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¿Qué son las estrellas?

¿Qué son las estrellas?

¿El chorreante brillo del alba que viene?
¿O la moribundo reflejo del día que,
para siempre, se ha ido?
 
El silencio y el olvido

Es de noche.

De fondo, al otro lado de la pared,
se escucha una conversación en voz baja,
que apenas perturba el silencio,
que no quiere existir, ni molestar,
que de tanto querer huir del aire
se da cabezazos contra mi alma.

Mi corazón late con fuerza contra el colchón.

Lo golpea,
lo golpea,
lo golpea.

Ahora que había decidido olvidarte,
te escucho, te siento tan cerca,
y parece imposible el olvido.

Alguna risa compartida, algún paso solitario.

Luego, el silencio.
¡El más angustioso y ensordecedor de los silencios!
El silencio profundo, que te deja solo y desnudo.
El silencio que desgarra, que araña,
que te hace morir de miedo.

El silencio,
el silencio,
el silencio.

Ahora que había decidido olvidarte,
te callas, te siento tan lejos,
y me parece imposible el olvido.

Tu cama masacra el silencio.
El eco de un beso, viscoso y húmedo,
quién sabe si también sincero,
y siento que debajo de la piel
puede desencadenarse una tormenta de invierno.
A veces río, a veces imagino, a veces tiemblo.
A veces me da miedo la ausencia de sueño.


Ahora que había decidido olvidarte...
 
La ciudad flotante
Hoy siento la brisa de la Tierra
entre mis pies y el suelo.
Suspiros de una verdad a medias
que te susurra un corazón mentiroso.
¡Qué bonito es volar!

Mis sentimientos juegan al escondite
y construyen árboles en el cielo.
En la calle se oye el agua,
mientras viudas mal maquilladas
van a misa con sus trajes más discretos.

La mirada de una anciana,
una casa de caracol llena de viejos recuerdos.
Una coquetería de silencios,
de besos con orquesta en el centro de la plaza.
Tiempos mejores que no mueren en la boca.

Un pájaro de agua canta de noche,
bajo el puente, a las palabras nunca escritas.
Una fábula de libro olvidado
que habla de una ciudad flotante
y de un océano enamorado de sus mujeres.

Ella dice que el agua no es transparente,
que tiene entrañas y miente.
¿Cuántos gritos encerrados
habrá en su vaso de cristal?
¿Cuántas lágrimas de agua dulce
le habrán jurado amor eterno?

Ciudad eterna, mentira jurada en voz alta
que se pierde en la marea cansada.
Yo no vivo la rutina contigo,
pero vuelvo a creer en el ser humano
que ha levantado un milagro con sus manos.
 
¿Quién es más cobarde?

¿Quién es más cobarde?
¿Quién no tiene valor para acercarse?
¿O quién usas sus pestañas como anzuelo,
lavándose las manos, desde lejos?
 
Tan cerca y tan lejos

Es de noche y tú duermes, a mi lado,
apenas centímetros de ladrillo y cemento.

Deseo tocarte, pero sólo puedo escucharte. Te siento en sueños que no llegan o que llegan demasiado deprisa. Mis entrañas se lamentan cuando se lamentan las entrañas de tu cama.

Pero tú duermes, tan cerca y tan lejos,
apenas centímetros de ladrillo y cemento.

Es de noche y tú hablas, en tu cama, por teléfono. No sé si ríes o lloras, o ambas cosas al mismo tiempo. Deseo que no sea tristeza, que no haya lágrimas recorriendo impúdicamente tus mejillas. Pero no sé si ríes o lloras porque no puedo verte, y apenas te siento.

Es de noche y yo no puedo dormir
porque tú duermes, a mi lado.