logotipo

img_google
RE: Sin Asunto
Sindicación
 
Quítame esta mierda del pito
Lo dicho, esta es la segunda parte de mi pequeña experiencia en el hospital. Se titula: Quítame esta mierda del pito.

Una vez la malagueña me hizo las preguntas pertinentes me dormí. Al despertarme volví a dormirme, y así unas 14 horas. Cada hora aparecía un(a) enfermero/a dispuesto a despertarme.

-Ryoooo, ¡vamos!

-Si, si. Estoy despierto-. Y me dormía de nuevo.

Una vez recupere todo el sueño perdido durante las ultimas horas me di cuenta de que tenia que ir al baño. Recordé lo que tenia entre las piernas y lo analice. Dios, ¿esto que es? Un tubo salía directamente de mi entrepierna hasta una especie de bolsa de plástico que colgaba del lateral de la cama.

-¡Enfermera! ¡Enfermera!...- joder Ryo, para que esta el botoncito.



-Hola Ryo, ¿te encuentras mejor?

-Mas o menos, pero solo quiero que me quiten esto.

-¿El que?

-Lo que tengo en el pito.

-¡Ah! Se llama sonda.

-Lo que sea, ¿Cuándo me la van a quitar?

-Eso es cosa del medico.


Mierda, pensé. ‘¿Cosa del medico?’ Pues estamos listos. Por lo que he aprendido viendo la televisión los médicos aparecen a media mañana. ¿Qué hora era? Joder, las 14:30. Supuse que llevaría la sonda hasta el día siguiente, pero no quise rendirme. Unas 4 horas después aparece un enfermero.

-Holah, soy alenfermaro, vengaponertse el suero.

-Joder, cuantos andaluces aquí ¿no?

-Si, soy dah Córdoba.

…(me cambio el suero)…

-Y ¿Cuándo me van a quitar esta mierda del pito?

-Pozezo eh cosa ‘el meíco.

-¿Y cuando viene?

-Ya tatienej qaspará hasta mañá

Joder, hasta mañana. Una putada en toda regla. Voy a estar meando por un tubo hasta mañana. Mi vida es una mierda. Hola, me llamo Ryo, tengo 19 años, estoy meando por un tubo y quiero ser reina del carnaval. Menos mal que la malagueña aparecía cada pocas horas, alegrándome la vista y los oídos. Estuve aburriéndome unas horas mas, leyendo todo tipo de revistas que llegaban a mis garras. Autopista, Autovía, Muy Interesante, CNR, F1 Racing…por leer ya leía hasta el periódico (horas después acabe leyendo los suplementos que vienen con el periódico). Y de pronto aparecen dos hombres, bajitos y canosos, vestidos con bata blanca. Uf, por fin, estos seguros que no son enfermeros. El mas decidido de los dos fue el que hablo.

-Hola Ryo, somos de la unidad de dolor ¿Cómo te encuentras?

Vaya, pensé. ¿Soy un enfermo terminal? ¿La supuesta doctora Acosta (que por cierto, estaba embarazada) era una cirujana novata? ¿Habría echo algo que no debía, y estos vienen a hacerme un seguimiento especial?

-Pues me encuentro bien, dentro de lo que cabe. No puedo reírme, toser ni estornudar. Tengo completamente inutilizados los músculos del abdomen. Y esta sonda me esta matando ¿Cuándo me la quitaran?

-Pues imagino que mañana por la mañana podrán quitártela. Adiós.


Que hombre más frió. Gracias amigo. Cuando salga de aquí estas invitado a una cerveza. Y la Doctora Acosta también. Por destrozarme la barriga. Entonces recordé sus palabras. ‘No te preocupes, te vamos a hacer una paroscopia. Es mucho menos agresivo que la incisión a la que sometíamos a los pacientes hace años para extraer el apéndice. Te explico, te haremos tres pequeñas incisiones. Introduciremos una cámara, para poder localizar el apéndice. Por el segundo agujero te hincharemos la barriga con aire para separar el estomago de las paredes internas, y por el tercero te extraeremos el apéndice succionando con un tubo. Además, el impacto físico es mucho menor, ya que solo te daremos 1 punto en cada incisión para cerrarlas de nuevo’.

Que bien sonaba todo aquello la mañana del martes. Pero estamos a miércoles por la noche, meo por un tubo, tengo tres cicatrices del tamaño de una moneda de 2 euros con seis grapas cada una, mis músculos abdominales están inutilizados y…DIOS, ¿Qué es esto? ¡No tengo pelo! ¡Me han afeitado el torso!... y ¡las ingles!


Al día siguiente me quitaron la sonda, sin comentarios. Pude levantarme solo, sentarme, y caminar un poco. La malagueña desapreció para siempre, pero llego Isabel, con calcetines rosas estampados con vacas. No era tan guapa, pero me valía. Dos días más tarde salí, mintiendo sobre mi estado.

-Me siento bastante bien. Mucho mejor. Puedo levantarme casi sin dolor [demostración práctica. Lloraba por dentro]

-Aja, ¿esto te duele? [Empezó a tocarme la barriga]

-Que va, estoy bien. [Seguía llorando por dentro]

-Pues entonces ya te vas a ir a casa.

-Aja [intenta parecer indiferente Ryo]

-Una ultima cosa. No conduzcas en al menos una semana, y no puedes hacer deporte hasta dentro de un mes.


¡Oh fuck!
 
Ron con Coca-Cola
Ayer volví del hospital tras pasar allí cinco días asquerosamente insulsos. El hospital es el peor sitio para matar el tiempo...

Pero bueno, no estuve precisamente matando el tiempo, sino recuperándome de la operación de apendicitis a la que fui sometido en contra de mi voluntad;

"Sea un problema de apéndice o no, saldrás de aquí sin el" - Doctora Asunción Acosta

He dividido el periodo en 2 fases, 'Ron con Coca-Cola' y 'Quítame esta mierda del pito'. Hoy toca el Ron.


Llegaba uno a las 00:25 en su Ford Fiesta sin dirección asistida a su casa, tras ver 'Mr. & Mrs. Smith'...y salía uno a las 03:40 en un Peugeot 307 con dirección asistida hacia urgencias. Tras urgencias, el hospital. Unas 247 horas después de ingresar aparece una cirujana, diciendo que en un momento me haría unas pruebas para ver si se trataba del apéndice. Otras 247 horas después me hacen las pruebas. Me tienen 247 horas tumbado en una cama de madera, haciéndome fotos con una 'cámara digital' que calculo tendrá unos 137.0MP. Otras 247 horas después me llega la confirmación;

"Creemos que puede ser el apéndice..." - Doctora Asunción Acosta


Fantástico, pensé. Por fin experimentare la anestesia. Unas 494 horas después estaba tumbado en un quirófano al mas puro estilo Área 51. La comodidad brillaba por su ausencia, mi espalda debe medir unos 50cm, y la cama, unos 30.

-Hola... ¿que tal?

-bien

-Mira, yo soy el anestesista, ahora te vamos a dormir, ¿estas cómodo?

- ...

-Respira hondo. ¿Notas algo?

-no

-y... ¿ahora?

-no

-Hmmmm...Que raro

[No recuerdo nada más]

Mi siguiente recuerdo es muy vago en cuanto a visualización, pero no en cuanto a sonido. Todavía estaba bajo los efectos de la anestesia, y no tenia fuerzas para mover los brazos. Estaba asfixiándome, porque necesitaba sonarme...y entre murmullo inaudible y murmullo menos inaudible todavía pude soltar unos cuantos "mocos". Apareció un A.Q (auxiliar de quirófano, lo que aprende uno en el hospital) y me sonó. Una vez conseguí recuperar la visión empecé a recuperar poco a poco partes de mi cuerpo...primero las manos, luego los brazos...y por fin la barriga. Sentía un dolor inmenso, como si me hubiesen abierto tres agujeros en la piel (casualmente era eso) y llame a la enfermera.

-Enfermera, el dolor es insoportable.

-Ya, imagino. Por eso te hemos puesto el Nolotil (calmantes)

-Bueno, pues no me hace efecto, ¿no hay nada más fuerte?

-Espera que aviso al anestesista...

[5 minutos después]

-El anestesista debe tener el busca roto, porque no aparece.

-... (por favor...'el busca roto', que poco creíble. Cualquiera de estas me habría valido: 'los calmantes se los ha comido el perro', 'el anestesista necesita un transplante urgente, por eso no ha venido'... pero ¡'el busca roto'!)

-Pues quiero ir al baño- añadí.

-Hazlo aquí mismo, tienes una sonda...

-¿Como? ¿Una sonda?

-Si, mírate el pene

-¡Ostias! ¡Que mierda es esta?

-Puedes hacerlo por ahí sin problemas.


Interrupción: Jamás dejare que me pongan otra sonda. Es mas, para el día 21 de septiembre esta prevista una manifestación en contra de la utilización de sondas en medicina.


Al rato me trasladaron a una habitación. Y apareció una simpática malagueña llamada Belén. -Tengo que hacerte unas preguntas- dijo.
-Adelante- respondí.

-¿Fumas?

-no

-¿Bebes?

-hmm, no...Bueno, no mucho

-¿Ah no? Pues en el quirófano no parabas de decir: ‘esto es peor que el Ron con Coca-Cola'
 
Semana crucial...
Esta semana tendré que “echar” la ya famosa Carta de Gracia al “ilustrísimo y magnifico rector de la universidad” y, pese a que todo el mundo me dice que el rector siempre las acepta, estoy acojonado. Seguro que si supiese lo que estuve haciendo durante el año pasado no me concedería el favor, ni a la de tres.


El año pasado puede dividirse en 4 partes. La primera es la que abarca los meses de septiembre, octubre y noviembre. Iba a clase, intentaba concentrarme…que me gustase, pero resulto imposible. Por lo general iba un día a la semana (y era para jugar al Age).


La segunda parte fue desastrosa, la peor de todas, de la que mas me arrepiento. Podría titularse: ‘siestas en un Ford Fiesta’. Me levantaba a las 7 de la mañana, me duchaba, molestaba un poco a mi perra (Foca) me subía al coche, apretaba el botón número cuatro de mi radio y por arte de magia ahí estaba el salvador, Carlos Herrera. Me amenizó todas las mañanas de Enero y Febrero. Aparcaba el coche a 100 millas de mi facultad (lo mas cerca que podía) y siempre procuraba que fuese cerca de un árbol o entre dos coches altos. Bajaba un poco el asiento, me ponía las gafas de sol, y subía la radio.

-¡Dígame Jesús!

-Hombre Don Carlos, un fósforo eh!

-¡Musshhas Graciah hombre!

-Pos ná, resulta que mi ‘cuñao’ era marinero…


Y así dos meses.

La verdad es que me reí mucho. Volvía a arrancar el coche a las 14:00 p.m. y ponía rumbo norte: mi casa.


-¿Qué tal las clases?

-Bien, bien. Que hija de puta la de algebra eh…

-¿Y eso? ¿Por qué?

-Nada, la muy cabrona… [Aquí viene una mentira genérica]… ¿te lo puedes creer?


La tercera parte del año quedo inaugurada con una decisión inamovible: iría a clase lo que quedaba de año. Me plante en clase de calculo II una lluviosa mañana de Marzo. La gente me miraba asombrada, olía el asombro en la clase.

-¿Pero tu no habías dejado la carrera?

-¿Yo?.. Que voy a dejar la carrera.

Y aguante, oiga. Aguante unos meses. Incluso hice unos cuantos exámenes (que por cierto fui aprobando). Pero ya todo estaba perdido, no había asistido a práctica alguna y los profesores me miraban con cara desconfiada cuando les decía eso de “es que no he podido venir porque estaba trabajando, ya sabe, he de ayudar a mi padre en la distribuidora” (¿pero que distribuidora? Si mi padre no tiene ninguna distribuidora…ni yo me creía lo que contaba).


La última parte del año comprende los meses de abril, mayo y junio. En vez de ir a clase pasaba las mañanas jugando al Age of Empires y al Call of Duty en una facultad que ni siquiera era la mía. Esos fueron los mejores meses. Que grandes partidas, que magníficos duelos. Cuanto aprendí. Aprendí que no era el mejor al Age ni de lejos. Aprendí a perder. Buenos meses.

También aproveché para ir a nadar casi todas las mañanas con D.J. Un día en mi coche, un día en el suyo, un día él me ponía los huevos de corbata adelantando por esas carreteras que parecían llevar al infierno, y al día siguiente se los ponía yo. En mi defensa diré que me pasaba el día en la biblioteca, estudiando con D.J. El muy cabrón aprobó 5, y con esas 5 se va a Madrid, a vivir la vida de la capital. ¿Y yo? ¿Cuántas aprobé? Cero.

Y es por eso por lo que ahora me veo pidiendo favores al rector. Rogando que me deje volver a vivir ese año, con una única diferencia, la edad. Tendré 19.
 
Probating
Probating