¿Un error de traducción? No, una decisión lógica
Hace escasas fechas el Pobrecito Hablador estuvo viendo un programa de televisión en el que entrevistaban a Ildefonso Falcones, el autor de La catedral del mar, novela histórica centrada en la construcción del templo gótico de Santa María del Mar en Barcelona.
Con ínfulas de intelectualidad, la conductora del programa planteó una curiosa pregunta al escritor: "¿Por qué el título de la novela en castellano es "La catedral del mar" y en catalán es "L'església del del mar"?"
El fondo real de la pregunta era: ¿Qué oscura razón se escondía para bajar de categoría canónica este templo en catalán? ¿O bien se trataba de un error en el título castellano?
Hay que tener en cuenta que el único templo en Barcelona que puede llamarse catedral con propiedad es el que se encuentra en la plaza del mismo nombre, porque tiene la sede arzobispal (eso lo han aprendido los contertulios de sobremesa del Pobrecito Hablador y él mismo tras mantener otra de sus indefinibles conversaciones y la posterior consulta al DRAE).
La respuesta del literato es de las que hacen historia. Esperando la periodista una sesuda justificación, el escritor salió al quite con un motivo lógico: si se hace la traducción del título al catalán son las mismas palabras que en castellano. Es decir, si se encuadernase la versión catalana con la traducción literal, no sería posible distinguir en una librería la versión castellana de la catalana. Es el editor el que quiere diferenciar sus productos.
El Pobrecito Hablador todavía recuerda la cara de la periodista tras la respuesta. Y es que con la fe del carbonero, el escritor había desmontado la rebuscada pregunta.
Vivir para ver.
Con ínfulas de intelectualidad, la conductora del programa planteó una curiosa pregunta al escritor: "¿Por qué el título de la novela en castellano es "La catedral del mar" y en catalán es "L'església del del mar"?" El fondo real de la pregunta era: ¿Qué oscura razón se escondía para bajar de categoría canónica este templo en catalán? ¿O bien se trataba de un error en el título castellano?
Hay que tener en cuenta que el único templo en Barcelona que puede llamarse catedral con propiedad es el que se encuentra en la plaza del mismo nombre, porque tiene la sede arzobispal (eso lo han aprendido los contertulios de sobremesa del Pobrecito Hablador y él mismo tras mantener otra de sus indefinibles conversaciones y la posterior consulta al DRAE).
La respuesta del literato es de las que hacen historia. Esperando la periodista una sesuda justificación, el escritor salió al quite con un motivo lógico: si se hace la traducción del título al catalán son las mismas palabras que en castellano. Es decir, si se encuadernase la versión catalana con la traducción literal, no sería posible distinguir en una librería la versión castellana de la catalana. Es el editor el que quiere diferenciar sus productos.
El Pobrecito Hablador todavía recuerda la cara de la periodista tras la respuesta. Y es que con la fe del carbonero, el escritor había desmontado la rebuscada pregunta.
Vivir para ver.





