OJOS DE PERRO AZUL
Estaba sentada en el fondo del bar, iluminada levemente por la vela de la mesa. Hilos de humo difuminaban su rostro, solo su mano blanca alrededor de la copa se veía nítida. Me encontraba ante ella como otras noches.
- Hoy tardaste en llegar.
- Me fui a dormir muy tarde. No empecé a soñar hasta ahora.
- Sabes que cada noche te espero en este mismo lugar.
- Pero yo no siempre sueño con este bar. Cuando no puedo llegar hasta aqui, pesadillas horribles me despiertan y todo se rompe.
- Me alegro que hoy estés aquí y como siempre que coincidimos, te contaré una vez más lo que tienes que recordar para encontrarnos en el mundo real.
Comenzó a contarme lo que hacía durante el día como lo había hecho las otras noches.
Al entrar en una tienda le decía al dependiente “Ojos de perro azul”. El hombre no entendía a qué se refería y le preguntaba si se encontraba bien.
En el restaurante en el momento antes de pedir, pronunciaba la frase ”Ojos de perro azul”. El camarero le hacía una leve reverencia y pasaba a anotar su pedido.
En las dependencias municipales en medio de una gestión con el funcionario, le decía “Ojos de perro azul” El pobre hombre pensaba que en su oficio de tratar con toda clase de público se daban esos momentos excéntricos de vez en cuando y como si nada, seguía con los trámites.
Y así todos los días, ella decía sin venir a cuento “Ojos de perro azul”, al hombre que suponía que se encontraba en sus sueños. Aún sin saber siquiera si ese hombre vivía en su misma ciudad.
Preso de una gran ansiedad, yo le aseguraba que al día siguiente escribiría en las paredes de las calles “Ojos de perro azul” hasta que ella lo leyera. Pondría anuncios en los periódicos con esa misma frase enigmática. Le diría lo mismo a alguna de las mujeres desconocidas que suponía encontrar en mi sueño, para así poder encontrarnos.
Con un gesto de infinito desconsuelo, ella me miró con sus ojos tristísimos, diciendo:
- Eso es imposible, eres el único hombre que nunca recuerda nada de lo que ha soñado.





