Soy libre...

Algún día, hijo mío, te contaré cómo está montado este mundo...
No será metrosexual...
Descubrir el temperamento de un niño tan pequeño es algo verdaderamente fascinante. Y es que, poco a poco, Saúl nos va mostrando distintas facetas de su pequeña pero creciente personalidad.
Pero llegada la hora del baño tenemos un problemilla que de verdad nos ha sorprendido, porque no conocemos a ningún otro niño que le suceda lo mismo. No, no es que llore al contacto del agua -esto es algo más o menos normal-, aunque creo que tampoco disfruta aún del baño (no perdemos la esperanza). En la bañera más bien ni fu ni fa. Todo depende de cómo esté en ese momento. El problema viene después del baño, porque Saúl ODIA que le pongan crema. Es empezar a untarle la piel y se pone a berrear como un descosido. Su madre y/o yo tenemos que ponérsela a toda prisa, vestirlo y sacarlo del baño. Y no es porque la crema esté fría como estaréis pensando, ya que tenemos la precaución de calentarla antes de aplicársela... Simplemente es que no le gustan las cremas.Esto quizá debiera ser un problema, pero no, porque hay ver lo orgulloso que me siento y la alegría que tengo sabiendo que mi hijo no va a ser metrosexual.
P.D. Deivid Beckan: ¡que te den!
P.D.2 Mucho me temo que mi blog corre el peligro de convertirse en monotemático, pero es lo que hay (y es mucho)
Nos vamos conociendo
Ya han pasado casi dos semanas y, pese a que aún llevamos la “L” de padres novatos a nuestras espaldas, las experiencias se van acumulando... En realidad me da la sensación de que ha pasado más tiempo.
Convivir con un bebé tan pequeño no es cosa sencilla. A veces resulta complicado saber qué le pasa exactamente… Mucho me temo que en el hospital olvidaron darnos las instrucciones. A lo mejor se las dejaron en la placenta… De todas formas, y por lo que cuentan y hemos leído, hasta ahora hemos tenido bastante suerte porque Saúl come muy bien (“descome” tan bien como come, por cierto…), y no es un niño llorón. Eso sí, es inquieto y nerviosillo cuando está despierto, sobre todo cuando está hambriento, cosa que sucede unas 10 veces al día más o menos. Es un pequeño Carpanta el amigo.
Su rostro ha cambiado y, si todos comentabais que era un recién nacido guapísimo, ahora no sé qué calificativos le vais a adjudicar.El niño está bien y sus padres estamos muy contentos, aunque cansados, sobre todo su madre que es la que tiene que dar el callo –más bien, el pecho– por las noches. Intentamos hacer una vida más o menos normal: ver nuestros programas de televisión favoritos, ver a nuestros amigos, comer a nuestras horas, etc. Aunque todo esto siempre está condicionado por el chiquitajo porque muchos programas hemos de grabarlos en video para verlos terminar más tarde, son nuestros amigos quienes vienen a casa y algunas veces nos ha tocado comer por turnos.
Durante este tiempo mis sensaciones son extrañas y a la vez maravillosas. No encuentro palabras para describir lo que se siente cuando se duerme en mis brazos, o cuando intento “jugar” con él y lo tengo pegado a mi pecho mientras él intenta “trepar” hacia mi cabeza… Otra sorpresa es haber descubierto en mí una inesperada destreza en las tareas relativas a la puericultura. Supongo que todo es voluntad y cariño, pero no por ello dejo de estar sorprendido. Además estoy recuperando la sana costumbre de cantar. Ya os contaré cual es mi repertorio, porque es de lo más curioso. De momento, intentaré seguir disfrutando de cada momento.





