Al filo de la ventana (II)
Ya no necesito pasarme las noches
al filo de la ventana
porque las estrellas, como hojas en otoño,
se han caído del cielo
para besar tus pies desnudos,
para hacer cosquillas a mis sueños.
Campo de margaritas borrachas,
mar de olas calientes,
mi habitación ha robado a la luna las estrellas,
y a la noche, la intransigencia del negro.
Y ahora duermo, sin dormir, contigo
con el milagroso recuerdo de lo que no ha sucedido,
con el anhelo de volver a sentir
el aliento de tu corazón
susurrándome emociones al oído.





