Porque vivir es sentir
Porque vivir es sentir
escribo
para recordar que he sentido
para no olvidar que he vivido.
Caminando por donde no había camino
Anoche tenté la casualidad y me alejé de la ciudad.
La luna era tímida y su luz, implorante, era una fina sábana de marfil que apenas cubría los bordes del aire. Con los ojos cerrados, caminé por donde no había camino, sino viejas huellas sin dueño y un horizonte vertical y resbaladizo. Descubrí, como quien ve un recuerdo mágico del tiempo, que hay valles que se moldean para poder entrar en contacto con el cielo. Tierras inquietas que respiran, que espiran e inspiran, que se hinchan los pulmones de vida.
A la entrada del valle, una hoguera que desgarraba la oscuridad y, junto a ella, un pastor que miraba fijamente el firmamento. El pastor me dijo que no tuviera miedo de aquella noche porque, a millones de años luz de distancia, en una galaxia sin nombre ni planetas, estaba naciendo una nueva estrella. Y, mientras escrutaba el cielo con la mirada, vi como un castillo de madera se quitaba la falda de la montaña.
Reanudé mi camino, siguiendo los consejos del viento. Recorrí el sendero de hojas de terciopelo. Subí la montaña de arenas movedizas y conquisté su cima. Descansé a orillas del mar de olas de cristal. Me adentré en el bosque de árboles de carbón y flores sin color que no conocen la luz del sol.
De repente, un temblor de tierra, un huracán de fuego. Y la piedra se hizo añicos. Y, en lo más profundo del desfiladero, resucitó un viejo río.
Bebí, sediento, de su agua transparente. Y, con un trozo de vida en el bolsillo, de pureza desbordante entre mis dedos, desande lo andando, para compartir mi descubrimiento con el pastor que miraba fijamente el firmamento; para dormir, junto a su hoguera, acompañado.
Una musa ciega
Una musa ciega me mira y se ríe a escondidas.
Escribo impulsivamente, por instinto. Cada tilde esconde una sonrisa compartida; cada coma, una mirada al suelo. Cada punto y aparte es una nueva noche; cada punto suspensivo, una noche en vela. Cada exclamación es un nuevo descubrimiento; cada interrogación, una nueva derrota. Cada palabra es un niño recién nacido; cada letra, un pedacito del alma. Cada “s” es el recuerdo de una mujer deseada; cada “o”, un homenaje a tus ojos.
¿Por qué la inspiración sólo me llega cuando el corazón es víscera que traga, para luego escupir, sangre?
Gli ucelli possono volare
Los pájaros
pueden volar
porque son
inocentes
No es cuestión
de alas.
Luciano de Giovanni
Viajar, viajar, viajar...
Viajar, viajar, viajar...
Huir y buscar
es viajar.
Viajar, viajar, viajar...
Descubrir y añorar
es viajar.
Viajar, viajar, viajar...
Caminar y volar
es viajar.
Viajar, viajar, viajar...
Perderse y volverse a encontrar
es viajar.
Viajar, viajar, viajar...
Conocer e imaginar
es viajar.
Viajar, viajar, viajar...
Recordar y olvidar
es viajar.
Viajar, viajar, viajar...
Amar y volver a amar,
amar cada segundo, cada esquina, cada encuentro,
amar hasta el agotamiento
es viajar.
Ahora lo tiene claro
Ayer intentó engañarse de nuevo a sí mismo, pero aquellos besos robados tuvieron menos peso que el viento, fueron más fugaces que el tiempo.
Por la mañana, como de costumbre, la resaca le puso los pelos de punta. Por esto, y porque era sol en febrero, se fue al parque que había a la vuelta de la esquina de su calle, un poco más allá de la iglesia vieja y el nuevo supermercado. Árboles de ramas perezosas, arañas que ponen trampas al viento, césped que no entiende del sentido de inferioridad... En el parque la naturaleza respira tranquila.
Él la quiso y la sigue queriendo, pero cada día está más cansado y le duelen demasiado los huesos.
En el parque el sol se siente en la piel. El astro dorado es vanidoso y solidario; es poderoso y cercano. Una nube inquieta e intrometida se quema la frontera de su piel, mientras en sus entrañas se amontona tierra oscura. Un par de aviones desgarran el lienzo azul del cielo. Si alguna máquina tiene espíritu, será aquella que ha desvelado los secretos mágicos del vuelo. ¡Quién fuera pájaro para liberarse de la dictadura del suelo!
Las expectativas es la más dolorosa de las enfermedades degenerativas que puede sufrir el ser humano.
Pies que tocan la tierra con la piel desnuda, perros que corren dando vueltas en círculo. Una abuela que lleva a su nieta en brazos, un abuelo que se pregunta qué hora será porque ha olvidado el reloj en el cuarto de baño. Jóvenes que desafían la ley de la gravedad, una muchacha que te pregunta si tienes fuego. En el parque la vida parece un juego de patio de colegio y su sencillez es pegadiza.
Le está abarcando la ilusión y ahora lo tiene claro: mañana empezará a olvidarse de todas las razones por las que está enamorado de ella. Y esta vez será la definitiva.





