La existencia de un pobrecito hablador
Impresiones del quehacer cotidiano...
Acerca de
El pobrecito hablador transita por el mundo desde hace algo más de tres décadas, y se complace encontrando a quien comparta con él un rato "pegando la hebra", como dice Delibes.
Sindicación
 
La minoría étnica ve, oye y calla... y aprende
Por una de esas casualidades de la vida (jubilaciones, traslados, etc.), uno tiene el raro privilegio de ser cada día en el comedor del trabajo el único hombre fijo del grupo. Este hecho, unido a la más que evidente hermosura de las comensales (veremos qué modestas son), hace despertar la envidia de más de un compañero.

Hay días en los que la conversación discurre por lugares comunes y "unisex" en los que uno puede meter baza (incluso puedo introducir de tanto en cuanto determinados temas más propios de hombres, como deportes o política). Sin embargo, en más de una ocasión, el privilegio de única representación del sexo masculino conlleva adoptar una postura poco activa en las conversaciones que surgen.

Hoy ha sido uno de esos días poco participativos. De la moda a los dolores menstruales, pasando por las dietas y conservar la línea, sin olvidar detalles de manicuras y pedicuras o el oportuno repaso a determinados especímenes masculinos ("qué poco culo tiene aquel", "qué creído que es tal o cual", "a este no lo iba a dejar escapar", etc.). Y en medio de todo, una mirada al pobrecido hablador y un comentario con risita...
"- Pobrecito, ¿de esto no puedes hablar mucho, verdad?"

Qué se le va a hacer, son la "etnia dominante". Con todo, es bueno verse inmerso en una situación como ésta: se puede entender (en parte) lo que como hombres no atisbamos a comprender y se aprende lo que tendríamos que decirles y hacer... Ser el infiltrado en esta situación tiene sus ventajas. Además, ¿a qué vale la pena el riesgo?
 
La vuelta... ¡y gracias!
Ya se acabaron las vacaciones (snif, snif...). Desde principios de esta semana una buena parte de mis compañeros de trabajo y yo mismo nos hemos reincoporado al trabajo. Vuelta a madrugar, a llegar a la oficina y empezar la jornada... Quedan atrás "cuestiones" (¿eh, Lobito?) como las largas siestas, las mañanas tumbados en la playa o haciendo el turista por esos mundos de Dios. Pero todavía podemos disfrutar de cosas tan apetecibles como las terracitas a media tarde o paseos nocturnos (sin comentarios) para bajar la cena...

La vuelta, con las pilas cargadas de energía (a pesar del cansancio acumulado por los kilómetros acumulados o por la relajación absoluta). Experiencias que explicar, fotos que mostrar... A pesar de lo incómoda que resulta la reincorporación laboral, es agradable reencontrarse con la gente (a ver, ¿quién no recuerda la ilusión que hacía ver a los compañeros de clase el primer día de curso?).

Para acabar, muchas gracias a todos por vuestra participación durante estas vacaciones con vuestros comentarios. Ha resultado una experiencia muy divertida saber de cada uno/una estuviérais donde estuvieráis. Repetiremos...

Un saludo a todos