Agua + bolsita de té= un placer
Si las cosas no se tuercen, este fin de semana volveré a probar uno de los tés más simples y gustosos que he tenido la oportunidad de beber: el té árabe. Se trata de una combinación realmente atractiva, cuyo aroma me recuerda a las infusiones de menta/hierbabuena que alguna vez había bebido tras coger las matas en la misma ribera del Júcar.
Debo reconocer que el té, sustituto gradual del café en mi vida cotidiana, es uno de mis pequeños vicios. Sin azúcar,
para percibir todos su aroma y sabor. Dejándolo reposar y estrangulando con delicadeza la bolsa, aunque con menos arte que mi compañero de universidad Andrés (él sí que era un fenómeno). Con todo, también consumo tés a granel.
Como novato, empecé por los tés clásicos de supermercado (Hornimans y cía). Son correctos para iniciarse, pero cuando se da un paso adelante y se prueban tés de un nivel superior (de tetería o de marcas como Twinnings), realmente cambia la cosa: se descubre un nuevo mundo de sabores.
Para los que aprecian esta bebida en todas sus variantes (¡incluso con hielo en verano!), recomiendo variedades como el Earl Grey (té negro con bergamota), el té verde con chocolate (descubierto en Francia) o el Pai-Mutan chino (también conocido como té blanco, buenísimo).
Habitualmente consumo tés de gusto y color intenso (Prince of Wales, English Breakfast, Earl Grey, etc.). A pesar de intentar compartirlos con mis compañeros de trabajo, no acaban de ser de su gusto: prefieren variedades más suaves o infusiones de otras plantas (como el poleo o la manzanilla). Incluso hay cajas con gustos más o menos exóticos que han llegado a triunfar...
En fin, ya sabéis. Estamos en España, por lo que no hay que ser purista británico y tomárselo a las cinco con una nube de leche, con Mildred y George. Basta una buena ocasión (aunque simplemente sea para hacer una pausa en el trabajo), una buena compañía o un buen libro, ¡y a disfrutar!
Y si venís a verme, siempre podréis tener una taza humeante a vuestra disposición...
Debo reconocer que el té, sustituto gradual del café en mi vida cotidiana, es uno de mis pequeños vicios. Sin azúcar,
para percibir todos su aroma y sabor. Dejándolo reposar y estrangulando con delicadeza la bolsa, aunque con menos arte que mi compañero de universidad Andrés (él sí que era un fenómeno). Con todo, también consumo tés a granel.Como novato, empecé por los tés clásicos de supermercado (Hornimans y cía). Son correctos para iniciarse, pero cuando se da un paso adelante y se prueban tés de un nivel superior (de tetería o de marcas como Twinnings), realmente cambia la cosa: se descubre un nuevo mundo de sabores.
Para los que aprecian esta bebida en todas sus variantes (¡incluso con hielo en verano!), recomiendo variedades como el Earl Grey (té negro con bergamota), el té verde con chocolate (descubierto en Francia) o el Pai-Mutan chino (también conocido como té blanco, buenísimo).
Habitualmente consumo tés de gusto y color intenso (Prince of Wales, English Breakfast, Earl Grey, etc.). A pesar de intentar compartirlos con mis compañeros de trabajo, no acaban de ser de su gusto: prefieren variedades más suaves o infusiones de otras plantas (como el poleo o la manzanilla). Incluso hay cajas con gustos más o menos exóticos que han llegado a triunfar...
En fin, ya sabéis. Estamos en España, por lo que no hay que ser purista británico y tomárselo a las cinco con una nube de leche, con Mildred y George. Basta una buena ocasión (aunque simplemente sea para hacer una pausa en el trabajo), una buena compañía o un buen libro, ¡y a disfrutar!
Y si venís a verme, siempre podréis tener una taza humeante a vuestra disposición...





