Yo construyo agujeros de aire
Yo construyo agujeros de aire
con el rastro de los caracoles alados
que nunca han volado.
Yo bebo el vino en botella de plástico
cuando la música es el recuerdo de un beso
que nunca ha sido compartido.
Yo dibujo una luna llena en el pezón
de todas las mujeres enamoradas
que nunca se han enamorado.
Yo me adormento en el umbral de tu ombligo
donde tienen su órbita todas las estrellas
que nunca han existido.
Porque ahora vuelvo a nacer todas las mañanas,
varias veces al día,
tu caricia se ha hecho verso
que se repite en todas las poesías
que aún no he escrito.
En esta noche loca
Dos puertas y una chimenea,
en esta noche loca,
con dos lunas
(dos lunas llenas)
y una vírgen enamorada.
¿Por qué mira el niño al cielo?
¿Estará buscando su voz
entre las gotas de lluvia?
El vagabunde ríe,
en esta noche loca,
porque la viuda se ha quitado
su vestido negro
para mirarse los pechos
en el reflejo de los charcos.
¿Por qué mira el niño al cielo?
¿Estará buscando sus zapatillas
entre los escobazos del viento?
El sueño no llegará hasta mañana,
en esta noche loca,
con dos lunas
(dos lunas piadosas)
y un borracho que ha rozado
con la yema de los dedos
una estrella que caía.
¿Por qué mira el niño al cielo?
La lección de las nubes
El tiempo consume emociones,
estrecha los abrazos de los amantes
que no tienen nada que perder,
que han escondido la luz
en el centro de sus cuerpos,
más allá de la carne
(avaricia de caricias).
Las nubes no tienen miedo del tiempo.
Conocen su ritmo,
el sabor agridulce de sus besos,
todas sus piadosas mentiras.
Las nubes han aprendido
a hacer el amor con el tiempo,
con honestidad, sin prisas,
en el infinito diván del cielo.
¿Por qué los amantes no aprenden
la lección de las nubes,
y hacen el amor,
en lugar de tener como enemigo,
al tiempo?
¿Por qué todo es perecedero?
¿Por qué nada es infinito
en el juego de amarse,
sin encadenarse,
de los amantes?
Yo quisiera ser nube,
pero el cielo crece;
y tú, cada día,
más lejos.
Entre dos coches
Una pareja se besa, entre dos coches,
bajo el suspiro de una farola cansada.
Tú no te preocupes, corazón estúpido.
Tú también tendrás alguna noche
tu beso, entre dos coches,
bajo el suspiro de una farola cansada.
Juventud de paso
Juventud de paso,
huída hacia delante.
¡Cuánto búsqueda de banales profundidades!
¡Cuánto deseo de vivir a medias!
Generación cero
Tú, jovén de corazón caliente,
no te conformes recorriendo las mismos caminos
que tus “viejos”, con el asfalto, contruyeron sobre la tierra.
¿Cuándo dejaste de pensar contracorriente?
¿Cuándo dejaste de soñar con la lengua desatada?
Muchacho, tú que tienes en cada paso
un futuro con cimientos de papel,
sal de la carretera y encara la naturaleza.
Deja que el fango te endurezca la piel,
que los obstáculos te hinchen los pulmones,
que la piedra abra heridas que no cicatrizan.
Yo te digo que la vida es una broma barata
si te conformas con lo servido en el plato.
Tú te pierdes en la inmensidad de la nada,
en la banalidad de un presente infinito.
Y yo, pequeño, anónimo, casi invisible,
como tú,
me ahogo como el pez en la pecera,
sin fuerzas para dar más vueltas en círculo,
sin motivaciones para encontrar una salida.
¿Cuántas millones de páginas en blanco
estamos escribiendo en los nuevos libros de historia?
Pero somos la “generación cero”,
la que no lucha porque no tiene motivos.
¡Qué tristeza! ¡Qué vacío de esperanzas!
Y esta noche, para romper con la rutina,
iremos al cine para ver otra película americana.
Una conversación estúpida
Una conversación estúpida,
un encuentro entre dos bancos.
¡Qué bello era hacer el amor
con la vida cotidiana como excusa!
Ahora te echo de menos, y no.
Porque echo de menos tus caricias
sin echar de menos tu sonrisa.
La vida avanza, y yo sigo aquí,
mientras tú te vas alejando.
Pero seguire siempre presente en tu recuerdo,
que es tu infierno, que es tu cielo,
que es de tu vida, una pequeña herida.





