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ACTO PIADOSO
Me despedí de mi padre como cada mañana cuando se iba al trabajo. Aquel mismo día por la tarde ingresó por su propio pié en el hospital. Cuando entraba en urgencias ya sobre la camilla, las últimas palabras que me dijo se referían al detalle de que llevaba puestas las lentillas y que los médicos lo tuvieran en cuenta.

A medianoche una doctora nos comunicó a mi madre y a mí que no habían podido evitar su muerte por infarto. No asistimos a sus últimos minutos de vida, la tecnología médica en su protocolo desplaza a los seres queridos del moribundo y éste no tiene ni siquiera la posibilidad de despedirse de los suyos, muere solo mientras tras la puerta quedan los familiares más allegados en una incertidumbre mezcla de miedo y esperanza, hasta que esa puerta se abre y una desconocida con bata blanca te dice que todo se acabó y el mundo se derrumba.

Primero aparece el dolor, el zarpazo de una realidad cruel para la que no nos han educado-nos hacen creer que la vida es eterna-. Después en tan solo unos instantes el hacerse a la idea de la nueva situación que no tiene retorno. El llanto horrible de mi madre y su desconsuelo absoluto.

Todo lo que vino después, se mezcla como en una pesadilla confusa: velatorio, entierro, (recuerdo que llovía), familiares y amigos que nos dieron sus condolencias y la cara de mi madre envejecida de la noche a la mañana, semioculta tras unas gafas negras.

Entonces yo tenía veinte años y mi juventud no estaba preparada para asimilar la muerte repentina de mi padre y el dolor sin consuelo de mi madre. Solo pensaba que el tiempo iría amortiguando la tragedia de aquellos días.

Pasaron unos meses y aún no habíamos tocado nada de sus cosas personales. Una tarde que me encontraba solo en casa, abrí los cajones de su mesilla de noche y revolví diversos objetos transportado por la tristeza, billetes de metro, un encendedor y un paquete de Ducados casi lleno, bolígrafos, un libro, un bloc de notas. En el último cajón bajo unos papeles encontré un librito con título en francés. Era un libro pornográfico con fotografías en blanco y negro. Aquellas imágenes de un erotismo arcaico y casi inocente, ahora harían reír a cualquier adolescente.

Me alegré de haberlo encontrado yo y no mi madre (Nunca sabré si ella conocía su existencia) y me dispuse a ocultarlo dentro de un sobre, en un acto piadoso para salvar un honor póstumo.

Recorrí varias calles hasta cambiar de barrio tiré el sobre a una papelera y en aquel instante con un nudo en la garganta volví a despedirme de mi padre con un guiño de simpatía y complicidad como nunca tuve con él en vida.




 
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En qué quedamos eras un impresentable o el hombre que describe La Verdadera????...jajjajaa. Canalla!!!
 
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He descubierto tu blog hoy. Seguiré leyendolo.
Un beso.
 
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Llegó la ambulancia.LLevaron a mi abuela al hospital porque había perdido la consciencia.
Yo siempre a su lado.

Dentro del box,le hicieron un electro y le pusieron la vía.Ni siquiera le encontraban la vena.

Hablamos mientras cogía mi brazo y me miraba como para conservarme eternamente en la retina.

Al ver mi agotamiento,me aconsejaron que descansara fuera un ratito.
Cuando me llamaron,ya había muerto.

Nunca me perdonaré no haber estado con ella hasta que se apagó su luz.
Porque me crié con ella,fué mi madre.

Tengo un cajón en mi despacho con sus cartas de amor,sus fotos de infancia y sus recuerdos...pero no puedo abrirlo,porque me ahogo en mis lágrimas...
(siento haber invadido de esta manera tu espacio,pero al leer tu posthe sentido la necesidad de contarlo...)
Un beso fuerte!!
 
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Me he sentido muy identificada con lo que dices, menos con la parte del librito, perdí a mi padre en las mismas circunstancias.

Un beso y gracias por el enlace.
 
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...yo lo hubiera guardado como una reliquia, y no dudo de que tu madre se habra preguntado donde habra ido a parar el librito, pero a veces el ímpetu de la juventud arrasa queriedo borrar toda huella de aquello que ahora, estoy segura te gustaría conservar...
Un beso...
 
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Estando como estaba en su mesilla de noche... oye, que los padres también tienen vida sexual, aunque ese es un extremo que nunca los hijos concebimos (observación para padres actuales --> hacer más ruido para que los peques nos oigan y comprendan nuestros goces con la mayor naturalidad, que más traumatiza enterarse a destiempo de la actividad desenfrenada que mantuvieron los abuelos). Digo yo que a lo mejor, un buen día, tu madre empieza a preguntarse dónde estará el librillo que ambos ojeaban...
 
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Seguramente tu madre lo sabría, creo que sí. Aunque esa complicidad te descubre tan tierno, pero es que precisamente siempre he creído que hay un mundo lleno de sentimientos muy intensos detrás de cada "canalla" y es eso lo que me atrae de vosotros.
 
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  Algo que me une con no pocas personas puede entenderse precisamente con la palabra complicidad. Creo que a mi tambien me hubiese gustado guardar ese recuerdo.
 
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Que triste, (yo que he pedido a mi padre a los 14 y no por haberse muerto precisamente)...pero..no te hubiese gustado guardarlo? mantener esa complicidad mas tiempo?...yo debo tener simdrome de "diogenes" soy incapaz de tirar nada con historia..
No