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TEACHER
Contesté a su anuncio donde decía ser un estricto profesor que daba clases muy particulares a alumnas con problemas de aprendizaje y ofrecía máxima atención y disciplina.

Le mande mi respuesta llena de faltas de ortografía. Me respondió con un correo donde me describía con detalle sus métodos de enseñanza y disciplina. Decía emplear castigos físicos: azotes en el trasero, pequeños látigos y una fusta con forma de corazón

Transcurrieron más de dos meses de correos y chats. Empleábamos un humor perturbador en todos ellos. Al principio él creía que yo era un hombre por mi forma de escribirle. Tuve que mandarle mi foto para convencerle, poco después quedamos en conocernos.

En la primera cita yo me presenté con coletas y sin apenas maquillaje. Un vestuario sencillo e informal. Quedamos en un bar normal, él estaba visiblemente nervioso, hacia esfuerzos por mantener la compostura. Conversamos con la normalidad forzada del primer encuentro real. Pronto llegamos al tema que tanto habíamos tratado, dominación-sumisión. Él insistía en su papel de profesor dominante. Era un hombre muy mental no le motivaba el sexo convencional. Le gustaba bucear en los rincones de la mente femenina. Por eso enseguida supe que sería mi juguete psicológico.

Mi programa para perturbarle pasaba por quedar en la segunda cita en un bar de barrio, lleno de humo, gente vociferando, hedor de carajillos, colillas y palillos por el suelo y mugrientas mesas de formica.
Tal como quedamos por teléfono, me presenté en ese escenario con mi chaquetón beige con cuello de piel blanco mis botas nuevas y una inverosímil minifalda sin nada debajo. Hablamos muy poco solo nos comunicamos con juegos de miradas. Pude ver en sus ojos una extraña excitación cuando observaba como me miraban aquellos patanes con el palillo colgando del labio. Salimos después de una hora en aquel sucio lugar y quedamos para vernos en mi casa. Donde tendría que impartirme su clase particular.

Hacia las seis de la tarde del sábado apareció mi profe por la puerta. Le ofrecí asiento en un extremo de la mesa del comedor. Yo iba vestida de acuerdo con la situación. Naturalmente de colegiala con mi camiseta ajustada, mi falda corta plisada de cuadros y mis calcetines blancos. Volví a hacerme coletas.

Para ambientar la situación le puse la película Secretary y me puse a hacer ejercicios en la mesa naturalmente llenos de faltas. Sacó su rotulador rojo y llenó mi página de correcciones, seguidamente me inclinó sobre sus rodillas y se dispuso a azotarme el trasero con su mano hasta dejarlo tan rojo como los ejercicios. Al tiempo que me insultaba con la voz quebrada diciendo que era la peor de sus alumnas voz. Sus ojos se pusieron vidriosos al oír mis quejidos de dolor . Sin duda estaba viviendo una experiencia única. Lo que había empezado como una broma a partir de su anuncio, ahora era real, era increíblemente cierto y él no daba crédito a lo que estaba ocurriendo.

Pero era yo la que dominaba, me senté en el sofá con las piernas abiertas y le ordené que bajara hasta mi sexo. Arrodillado ante mí suspiraba, gemía, pronunciaba palabras confusas mientras me lamía. Le agarré del cabello con mis manos mientras le decía: Qué pasa teacher? Realmente soy tu peor alumna...? Le apreté la cabeza contra mí con toda mi fuerza hasta que todo desapareció entre convulsiones de placer.

Le dije que se levantara y que se fuera inmediatamente. Le despedí sin un beso siquiera. Me llamó al móvil un par de veces esa misma noche. Al día siguiente le comuniqué que ya no necesitaba más sus clases y agradeciéndole su dedicación a través de un e-mail sin ninguna falta de ortografía.


 
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Avísame cuando aterrices...y date un respiro de vez en cuando. Besos.
 
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...dejo aqui la huella de mi paso al vuelo... sin tiempo casi ni para respirar.... un beso
 
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Gracias por visitarme desde el cálido sur. Besos desde el cálido norte.(Es por el cambio climático)

 
Comentario:
Que dominar da placer debe de ser cierto, porque si no, no se entendería que hubiera tanto famélico hambriento de poder. Obviando el tema sexual que aquí tratas, todos tenemos en mente alguna referencia cercana de alguien que disfruta ejerciendo su autoridad sobre los demás. El padre enfermizamente dominante, el profesor déspota, el jefe pagado de sí mismo... Y en política, ufffff, madre mía, ¿quién se libra en política? Alguno, desde luego, pero otros... están ahí sólo por el placer que les provoca mandar.

Yo no sirvo para política, ni para mandar, ni que me manden, ni, dicho sea de paso, para practicar determinados juegos eróticos. Como que nada de eso me pone... Tengo demasiado desarrollado el sentido de la equidad.

Besos desde el cálido sur.

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