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Es de noche y él camina por las calles

Es de noche y él camina por las calles.

La ciudad es todo silencio. Un silencio de perro tímido y caracol que asciende con decisión hasta los tejados. Un silencio amarillo de farolas cansadas, un silencio amarillo de intimidad al otro lado de las ventanas, un silencio amarillo de nubes sonámbulas que no encuentran reposo en el cielo. Un silencio que no tiene miedo a la rutina, que se adormenta plácidamente en las esquinas, que se desliza, que se pierde, que resucita. Un silencio de sábana blanca, de árbol desnudo, de fotografía en blanco y negro. Un silencio que podría ser eterno.


Es de noche y él camina por las calles.

Ha olvidado las llaves en casa y no tiene a donde ir. Él podría ir a su casa, a su salón o a su cuarto de baño a lavarse las manos, pero ella no le creería. Hay tanta verdad en las mentiras piadosas que, a veces, parece imposible no mentir para decir la verdad. Él podría pedirle ayuda, pero ella no le creería.


Es de noche y él camina por las calles.

No hay obstáculos en su camino y puede pensar despacio. Es una noche extraña: hay hojas en el suelo y no hay estrellas en el cielo. Es todo tan confuso cuando la razón es un eco que se pierde entre el estómago y los riñones. La nostalgia le arropa con un manto de imágenes escondidas en un rincón de su memoria. Qué fácil era vivir cuando nos bastaban un tobogán y un columpio para reír hasta el agotamiento.


Es de noche y él camina por las calles.

No sabe cómo, no sabe qué hora es, pero se encuentra delante de su casa. Un hilo de luz y un susurro de conversación se filtran por debajo de la puerta. Él siente su voz y la ve sentada en el salón con su pijama de colores cálidos y, quizás, con una taza de camomila humeando entre sus manos. ¿De qué estará hablando? ¿Con quién estará hablando? Él acerca los nudillos de su mano a la puerta, pero no tiene fuerzas para golpearla. El tiempo se ralentiza, se siente, pesa y duele, allí, delante de la puerta, inmóvil. Agotado, se aparta de la puerta y se sienta en el suelo. “Mira, es que he olvidado las llaves de casa y no sabía a dónde ir”, piensa. Cierra los ojos y el suelo no está demasiado frío. “Hola, perdona que te moleste a estas horas, pero es que he perdido las llaves y ahora en mi casa no está durmiendo nadie”. Él está tan cansado de caminar y pensar. “Quizás es demasiado tarde, pero...”.


Es de día y él camina por las calles.
No