Una musa ciega
Una musa ciega me mira y se ríe a escondidas.
Escribo impulsivamente, por instinto. Cada tilde esconde una sonrisa compartida; cada coma, una mirada al suelo. Cada punto y aparte es una nueva noche; cada punto suspensivo, una noche en vela. Cada exclamación es un nuevo descubrimiento; cada interrogación, una nueva derrota. Cada palabra es un niño recién nacido; cada letra, un pedacito del alma. Cada “s” es el recuerdo de una mujer deseada; cada “o”, un homenaje a tus ojos.
¿Por qué la inspiración sólo me llega cuando el corazón es víscera que traga, para luego escupir, sangre?





