Otro tipo de debate político
He leído un artículo en el blog de Lluis Bassets, un colaborador de El País, sobre el debate televisado entre Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal dentro de la campaña presidencial francesa.
Me ha parecido oportuno transcribir una buena parte del contenido, con la que estoy de acuerdo. Habla del respeto entre los contrincantes, algo que parece perderse entre la clase política española.
Al hilo de esto, leía no hace mucho la gran decepción que se llevó un grupo de escolares y jóvenes en una visita al senado viendo el lamentable espectáculo de descalificaciones entre miembros de la oposición y los del principal partido.
Fomentemos el respeto y el derecho a la discrepancia, pero con educación.
No me extiendo más... He aquí el texto.
"Envidia
¡Qué maravilla un país como Francia, en el que el debate político está vivo, y el combate sin piedad y cruel por el poder no es incompatible con un mínimo respeto por las personas y las ideas ajenas! El rito de la elección presidencial por sufragio universal y directo, tal como ha quedado acuñado desde 1965, es una auténtica fiesta de exaltación de la política y del liderazgo. En tiempos de desprestigio e inanidad de la política y de personalidades débiles y sin perfil, es reconfortante que Francia nos proporcione todavía estímulos esperanzadores sobre el gobierno y la organización de la vida en sociedad, personajes del coraje y del temple de Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, que salen a combatir y a pelear por sus ideas y sus legítimas ambiciones, políticas claro está, pero también personales. Y lo es más todavía visto desde España, país donde los defectos de la modernidad parecen exagerados hasta la caricatura.
Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal acaban de ofrecer a sus conciudadanos a la vez un espectáculo y un servicio. Un espectáculo, evidentemente, porque es difícil hallar una emisión más apasionante, más atractiva, y a la vez más trascendente, que un debate entre los dos candidatos a una elección presidencial como la francesa, en el que se enzarzan a cuatro días ya de la cita con las urnas: si algo queda por jugar se juega ahora, durante las dos horas largas del debate, en el que convencen a los que falta por convencer o disuaden por sus fallos a los que estaban a medio convencer. Y un servicio, porque contribuyen a la dignificación de la política mediante la discusión sobre el rumbo político de Francia y a la participación de los ciudadanos en la configuración de las políticas que deberán aplicar sus gobiernos. Como los buenos partidos de fútbol, que hacen fútbol (esto es, afición y futbolistas), debates como el de esta pasada noche hacen también política (interés por la política y vocaciones políticas, es decir, ciudadanos y dirigentes políticos).
Y sin embargo, pocas novedades pudieron aportar ambos candidatos a sus ya prolijas explicaciones desgranadas a lo largo de la campaña. La mayor de todas fue la confrontación de las dos personalidades, los dos caracteres, en una discusión llena de interrupciones mutuas, de zancadillas y trampas para obligar al contrario a equivocarse en unas cifras o unos datos, y de descalificaciones no siempre basadas en la literalidad de las declaraciones mutuas sino en juicios de intenciones. Ségolène Royal interrumpió varias veces a Nicolas Sarkozy para intentar sacarle de sus casillas. Y éste último a ella para intentar demostrar su falta de dominio de los temas. Pero al final, quien tuvo una reacción airada fue la señora Royal, a propósito de la educación de los niños discapacitados, que el candidato aprovechó para señalar que estaba perdiendo el autocontrol. En una especie de juego de espejos la candidata fue la que descalificó duramente al candidato y recibió lecciones de dominio del carácter de quien precisamente tiene más problemas para dominarse. No está claro que este incidente sea negativo para Ségolène, al contrario, pues le permitió reivindicar que todavía mantiene su capacidad de rebelarse y de responder airada a alguien de carácter fuerte.
Curiosamente y a la vista de este debate, la España de Zapatero es toda una referencia en Francia, en una discusión muy encerrada en el escenario francés y con mínimas incursiones a la escena internacional. Principalmente como ejemplo de buenas políticas económicas, de creación de empleo, de la popularidad y extensión de la propiedad inmobiliaria y en relación a las opiniones del presidente español sobre la Constitución europea. Sarkozy, que citó tres veces al presidente español, nos reveló algo que no sabíamos todavía, y es que Zapatero está de acuerdo con él en promover un Tratado reducido que sustituya a la Constitución europea aprobada en referéndum por los españoles. "
Me ha parecido oportuno transcribir una buena parte del contenido, con la que estoy de acuerdo. Habla del respeto entre los contrincantes, algo que parece perderse entre la clase política española.
Al hilo de esto, leía no hace mucho la gran decepción que se llevó un grupo de escolares y jóvenes en una visita al senado viendo el lamentable espectáculo de descalificaciones entre miembros de la oposición y los del principal partido.
Fomentemos el respeto y el derecho a la discrepancia, pero con educación.
No me extiendo más... He aquí el texto.
"Envidia
¡Qué maravilla un país como Francia, en el que el debate político está vivo, y el combate sin piedad y cruel por el poder no es incompatible con un mínimo respeto por las personas y las ideas ajenas! El rito de la elección presidencial por sufragio universal y directo, tal como ha quedado acuñado desde 1965, es una auténtica fiesta de exaltación de la política y del liderazgo. En tiempos de desprestigio e inanidad de la política y de personalidades débiles y sin perfil, es reconfortante que Francia nos proporcione todavía estímulos esperanzadores sobre el gobierno y la organización de la vida en sociedad, personajes del coraje y del temple de Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, que salen a combatir y a pelear por sus ideas y sus legítimas ambiciones, políticas claro está, pero también personales. Y lo es más todavía visto desde España, país donde los defectos de la modernidad parecen exagerados hasta la caricatura.
Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal acaban de ofrecer a sus conciudadanos a la vez un espectáculo y un servicio. Un espectáculo, evidentemente, porque es difícil hallar una emisión más apasionante, más atractiva, y a la vez más trascendente, que un debate entre los dos candidatos a una elección presidencial como la francesa, en el que se enzarzan a cuatro días ya de la cita con las urnas: si algo queda por jugar se juega ahora, durante las dos horas largas del debate, en el que convencen a los que falta por convencer o disuaden por sus fallos a los que estaban a medio convencer. Y un servicio, porque contribuyen a la dignificación de la política mediante la discusión sobre el rumbo político de Francia y a la participación de los ciudadanos en la configuración de las políticas que deberán aplicar sus gobiernos. Como los buenos partidos de fútbol, que hacen fútbol (esto es, afición y futbolistas), debates como el de esta pasada noche hacen también política (interés por la política y vocaciones políticas, es decir, ciudadanos y dirigentes políticos).
Y sin embargo, pocas novedades pudieron aportar ambos candidatos a sus ya prolijas explicaciones desgranadas a lo largo de la campaña. La mayor de todas fue la confrontación de las dos personalidades, los dos caracteres, en una discusión llena de interrupciones mutuas, de zancadillas y trampas para obligar al contrario a equivocarse en unas cifras o unos datos, y de descalificaciones no siempre basadas en la literalidad de las declaraciones mutuas sino en juicios de intenciones. Ségolène Royal interrumpió varias veces a Nicolas Sarkozy para intentar sacarle de sus casillas. Y éste último a ella para intentar demostrar su falta de dominio de los temas. Pero al final, quien tuvo una reacción airada fue la señora Royal, a propósito de la educación de los niños discapacitados, que el candidato aprovechó para señalar que estaba perdiendo el autocontrol. En una especie de juego de espejos la candidata fue la que descalificó duramente al candidato y recibió lecciones de dominio del carácter de quien precisamente tiene más problemas para dominarse. No está claro que este incidente sea negativo para Ségolène, al contrario, pues le permitió reivindicar que todavía mantiene su capacidad de rebelarse y de responder airada a alguien de carácter fuerte.
Curiosamente y a la vista de este debate, la España de Zapatero es toda una referencia en Francia, en una discusión muy encerrada en el escenario francés y con mínimas incursiones a la escena internacional. Principalmente como ejemplo de buenas políticas económicas, de creación de empleo, de la popularidad y extensión de la propiedad inmobiliaria y en relación a las opiniones del presidente español sobre la Constitución europea. Sarkozy, que citó tres veces al presidente español, nos reveló algo que no sabíamos todavía, y es que Zapatero está de acuerdo con él en promover un Tratado reducido que sustituya a la Constitución europea aprobada en referéndum por los españoles. "
Comentario:
Después de la última azanarada aún me hago cruces porque un presidente de esta calaña nos haya gobernado durante 8 años.
He aquí la prueba del delito.
http://blogs.ya.com/sonso/c_183.htm#comment_1
Comentario:
Yo también opino que se están perdiendo las formas en la política española, pero esto tiene su origen en un partido que se hace llamar de centro y que ya no respeta las reglas de la democracia, convirtiéndose en un partido de la derecha más rancia y traicionera. Y con ello dan motivo para que el resto de fuerzas democráticas le den la espalda. Lo que no llego a entender es el gran apoyo popular que dicen tener cuando ellos mismos están demostrando día a día que no cuentan con el pueblo, y que con tal de llevar un buen resultado electoral son capaces de denigrar a las víctimas del mayor atentado terrorista que ha sufrido España. ¡Basta ya de tanta falsedad!





