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Ojos de perro azul
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EL HOMBRE ELEFANTE

De ella emanaba un magnetismo que derribaba todas mis defensas. Me quedé sin control, sin voluntad unos instantes. Era más que belleza, era una fuerza atractiva que tenía ante mí y entonces como en un acelerado flash back ....

...Volví a ser aquel niño de cinco años víctima de una extraña enfermedad que deformó mi cuerpo hasta límites patológicos, coincidiendo con mi ingreso en la escuela.

Observaba con desolación a todos mis compañeros, sus cuerpos ágiles, armónicos, perfectos. Esperaba que un rayo divino, me volviera como ellos y poder practicar deportes. Ir a clase de gimnasia sin que fuera una tortura y un escarnio. Saltar al potro sin derribarlo, colgarme de la cuerda y subir un par de metros. Correr sin que los demás me doblaran la carrera.

Por instinto de supervivencia, desarrollé ciertas artes que me ayudaban en aquella convivencia. Me volví irónico, sarcástico practicando un humor cruel en medio de todos aquellos chicos de vida normal. Mi carácter extremo caía bien en el grupo y me consideraron como a un monstruo simpático, de manera que fui aceptado y respetado por casi todos.

El colegio era mixto y conforme avanzaba nuestra edad, empezaban las tonterías entre ambos sexos. Veía como mis amigos empezaban a tontear con algunas niñas. Las escuchaba a ellas hablar con admiración de este o aquel, me pedían favores para llegar a través mío al guapo de la clase. Yo nunca estaba en la lista de posibles novietes. Para ellas yo era un amigo asexuado.

Volvieron las imágenes de mis compañeros que eran un poco más mayores, cuando se sentaban en la última fila del aula y mientras el profesor escribía en la pizarra se ponían de pié, sacaban sus genitales del pantalón y llamaban a las niñas de las filas de delante. La clase se removía en un rumor de pequeños gritos y risitas, hasta que el profesor se volvía hacia nosotros sin llegar a ver nada anormal. Yo quería ser uno de ellos, quería tener un cuerpo como ellos, jugar a escandalizar a las niñas de amplias y semi transparentes batas rosas y gozar de aquel extraño y nuevo poder.

Volví a ver la nebulosa de amargura en la que secretamente vivía en aquel entonces y como se desvaneció a los 14 años. En el transcurso de ocho meses, me sometí a un tratamiento médico con éxito. Llegó el rayo divino que me volvió normal. La sensación de felicidad al caminar por la calle, sintiéndome igual que los demás era inmensa, indescriptible. La reacción por parte de amigos y conocidos era de una admiración incrédula.

Recordé como empecé a darle la vuelta a las relaciones con las chicas. Ya no era un ser asexuado, poco a poco me fui comportando como cualquier otro chaval de mi edad a pesar de las secuelas de la infancia. Persistía sin embargo un sentimiento sordo de introversión, de continuar creyéndome alguien diferente al resto y mantenía un mundo interior de emociones y angustias que era incapaz de transmitir a nadie....


En el transcurso de los años, ya en la edad adulta aprendí las técnicas de relación con los demás, convirtiéndome en un actor más, como lo somos todos en este gran teatro. Descubrí que todos somos un conjunto de “freaks”, cada uno en su especialidad y hace ya mucho tiempo que me considero tan “normal” como los demás.

Pero hoy, ante esa desconocida, atractiva, arrolladora y encantadora , he vuelto a ser por un momento El Hombre Elefante.
 
EL AMOR DE LOS MUERTOS

-Teresa vino a verme en Semana Santa.

Escuché la frase como si viniera de otro mundo. Respondí tras unos segundos con una voz de teatral indiferencia.

-Ah si y eso, que raro...

-Vino a Barcelona y estuvo un par de días. Salimos a pasear, a comer, a visitar un poco la ciudad.

Un sinfín de imágenes viniéron de pronto, agolpándose en mi cabeza; las largas conversaciones, los besos, las caricias, las promesas, los paseos , los oscuros pubs, las habitaciones prestadas por los amigos. El amor urgente, la dulce felicidad de habernos conocido.

-Que extraño después de tanto tiempo...

-Nunca te lo he dicho, pero hace unos dos años que me llama en Navidad, me felicita las Fiestas y también en verano antes de las vacaciones.

No quería saber nada de Teresa y quería saberlo todo. Qué nos diríamos si nos viéramos frente a frente, si solo somos dos muertos. Porque nos morimos el uno para el otro, hace mucho tiempo. Fué una muerte súbita , como de accidente de tráfico.

Después de esa muerte me construí otra vida. He sido otro durante todo este tiempo como un polo opuesto de aquel que fui a su lado. Quién soy realmente el de antes o el de ahora? He vivido todos estos años negándome a mí mismo, o mi realidad es esta y lo vivido con Teresa fue una quimera?

-Tal vez intenta un acercamiento, como ahora hay tantos divorcios y como ella sigue soltera...

Advertí en esa afirmación una pequeña maldad solapada, algo maquiavélica, desconocida hasta ese momento, impropia de mi madre.

-Estuvo muy simpática conmigo y muy cariñosa.

Le respondí con alguna frase indiferente para zanjar el tema, mientras en mi interior se sucedían las preguntas que hubiera querido hacerle: Cómo está Teresa, qué aspecto tiene ahora, cómo es su voz ya borrada de mi memoria. Sigue llevando el pelo largo, qué se yo...

-Teresa era una soñadora, no entiendo como no rehizo su vida, como todo el mundo.

-Acabó su carrera y desde hace mucho trabaja dando clases a disminuidos psíquicos.

Una profesión ideal para ella, la ayuda a los demás, los casos desagradables y difíciles. Un trabajo que nadie quiere por miedo a caer en depresiones profundas.

-Tenía tendencia a ayudar a los demás, con una vocación casi religiosa.

-Te lo he contado ahora que estamos a solas, pero bueno olvídalo, no tiene mayor importancia.

Me despedí de mi madre. Me quedé unos instantes apoyado en el interior de la puerta
sintiéndome como un gusano al comparar mi vida con la de Teresa, fiel a sus ideales, integra, cabal. Mientras me veía a mí mismo como un cobarde que había renunciado a todos los sueños de juventud, reducido a ser solo un superviviente.

Me sobrepuse y alejé el fantasma de Teresa, quise creer que era solo eso, el fantasma de una muerta. Qué otra cosa puede ser alguien de quien no has sabido nada en 30 años.