La existencia de un pobrecito hablador
Impresiones del quehacer cotidiano...
Acerca de
El pobrecito hablador transita por el mundo desde hace algo más de tres décadas, y se complace encontrando a quien comparta con él un rato "pegando la hebra", como dice Delibes.
Sindicación
 
La suerte está echada
Por fin. Ya han empezado las obras de reforma en mi piso. Tras un fin de semana en el que hemos desmontado la práctica totalidad de los muebles existentes en casa, el lunes por la mañana han entrado los albañiles a derribar lo antiguo...

Con esos escombros parecen resurgir recuerdos y vivencias asociados a los miembros de una humilde familia (me quedo con los buenos, pero no puedo olvidar los más dolororos ). Sin embargo, la vida sigue.

La suerte está echada y afrontamos la obra con el ligero nerviosismo de quien afronta una decisión trascendental, que confía en que salga bien pero que tiene en cuenta el esfuerzo y sacrificio que cuesta.

Parece ser que en algo más de dos meses todo quedará más o menos arreglado y a la espera de que lo entre a habitar alguien a quien conocéis. Aunque suene a tópico manido, se trata de un periodo que afronto con ilusión (con las lógicas molestias incluso a terceros que ocasiona).

Mientras no concluyan las obras, quedará ir cerrando temas complementarios: muebles, cortinas, pinturas, complementos, etc. Una vez que el piso quede listo, ya os lo mostraré gustosamente en visita guiada, y cenita incorporada, claro está...

Para acabar, muchas gracias a todos. Gracias a quien de una manera u otra me ha aconsejado con la mejor voluntad al respecto, y a quien colabora con su esfuerzo (en especial a Sonso y Arken, al que agradezco que de vez en cuando me ponga las pilas).

Os espero en breve en mi casa.
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Una lanza a favor de los docentes
Esta semana ha habido una manifestación de profesores en Barcelona. No dejaría de ser una noticia más sino fuera porque el motivo para organizarla es la indefensión del colectivo ante los desmanes de alumnos y familias.

Hoy en día la autoridad y respeto al docente ha disminuido mucho respecto a pocas décadas atrás, tanto entre su destinatarios primeros (los menores) como entre su entorno. Tan sólo hay que rememorar el reciente episodio de un maestro agredido en un instituto y encima grabado por una alumna.

Pocos años atrás, cualquier aviso o reprimenda de un profesor era temida (en el buen sentido), y más cuando llegaba a los padres: su autoridad moral quedaba fuera de toda duda. Hoy en día cuesta encontrar casos en los que así sea.

El motivo principal para este fenómeno es que se las familias han perdido de vista un principio fundamental: el maestro forma e imparte conocimientos, mientras que la familia educa (transmite los hábitos sociales básicos y vela por que el menor los asimile). El docente puede colaborar puntualmente con la familia en socialización como persona, pero no es ni mucho menos su responsabilidad primera.

Junto a ello, otro hecho particularmente peligroso: pocas familias respetan al maestro. El aviso o reprimenda ante hábitos incorrectos es frecuentemente rechazado en las entrevistas, en las que los padres incluso defienden el punto de vista del hijo y no se atienen a muchas más razones. Suelen esgrimir que su hijo no es educado en la escuela (craso error, ya que sólo pueden manifestar su descontento ante la formación recibida y los mecanismos utilizados), No es extraño que en ocasiones incluso se amenace (verbal o físicamente) al profesional de la educación... En ese momento, se comprende su soledad e indefensión.

Visto lo visto, ¿qué remedio hay ante esta situación? ¿Es un mal que refleja directamente el estrés laboral de la nueva sociedad española? Desde esta humilde columna, espero que la situación pueda reconducirse y se alcance la mejor solución: el respeto y la redistribución acertada de funciones entre docentes y padres.
 
¿House o Anatomía de Grey?
Al parecer, los martes por la noche en Cuatro toca serie de médicos, y con dos opciones de alto nivel, que se alternan: Anatomía de Grey y House.

De la primera opción ya hemos hablado y seguimos hablando en este blog. Por ejemplo, recientemente estuvimos una buena parte de sus lectores en la humilde morada de Mafaldita haciendo una sesión con la tercera temporada americana. Cada vez la cosa se está poniendo cada vez más interesante, el argumento sabe combinar la esfera profesional y personal de los médicos. Como hay lectores del blog que no lo han visto, me guardaré de desvelar nada del argumento...

Cuando se acaba la temporada de Grey, Cuatro emite otra interesante serie americana: House. Se centra en un médico de enfermedades poco comunes con un carácter muy peculiar: huraño, sarcástico y directo como pocos (hasta con los pacientes), es al tiempo un eminente doctor. Con un grupo de jóvenes y brillantes médicos (Foreman, Chase y la dra. Cameron, enamorada en secreto de él) desentraña complicados casos médicos mientras mantiene una pugna "amistosa" con Cuddy, la directora del hospital, y confía (a su manera) en su único amigo, el dr. Wilson.

La fuerza de la serie radica en el carácter de su personaje, interpretado con solvencia por Hugh Laurie (actor británico). Aquejado de una cojera causada por una enfermedad en su época adulta, se trata de un médico sumamente perspicaz. Su dolor físico se traslada a la relación con su entorno, donde House es un ser poco relacionable socialmente debido a que es un sarcasmo andante (aunque siempre es sincero, por doloroso que sea). En palabras de sus guionistas, la serie no deja de ser una adaptación al ámbito hospitalario de las novelas de Sherlock Holmes, con cuyo personaje House guarda numerosas coincidencias.

Personalmente, creo que la serie peca de centrarse excesivamente en el ámbito profesional, apenas ha esbozado otros escenarios o situaciones fuera (salvo con la introducción de su ex-mujer, con quien mantuvo un interesante estira y afloja en una parte de la segunda temporada).

En ese sentido me gusta más Grey... ¿Cuál preferís vosotros?
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Agua + bolsita de té= un placer
Si las cosas no se tuercen, este fin de semana volveré a probar uno de los tés más simples y gustosos que he tenido la oportunidad de beber: el té árabe. Se trata de una combinación realmente atractiva, cuyo aroma me recuerda a las infusiones de menta/hierbabuena que alguna vez había bebido tras coger las matas en la misma ribera del Júcar.

Debo reconocer que el té, sustituto gradual del café en mi vida cotidiana, es uno de mis pequeños vicios. Sin azúcar, para percibir todos su aroma y sabor. Dejándolo reposar y estrangulando con delicadeza la bolsa, aunque con menos arte que mi compañero de universidad Andrés (él sí que era un fenómeno). Con todo, también consumo tés a granel.

Como novato, empecé por los tés clásicos de supermercado (Hornimans y cía). Son correctos para iniciarse, pero cuando se da un paso adelante y se prueban tés de un nivel superior (de tetería o de marcas como Twinnings), realmente cambia la cosa: se descubre un nuevo mundo de sabores.

Para los que aprecian esta bebida en todas sus variantes (¡incluso con hielo en verano!), recomiendo variedades como el Earl Grey (té negro con bergamota), el té verde con chocolate (descubierto en Francia) o el Pai-Mutan chino (también conocido como té blanco, buenísimo).

Habitualmente consumo tés de gusto y color intenso (Prince of Wales, English Breakfast, Earl Grey, etc.). A pesar de intentar compartirlos con mis compañeros de trabajo, no acaban de ser de su gusto: prefieren variedades más suaves o infusiones de otras plantas (como el poleo o la manzanilla). Incluso hay cajas con gustos más o menos exóticos que han llegado a triunfar...

En fin, ya sabéis. Estamos en España, por lo que no hay que ser purista británico y tomárselo a las cinco con una nube de leche, con Mildred y George. Basta una buena ocasión (aunque simplemente sea para hacer una pausa en el trabajo), una buena compañía o un buen libro, ¡y a disfrutar!

Y si venís a verme, siempre podréis tener una taza humeante a vuestra disposición...
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