Castil

Dicen que al sitio donde has sido feliz no se debe volver, pero yo todo lo contrario, allí donde me he sentido bien suelo volver y volver siempre que puedo. Por ello y porque me han invitado he vuelto de nuevo a este pueblo tan acogedor donde no vale eso de que los europeos son fríos y cerrados…aquí a pesar de los diferente del clima, comidas y costumbres me siento como en casa. Al llegar me he encontrado con que la casa ha sido renovada, por lo que es como estar en un nuevo sitio, con chimenea incluida, lo que hace al frío más pasadero.
A 700mts de altura, rodeado de sierras y olivares, con empinadas calles, susurrantes fuentes, abundantes naranjos y tres barecillos, el pueblo parece salido de una leyenda., aunque el calor de su gente, especialmente la peña de los taintantos, te hacen olvidar que has pasado navidad muy lejos de los tuyos.






