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RE: Sin Asunto
Sindicación
 
Semana crucial...
Esta semana tendré que “echar” la ya famosa Carta de Gracia al “ilustrísimo y magnifico rector de la universidad” y, pese a que todo el mundo me dice que el rector siempre las acepta, estoy acojonado. Seguro que si supiese lo que estuve haciendo durante el año pasado no me concedería el favor, ni a la de tres.


El año pasado puede dividirse en 4 partes. La primera es la que abarca los meses de septiembre, octubre y noviembre. Iba a clase, intentaba concentrarme…que me gustase, pero resulto imposible. Por lo general iba un día a la semana (y era para jugar al Age).


La segunda parte fue desastrosa, la peor de todas, de la que mas me arrepiento. Podría titularse: ‘siestas en un Ford Fiesta’. Me levantaba a las 7 de la mañana, me duchaba, molestaba un poco a mi perra (Foca) me subía al coche, apretaba el botón número cuatro de mi radio y por arte de magia ahí estaba el salvador, Carlos Herrera. Me amenizó todas las mañanas de Enero y Febrero. Aparcaba el coche a 100 millas de mi facultad (lo mas cerca que podía) y siempre procuraba que fuese cerca de un árbol o entre dos coches altos. Bajaba un poco el asiento, me ponía las gafas de sol, y subía la radio.

-¡Dígame Jesús!

-Hombre Don Carlos, un fósforo eh!

-¡Musshhas Graciah hombre!

-Pos ná, resulta que mi ‘cuñao’ era marinero…


Y así dos meses.

La verdad es que me reí mucho. Volvía a arrancar el coche a las 14:00 p.m. y ponía rumbo norte: mi casa.


-¿Qué tal las clases?

-Bien, bien. Que hija de puta la de algebra eh…

-¿Y eso? ¿Por qué?

-Nada, la muy cabrona… [Aquí viene una mentira genérica]… ¿te lo puedes creer?


La tercera parte del año quedo inaugurada con una decisión inamovible: iría a clase lo que quedaba de año. Me plante en clase de calculo II una lluviosa mañana de Marzo. La gente me miraba asombrada, olía el asombro en la clase.

-¿Pero tu no habías dejado la carrera?

-¿Yo?.. Que voy a dejar la carrera.

Y aguante, oiga. Aguante unos meses. Incluso hice unos cuantos exámenes (que por cierto fui aprobando). Pero ya todo estaba perdido, no había asistido a práctica alguna y los profesores me miraban con cara desconfiada cuando les decía eso de “es que no he podido venir porque estaba trabajando, ya sabe, he de ayudar a mi padre en la distribuidora” (¿pero que distribuidora? Si mi padre no tiene ninguna distribuidora…ni yo me creía lo que contaba).


La última parte del año comprende los meses de abril, mayo y junio. En vez de ir a clase pasaba las mañanas jugando al Age of Empires y al Call of Duty en una facultad que ni siquiera era la mía. Esos fueron los mejores meses. Que grandes partidas, que magníficos duelos. Cuanto aprendí. Aprendí que no era el mejor al Age ni de lejos. Aprendí a perder. Buenos meses.

También aproveché para ir a nadar casi todas las mañanas con D.J. Un día en mi coche, un día en el suyo, un día él me ponía los huevos de corbata adelantando por esas carreteras que parecían llevar al infierno, y al día siguiente se los ponía yo. En mi defensa diré que me pasaba el día en la biblioteca, estudiando con D.J. El muy cabrón aprobó 5, y con esas 5 se va a Madrid, a vivir la vida de la capital. ¿Y yo? ¿Cuántas aprobé? Cero.

Y es por eso por lo que ahora me veo pidiendo favores al rector. Rogando que me deje volver a vivir ese año, con una única diferencia, la edad. Tendré 19.
 
Probating
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