Ahora lo tiene claro
Ayer intentó engañarse de nuevo a sí mismo, pero aquellos besos robados tuvieron menos peso que el viento, fueron más fugaces que el tiempo.
Por la mañana, como de costumbre, la resaca le puso los pelos de punta. Por esto, y porque era sol en febrero, se fue al parque que había a la vuelta de la esquina de su calle, un poco más allá de la iglesia vieja y el nuevo supermercado. Árboles de ramas perezosas, arañas que ponen trampas al viento, césped que no entiende del sentido de inferioridad... En el parque la naturaleza respira tranquila.
Él la quiso y la sigue queriendo, pero cada día está más cansado y le duelen demasiado los huesos.
En el parque el sol se siente en la piel. El astro dorado es vanidoso y solidario; es poderoso y cercano. Una nube inquieta e intrometida se quema la frontera de su piel, mientras en sus entrañas se amontona tierra oscura. Un par de aviones desgarran el lienzo azul del cielo. Si alguna máquina tiene espíritu, será aquella que ha desvelado los secretos mágicos del vuelo. ¡Quién fuera pájaro para liberarse de la dictadura del suelo!
Las expectativas es la más dolorosa de las enfermedades degenerativas que puede sufrir el ser humano.
Pies que tocan la tierra con la piel desnuda, perros que corren dando vueltas en círculo. Una abuela que lleva a su nieta en brazos, un abuelo que se pregunta qué hora será porque ha olvidado el reloj en el cuarto de baño. Jóvenes que desafían la ley de la gravedad, una muchacha que te pregunta si tienes fuego. En el parque la vida parece un juego de patio de colegio y su sencillez es pegadiza.
Le está abarcando la ilusión y ahora lo tiene claro: mañana empezará a olvidarse de todas las razones por las que está enamorado de ella. Y esta vez será la definitiva.





