Una sombra (Amos Oz)
Corren por todo el mundo rumores vagos, quizá también
Haya testimonios imprecisos, sobre un ser casi humano,
Gigantesco, que vaga solo por las montañas del Tíbet.
Único y libre. Dos o tres veces han fotografiado sus huellas
En la nieve, en lugares remotos por los que ni siquiera
El escalador más intrépido se atrevería a pasar.
Es cierto que se trata sólo de una leyenda local:
Como el monstruo del Lago Ness o el antiguo Cíclope.
Su madre, que estuvo bordando una servilleta
Casi hasta la hora de su muerte,
Y su padre, reprimido y deprimido,
Que se pasa las noches delante de la pantalla buscando fisuras
En las leyes fiscales, de hecho están condenados
A esperar su muerte encerrados en jaulas separadas.
También tú, con tus viajes
Y tu obsesión por alejarte y acumular experiencias,
Arrastras contigo tu jaula
De un extremo a otro del zoo. Cada uno tiene su propio
Cautiverio. Los barrotes nos separan a unos
De otros. Si de verdad existe un solitario hombre
De las nieves, sin sexo y sin pareja,
Que no nace ni se reproduce ni muere y lleva mil años
Vagando por estas montañas, ligero y desnudo,
Ahora pasará entre las jaulas y tal vez se ría.
Del libro "El mismo mar" de Amos Oz





