logotipo

img_google
Sacándole punta al teclado
Dudas, emociones y poesia barata
Enlaces
Otros asuntos
Sindicación
 
El poeta se detiene

El poeta se detiene
en un claro del tiempo.
Su sangre palpita,
tiene el corazón entre los dientes.
En el bolsillo, una llave dorada
perdida hace un par de semanas.
En la frente, un barco pirata
con la falda de sirena.

El poeta se detiene
y escribe un nuevo poema.
No sabe cómo, no sabe por qué,
sólo sabe qué y para quién.
Y el tiempo se hace poesía
entre el bolígrafo y la mano desnuda.
 
En la plaza

En la plaza,
la mirada duplicada,
la madre que corre
detrás del hijo que corre,
la bicicleta que se duerme.
Los pies desnudos de la hippie
que, muriéndose de risa,
le cuentan chistes verdes a la piedra.

En la plaza,
un encuentro casual,
la conversación empalagosa,
un solitario que tienta la casualidad.
Las líneas paralelas de niños
que, gritando entre carcajada y sonrisa,
dan aliento a la vida.

En la plaza,
el cigarro que sabe a manzana,
la paloma hambrienta,
la ráfaga visual de los turistas.
Los ombligos ansiosos de sol,
de sexualidad distraída,
en los que se tropiezan las miradas perdidas.

En la plaza,
el pintor de acuarelas,
la mano diminuta
que encuentra equilibrio en un dedo,
el periódico que se oxida.
La diagonal del hombre con corbata
que está de paso, que huye,
que tiene prisa.

En la plaza,
el emigrante que observa,
el viejo que calla,
el perro que respira.
El músico que tiene vergüenza
y apenas roza las cuerdas de su guitarra
con la yema de los dedos.

En la plaza,
el balcón con ayuntamiento,
la terraza con cafetería,
las escaleras con iglesia.
Y, en el centro,
un punto invisible, un eje de aire,
en torno al cual ha nacido una ciudad.
 
Agua

Agua:

Aire de cristal que resbala.
 
Como la rama y la hoja

La mirada distraída,
el vino entre las tripas.
Tú buscabas alguien
que arropara tus sueños.
Yo te ofrecí unos dedos inquietos,
una boca que no necesita de palabras.

Ocultos, detrás de la noche,
tus ojos no tenían color
y tu mirada, visceral,
se perdía entre intuiciones de carne
con la flor marchita que, jadeante,
resucita
con las primeras gotas del rocío.

Y, como la rama y la hoja,
que se encuentran
y se hacen una, indivisible,
nos amamos,
hasta que el tiempo
hecho otoño y viento
(o amanecer despiadado)
decidió separarnos.
 
La boca es violenta

La boca es violenta,
muerde, se golpea y delira,
hambrienta del otro,
desahogo del tiempo
anudado en el estómago.