CASA RURAL
Aparcamos el coche a medio kilómetro de la aldea, allí terminaba una carretera estrecha de tierra. La señora de la casa , una anciana de unos ochenta años nos esperaba con una burra en la que cargamos el equipaje. La luz eléctrica llegó al lugar hacía solo dos años. La compañía telefónica nunca hizo el tendido de cables por falta de rentabilidad. El servicio telefónico funcionaba ahora mediante antenas y repetidores cuando las tormentas lo permitían.
Conforme ascendíamos por el camino hacia la aldea, penetrábamos en un mundo vegetal, espeso, húmedo, nórdico. Sobre el valle se desgajaban mechones de niebla, componiendo un paisaje verde y gris. Era una tierra de brujas y gnomos, de árboles milenarios de troncos antropomórficos que nos observaban al pasar.
El atardecer cayó de golpe tras los montes y se hizo de noche muy deprisa. Un grupo de viejos nos saludó al llegar en un idioma desconocido, sus miradas fijas en nosotros indicaban algo más que una vida de labriegos, anunciaban una vida secreta, inquietante y desconocida. El más joven tendría setenta años.
Entramos en la casa de piedra, madera y pizarra. Teníamos reservada una parte, independiente de la vivienda de la vieja. Nos instalamos y preparó algo de cenar, en una pequeña sala junto a la habitación.
A la mañana siguiente, Ana se quedó por los alrededores, mientras yo cogí un camino que se internaba en una selva cerrada de ramas y zarzas. Me abría paso a golpes de bastón hasta que llegué al río cerrado por una cúpula de vegetación que ocultaba la luz del día, caminaba sobre piedras verdes de musgo en medio de un microclima húmedo y sonoro. Recorría aquel espacio como huyendo de mi realidad. El sudor se me enfrió al instante. Allí estaba Carlos, venía hacia mi con una mochila al hombro, al acercarme desapareció.
Volví a la aldea. Entré en el cuarto y encontré en la cama a Carlos junto a Ana, ambos tumbados sin tocarse como mirando los grupos de telarañas pegadas a las vigas negras del techo.
Me incliné sobre su cara diciéndole: Ana es mi mujer, Carlos. No puedo compartirla más contigo.
Él me miraba impávido, toqué su cuerpo, tenía un tacto de lagarto. Ana asistía a la escena con actitud neutra, luego se marchó. Me senté a los pies de la cama. Carlos se levantó, se puso de rodillas tras de mí y me abrazó por detrás sin decirme nada. Le insistí una vez más que la dejara.
Afuera estalló un trueno y empezó un golpeteo de gruesas gotas de esa lluvia torrencial de las tardes de verano en las montañas. A los cinco minutos cesó y la silueta negra de la vieja se recortó en la puerta, me llamó apresuradamente como para mostrarme algo con urgencia. Me condujo hasta la parte de atrás de la casa que daba a una era. Desde el balcón corredero vi una escena de pesadilla. Un grupo de una docena de ovejas esquiladas mostraban su desnudez gris, caminaban sobre las patas de atrás como bípedos, estaban decapitadas y sobre los hombros (si es admisible hombro para una oveja) sostenían cada una a su cría. Se giró de pronto un viento localizado solo en aquel escenario, al tiempo que me llegaba de atrás un canto gregoriano de voces mixtas, las voces de los pocos habitantes de la aldea, todos reunidos. En medio de mi estupor pensé en buscar la cámara para demostrar que todo aquello no era un sueño, pero permanecí inmóvil clavado en el suelo hasta que las ovejas desaparecieron.
Los viejos se retiraron para volver enseguida acompañados de sus animales sagrados, ornamentados con guarniciones de piel repujada y metal como presentándose a una feria de ganado de otro mundo. Me hablaban en su idioma ininteligible, mientras me miraban con ojos bovinos y venían hacia mí.
Acabo de despertarme de esta pesadilla, son las cuatro de la madrugada. He venido directamente al ordenador para escribir antes de olvidarla, los sueños se borran muy deprisa.
Mañana me desharé de Carlos.
Conforme ascendíamos por el camino hacia la aldea, penetrábamos en un mundo vegetal, espeso, húmedo, nórdico. Sobre el valle se desgajaban mechones de niebla, componiendo un paisaje verde y gris. Era una tierra de brujas y gnomos, de árboles milenarios de troncos antropomórficos que nos observaban al pasar.
El atardecer cayó de golpe tras los montes y se hizo de noche muy deprisa. Un grupo de viejos nos saludó al llegar en un idioma desconocido, sus miradas fijas en nosotros indicaban algo más que una vida de labriegos, anunciaban una vida secreta, inquietante y desconocida. El más joven tendría setenta años.
Entramos en la casa de piedra, madera y pizarra. Teníamos reservada una parte, independiente de la vivienda de la vieja. Nos instalamos y preparó algo de cenar, en una pequeña sala junto a la habitación.
A la mañana siguiente, Ana se quedó por los alrededores, mientras yo cogí un camino que se internaba en una selva cerrada de ramas y zarzas. Me abría paso a golpes de bastón hasta que llegué al río cerrado por una cúpula de vegetación que ocultaba la luz del día, caminaba sobre piedras verdes de musgo en medio de un microclima húmedo y sonoro. Recorría aquel espacio como huyendo de mi realidad. El sudor se me enfrió al instante. Allí estaba Carlos, venía hacia mi con una mochila al hombro, al acercarme desapareció.
Volví a la aldea. Entré en el cuarto y encontré en la cama a Carlos junto a Ana, ambos tumbados sin tocarse como mirando los grupos de telarañas pegadas a las vigas negras del techo.
Me incliné sobre su cara diciéndole: Ana es mi mujer, Carlos. No puedo compartirla más contigo.
Él me miraba impávido, toqué su cuerpo, tenía un tacto de lagarto. Ana asistía a la escena con actitud neutra, luego se marchó. Me senté a los pies de la cama. Carlos se levantó, se puso de rodillas tras de mí y me abrazó por detrás sin decirme nada. Le insistí una vez más que la dejara.
Afuera estalló un trueno y empezó un golpeteo de gruesas gotas de esa lluvia torrencial de las tardes de verano en las montañas. A los cinco minutos cesó y la silueta negra de la vieja se recortó en la puerta, me llamó apresuradamente como para mostrarme algo con urgencia. Me condujo hasta la parte de atrás de la casa que daba a una era. Desde el balcón corredero vi una escena de pesadilla. Un grupo de una docena de ovejas esquiladas mostraban su desnudez gris, caminaban sobre las patas de atrás como bípedos, estaban decapitadas y sobre los hombros (si es admisible hombro para una oveja) sostenían cada una a su cría. Se giró de pronto un viento localizado solo en aquel escenario, al tiempo que me llegaba de atrás un canto gregoriano de voces mixtas, las voces de los pocos habitantes de la aldea, todos reunidos. En medio de mi estupor pensé en buscar la cámara para demostrar que todo aquello no era un sueño, pero permanecí inmóvil clavado en el suelo hasta que las ovejas desaparecieron.
Los viejos se retiraron para volver enseguida acompañados de sus animales sagrados, ornamentados con guarniciones de piel repujada y metal como presentándose a una feria de ganado de otro mundo. Me hablaban en su idioma ininteligible, mientras me miraban con ojos bovinos y venían hacia mí.
Acabo de despertarme de esta pesadilla, son las cuatro de la madrugada. He venido directamente al ordenador para escribir antes de olvidarla, los sueños se borran muy deprisa.
Mañana me desharé de Carlos.
Comentario:
pues sí...mata a Carlos...
Saludos
Saludos
Comentario:
Menos mal que no me voy de turismo rural... pffff... ¡Qué grima de pesadilla!
Ahora me asombra como eres capaz de recordarlo todo con tanto detalle. Y es que yo, últimamente, ni tan siquiera recuerdo sobre qué he soñado.
Besos
Ahora me asombra como eres capaz de recordarlo todo con tanto detalle. Y es que yo, últimamente, ni tan siquiera recuerdo sobre qué he soñado.
Besos
Comentario:
Yo tambien soñe con la burra, soñé que me la estaba follando y su pareja, o sea el burro, me folló a mi en venganza, joder tio, la parte mas divina del sueño era la del burro metiendome su macana.
Rico verdad, lamento haberme despertado.
Rico verdad, lamento haberme despertado.
Comentario:
Pues lo siento por ti. Yo esta noche he soñado con tres bellas sirenas qe venían a buscarme a la playa para tomar unos mojitos mientras me susurraban.... Hay perdón, que este es mi sueño y este espacio el lugar de tus historias, no las mias. ¡Me quiero volver a dormir!Saludos.
Comentario:
!qué miedo! he pasado miedo de verdad eh?...lo de la cabra...es un tanto demoníaco...aunque las tuyas eran ovejas demoníacas jejeje. Muy bien escrito sí señor. Placer leerle....qué miedo joer...
Comentario:
No comas aceitunas negras de noche que dan pesadillas...
Yo siempre digo que las casas rurales no son buenas...donde esté un hotel...qué modas.
Comentario:
Hombre lo que tienes que hacer no es deshacerte de Carlos sino presentarle a Carlos a una bella mujer para que se entretenga. Lo mismo ya está casado o no?.
Comentario:
Qué sueño más retorcido. ¿Qué diría Freud?
Comentario:
Deshazte ya de Carlos, eso es lo que importa...
Besos
Besos
Comentario:
Deshazte ya de Carlos, eso es lo que importa...
Besos
Besos
Comentario:
¿Qué cenaste? :-P
Besos
Besos
Comentario:
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. (dios!! mata al carlos ese yaaaaa)
Y el paisaje parece de la Asturias mas profunda (mi tierra, solo que yo soy de costa, jejejeje)
Un beso y mejores sueños para las proximas noches.
Y el paisaje parece de la Asturias mas profunda (mi tierra, solo que yo soy de costa, jejejeje)
Un beso y mejores sueños para las proximas noches.
Comentario:
Me has quitao las ganas de irme este verano de turismo rural... con lo bien que se está en la playa :D
Una vez, de pequeña, soñé que entraba en el cuarto de baño y me encontraba con la cabeza de mi hermano, seccionada como un busto (con los hombros), sobre el suelo. Se giró para mirarme y me habló. Estaba muerto. Mi madre me explicó que cuando sueñas con gente cercana que muere es que los quieres mucho. Ciertamente, siempre hemos estado muy unidos. Gracias a esa explicación, se evitó un ataque de miedo a dormir.
Pero a lo de las ovejas... no estáis muy unidos, ¿verdad? Habrá que buscar otra explicación locuaz.
Besotes.
Una vez, de pequeña, soñé que entraba en el cuarto de baño y me encontraba con la cabeza de mi hermano, seccionada como un busto (con los hombros), sobre el suelo. Se giró para mirarme y me habló. Estaba muerto. Mi madre me explicó que cuando sueñas con gente cercana que muere es que los quieres mucho. Ciertamente, siempre hemos estado muy unidos. Gracias a esa explicación, se evitó un ataque de miedo a dormir.
Pero a lo de las ovejas... no estáis muy unidos, ¿verdad? Habrá que buscar otra explicación locuaz.
Besotes.
Comentario:
ufffffff ...menuda pesadilla!...anda tomate un vasito de leche templada que te ayude a conciliar un suelo más agradable.
Buenas noches... un beso
Buenas noches... un beso





