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[115. Podría coger cualquier autobús con tal de un beso más]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_119.htm]]></link><description><![CDATA[Sé que a veces aún añoras tu vida de antes. Eras un infeliz. Pero como mínimo eras consciente de ello. <br/><br/>Ahora haces creer que vives en una burbuja, que nada podría afectar a esta felicidad que parece acompañarte cada día. Pero lo cierto es que esta burbuja no existe. Nada de lo que dices o haces es real. Es triste darte cuenta de que no tienes una vida tan perfecta como pensabas. Pero más triste es aún llegar a la conclusión de que te has creído tus propias mentiras.<br/><br/>Y, sin entender del todo por qué, toda tu realidad la has ido distorsionando. Los primeros en caer fueron tus amigos. Poco a poco, los empezaste a dejar de ver. Vuestra relación se fue enfriando hasta llegar a un punto en que tus conversaciones con ellos se acababan con un "¿qué tal?" y un "bien". Tus antiguas amistades fueron sustituidas por personajes efímeros, vividores que, como tú, se dedican a fantasear y hacer castillos en el aire. Sueños que nunca se cumplirán, ideas que nunca verán la luz. Amigos de borrachera. Son petardos, promiscuos, con pluma, en un mimetismo sorprendente con el entorno que les rodea.<br/><br/>El siguiente paso es tu pareja. Si antes te enamorabas de alguien por su personalidad y su físico, ahora esta segunda dimensión se convierte en la única importante. Culo. Ojos. Músculos. Polla. Empiezas a darte asco a partir del momento en que piensas en cómo será su manera de follar, para a continuación ponerte a pensar en tu siguiente víctima. Buscas personas a quienes dominar, a quienes hacer esclavas de tus deseos. Rollos de una noche o de una semana, si folla bien. Uno tras otro. Compulsivamente. Piensas que no tienes suerte, que ya encontrarás a aquel que haga vibrar tu corazón. Qué equivocado estás. Hace tiempo que dejaste de tener corazón.<br/><br/>Y eso por no hablar de tu tiempo libre. Se acabaron los libros, la buena música, el cine. Tu único entretenimiento es internet. Messenger. Páginas de contactos. Conversaciones pseudo-reales en las que idealizas a tu interlocutor. Webcams para intentar convencerte a ti mismo de que todo es real. Y cuando todo acaba, subes la música al máximo para no sentirte culpable.<br/><br/>Basura, te das cuenta de que no eres más que basura. Pero piensas que eres feliz. Lo crees. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que verdaderamente importa?]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[114. Quiero ahogar mis miedos, y gritar al cielo mis ganas de libertad...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_118.htm]]></link><description><![CDATA[Sales de la ducha. Te vistes, una camisa ajustada, pantalones oscuros y zapatos. Con un poco de gomina, te colocas el pelo hasta dejarlo de punta. La colonia te hace toser al notar ese cosquilleo en la nariz. El mismo cosquilleo que sientes que te sube desde los pies hasta la nuca, pasando por toda la espalda. Primera cita.<br/><br/>Te metes en el metro y, justo en ese momento, empieza a sonar en el mp3 los primeros acordes de vuestra canción. Sí, esa canción que te grabó en aquel recopilatorio y cuya letra tienes puesta junto al nombre en el messenger. Llega el tren y, con él, una brisa que mueve los papeles tirados por el suelo. Mientras se para, notas como el suelo tiembla. ¿Es el suelo? ¿No serán mis piernas? Primera cita.<br/><br/>Llegas al lugar donde habíais acordado quedar, casi 10 minutos tarde. Pero él aún no ha llegado. Enciendes un cigarro e intentas tranquilizarte. Pero de poco sirve. Doblando la esquina, por fin aparece. Vestido de punta en blanco, con esas gafas que tan bien le quedan, y con ese toque despeinado que tanto te encanta. Una mirada basta para arrancarte una sonrisa que ya no se te irá del rostro en toda la noche. Primera cita.<br/><br/>Decidís compartir la comida y, en un tierno gesto, te lleva un trozo de carne hasta la boca, con el tenedor. Al retirar la mano, por un instante, vuestros dedos se rozan y sientes como una chispa de felicidad salta entre los dos. La conversación fluye y fluye, y parece que nunca os cansaréis de hablar. La cerveza empieza a hacer efecto y, de manera casi imperceptible, vuestras palabras evolucionan desde la suavidad y la confianza hasta los piropos y las confesiones. Primera cita.<br/><br/>Entráis justo en aquel momento de la noche en que el local está lo suficientemente vacío como para poder encontrar sitio, pero lo suficientemente lleno como para que no os dé vergüenza bailar. Un par de copas y aquella canción de hace unos años son el coctel infalible para haceros salir a bailar. La intensidad de la música va subiendo y, a cada minuto que pasa, vais perdiendo más consciencia de lo que os rodea. De pronto, vuestra canción. Un abrazo. Vueltas y más vueltas, deseando que nunca acabe este momento. Primera cita.<br/><br/>Le acompañas hasta la puerta de su casa. Te apoyas con mirada angelical en la puerta y le suplicas unos minutos más de conversación. En el horizonte, hace rato que el sol despuntó. "Tenemos que repetir lo de esta noche". Sí, ha estado genial. Os miráis a los ojos. Y la conversación se acaba. Porque ya no hay nada más que decir. Os acercáis. Escasos centímetros separan vuestras caras. Y, en ese momento, <i>vuestros labios se acercan de manera irremediable...</i><br/><br/><br/><b>Quizás una primera cita es lo que necesito para recuperar la ilusión...</b><br/><br/><i><b>Y, ¿vosotros? ¿Qué recuerdos guardáis de aquella primera cita tan especial?</b></i>]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[113. Perdido en la inmensidad, buscando tu puerto aún...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_117.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Es como una bofetada. Una bocanada de aire fresco después de haber salido de un túnel. Un vaso de agua cuando tienes sed. Como el despertador después de haber dormido profundamente. Exactamente la misma sensación.</i><br/><br/>Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos. Nos quejamos por pequeños detalles o manías cuando, en realidad, no son más que pequeñas imperfecciones sin importancia. No sabemos valorar lo que tanto nos ha costado conseguir y nos acomodamos en el conformismo, nos acostumbramos a su presencia y dejamos de luchar para mantenerlo.<br/><br/>Me estoy refiriendo a todo lo bueno que tenemos. Los amigos. La familia. Las comodidades del siglo XXI. Unos estudios. La seguridad (dentro de lo que cabe) de que no tendremos problemas para sobrevivir. La salud. No los valoramos suficientemente. No tenemos (porque escapa a nuestra mente o incluso porque no queremos) la suficiente perspectiva como para reconocer en cada uno de estos elementos la importancia que tiene en nuestra vida.<br/><br/>Hoy, como ya me ha pasado otras muchas veces, me he dado cuenta de la suerte que tengo. Y no lo digo por quedar bien. Ni tampoco lo digo en un arrebato de arrogancia. Aún sigo preguntándome que ha podido ver en mí, qué puede haberle hecho enamorarse de mí. Tampoco soy gran cosa. Tengo muchos defectos y manías. No soy una persona fácil. Y, sin embargo, ahí está.<br/><br/>Hoy he tenido esa sensación. He abierto los ojos y he pensado: <b>qué feliz soy a tu lado</b>.<br/><br/><b><i>Y, vosotros, ¿sabéis valorar lo que tenéis?</i></b><br/><br/>PD: Siéntate cómodamente. Mira atrás y encontrarás lo que buscas.]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[112. Abro mis alas, vuelo sobre un mar azul...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_116.htm]]></link><description><![CDATA[Quizás una de las canciones que mejor simbolizaría este momento de mi vida es "getaway", de Bryan Adams. Una canción sobre una huida de la realidad, hacia otro mundo alternativo, donde instalarse durante unos días, sin preocupaciones ni agobios, haciendo lo que de verdad te gusta sin que nadie te critique ni te pida explicaciones.<br/><br/>Sería prácticamente imposible resumir lo que han supuesto en mi vida estas últimas semanas... De vuelta en el pueblo, la situación no podría definirse mejor que con la palabra "surrealista". Por fin, tomé la decisión de decirles a mis padres que soy gay, conocieron a mi pareja, mis amigos de toda la vida también le conocieron... Y, sorprendentemente, todo fue mucho mejor de lo que me esperaba. Todo fue sobre ruedas. Extraño, ¿no?<br/><br/>Tras las vacaciones, todo vuelve a la normalidad. Clases, trabajos, estudio, tardes enteras trabajando. El ratón de biblioteca que hay dentro de mi de nuevo sale a la luz. Pero ahora todo es diferente. En cierto modo, ya no soy el mismo de hace unas semanas; mucho menos el de hace unos meses o tan solo un año.<br/><br/>Ayer por la tarde me lo comentaba una de mis mejores amigas. Me nota muy cambiado. Y, por primera vez, decir que he cambiado no implica connotaciones negativas. Ella ha notado que se me ve más seguro de mi mismo, sin ser arrogante ni egocéntrico. ¿Quizás haya recuperado la autoestima perdida? No lo sé. Al fin y al cabo, ¿quién soy yo para juzgarme a mí mismo? Pero, aún a riesgo de equivocarme y echarlo todo a perder, me da la sensación de que, por fin, he encontrado un cierto equilibrio. Estabilidad. ¿A largo plazo? El tiempo dirá.<br/><br/>De momento, lo que me queda por delante es unos cuantos días de descanso. De desconexión de la rutina. Lo necesitaba. Y pienso exprimirlo al máximo.<br/><br/>Londres. 4 días. Él y yo.<br/><br/><i>Getaway, you know it's now or never... Getaway</i><br/><i><br/><b>Y, vosotros, ¿cuál fue vuestro último "getaway"?</b></i><br/><br/>PD: Tengo pendiente un reto de <a href=http://blogs.chueca.com/proud>Xevi</a>. Lo responderé a la vuelta. ;)]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[111. Dispuesto siempre a alcanzar el sueño de mi inquietud...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_115.htm]]></link><description><![CDATA[Me sirvo una humeante taza de café recién hecho y, acompañado por su intenso sabor, me siento en aquella mecedora junto a la ventana. Los primeros rayos de sol me deslumbran, reflejándose en los cristales del edificio de enfrente. Una leve brisa mueve las pocas hojas que quedan en los árboles. Otro año más toca a su fin.<br/><br/>Y, repitiendo hasta la saciedad ese símil con el que comparaba mi vida con una serie de televisión, la verdad es que este final de año es prácticamente como el final de una temporada. Varias tramas que se cierran, personajes que dan por finalizado su papel en la historia... y también dos personajes nuevos que prometen dar mucho que hablar, y una escena final de ésas que te dejan con la intriga.<br/><br/>Curiosamente, la escena final no fue un beso bajo la lluvia, tal y como hubiera deseado, sino una conversación. Una conversación que se había hecho de rogar durante mucho tiempo. Palabras que, por fin, aclararon muchas dudas, que me hicieron entender el porqué de todos los movimientos de los protagonistas. Me di cuenta de que, sin haberlo deseado expresamente, había renunciado precisamente a lo que más daño me hubiera hecho. Tampoco llegué a pensar en ningún momento que me hubiera equivocado, pero siempre había tenido una ligera duda.<br/><br/>Como decía, una trama que se cierra... y otras nuevas que se abren. Estos últimos días he conocido a un par de personas que bien podrían llegar a adquirir un papel principal en la serie. Aún es pronto para afirmarlo, pero me da la sensación de que podrían llegar a cubrir una de mis principales carencias (que ya comentaré más adelante). Será cuestión de tiempo.<br/><br/>Así pues, el 2005 se cierra de una manera casi opuesta a como empezó. He vivido mucho más de lo que me esperaba, he sentido emociones que nunca habría imaginado, he aprendido y he madurado. No podría decir si ahora soy mejor o peor, si este año ha sido más o menos próspero que otro. Pero lo que sí que sé es que el 2005 ha sido especial, diferente... único.<br/><br/><b><i>Y, a vosotros, ¿qué tal os ha tratado este año que ahora acaba?</b></i><br/><br/>Independientemente de la respuesta, os deseo que el 2006 sea mucho mejor que el 2005, y que no os traiga más que felicidad, amor y, por qué no, también dinero (je, je...)]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[110. Desnudo el alma, solo ante la multitud...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_114.htm]]></link><description><![CDATA[De todos los momentos que he tenido a lo largo de estas últimas semanas para volver a pasarme por aquí, éste es seguramente el menos adecuado para hacerlo. Mañana (quien dice mañana dice dentro de 10 horas) tengo el que - dicen - es el examen más difícil de la carrera. Y me encuentro en un estado a medio camino entre el derrotismo y el exceso de confianza. Sé que cada minuto que siga escribiendo supondrá un poco menos de concentración mañana, pero, no sabría explicar bien por qué, siento la necesidad de escribir.<br/><br/>Hacía tiempo que no me sentía así. Supongo que las circunstancias que me han rodeado estas últimas semanas, para bien o para mal, no me han dado la inspiración necesaria para escribir. Y no porque no haya ocurrido nada, ni porque no haya evolucionado de la tristeza absoluta a la euforia en cuestión de días, pasando por toda una gama de matices. Simplemente me he dado cuenta eso que dicen de que, cuanto más 'emocionante' (por decirlo de alguna manera) es tu vida 'real', más abandonadas dejas tus 'extremidades virtuales'.<br/><br/>Pero, de vez en cuando, como esta noche, uno vuelve a sentir la necesidad de intentar desahogarse a través de unas cuantas palabras. Quizás no sirva de mucho, quizás el mensaje que quiero expresar nunca sea entendido (ni por mí mismo) pero sé que, en un minúsculo porcentaje de los casos, surte efecto. Y el mensaje se comprende, y llega a su destinatario.<br/><br/>La cuestión es que, después de un principio de curso bastante movido, con subidas y bajadas constantes, desde hace exactamente 40 días todo se ha estabilizado. Calma total. Estabilidad. Seguridad. Y no, no es un anuncio de un coche. Ni mucho menos un sueño (aunque podría parecerlo). Y que siga así por mucho tiempo. No me importaría en absoluto.<br/><br/>Entonces, ¿por qué escribo esto aquí? Pues simplemente porque hoy necesitaba apuntar lo que siento. No porque vaya a olvidarlo, sino porque, sencillamente, estoy orgulloso de ello y, en fin, de vez en cuando tampoco es tan malo presumir, ¿no?<br/><br/><i><b>¿En qué momento habéis necesitado escribir en vuestro blog?</b></i>]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[109. Parando el tiempo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_113.htm]]></link><description><![CDATA[Desde aquella atalaya, la vista era impresionante. Las luces de la ciudad se extendían por doquier, luchando por alumbrar la oscuridad de una noche de luna nueva, por hacer visibles las calles que, después de horas y horas de silencio casi total, esperaban impacientes que los más madrugadores caminaran por ellas. Las persianas se mantenían aún cerradas, como si mantuvieran una contienda contra el frío que reinaba en el ambiente.<br/><br/>Sentados en aquel banco de piedra, la pareja se abrazaba nerviosa, embutida en gruesos abrigos, con los labios cortados por el viento y las orejas medio congeladas. Se les notaba cansados después de tanta espera, de tanto frio y soledad en la inmensidad de la noche. Habían sufrido mucho, la vida no les había resultado fácil, sobre todo las últimas horas.<br/><br/>Una tras otra, todas sus ilusiones se habían desmoronado. Sus sueños se habían disuelto en el ácido que habían dejado escapar otras personas. La esperanza se había evaporado y, en lugar de ella, sólo quedaban las primeras gotas de rocío que, cual lágrimas, se comenzaban a acumular sobre la tierra yerma que les rodeaba.<br/><br/>Y nada parecía que fuera a mejorar... No había más que pesadumbre y pesimismo en sus rostros... Se les notaba tristes, cansados, apagados, melancólicos... Se sentían nostálgicos de una felicidad que nunca existió, del amor que nunca sintieron, de sentimientos que se borraron con el tiempo... Habían perdido toda esperanza...<br/><br/>De pronto, el primer rayo de sol alumbró la escena. Era un único rayo de sol. Tan solo uno. Pero fue suficiente para que levantaran la mirada. Y, mientras comenzaban a mirar a su alrededor, vino el segundo rayo de sol. Y el tercero. Y otro. Y otro más.<br/><br/>Casi sin darse cuenta, donde antes había oscuridad, ahora había luz. Donde antes había frio, ahora había calidez. Donde antes había soledad, ahora había compañía. Donde antes había pesimismo, ahora había esperanza...<br/><br/>El amanecer había llegado de forma inesperada y, con él, un nuevo día. Otras 24 horas más para luchar por sobrevivir, por seguir creciendo, por encontrar esos sentimientos olvidados. Una nueva oportunidad de ser feliz.<br/><br/>En ese instante, los dos dirigieron su mirada hacia el mismo sitio. Donde antes el rocío había dejado caer sus lágrimas, empezaba a brotar el tallo de una flor... Donde antes había tristeza, ahora había vida.<br/><br/><b>Dedicado a alguien especial. Ella sabe quién es.</b>]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item><item><title><![CDATA[100. Érase que se era... Ryan]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/ryan86/c_112.htm]]></link><description><![CDATA[Erasé que se era, en un extraño país que por aquellos entonces algunos conocían y pocos habitaban, llegó un apuesto príncipe con un destino fijado: Iba a ser El Rey Feliz de aquel lugar.<br/><br/>Como siempre pasa en estos casos, nuestro príncipe al llegar era un poco triste y algo melancólico. Si hubiese sido alegre su misión sería demasiado sencilla y nuestro cuento no tendría razón de ser. Pero también resultó ser sensible, comprometido con su tiempo, soñador, gentil aunque algo cabezota, bastante autocrítico... tanto que a veces prefería echarse piedras sobre su propio tejado antes que contra el de los demás. En definitiva, un buen merecedor del trono.<br/><br/>En los primeros tiempos de su estancia en su nueva región conoció a una <a href=http://blogs.ya.com/ryan86/200411.htm#19>princesa</a> que, aunque guapa y encantadora, tenía el don del Enredo. El don le había sido concedido cuando aún contaba días por un hada malvada y consistía en confundir totalmente a las personas que tenía a su lado. Cual fue la mala fortuna del joven que, al poco de frecuentarla, quedó prendado de sus encantos y, por supuesto, totalmente enredado. Estaba lleno de dudas, millones de preguntas sin respuesta, interrogantes que se amontonaban sin que una luz cayera sobre ellos. Ya no era fácil distinguir si eso que sentía era amor, cariño o incluso necesidad. Pero era un sentimiento fuerte a la par que confuso. <br/><br/>Este contratiempo no era lo único que frenaba al príncipe para completar su destino. Recién llegado ya pretendía sentirse parte de un lugar que no era el suyo puesto que, aunque el trono le pertenecía por legítimo derecho no se había educado entre los lindes de ese peculiar reino. Pretendía llegar ganarse a sus súbditos al instante sin ser consciente de que el pueblo necesita tiempo para conocer en profundidad a sus dirigentes y llegar a quererlos y guardarles lealtad con sinceridad. Entre sus más allegados consejeros se hizo con algunos que no resultaron ser tan leales como él pensaba. En realidad no eran malas personas, lo que ocurría es que estaba acostumbrado a sus antiguos compañeros de camino: gente que lo conocía desde su nacimiento o su infancia, con los que había crecido y compartido juegos y rabietas, ilusiones, sueños, promesas, decepciones... y quiso tener lo mismo con personas diferentes. Dio todo, como siempre había hecho hasta ahora, esperó recibir lo mismo, pero no fue así. <br/><br/>Un día decidió compartir todas sus dudas, todos sus pensamientos con algunos de sus ciudadanos y redactaba pregones que después mandaba colgar en la puerta de algunas catedrales. Todos los que los leían quedaban prendados de la forma de escribir que tenía su alteza, en ocasiones se leyeron frases tan geniales como “La vida es tan inestable y tan sorprendente que no vale la pena planificar nada. La juventud me corre por las venas, y no estoy dispuesto a dejar pasar la oportunidad de disfrutar de ella”.<br/><br/>La búsqueda de tal felicidad, acto que en muchas culturas se consideraba arriesgado, temerario y digno sólo de un rey, le llevó a olvidar otros asuntos y así, sin apenas darse cuenta, el hechizo de la princesa enredada se esfumó. Un día la miró a los ojos y ya no se sentía confuso. Pasó un tiempo en que lo que más sentía era nostalgia de todo, incluso de lo que dejó por vivir. Su problema era que tendía a ver lo que ya había pasado como algo mejor de lo que ya estaba pasando...<br/><br/>Muchos nobles y gente de la realeza comenzaron a hablar de esos pregones y muchos otros enviaban misivas a su majestad alabándolos. Pero el que más llamó la atención a nuestro protagonista fue un joven príncipe de un territorio cercano. Poco a poco en él descubrió un apoyo, alguien en quien confiar, lo que parecía un verdadero amigo. El cariño fue creciendo y dando paso a un sentimiento más intenso, un sentimiento que ninguno se esperaba pero que estaba ahí. Ese fiel amigo, de la noche a la mañana, se convirtió en su príncipe azul, que si bien no resultó al final todo lo azul que él pensaba, sí le enseño un mundo y una parte de sí mismo que no conocía y que jamás pensó tener. Mientras descubría y no el verdadero color del nuevo príncipe, éste le hizo recobrar la ilusión, dejar la nostalgia para regodearse en el presente y verlo como lo mejor que podía tener. También le ayudó a eliminar ciertos prejuicios que no se ven de la misma manera cuando los usas con los demás o cuando los usan contigo.<br/><br/>Parecía que todo iba en buen camino, su empresa estaba cada vez más cerca de ser completada, si seguía así en poco tiempo sería por fin coronado como Rey Feliz. Pero como hemos dicho, el príncipe al final no resultó todo lo azul que debiese y tan pronto como empezó, sin apenas tiempo para pensar, terminó esa historia que compartían.<br/><br/>Un corto tiempo de desánimo y pequeña oscuridad sobrevino a nuestro heredero seguido de otro de luces y sombras, un optimismo algo melancólico daba paso a un pesimismo esperanzado y así transcurrían los días. Puede que fuese su forma de redactar los pregones reales pero cada vez su pueblo lo veía más y más maduro, algunos pensaban que ya estaba preparado para ser El Rey Feliz, otros no y así se lo hicieron saber pero sería él quien tendría que decidirlo.<br/><br/>Se encontraba vacilante, no sabía que hacer, los sirvientes de palacio lo veían ir de un lado a otro pensativo. Todos sabían qué pensaba, estaba cavilando buscando la solución a un problema que le afligía desde hacía tiempo. De repente llamaron a la puerta y como paseaba justo al lado de ésta la abrió él mismo sin pararse a pensar en protocolos. Unos ojos llenos de ilusión lo miraban, no se habían visto antes pero sabía que esos ojos estaban dispuestos a andar el camino junto a él, de enseñarle y dejarse enseñar millones de cosas, de repente la voz que pertenecía a esos ojos dijo:<br/><br/>-&#9;Vengo buscando a El Rey Feliz ¿sería tan amable de anunciarme?<br/><br/>-&#9;No hará falta, soy yo. – contestó <i><b>El Rey Feliz</i></b><br/><br/><br/>Pero colorín colorado, este cuento... AÚN NO SE HA ACABADO!!!<br/><br/>Míriam (Eris) <br/><br/>Ceuta, 17 Noviembre 2005<br/><br/><br/><i>Este es mi pequeño (pero extenso) tributo a, en mi opinión y supongo que la compartiréis, uno de los mejores blogers que circulan por la red, y si no es el mejor, es el que tiene el corazón más grande, y si no... pos porque ha sido el único que me lo ha pedido. Siento si se ha retrasado un poco  pero ha sido a causa de unos problemillas técnicos ajenos a nuestra voluntad.<br/>He de reconocer que cuando se me planteó este reto me vi pequeña, insignificante para la magnitud del trabajo que se me proponía, porque somos pocos los privilegiados a los que nos ha dado oportunidad de ver lo inmensamente grande que es y la tremenda humanidad que alberga y no sé vosotros, pero yo me siento agradecida por ello. La verdad, también me vi un poco desbordada porque decidí que me releería el blog entero para escribirlo y “muxa tela eh?” aunque si soy sincera: he disfrutado como una enana, recordando, descubriendo cosas que antes no había leído o en las que no había reparado, recordando otras que empezaban a difuminarse... Ha sido genial, por eso espero que os hayáis divertido leyendo esta historia tanto como yo me he divertido escribiéndola.</i><br/>]]></description><author><![CDATA[Ryan]]></author></item></channel></rss>
