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ALEGRIA DEL CONSUMIDOR
Veía sus rostros agazapados tras las filas de producto con expresión ansiosa por saber por cual de ellos me decidiría. Jugaba un poco con sus sentimientos mostrándome indeciso en mi elección y a veces en el colmo de mi maldad, me alejaba de allí sin coger ninguno. De reojo veía sus caras decepcionadas, hasta compungidas. (Era el equipo de profesionales esforzados en proporcionarme esa enorme diversidad de productos; la directora de marketing, el jefe de producto, los que investigan en el laboratorio, el director de distribución y tantos otros empeñados en procurarme felicidad. Estaba profundamente agradecido a todos ellos).

Pero más tarde volvía y de nuevo la expectación y la ilusión por la venta los iluminaba. Entonces llenaba mi carro con un ejemplar de cada gama, solo por verlos felices; Yogur original, desnatado, con sabor a frutas, con trocitos de fruta, Vitalinea, Activia y demás variantes que no puedo recordar Una vez en casa no daba abasto para consumir tales cantidades. De manera que me llevaba casi todo aquel material a la oficina y lo regalaba a mis compañeras.

Era fácil localizarlas en aquella extensión de mesas, solo tenía que fijarme en las botellas de agua mineral de litro y medio que emergían de sus escritorios como balizas que indicaban la presencia femenina. Con alegría repartía todos los yogures por supuesto desnatados, entre todas ellas. Calculaba la hora crítica de su consumo, aproximadamente a las doce del mediodía y me movía feliz entre ellas, recibiendo su sincero agradecimiento.

Por la noche frente al televisor, con el mando del video preparado y mi bloc de notas, esperaba el corte publicitario no para salir huyendo hacia la cocina o el baño como hace todo el mundo, sino para documentarme de las novedades de consumo, los nuevos productos, de alimentación (tal vez una nueva creación dentro del mundo de los derivados lácteos), de higiene personal, de limpieza del hogar, etc.

Por la mañana de nuevo en la oficina, a la hora del café comentaba animadamente con mis compañeras las virtudes de tantos y tantos productos que todos consumíamos. Debo admitir que a pesar de mis esfuerzos por estar al corriente de todo, siempre me sorprendía alguna chica que en aquel momento se tomaba alguna variante de yogur liquido con propiedades anticolesterol que yo desconocía. En ese caso me apresuraba a anotar la referencia del producto para engrosar mi archivo personal, no sin antes felicitarla por sus dotes descubridoras.

A dos de las chicas que tenía más confianza, les conté lo de las caritas de los profesionales responsables que se ocultaban tras los productos. Con gran alegría ellas me confesaron lo mismo pero en su caso las veían en las estanterías de los productos de belleza e higiene intima. Establecimos una gran complicidad a partir de aquel momento y como no podía ser de otra manera quedamos que a partir de entonces iríamos de compras los tres todos los sábados por la tarde.

Fue el inicio de una gran amistad. Comprábamos los tres juntos, nos aconsejábamos sobre este o aquel producto, nuestra curiosidad por las novedades lesionaba nuestra economía pero que diablos! nos lo pasábamos tan bien ...A veces por alargar un poco más nuestra mutua compañía entrábamos en el multicine del Centro Comercial o íbamos a tomar algo a la cafetería.

Nuestra afición por los Centros Comerciales, se fue multiplicando. Ya no nos conformábamos con ir al de siempre, sino que nos gustaba explorar y acabamos visitando todos los que rodeaban la ciudad. Elaboramos un estudio de precios comparativos de todos ellos, así como de disponibilidad de productos. Llegamos a ser verdaderos expertos. Los directivos de todos los Centros ya nos conocían y nos ofrecían toda clase de descuentos y ventajosas tarjetas-cliente. Nos consultaban sobre la ubicación correcta de los productos y escuchaban nuestras opiniones sin dejar de tomar notas.

Así transcurrían aquellas tardes memorables y felices que ahora recuerdo con nostalgia.
Naturalmente nuestra economía quedó herida de muerte. Agotamos el crédito de todas las tarjetas-cliente. Hace unos días que los guardias jurados nos prohibieron la entrada.

Sumidos en una profunda depresión, hemos decidido que la vida sin compras no tiene sentido. Hoy nos hemos tomado los tres de la mano, en silencio. De esta forma nos infundimos el valor necesario para inmolarnos el próximo sábado en IKEA.


 
Comentario:
jajajajaja..... que horrooooorrr!!!
por eso no voy a IKEA... por si alguien se inmola.... jajaja

Besitos
 
Comentario:
Vaya, con lo poco consumista que soy yo. Voy al Centro Comercial... de paseo. Lo tengo al lado de casa y no veas lo fresquito que se está en verano :D

No soy una gran compradora y en la compra de alimentos paso bastante de los productos de marca y me voy a por las marcas del super en cuestión. Paso también de esas tonterías de desnatados, leche con calcio(menuda memez), con omega o leche de soja, yogures con bio y todas esas tonterías que se están sacando de la manga. O sea, sería una compañía fatal para esas excursiones consumistas y las caritas estarían siempre muy tristes :D

Besos
 
Comentario:
Yo soy asidua a los centros comerciales, pero por ver las tiendas, dejar que el niño pase dos horas probando todas las bicis y patinetes y casitas del toisarás, una ojeada a los tornillos del leroymerlín... algo siempre cae, pero poco. Y no entro al hipermercado, para eso ya tengo el súper de la esquina de mi casa. Sólo una vez superé el límite de la tarjeta de crédito, pero porque se me juntó con la revisión del coche con cambio de neumáticos incluido.

En fin, no caigas en la tentación de los timo-préstamos-ipso-facto, que creo que son muy lúdicos...

Besotes.
 
Comentario:
Pues fijate tu que a mi lo del consumismo nunca me ha ido demasiado, solo lo justito y necesario, y esos macro-centros-comerciales más bien me agobian, me desconcentran y acaban haciendo salir mi mal humor.
No obstante tomo nota de tus conocimientos y cuando precise de alguna compra, te pedire consejo para q me dirijas al mejor puesto de venta.
Un beso.
No