Ahora (y mañana)
Ahora.
Un cenicero amarillo lleno de ceniza y caballos cojos.
El pozo sin cubo de las noches en vela.
Ahora.
El grito infinito de cien niños hambrientos y sus madres muertas.
El silencio de uñas mordidas, cartas en blanco y tortugas sedientas.
Ahora.
El neumático que araña el agua de madrugada.
El alfiler que se ha perdido en algún recodo de la almohada.
Ahora.
La mosca que huele a miedo, la casa abandonada.
El susurro húmedo de la manzana destripada.
Ahora.
La piel muerta, el temblor frenético de las máquinas.
Los ojos afilados del cocodrilo escondido en el armario.
Ahora.
El fuego casi infinito, la vela que tiembla de frío.
El agua amarillenta de las aceras melancólicas.
Ahora.
La lluvia que destripa las entrañas de la alcantarilla.
El gallo tartamudo que ha sido devorado por las hormigas.
Ahora.
El hueco en el aire donde no hay espacio para tejados ni gatos alados.
El barro en la yema de los dedos del soldado.
Ahora.
El ladrido de la cucaracha, la telaraña del ciempiés.
El olor a gas que se expande en una habitación sin ventanas.
Ahora.
El desafío de la cama deshecha, la ceniza que será ausencia.
El canalón que vomita el dolor de las palomas con muñón.
Ahora.
Los versos desnudos del invierno, el canario negro.
La muerte de la primavera escrita en versos.
(II)
Mañana.
Las plumas del elefante travieso.
La mentira piadosa del sol en febrero.
Mañana.
La música que enreda el viento, el eco de los murciélagos.
La borracha que te dice “te amo” con los calcetines mojados.
Mañana.
La sombra alegre que juega al escondite con las farolas.
La lengua que te obliga a mirar la luna y te devuelve la sonrisa.
Mañana.
Las sonrisas acrobáticas del balón que ha conocido un niño.
El reloj que se confunde de dirección y recupera el tiempo perdido.
Mañana.
El hilo dorado de las olas que reconquistan la arena.
El beso con lengua de la encina a la Tierra.
Mañana.
La superficie del mar cristalizando el paso del tiempo.
El agua que se pierde entre más agua y es más transparente.
Mañana.
La mirada de un adolescente a la chimenea.
Los unos y ceros que dibujan una verdad a medias.
Mañana.
Las gotas de lluvia sobre las que la mariposa juega a ser rana.
La magia en la cocina del pueblo los domingos por la mañana.
Mañana.
Venecia de noche, nubes que acarician la montaña.
Los pares de piernas que se pierden por una esquina de la plaza.
Mañana.
La estúpida flor que se marea entre los dedos de una enamorada.
Los vasos de plástico que bailan con el viento de madrugada.
Mañana.
El beso marrón de la manta, el caracol con zapatos de tacón.
Tú y yo, y tus dedos que dibujan pájaros en nuestra habitación.





