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LA PSICOLOGA
Era un luminoso día de mediados de julio, me acuerdo bien, en concreto un 19, lunes. A eso de la una del mediodía, me llama el jefe y me presenta sobre su mesa una carta casi sin mediar palabra. Inicio la lectura y para mi sorpresa se trataba de una carta de despido. Se adjuntaba a la carta la liquidación, lo que se llama el finiquito con su indemnización (algo menos de 3000 €) y un cheque. Todo eso lo intentaba asimilar en medio de la confusión del momento.

Cuando me veo en situaciones de extrema tensión provocadas por otros individuos, me vienen las imágenes de los héroes de Hollywood y su resolución de situaciones adversas a base de mamporros. Hubiera sido delicioso en aquel momento cegarme por la ira y destrozarle la cara a aquel desgraciado que estaba jodiendo mi vida. Pero claro, siempre acabo pensando que las consecuencias aún serían peores y que me caería todo el peso de la Ley sin ninguna duda y me condenarían a penas mucho peores que a un asesino en serie.

Para no aburrir al lector con detalles, solo diré que el despido era del todo improcedente y formaba parte de una operación empresarial para cerrar la empresa y abrir otra con otro nombre y nuevos socios que ya tenían su propio personal (Técnicas aprendidas sin duda en alguna Business School de prestigio internacional).

Por la tarde fui al abogado con la cartita a ver que me aconsejaba. El panorama era surrealista tenía dos opciones:
A) Aceptar la situación, cobrar el talón, inscribirme en la oficina de empleo para cobrar el “paro”.
B) Ir a juicio, donde podía ganar o perder y estar entre tres y seis meses sin cobrar nada. Si ganaba yo, la empresa me tendría que readmitir (Con qué ganas iba yo a volver alli...).

El letrado me aconsejó la opción A.

Contento de que la vida me sometiera a esa difícil prueba, ardía en deseos de luchar y demostrar al mundo mis habilidades en la resolución de conflictos. De manera que la primera prueba se me presentaba aquel mismo día por la tarde cuando al llegar a casa comuniqué la noticia a mi mujer y a mi hijo con la voz alta y clara: “Me han despedido!”.(Miradas de estupor y preocupación). Pero no os preocupéis encontraré trabajo enseguida ya que tengo la interesante edad de 49 años llenos de experiéncia y saber hacer.

Una extraña confianza en mi mismo, me empujaba hacia adelante. A la mañana siguiente visité la Oficina de Empleo. Allí me entrevistaron unos amables funcionarios que me solicitaron un curriculum y rellenar una serie de papeles. Preocupados por mi destino, trataban de orientarme y tranquilizarme. Uno de ellos al observar mi “caso terminal” me ofreció la posibilidad de ir una vez por semana a ver a un psicólogo (Es una profesión...) que visitaba en la sede de un sindicato.( Si no asistía a esas sesiones, me quitaban el subsidio de desempleo). Accedí con alegría a su propuesta. El primer día de visita me encontré con una psicóloga de extrema juventud, tal vez yo era su primer paciente. Me sentí muy reconfortado con sus consejos, pues me trataba como a un hijo minusválido. Ante su pregunta al final de la sesión:

“Tú te ves capaz de encontrar trabajo?”, le respondí:

“ No solo estoy seguro, sino que antes de un mes ya estaré de nuevo en activo, pues no hay mayor motivación que la necesidad. Estamos hablando de mi supervivencia”

Noté su expresión mezcla de sorpresa y escepticismo y me despedí con una amplia sonrisa , no sin antes llevarme unos ejercicios que me dio para hacer en casa. La semana siguiente tenía que presentarle un impecable y bien redactado curriculum coronado por mi mejor foto de carnet.

Entretanto, con una presencia de ánimo que rayaba en la euforia, me entregué al estimulante ejercicio de buscar trabajo. Era el campeón de la búsqueda en los anuncios de demandas de los periódicos, de los portales de trabajo en internet y de todos los posibles contactos que conocía. Cientos de mis curriculums circulaban por las oficinas de correos y por los circuitos electrónicos de la red. Iba todo el día de aquí para allá realizando decenas de entrevistas con mi mejor traje. Cuando me interrogaban acerca de cómo habia llegado a mi condición de parado, les explicaba con naturalidad mi despido, fruto de la lógica empresarial dejando en muy alto lugar la decisión de la compañía, consecuencia de una necesaria reestructuración de recursos humanos (¿?). No conviene criticar a otras empresas durante las entrevistas, si en cambio mostrarse afín a los intereses empresariales. Vendí mis “cualidades” lo mejor que pude, desplegando unas dotes de actor desconocidas por mi hasta ese momento, consiguiendo convencer a mis entrevistadores.

En la cuarta visita a mi novicia psicóloga , la abracé nada más entrar. Ella, extrañada por mis efusiones me preguntó qué me ocurría . Le dije que gracias a sus consejos ya tenía trabajo y que sin su ayuda seguramente me encontraría ahora vagando por las calles en horario laboral , sentándome en los bancos de las plazas a tomar el sol con esa vergüenza huidiza de los parados. Noté un brillo de agradecimiento en sus ojos y su satisfacción por el deber cumplido. En aquel momento se desmoronó su arquitectura profesional y me felicitó con toda su sinceridad de animal joven.

Me alejé de allí con la dicha de haber hecho mi buena obra del día.

 
Comentario:
Estupenda tu reaacción. Enhorabuena. jjejejeje
 
Comentario:
Qué fácil es alegrarle el día a cualquiera. Basta esa palmadita en la espalda emocional para que nos hagan sentir contentos en nuestro trabajo. Es el mismo principio que debemos usar al educar a los niños, hacerles ver que son capaces, aliento aunque no lo estén haciendo muy bien (esto también es válido para que los maridos hagan las tareas del hogar: "ohhh, cariño, qué bien lo haces, sigue así!!!"). No sólo lo necesitan los niños, está claro. ¿O es que, a lo mejor, todos somos un poco niños en ese sentido?

 
Comentario:
Creo que la ayudaste más a ella de lo que ella pudo hacer contigo...y eso está muy bien señor contradictorio.
 
Comentario:
Pues yo hubiese peleao...jolin !! una vez despedi a una promotora por robar y me llevo a los tribunales...con la mala fortuna que en recursos humanos habian ..."redactado mal la carta de despido"..segun el juez y no admitio mis argumentos (ni siquiera los vio ..grrrr) asi que ....le pagamos 2.000.000 de pelas (que fue en el 2000)de indemnizacion y no volvio a la empresa ..por que sabia que yo...la MATARIAAAAAA ....grrrrrrrrrrr
Asi que despues de esa experiencia si me despiden algun dia...a pelearrrrrr.
Haber si me toca un psicologo "mono" y le abrazo yo tambien ...por eso de hacer buenas obras.. ¿quien a quien?
 
Comentario:
  Como si lo viera, al final está claro que merecías incluso haber ejercido de psicólogo, pero no digo con ello que tuvieras que quitarle el puesto a ese petitsui.
  Lo de los abrazos efusivos...¿Estaba buena, verdad?
Saludos
No