La luna no es luna
La luna, como de piedra,
tiene la boca partida.
¿Quién te ha golpeado con tanta furia
para que perdieras la sonrisa?
¡Maldita noche de mediodía!
En los tejados, hay lágrimas de plomo
tiritando entre los charcos.
¿Cuándo dejará el niño malcriado
de romper cristales con la garganta?
La luna, como de polvo,
es un grito sordomudo.
¿Quién te habrá hecho tanto daño
para que nos niegues la otra mejilla?
La soledad es enemigo
que apuñala por la espalda.
¿Existen las luciérnagas?
¿O ellas, como el amor
y las torres de canela,
son otra invención del poeta?
Esta noche, la luna no es luna;
y las estrellas, manzanas podridas.
En tus ojos, un espejo
En tus ojos, un espejo
que refleja tu mirada
(el sol recién nacido de las mañanas).
En tus manos, un espejo
que refleja tus caricias
(la hoja y sus hermanas mellizas).
En tus labios, un espejo
que refleja tus palabras
(el agua viva de la cascada).
Y en tu alma, un espejo
que refleja mil espejos
(laberinto de espejismos
entre los agujeros del suelo).
Pensarte
Pensarte.
Pensarte con los ojos abiertos,
despierto.
Pensarte con los ojos cerrados,
aún despierto.
Pensarte.
Un pensamiento largo, de cemento.
Un pensamiento profundo, negro.
Pensarte.
Pensarte visceralmente,
con las entrañas de almohada,
sintiendo todo el peso
del tiempo y su geometría.
Pensarte.
Pensarte cuando no pienso.
Pensarte cuando no puedo.
Pensarte.
Pensarte con el paso de las horas,
los caracoles y las lunas.
Pensarte.
Y aunque no quiera pensarte,
descubro que la noche es ruidosa,
que mi musa es la cara oculta de tu cintura.
Y te pienso.
¿Qué son las estrellas? (II)
¿Qué son las estrellas?
Tú dices que son pequeñas candelas
situadas allí, en lo alto del cielo,
para salvarnos de la oscuridad de la noche.
Y dices que estás casi segura.
Yo digo que pueden ser margaritas borrachas,
o ceniza de tiempo, o la caspa de la luna.
O polvo. O melancolía.
O niños alados jugando con canicas de plata.
Y digo que ninguno de los dos tiene razón.
Al filo de la ventana (II)
Ya no necesito pasarme las noches
al filo de la ventana
porque las estrellas, como hojas en otoño,
se han caído del cielo
para besar tus pies desnudos,
para hacer cosquillas a mis sueños.
Campo de margaritas borrachas,
mar de olas calientes,
mi habitación ha robado a la luna las estrellas,
y a la noche, la intransigencia del negro.
Y ahora duermo, sin dormir, contigo
con el milagroso recuerdo de lo que no ha sucedido,
con el anhelo de volver a sentir
el aliento de tu corazón
susurrándome emociones al oído.
Entre ellas
Tu boca, roja y sedienta.
Mi lengua, morada y violenta.
Y, entre ellas,
entre tu boca y mi lengua,
nuestros labios,
umbral de carne rosada
donde se agota el aire
y el corazón se deshilacha
en saliva.
Como la colmena
Como la colmena entre la pared y la teja,
como la gota de lluvia al otro lado de la ventana,
como la telaraña en la esquina del techo,
yo quiero ser contigo
existiendo
sin hacerle preguntas estúpidas al viento.
Con tus dedos y tus palabras
Con tus dedos, el nudo deshecho;
con tus palabras, el deseo contrastado.
Y en la cima de la hoguera,
una paloma se convierte en humo,
que vuela, que huye del suelo,
que al otro lado del infinito
no tiene miedo a quedarse sin alas.
Con tus dedos, la sangre que palpita;
con tus palabras, la sonrisa que suspira.
Mil espejos se confunden en cada letra,
cien recuerdos se reflejan en cada pupila.
Y la vida sonríe como un niño
cuando, para no aburrirse, juega.
Mariposa blanca
Mariposa blanca, mar compasivo,
lengua de terciopelo con piernas de pantera.
¿Dónde estarás, gota a gota,
compartiendo tu alma de arroyo transparente
y musgo entre las rocas?
Eras la estrella que tenía miedo a la madrugada,
la tiniebla devorada por el fuego de una candela.
Eras la mirada de tristezas encadenadas con poesía,
el amanecer con nubes que parecen de acuarela.
Con un suspiro, desencadenabas huracanes.
Y la noche hervía entre tus dedos,
debajo de tus pasos, en tu vientre
de primavera enmascarada.
Mariposa blanca, mariposa sin alas,
el tiempo es infinito en tu recuerdo,
cauce sereno y la boca del viento,
y el cielo azul le pregunta a la luna:
¿dónde estará, ahora, nuestra cadena de plata?
Pretencioso
Pretencioso:
El ser que se cree capaz de misurar el tiempo.





