A MIS PIES
Sus grandes ojos, fijos en la acción que ejecutaba, destacaban sobre el marco pálido de su cara de nácar.
El pelo brillante caía en ondas sobre su pecho cerca de mis pies como en una escena extrañamente erótica de cierto pasaje evangélico.
Con devota atención acariciaba lentamente mis pies con sus manos enguantadas en látex, mientras rompía el silencio de la sala canturreando levemente desconocidas melodías semejantes al ronroneo de una gata.
Con la destreza que otorga la práctica cortaba finas láminas de piel muerta que aparecían transparentes bajo la fuerte luz de la lámpara articulada. La miraba en un tenso silencio cuando por mi mente pasaban inevitablemente escenas medico-eróticas potenciadas por el amenazante instrumental quirúrgico que tenía en una mesilla a mi izquierda.
Vi el destello de la hoja del bisturí. De pronto un dolor punzante me arrancó de mis fantasías y brotó un hilo de sangre en un dedo de mi pié derecho.
Maldita podóloga!!!
El pelo brillante caía en ondas sobre su pecho cerca de mis pies como en una escena extrañamente erótica de cierto pasaje evangélico.
Con devota atención acariciaba lentamente mis pies con sus manos enguantadas en látex, mientras rompía el silencio de la sala canturreando levemente desconocidas melodías semejantes al ronroneo de una gata.
Con la destreza que otorga la práctica cortaba finas láminas de piel muerta que aparecían transparentes bajo la fuerte luz de la lámpara articulada. La miraba en un tenso silencio cuando por mi mente pasaban inevitablemente escenas medico-eróticas potenciadas por el amenazante instrumental quirúrgico que tenía en una mesilla a mi izquierda.
Vi el destello de la hoja del bisturí. De pronto un dolor punzante me arrancó de mis fantasías y brotó un hilo de sangre en un dedo de mi pié derecho.
Maldita podóloga!!!
UN MUNDO FELIZ
-Creo que este fin de semana voy a pasarlo con Javier. Hace tiempo que no le veo y está un poco mal después de romper con Júlia.
-Muy bien, en ese caso aprovecharé para encerrarme en casa y concentrarme a ver si saco las malditas oposiciones.
-Hace mucho que no le has visto verdad?
-Por lo menos seis meses. Dale recuerdos.
-Erais muy amigos y os estáis distanciando.
-No, que va, lo que pasa es que con esta vida que llevamos no hay tiempo para nada.
-A ver como lo encuentro de moral...
-Contigo se le subirá seguro. Siempre le has gustado.
-Bueno digamos que nos tenemos simpatía.
-Más que simpatía, siempre me habla de lo bien que lo pasaba contigo. Está enamorado de ti como yo.
-En ese caso, tendré que repartir mi amor con los dos.
-Claro, aprovechad el fin de semana. A ver si volvéis a echar aquellos polvos antológicos del año pasado.
-Iremos a un hotelito con encanto frente al mar y en un ambiente tan propicio es muy probable...
seguro. Me siento muy bien con Javier, me contagia su humor, su alegría. Y me encanta su pasión cuando hacemos el amor. Vamos que me folla muy bien.
-Según me ha contado tiene un estilo distinto al mío.
-Si, es cierto. Me encanta pero solo por poco tiempo. Para el sexo de largo recorrido te prefiero a ti.
-Cuándo os vais el viernes por la tarde o el sábado por la mañana?
-Seguramente el viernes.
-Vale, pues me tocará a mi ir al super.
-Ya te compensaré...
-El próximo viernes vas tú a comprar.
-Vale.
-He quedado con Júlia para el próximo fin de semana.
LUZ DE MEDIA TARDE
Entraba una luz directa y limpia de media tarde en el salón. Junto a la ventana, el primer plano de tu rostro. La iluminación cruda dibujaba un contraste de luna en cuarto creciente en tu cara. Destellos de esmeralda acuosa surgían de tu ojo izquierdo al ser atravesado por el rayo de un Sol todavía alto sobre el perfil de suaves colinas que rodean la ciudad.
Sólo había silencio cuando el hiriente reflejo de tu pelo rubio enloquecía el fotómetro de mi cámara con un frenesí de lecturas erróneas. Bajé la persiana y la luz se hizo global, uniforme, sin contrastes. Entonces la captura de tu retrato se hizo fluida, tranquila, serena. Tus poses, se diría que de modelo profesional, iban trenzando una armónica danza de miradas ángulos, escorzos y perfiles.
Prodigiosamente la composición y el encuadre perfectos se plasmaban sin pensar en el visor. Yo giraba a tu alrededor con un solo ojo prolongación viva de la cámara, disparando, captando tu imagen para siempre hasta que te tumbaste en el sofá verde oscuro y empecé a fotografiar tu figura entera desde todos los ángulos posibles.
De allí caíste sobre la alfombra, levanté la falda de tu vestido negro y surgieron los muslos como columnas de mármol blanco envueltas por los pliegues de una tela delicada y sutil que cubría tu misterio.
Y pude plasmar tu soledad, tus noches de insomnio, tus deseos y temores, tu alegría y el regalo de tu existencia. En unas imágenes que actuando como magia blanca te guardaran por un tiempo, de todo mal.
Sólo había silencio cuando el hiriente reflejo de tu pelo rubio enloquecía el fotómetro de mi cámara con un frenesí de lecturas erróneas. Bajé la persiana y la luz se hizo global, uniforme, sin contrastes. Entonces la captura de tu retrato se hizo fluida, tranquila, serena. Tus poses, se diría que de modelo profesional, iban trenzando una armónica danza de miradas ángulos, escorzos y perfiles.
Prodigiosamente la composición y el encuadre perfectos se plasmaban sin pensar en el visor. Yo giraba a tu alrededor con un solo ojo prolongación viva de la cámara, disparando, captando tu imagen para siempre hasta que te tumbaste en el sofá verde oscuro y empecé a fotografiar tu figura entera desde todos los ángulos posibles.
De allí caíste sobre la alfombra, levanté la falda de tu vestido negro y surgieron los muslos como columnas de mármol blanco envueltas por los pliegues de una tela delicada y sutil que cubría tu misterio.
Y pude plasmar tu soledad, tus noches de insomnio, tus deseos y temores, tu alegría y el regalo de tu existencia. En unas imágenes que actuando como magia blanca te guardaran por un tiempo, de todo mal.





