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Los sabores de la vida
La vida es ácida, dulce, salada y a ratos amarga: una combinación interminable de sabores
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Pensamientos, chorradas diversas, sucesos cotidianos y recetas de cocina aderezados con un poco de imaginación.
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El ataque de la gafotas paranoica
Hoy he sufrido un incidente sorprendente y bastante desagradable en el trabajo. Menos mal que nos lo tomamos con philosophía y sentido del tumor.

A primera hora de la mañana ha venido a la oficina la señora C. (C de capulla, no es que sea la inicial de su verdadero apellido...) a reclamar la devolución de un dinero (la cuantiosa suma de 26 euros). Esta devolución, que ha sido aceptada más por razones de imagen de cara al ciudadano que porque la mujer tuviera razón, ha sido tramitada y concedida en 15 días. Si alguno de vosotros ha solicitado alguna vez una devolución a la Administración sabe que este periodo es ínfimo. ¡Si es el tiempo que tarda en volver algún compañero mío (funcionario) cuando sale a comprar tabaco!

Pues bien, tras mantener una conversación más bien normal y comprobar que el pago no había sido realizado porque ella no había escrito bien su número de cuenta corriente en la solicitud quedo con ella en que me llame desde su casa y me facilite el número de cuenta al completo.

Transcurridas un par de horas, la señora C. llama por teléfono. Me dice que ella tiene su copia de la solicitud y que ese es el número correcto. Yo flipo. ¡Claro que es el mismo número que yo tengo! Joer... ¡si utilizamos papel autocopiativo! ¡Su papelito es igualito que el que yo le he enseñado 2 horas antes en la oficina! Me insiste en que ese es el número de cuenta. Respiro hondo y le explico que no puede ser, que ese número está incompleto. "¿Por favor puede abrir la libreta de ahorros y mirar el número?" Le explico que las cuentas bancarias constan de 20 dígitos y la suya tiene 16, y además tiene un formato muy extraño, lleno de guiones por todos sitios. Y en ese momento empieza el ataque...

La señora C. empieza a gritarme por teléfono diciéndome que quién me creía que era yo, que cómo me atrevo a reirme de ella, que soy un maleducado, y blablaba... Todo en un cambio repentino e inesperado de tono. Yo no podía ni imaginar que esta señora de unos 45 años, regordeta, presuntamente apacible, con esas gafas del tamaño de Arkansas (de estas que estaban de moda hace 15 años) se iba a poner hecha un basilisco.

Yo no salgo de mi asombro. Me ha dao un pasmo. ¡Con lo bien que trato yo a to el mundo! (incluso a los gilipollas redomados como ella) Le juro y perjuro que no me estaba riendo de ella (cierto al 100%, aunque ganas no me faltaron) y ella me replica asegurando que miento y que en mi tono de voz ha notado que me estoy burlando de ella (será que me conoce de toda la vida...). Lo niego rotundamente y ella me dice que sabe perfectamente cuando se están riendo de ella. (Debe ser que todos los días alguien se ríe de ella, cosa que no me extraña en absoluto)

Mientras intento cortar el torrente de improperios que me está dirigiendo, la señora C. me dice que no le grite (ella lleva 10 minutos vomitando denuestos cual niña del exorcista, pero claro yo no le puedo decir "¡señora por favor! ¡no me diga eso!")

En este momento decido hacer una pausa dramática. ¡Quieetor! ¿qué hago? ¿me doy el gustazo y contrataco? ¿le muestro lo que hubiera sido si realmente me hubiera mofado de ella? ¿intento apaciguar las cosas? ¿o le cuelgo directamente? Desde luego no temo a que le vaya con el cuento a mi superior. Mi estimado jefe no hubiera aguantado ni 20 segundos: la hubiera mandado a la mierda cual Fernán Gómez con dolor de muelas, así que me apoyará en caso de que haya problemas. Finalmente, opto por ser práctico: ¿cómo me libraré de ella lo antes posible? ¿como evito tener que volver a ver ese desagradable careto con gafas gigantes y escuchar su insolente voz? Pues, pidiéndole disculpas... Es humillante, mosqueante y muchas más cosas terminadas en "ante", pero es la mejor solución...

Tras la pausa de 3 segundos bajo 7 tonos mi voz (nada que ver con lo que explicó en su día el cantante Christian en Operación Triunfo) y le digo con toda la dignidad de la que soy capaz que: "si me permite explicarle, le diré que en ningún momento he querido ofenderla, y si por mi tono ella ha creído que era así que le pido disculpas..." "... el resoplido que usted ha escuchado no era una risa burlona sino una respiración por el ansia de encontrar una solución a por qué (cojones) no conseguíamos ver (conseguía usted, ignorante y cegata orgullosa de mierda) en la primera página de la libreta de ahorros los datos correctos de su cuenta..." La señora C. me responde: "¿Ves? Ya me estás hablando de otra manera..." (¡Dios dame paciencia, pero ya!) y tras cruzar 2 frases más, la convenzo para que me lea dato a dato la página en cuestión de la libreta de ahorros, con lo que finalmente consigo el pu*o número de cuenta. Lo que faltaba era el Código de la Entidad y sobraban unos cuantos guiones... Misión cumplida. "Si quiere saber cómo va su devolución llame a este número y pregunte por tal persona... ¡ADIOS!"

En mi vida había visto nada parecido, solamente en alguna película de humor negro o en las bromas telefónicas de cierto programa de radio. Esta tía debe ir montando pollos a diestro y siniestro (en Inglés, goes mounting a lot of chicken) y seguro que va dejando rastro allá por donde va, como los caracoles. Llamará ladrón al camarero que les devuelve 10 céntimos de menos cuando pagan el cortao, sinvergüenza al tendero que le ha puesto 1020 gramos de jamón cuando ella ha pedido un kilo, y violador al ATS que le pone una inyección en el culo para vacunarse de la gripe (porque la idiotez no tiene vacuna ¿verdad?)

En fin, espero haberme librado de ella para siempre. Si vuelve armada con unas tijeras o quiere aplastarme con sus gafas gigantes y sobrevivo ya os lo cuento. A ver si al final este va a ser un blog de terror...

 
 
Comentario:
jajajaj buen post me he reido mucho
Besitos salados de CHOI
No