Truenos
Es mayo, y el día está nublado.
Grises y blancos se reflejan en los charcos.
Un trueno casi parte el cielo. Mañana lluviosa de primavera que se ha puesto el traje gris de invierno. Las nubes están cargadas de cemento. El cielo se está cayendo incapaz de soportar tanto peso.
Las sábanas vacías me hacen pensar en María. Otra vez fui un cobarde, apartándola de mi lado, cuando apenas empezaba a rozarme. ¿Tanto miedo tengo al contacto de la palma de una mano? ¿Tanto miedo tengo a cumplir las promesas que siempre me hago las noches en vela?
Otro trueno. Las ventanas han tiritado de miedo.
¿Habrá una orgía en el infierno?
Uno no puede dar lo que no tiene, ni se puede llamar traidor al que no miente. ¿Debo sentirme culpable de desearte sin amarte? En la cama hay que ser prudente porque amistad y necesidad con mucha facilidad se enredan y confunden.
Más truenos. Se ha debido caer una nube al suelo. O quizá haya sido el cielo que se ha tropezado con la cima de una montaña al intentar saltar al otro lado del horizonte. A lo lejos, veo una nube que se está deshaciendo.
A Damiana ya estarían doliéndole los huesos
porque hay aguas en movimiento.
Yo me entregaría de nuevo a tus abrazos, a tu vientre envolvente que se estremece, pero tengo pánico a hacerte daño. ¿Hipotecaría tu sonrisa con mi antojo de volver a escuchar el parpadeo de tus ojos?
Es mayo, y el día está nublado.
Pronto lloverá sobre mojado.





