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MUERTE EN LA AGENDA
A las 9 de la mañana una reunión comercial en una de las divisiones de un laboratorio de cosmética de prestigio internacional. Tenía una agenda realmente apretada aquel día, la reunión se prolongó una hora más de lo previsto y todo el programa de visitas importantísimas se vió alterado.

A las once debía entregar unas pruebas a mi cliente más importante y como tal el más exigente e implacable. Imperdonable llegar tarde, además dependía de la aprobación de esas pruebas, el inicio de la producción con un plazo de entrega inverosímil.

Tenía que recuperar como fuera algunos minutos del tiempo perdido, la solución inmediata tomar la vía más rápida para ir al otro extremo de la ciudad. De modo que entré en la Ronda Litoral, enseguida me encontré atrapado en un atasco descomunal de camiones y coches que avanzaban a paso de peatón en una hilera interminable de angustiosos conductores que como yo tenian prisa.

Tuve que recurrir a técnicas oídas a psicólogos para momentos de desesperación; pensé en la gestión de las emociones, en abstraerme de la realidad, en respiraciones profundas, en no pensar...

La cola poco a poco me fue llevando a uno de los largos túneles, en el panel luminoso el icono de accidente explicaba el motivo del atasco. Me aparté hacia el arcén para dejar paso a una ambulancia que aumentaba el strés con su aullido. Poco a poco iba acercándome al lugar del accidente. Un carril cortado, conos de señalización, las luces giratorias de vehículos de la guardia urbana, otra ambulancia y después sobre el asfalto un cuerpo tapado con una manta. La cabeza también cubierta, la inequívoca señal de la muerte.

En ese momento aumentó la velocidad de la caravana y pude ver por un instante los zapatos de tacón ancho sobresaliendo de un extremo de la manta. La agenda de aquella mujer tenía anotada con tinta invisible: A las 11h cita con la muerte. Una cita que anulaba a todas las demás para siempre, las prisas, los deseos, las obligaciones. Todo hecho pedazos en un instante sin vuelta atrás.

Poco después se restableció la velocidad normal de circulación. Durante breves minutos reflexioné sobre lo absurdo de la existencia, del modo que se hace en los entierros. Salí del túnel a las 11 y 15 minutos. Llegaría media hora tarde a mi importante cita con mi cliente más importante y me olvidaría de aquel cadáver aún caliente sobre el asfalto. Porque tengo que creer que a mí nunca me va a pasar algo así. De lo contrario la vida sería aún más insoportable.
 
Comentario:
Estoy totalmente de acuerdo contigo

Un saludo
 
Comentario:
Creo que eso es lo importante, llegar.

Tú llegaste tarde, pero llegaste, y es lo que realmente importa. Si la producción o el cliente tienen que esperar, pues que esperen no???

Un saludo
 
Comentario:
Uffffff...nunca se sabe donde nos sorprenderá la vida con sus avatares, ni donde ni cuando nos esperara el final, así que lo mejor es estar siempre preparado, tomando conciencia de nuestra propia fragilidad.
Un beso...
 
Comentario:
Mi lema es: "si algo puede pasar, pasará".

Por ejemplo, si dejas un vaso con agua demasiado cerca del borde, lo sabes, calibras los riesgos, y decides no obstante dejarlo como está... en los próximos 10 minutos tendrás que sacar la escoba y la fregona. Sabes que el más mínimo pisotón al freno puede enviar a tu hijo a atravesar el cristal del parabrisas y lo sabes, calibras riesgos, y decides que sólo son cien metros y no merece la pena... y al cabo de 10 minutos tienes un vacío donde antes tenías el corazón y los pulmones.

No hay que vivir obsesionado, y sin duda pensar que "a mí nunca me pasará" es un vestigio de nuestro instinto vital. Pero cambiarlo por "como me puede pasar, mejor tomo las precauciones que me salvarán si pasa", y una vez tomadas me relajo, ¿no viviríamos igual de felices y con menos riesgos? Y la verdad, que muchas veces cuesta lo mismo hacerlo bien que hacerlo mal.

(Un perito calígrafo, tras analizar mi firma, me ha dicho que soy muy protectora y muy perfeccionista...).

Besos desde el cálido sur.
No