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Sacándole punta al teclado
Dudas, emociones y poesia barata
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En esta noche (negra)

Negra
negra
negra
esta noche,
negra
negra
negra
la búsqueda de una sombra
que dé sentido al mañana.

Negra
la esperanza,
negra
la resignación,
negra
negra
negra
la espera.

Negra
negra
negra
la tierra sin agua,
la apatía en la mirada.

Negra
negra
la luna,
negra
negra
la sábana vacía,
negra
negra
negra
la inspiración
cuando tú no estás conmigo.

Negra
negra
la garganta del asfalto,
negra
negra
la lengua de la envidia,
negra
negra
negra
la herida que no cicatriza
después de cien noches en vela.

Negra
negra
negra.
No hay colores en el aire
no hay poetas cantando
en esta noche negra
negra
negra
negra.
 
Al filo de la ventana

Un suspiro de conversación
y el rojo, que me ha robado el aliento.
¡Qué ausencia de espacio!
¡Qué lucha por olvidar el olvido!

La noche era oscura, y se aclaró
en tu garganta, en la yema de mis dedos,
con la timidez de la tortuga,
con la osadía de la primavera.

Yo te miro; tú me miras.
Yo veo la infinidad del negro.
Tú ves la infinidad de la sonrisa.
¿Por qué me respondes con un tal vez,
cuando un sí es tu respuesta?
¿Por qué te respondo con un sí,
cuando un tal vez es mi respuesta?

Yo quería ser tú, a tu lado;
tú querías ser tú, alejada de mis manos.
¿Por qué el deseo tiñe de miedo la mirada?
¿Por qué la vida le pone telarañas a nuestras alas?

El tráfico destripa la ciudad,
y tú te pierdes entre sus ruedas de hierro y gasolina.
Otra calle, otra luna,
una diferente frecuencia de caricias.
Pero ésta no será tu última noche;
ni ésta, mi última madrugada
al filo de la ventana.
 
Manos como clavos

¡Cuidado!
¡Tus manos son como clavos!
No te atrevas a coger, a tocar,
¡ni siquiera a acariciar!
la pálida piel del ángel
que está durmiendo a tu lado.

¿Ha sido un milagro?
¿O anoche vendiste, de nuevo,
tu alma al diablo?

Mírala si quieres,
empáchate de su hermosura,
del cuerpo que se muestra en este amenecer
en el que ha naufragado la luna.
Pero, ¡no la toques!
No hagas añicos este sueño perfecto
con la sucia realidad de tus manos.

Tú que no creías en el amor
ahora te tiemblan los dedos,
inseguros,
y tienes el labio partido,
de miedo.

¿Qué podrás ofrecerle a este ser divino
para que mañana no extienda sus alas,
para que mañana no vuele lejos
de tu ordinario espacio en este mundo?

Saboreas la perfección de este momento
y sientes ganas de llorar de alegría.
Pero no, estúpido enamorado,
tú sólo llorarás de tristeza
por tu incapacidad de volver atrás en el tiempo.
 
Agujero negro

Agujero negro, soledad inescrutable.
La vida transcurre, infinita y egoísta,
y yo soy incapaz de percibirla,
de apretujarla,
de sentirla entre mis costillas.

Te deseo, te detesto;
y en la calle se expande el ruído de los cuerpos inertes,
de las almas tristes descuartizadas.
Un río de sangre, un mundo sin alma
en cuyas entrañas hay un escritor sin bolígrafo
y una ciudad sin casas, ni plaza.

¡Qué vida inocua! ¡Qué vida vacía!
Y la primavera piensa en el verano
como el otoño en el invierno.
 
Y ahora no sé con quien pasas las noches

Tu sonrisa, un suspiro de la luz.
Tus labios, una telaraña que le pone zancadillas al viento.
Tus ojos, dos mariposas ebrias de primavera.
Tus manos, dos gorriones de terciopelo.
Tus orejas, el nido donde aprenden a volar todas mis fantasías.

Pero yo soy valiente sólo en la conquista de la cobardía,
de la cobardía y la soledad,
y ahora no sé con quien pasas las noches
en las que tienes el sueño de vacaciones.

Tengo miedo de sufrir un infarto cuando duermes lejos
porque los latidos de mi corazón dependen de tus ojos
y del ritmo de su parpadeo.
Y mi aliento se vuelve niebla,
para recorrer las calles y absorber toda la luz de las farolas,
para colarse por debajo de tu ventana
y reposar en la parte más carnosa de tu boca.

Perdóname por ser el niño que corre detrás de las palomas,
pero mis sueños sólo tienen una presencia;
y mis pesadillas, sólo una ausencia.

El amor y la tristeza son egoístas
y no entienden de sonrisas ajenas.

Tendré que ser paciente, esperando a que te confíes.
Y en las noches sin luna, como una hormiga diminuta,
iré almacenando la verdad de mis versos en los recodos de tu almohada,
en los pliegues de tus sábanas, en mi lado favorito de tu cama.

Honestas poesías que los fantasmas enamorados de la vida,
los únicos que entienden la gramática de los sentimientos
y sus silencios,
te susurrarán al oído las noches que, vulnerable y desnuda,
duermas sola.

Y tus sueños serán poco a poco más míos que suyos.
Y tu amor será poco a poco más mío que de ninguno.