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CONFESSIONS PARTY

El anticuario me llamó la semana pasada. Por fin le había llegado aquella pieza única, un mueble muy especial, prodigio de la ebanistería. Ilustraban el fróntis bajorelieves de Santos, coronados por una cruz de marquetería. Estaba compuesto por cinco clases de maderas nobles con predominio de la caoba. Tenía un asiento interior tapizado de terciopelo carmesí y el reclinatorio del mismo género, desgastado por el uso en otro tiempo. Tendría aproximadamente unos 300 años.

Me dispuse a elegir una ubicación adecuada en una sala preservada de la luz diurna, puesto que era imprescindible situarlo en penumbra, tan solo iluminado por una tenue luz indirecta o mediante candelabros. Tuve que encargar la confección de una cortinilla de tela negra que sustituyera la original apolillada por el tiempo.

Pasados unos días todo estaba dispuesto. Decoré la sala en consecuencia para acoger aquel mueble singular. Recorrí las pocas tiendas que aún quedan de ornamentos religiosos y me hice con diversos objetos de culto. De manera que mi sala ofrecía un aspecto muy parecido a una capilla doméstica como las que tenían en sus casas las antiguas buenas familias.

Conseguí una indumentaria sacerdotal con profusión de estolas y casullas de diferentes colores para las distintas épocas del año y demás parafernalia litúrgica. Por último quemé incienso en abundancia hasta crear una niebla densa y quieta que parecía mantenerse durante días en aquella estancia cerrada.

Telefoneé a Teresa. Le pedí que viniera cuanto antes para ver mi nueva adquisición y que se vistiera de viuda siciliana.

Oí como entraba en casa mientras la esperaba dentro del venerable mueble. Guiada por el fuerte olor a incienso pronto llegó a mi capilla y tras un instante de sorpresa e incertidumbre enseguida adivinó donde me hallaba y se arrodilló en el reclinatorio. La veía a mi derecha a pocos centímetros de mis ojos a través de la celosía con su velo negro y su cara pálida desdibujada por la penumbra.

Adoptó una actitud devota y comenzó a contarme todos sus pecados en voz baja; pecados de soberbia, de vanidad, pecados contra el sexto mandamiento, pecados contra ella misma...Mientras yo meditaba sobre la penitencia severa que le debía infligir para inaugurar como Dios manda mi magnífico Confesionario.

 
Comentario:
  Como era aquello..."Ave Maria Purisima"...
 
Comentario:
Genial, me ha encantado.

Un placer leerte.

Besos.

Claro que puedo orientarte si así lo deseas.
 
Comentario:
Me encanta que intentes redimir nuestros pecados, ¿te he dicho que soy viuda??? ;).
 
Comentario:
Ay...que pecadores somos, y que débil es la carne.....
Un beso...
No