Es preciso que el llanto se derrame en la mejilla
Es preciso que el llanto se derrame en la mejilla
cuando la ausencia no tiene cuerpo, ni forma,
sólo centro, un centro luminoso e infinito,
en torno al cual sólo queda fango e incendios extinguidos.
Es preciso que la sangre se convierta en océano desbocado,
en tormenta de arena y espada de fuego,
para llevarse con ella la piel muerta y la piedra,
y hacer del nido de culebras, nido de cigüeñas.
Y con un rastro de sal y cristal entre los dedos,
de madera podrida y uña mordida en la mirada,
la luna volverá a ser sol (ausencia de pesadillas)
y una mariposa volverá a dar vueltas en círculo
(en el reloj).





