Amor eterno … a colación de esta floreciente primavera y del cine.
Nos abandonan los frios, resplandece el cielo, despiertan las flores, trinan las aves y se hinchan los pechos de suspiros… adoro estos días. Será que me concibieron una primavera con amor o que en mi vida anterior fui una mariposa. ¿Quién sabe?
Alguien muy querido me decía un día, parafraseando a un cantautor preferido, “el amor es eterno… mientras dura”. ¿Cuántas veces hemos visto repetido en novelas, películas y canciones la historia de ese idílico amor que rebasa los escollos mayores incluida la muerte? Me niego a pensar que es pura fantasía de románticos… pero también coincido en que es algo raro y difícil de alcanzar. Pienso que aunque nacemos con la gran capacidad de amar, la vida nos vuelve egoístas, sordos, ciegos, incapaces y hasta algo cobardes para vencer los inconvenientes y lograr ese sueño inalcanzable.
Disfrutando un fantástico filme de esos de amor eterno, quizás por lo imposible o quizás no… me he preguntado y vuelto a pregunta si todos los que no nos contamos dentro del privilegiado y selecto grupo de los que disfrutan un amor de esos de los inmortales, no hemos tenido ese enorme privilegio y lo dejamos pasar… por ceguera, sordera, prejuicios, egoísmo o cualquiera de otras razones que mueven la vida.
Razonando a solas mientras camino, escucho una canción o divago ante estas líneas me pregunto… no es eso lo que sentimos por ese ser que vuelve a nuestra mente cada vez que vemos, olemos, degustamos, o escuchamos algo que sabemos que le agrada o desagrada. No es eso lo que sentimos por alguien que aunque nos volvamos a enamorar y creamos que aquello pasó, en realidad nunca logramos olvidar, por alguien con quien disfrutamos todo hasta el no hacer nada. Si es así, por qué no corremos y nos arrojamos a sus brazos o nos arrodillamos ante él o simplemente nos sentamos y se lo confesamos… será por orgullo, por resentimiento, por egoísmo, por cobardía o por un poco de todo y de algo más.
Pienso que si, que todos encontramos un día nuestra otra mitad, solo que la mayoría de las veces no lo vemos, o no se lo dejamos ver, o aunque lo intentamos simplemente no lo logramos en esa ansiedad loca por encontrarla o simplemente no ha sido creada para nosotros, sino para alguien más… Yo casi estoy segura que la encontré un día, casi sin quererlo, aunque como a muchos me acompañe el dolor de lo imposible o lo improbable, o quizás no, puede que sean vanas ilusiones o espejismos emocionales y aun el destino me reserve ese iluso sobresalto






