El silencio y el olvido
Es de noche.
De fondo, al otro lado de la pared,
se escucha una conversación en voz baja,
que apenas perturba el silencio,
que no quiere existir, ni molestar,
que de tanto querer huir del aire
se da cabezazos contra mi alma.
Mi corazón late con fuerza contra el colchón.
Lo golpea,
lo golpea,
lo golpea.
Ahora que había decidido olvidarte,
te escucho, te siento tan cerca,
y parece imposible el olvido.
Alguna risa compartida, algún paso solitario.
Luego, el silencio.
¡El más angustioso y ensordecedor de los silencios!
El silencio profundo, que te deja solo y desnudo.
El silencio que desgarra, que araña,
que te hace morir de miedo.
El silencio,
el silencio,
el silencio.
Ahora que había decidido olvidarte,
te callas, te siento tan lejos,
y me parece imposible el olvido.
Tu cama masacra el silencio.
El eco de un beso, viscoso y húmedo,
quién sabe si también sincero,
y siento que debajo de la piel
puede desencadenarse una tormenta de invierno.
A veces río, a veces imagino, a veces tiemblo.
A veces me da miedo la ausencia de sueño.
Ahora que había decidido olvidarte...





