Presiones con rostro de moneda
En los últimos tiempos parece enraizarse en la Casa Blanca la utilización de las remesas como instrumento de presión externa.
Sabedora de que anualmente América Latina recibe de sus emigrados en Estados Unidos 30 mil millones de dólares -monto superior a toda la inversión extranjera directa y a la asistencia de desarrollo oficial enviada a la región en 12 meses-, la potencia imperial se ha dispuesto a emplear ese flujo financiero para pulsear en las relaciones con sus vecinos.
Durante la campaña de las más recientes elecciones a la presidencia en El Salvador, la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Estado norteamericano echaron a rodar en la prensa de ese país la versión de que si ganaba el candidato izquierdista, Schafik Handal, disminuiría notablemente o hasta podría suprimirse el envío de remesas a las familias de la empobrecida nación centroamericana, las cuales reciben cada año en su conjunto dos mil 100 millones de dólares, remitidos por gran parte de los dos millones 300 mil salvadoreños radicados en EE.UU.
Muchos electores -de las amplias masas desposeídas- se vieron forzados a votar por el pronorteamericano candidato de la derecha, quien a la postre salió vencedor.
Procedimiento semejante empleó el Imperio en Uruguay, donde en octubre pasado acontecieron los comicios presidenciales. Las presiones, sin embargo, no impidieron el triunfo de Tabaré Vázquez, candidato de la izquierda.
George Walker Bush también convierte ese soporte económico en poderosa arma de influencia y presión para maniobrar a su favor en naciones con Gobiernos progresistas, como Brasil, Argentina o Paraguay.
¡Habría que ver la postura del Emperador respecto a México en este tema, si Vicente Fox no se mantuviera con la cabeza inclinada! Allí las remesas procedentes del norte del río Bravo alcanzaron una cifra récord durante 2003, al ascender a 13 mil 266 millones de dólares, monto superior al de la inversión extranjera directa y a la del Gobierno federal en agricultura, educación y desarrollo social.
Otro terreno abierto a esa influencia es Ecuador, de donde marcharon al "Dorado" cerca de un millón de ciudadanos, cuyos envíos a sus parientes constituyen la segunda fuente de ingresos de divisas del país, solo aventajada por las exportaciones petroleras.
Similar panorama se dibuja en el resto de la región, sujeta a ser víctima de esa nueva arma estratégica de EE.UU.
Las más recientes medidas de la Administración Bush destinadas a arreciar el bloqueo a Cuba y derrocar su Revolución, incluyeron sensibles restricciones en el terreno de las remesas enviadas a los residentes en la Isla por sus familiares en la norteña nación.
Inicialmente concebían la reducción a 75 dólares de los 300 mensuales permitidas por emigrante. Las fuertes protestas de la comunidad de cubano-estadounidense provocadas por el anuncio del nuevo garrote, determinó que la Casa Blanca echara para atrás esa parte de la prohibición.
Sin embargo, quedó limitada la autorización de esos envíos sólo a abuelos, padres, hermanos e hijos, siempre y cuando no fueran militantes del Partido Comunista de Cuba ni funcionarios del Gobierno.
Desde que emplea a las remesas como armamento de política externa, es la primera vez que Washington niega a tíos, primos, cuñados y otros parientes, en un abierto y desafiante ataque a la familia cubana.
Los imperialistas siguen desconociendo que tratan con un pueblo de alta cultura política y dignidad, de profundas raíces históricas, agigantado frente a un bloqueo económico, comercial y financiero de más de cuatro décadas, que ha provocado pérdidas a la Isla por más de 70 mil millones de dólares, el equivalente a 15 años de desarrollo sustentable.
Olvidan que la protección ciudadana, inherente al sistema socialista cubano, amortigua el embate de esa medida de fuerza e impide que esta tenga consecuencias graves para la población.
Tengan o no rostro de moneda, las presiones están condenadas al fracaso en la tierra de José Martí.
Sabedora de que anualmente América Latina recibe de sus emigrados en Estados Unidos 30 mil millones de dólares -monto superior a toda la inversión extranjera directa y a la asistencia de desarrollo oficial enviada a la región en 12 meses-, la potencia imperial se ha dispuesto a emplear ese flujo financiero para pulsear en las relaciones con sus vecinos.
Durante la campaña de las más recientes elecciones a la presidencia en El Salvador, la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Estado norteamericano echaron a rodar en la prensa de ese país la versión de que si ganaba el candidato izquierdista, Schafik Handal, disminuiría notablemente o hasta podría suprimirse el envío de remesas a las familias de la empobrecida nación centroamericana, las cuales reciben cada año en su conjunto dos mil 100 millones de dólares, remitidos por gran parte de los dos millones 300 mil salvadoreños radicados en EE.UU.
Muchos electores -de las amplias masas desposeídas- se vieron forzados a votar por el pronorteamericano candidato de la derecha, quien a la postre salió vencedor.
Procedimiento semejante empleó el Imperio en Uruguay, donde en octubre pasado acontecieron los comicios presidenciales. Las presiones, sin embargo, no impidieron el triunfo de Tabaré Vázquez, candidato de la izquierda.
George Walker Bush también convierte ese soporte económico en poderosa arma de influencia y presión para maniobrar a su favor en naciones con Gobiernos progresistas, como Brasil, Argentina o Paraguay.
¡Habría que ver la postura del Emperador respecto a México en este tema, si Vicente Fox no se mantuviera con la cabeza inclinada! Allí las remesas procedentes del norte del río Bravo alcanzaron una cifra récord durante 2003, al ascender a 13 mil 266 millones de dólares, monto superior al de la inversión extranjera directa y a la del Gobierno federal en agricultura, educación y desarrollo social.
Otro terreno abierto a esa influencia es Ecuador, de donde marcharon al "Dorado" cerca de un millón de ciudadanos, cuyos envíos a sus parientes constituyen la segunda fuente de ingresos de divisas del país, solo aventajada por las exportaciones petroleras.
Similar panorama se dibuja en el resto de la región, sujeta a ser víctima de esa nueva arma estratégica de EE.UU.
Las más recientes medidas de la Administración Bush destinadas a arreciar el bloqueo a Cuba y derrocar su Revolución, incluyeron sensibles restricciones en el terreno de las remesas enviadas a los residentes en la Isla por sus familiares en la norteña nación.
Inicialmente concebían la reducción a 75 dólares de los 300 mensuales permitidas por emigrante. Las fuertes protestas de la comunidad de cubano-estadounidense provocadas por el anuncio del nuevo garrote, determinó que la Casa Blanca echara para atrás esa parte de la prohibición.
Sin embargo, quedó limitada la autorización de esos envíos sólo a abuelos, padres, hermanos e hijos, siempre y cuando no fueran militantes del Partido Comunista de Cuba ni funcionarios del Gobierno.
Desde que emplea a las remesas como armamento de política externa, es la primera vez que Washington niega a tíos, primos, cuñados y otros parientes, en un abierto y desafiante ataque a la familia cubana.
Los imperialistas siguen desconociendo que tratan con un pueblo de alta cultura política y dignidad, de profundas raíces históricas, agigantado frente a un bloqueo económico, comercial y financiero de más de cuatro décadas, que ha provocado pérdidas a la Isla por más de 70 mil millones de dólares, el equivalente a 15 años de desarrollo sustentable.
Olvidan que la protección ciudadana, inherente al sistema socialista cubano, amortigua el embate de esa medida de fuerza e impide que esta tenga consecuencias graves para la población.
Tengan o no rostro de moneda, las presiones están condenadas al fracaso en la tierra de José Martí.
¡Pobre imperio que apuesta al hambre!
¡Tributo al pequeño David rinde Goliat al emplear un garrote contra aquel!
Estados Unidos acude hasta a las vías más ilícitas en su afán de destruir a la Revolución Cubana, cuyo sostenido apoyo popular provoca desconcierto en las administraciones del país del Norte.
De poco han servido al imperio la guerra bacteriológica, los planes de asesinato a los principales dirigentes de la Isla, sabotajes, la invasión militar de Girón, el estímulo a la emigración ilegal, y otras tantas medidas de fuerza, expresiones todas de la pequeñez moral y la impotencia del agresor, entre las que ocupa un lugar especial, el más prolongado y cruel bloqueo económico, comercial y financiero de la historia.
Incluso, la nación más poderosa del mundo pretende desconocer que desde mediados del siglo anterior se considera genocidio la privación de los alimentos como medida punitiva, aun en caso de guerra, según lo establece la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948.
Sin embargo, el propio Departamento de Estado, en documento oficial del 6 de abril de 1960, declaraba abiertamente que el objetivo del bloqueo era provocar "el hambre, la desesperación", que desembocaran en "el derrocamiento del Gobierno" de Cuba.
En el informe de la Isla al Secretario General de la ONU, sobre el cumplimiento de la Resolución 57/11 de la Asamblea General de ese organismo internacional, se reiteran las medidas derivadas del bloqueo y cómo afectan las importaciones de productos alimenticios para el consumo directo de las familias y en escuelas, hogares de ancianos, hospitales, círculos infantiles, e inciden directamente en el nivel nutricional y en la salud de la población.
En 2002 las prohibiciones del Gobierno de los Estados Unidos a la exportación de productos alimentarios de su país, provocaron pérdidas para Cuba por un valor de 114 millones de dólares. En ese lapso la agricultura —básica para producir alimentos— sufrió afectaciones por un monto superior a los 108 millones dólares.
La negativa de acceso al mercado estadounidense determina, por ejemplo, que Cuba importe de áreas geográficas lejanas las semillas de papa, pagando fletes un 50 por ciento más caros.
De no tener lugar esa política, solo por este concepto la Isla podría sembrar 2 300 hectáreas más y adquirir, como mínimo, 57 000 toneladas adicionales, a favor del consumo poblacional.
La compra de materias primas para piensos en zonas distantes causa pérdidas de casi 60 millones de dólares por año a la avicultura.
El bloqueo impide disponer de las tecnologías más avanzadas sobre alimentación animal, desarrolladas en EE.UU., las cuales —si pudiesen emplearse por agricultores cubanos— incrementarían en 291 millones de unidades la disponibilidad de huevos y en 8 800 las toneladas de carne, con la masa actual de aves.
Las restricciones del Norte afectan los rendimientos agropecuarios, al complicarse y hacer más cara la adquisición de combustibles, fertilizantes, piezas de repuesto para equipos agrícolas, transporte de carga, y medios protectores de plantas.
Los obstáculos estadounidenses a la adquisición de materias primas para producir medicamentos, o de equipos y kits diagnósticos —estos últimos elaborados por firmas norteamericanas en la mayoría de los casos— perjudican el servicio veterinario, y encarecen el enfrentamiento a las plagas que afectan a la masa animal, algunas de ellas probadamente introducidas en el país, como consecuencia de agresiones biológicas norteamericanas.
No debe inferirse que las ventas de algunas cantidades de alimentos de EE.UU. a Cuba, a raíz del paso por la Isla del devastador huracán Michelle, a finales del año 2000, signifiquen relaciones comerciales normales y el debilitamiento del bloqueo.
Fue un gesto amable y excepcional, valorado en su justa medida por la parte cubana, pero entorpecido por el mismísimo bloqueo.
Esas ventas están sujetas a complicados procedimientos y normas que dificultan las transacciones. Las empresas norteamericanas no pueden materializar sus exportaciones, si antes no corren tortuosos trámites burocráticos para obtener una licencia de autorización para vender sus productos a Cuba; en tanto esta tiene que pagar en efectivo, al mantenérsele la negativa de acceso a créditos en instituciones bancarias, públicas o privadas del vecino país.
La entidad cubana contratante de las compras debe entregar el dinero mediante bancos en terceros países y en otras monedas distintas al dólar, lo que implica pérdidas en operaciones cambiarias.
Este comercio, además, va contra la práctica internacional pues solo es en una dirección ya que el intercambio se encuentra excluido.
Cuba tampoco puede emplear sus barcos para trasladar las mercancías previstas, las cuales recibe mediante buques norteamericanos o de otras naciones, previa licencia estadounidense.
Sigue en pie, entonces, el garrote que señala la debilidad de Goliat
Estados Unidos acude hasta a las vías más ilícitas en su afán de destruir a la Revolución Cubana, cuyo sostenido apoyo popular provoca desconcierto en las administraciones del país del Norte.
De poco han servido al imperio la guerra bacteriológica, los planes de asesinato a los principales dirigentes de la Isla, sabotajes, la invasión militar de Girón, el estímulo a la emigración ilegal, y otras tantas medidas de fuerza, expresiones todas de la pequeñez moral y la impotencia del agresor, entre las que ocupa un lugar especial, el más prolongado y cruel bloqueo económico, comercial y financiero de la historia.
Incluso, la nación más poderosa del mundo pretende desconocer que desde mediados del siglo anterior se considera genocidio la privación de los alimentos como medida punitiva, aun en caso de guerra, según lo establece la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948.
Sin embargo, el propio Departamento de Estado, en documento oficial del 6 de abril de 1960, declaraba abiertamente que el objetivo del bloqueo era provocar "el hambre, la desesperación", que desembocaran en "el derrocamiento del Gobierno" de Cuba.
En el informe de la Isla al Secretario General de la ONU, sobre el cumplimiento de la Resolución 57/11 de la Asamblea General de ese organismo internacional, se reiteran las medidas derivadas del bloqueo y cómo afectan las importaciones de productos alimenticios para el consumo directo de las familias y en escuelas, hogares de ancianos, hospitales, círculos infantiles, e inciden directamente en el nivel nutricional y en la salud de la población.
En 2002 las prohibiciones del Gobierno de los Estados Unidos a la exportación de productos alimentarios de su país, provocaron pérdidas para Cuba por un valor de 114 millones de dólares. En ese lapso la agricultura —básica para producir alimentos— sufrió afectaciones por un monto superior a los 108 millones dólares.
La negativa de acceso al mercado estadounidense determina, por ejemplo, que Cuba importe de áreas geográficas lejanas las semillas de papa, pagando fletes un 50 por ciento más caros.
De no tener lugar esa política, solo por este concepto la Isla podría sembrar 2 300 hectáreas más y adquirir, como mínimo, 57 000 toneladas adicionales, a favor del consumo poblacional.
La compra de materias primas para piensos en zonas distantes causa pérdidas de casi 60 millones de dólares por año a la avicultura.
El bloqueo impide disponer de las tecnologías más avanzadas sobre alimentación animal, desarrolladas en EE.UU., las cuales —si pudiesen emplearse por agricultores cubanos— incrementarían en 291 millones de unidades la disponibilidad de huevos y en 8 800 las toneladas de carne, con la masa actual de aves.
Las restricciones del Norte afectan los rendimientos agropecuarios, al complicarse y hacer más cara la adquisición de combustibles, fertilizantes, piezas de repuesto para equipos agrícolas, transporte de carga, y medios protectores de plantas.
Los obstáculos estadounidenses a la adquisición de materias primas para producir medicamentos, o de equipos y kits diagnósticos —estos últimos elaborados por firmas norteamericanas en la mayoría de los casos— perjudican el servicio veterinario, y encarecen el enfrentamiento a las plagas que afectan a la masa animal, algunas de ellas probadamente introducidas en el país, como consecuencia de agresiones biológicas norteamericanas.
No debe inferirse que las ventas de algunas cantidades de alimentos de EE.UU. a Cuba, a raíz del paso por la Isla del devastador huracán Michelle, a finales del año 2000, signifiquen relaciones comerciales normales y el debilitamiento del bloqueo.
Fue un gesto amable y excepcional, valorado en su justa medida por la parte cubana, pero entorpecido por el mismísimo bloqueo.
Esas ventas están sujetas a complicados procedimientos y normas que dificultan las transacciones. Las empresas norteamericanas no pueden materializar sus exportaciones, si antes no corren tortuosos trámites burocráticos para obtener una licencia de autorización para vender sus productos a Cuba; en tanto esta tiene que pagar en efectivo, al mantenérsele la negativa de acceso a créditos en instituciones bancarias, públicas o privadas del vecino país.
La entidad cubana contratante de las compras debe entregar el dinero mediante bancos en terceros países y en otras monedas distintas al dólar, lo que implica pérdidas en operaciones cambiarias.
Este comercio, además, va contra la práctica internacional pues solo es en una dirección ya que el intercambio se encuentra excluido.
Cuba tampoco puede emplear sus barcos para trasladar las mercancías previstas, las cuales recibe mediante buques norteamericanos o de otras naciones, previa licencia estadounidense.
Sigue en pie, entonces, el garrote que señala la debilidad de Goliat
La mano imperial contra la ciencia cubana
El bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba ha costado al país más de 15 años de desarrollo.
La Ciencia, la Tecnología y el Medio Ambiente como los restantes sectores de la sociedad, tampoco han escapado a la amplia madeja restrictiva de más de cuatro décadas, en el afán de la Casa Blanca de hipotecar incluso el futuro de la nación antillana. Solo en los últimos ocho años el bloqueo ha causado a ese sector pérdidas superiores a los mil 390 millones de dólares.
Condenadas por la Asamblea General de la ONU durante 12 años consecutivos, la brutal política instrumentada por EE.UU. obstruye hasta el mínimo intercambio entre ambos pueblos.
A principios de 2004 se conoció la prohibición de editar en publicaciones estadounidenses trabajos de científicos cubanos y otros países sujetos al régimen de sanciones del Imperio. Serían multados con hasta 50 mil dólares o penas de cárcel de hasta 10 años los transgresores de esa disposición.
Tras innumerables críticas, incluso de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, editora de la prestigiosa revista Science, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro eliminó la restricción.
La transferencia de tecnologías y la compra de licencias de software y sus actualizaciones, de equipamiento y recursos materiales para las investigaciones científicas deben lograrse a través de terceros países, debido a las regulaciones que limitan su entrada directa a la Isla, lo que incrementa los precios y demora la adquisición.
No es posible obtener la licencia de Macromedia Director, ni acceder a sus cursos u otras facilidades porque esta entidad tiene una cláusula que prohíbe la venta a la nación caribeña.
Los efectos del bloqueo se acrecientan en el área de diagnóstico de laboratorio clínico, microbiología y otras similares dada la presencia mayoritaria de las empresas estadounidenses en la producción de equipos y reactivos, muchas de estas únicas de su tipo en el mundo.
En 2004 la firma inglesa OXOID, suministradora de medios de cultivo, cuyo accionista principal pasó a ser una firma con intereses norteamericanos, respondió negativamente a una petición de cotización de un grupo de reactivos para el sistema nacional de salud, algo que hasta ese momento hacía.
El Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, en Ciudad de La Habana, tampoco puede comprar el kit TermoScript RT-PCR System de la firma INVITROGEN, para la detección del coronavirus, causante del Síndrome Respiratorio Agudo Severo.
Limitaciones impuestas por el Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta impiden igualmente a la ínsula de recibir los medios necesarios para detectar la Encefalitis por el Virus del Nilo Occidental y la Influenza Aviar.
La negativa de vender al Centro de Investigaciones del Ozono un lector de microplacas fabricado por la firma norteamericana MOLECULAR DEVICES, constituye otra muestra de la política adoptada por el Imperio cuando en 1959 perdió el control que ejercía en la nación caribeña y percibió el ejemplo de la Revolución Cubana como un claro desafío a sus planes de dominación hegemónica mundial.
Con un incremento del precio en un 25 por ciento, Cuba solicitó dicho equipo a la empresa inglesa RANDOX y su representante en la Isla planteó la imposibilidad de servir de intermediario, pues debía declarar a EE.UU. el destino de la mercancía.
No obstante y a pesar de las severas prohibiciones, la mayor de las Antillas se ubicó en el 2003 entre los 55 países con alto índice de desarrollo humano, por encima de naciones con mayor nivel económico y superior, desde 1998, al promedio en las Américas, según un informe del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).
Las cifras indican que Cuba exhibe mejores resultados que Estados Unidos en muchos de los parámetros analizados, como mortalidad infantil y materna, escolarización, distribución equitativa de la riqueza, aseguramiento del empleo y cuidado del medio ambiente.
Solo el gran esfuerzo, la entrega al trabajo y la preparación científica han permitido a la ciencia cubana contrarrestar carencias y dificultades generadas por el bloqueo norteamericano, e incluso marcar pautas en la biotecnología, farmacología, trasplantes y otros terrenos, por lo general vedados para naciones del Tercer Mundo.
(Por Francis Norniella Yaujar)
La Ciencia, la Tecnología y el Medio Ambiente como los restantes sectores de la sociedad, tampoco han escapado a la amplia madeja restrictiva de más de cuatro décadas, en el afán de la Casa Blanca de hipotecar incluso el futuro de la nación antillana. Solo en los últimos ocho años el bloqueo ha causado a ese sector pérdidas superiores a los mil 390 millones de dólares.
Condenadas por la Asamblea General de la ONU durante 12 años consecutivos, la brutal política instrumentada por EE.UU. obstruye hasta el mínimo intercambio entre ambos pueblos.
A principios de 2004 se conoció la prohibición de editar en publicaciones estadounidenses trabajos de científicos cubanos y otros países sujetos al régimen de sanciones del Imperio. Serían multados con hasta 50 mil dólares o penas de cárcel de hasta 10 años los transgresores de esa disposición.
Tras innumerables críticas, incluso de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, editora de la prestigiosa revista Science, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro eliminó la restricción.
La transferencia de tecnologías y la compra de licencias de software y sus actualizaciones, de equipamiento y recursos materiales para las investigaciones científicas deben lograrse a través de terceros países, debido a las regulaciones que limitan su entrada directa a la Isla, lo que incrementa los precios y demora la adquisición.
No es posible obtener la licencia de Macromedia Director, ni acceder a sus cursos u otras facilidades porque esta entidad tiene una cláusula que prohíbe la venta a la nación caribeña.
Los efectos del bloqueo se acrecientan en el área de diagnóstico de laboratorio clínico, microbiología y otras similares dada la presencia mayoritaria de las empresas estadounidenses en la producción de equipos y reactivos, muchas de estas únicas de su tipo en el mundo.
En 2004 la firma inglesa OXOID, suministradora de medios de cultivo, cuyo accionista principal pasó a ser una firma con intereses norteamericanos, respondió negativamente a una petición de cotización de un grupo de reactivos para el sistema nacional de salud, algo que hasta ese momento hacía.
El Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, en Ciudad de La Habana, tampoco puede comprar el kit TermoScript RT-PCR System de la firma INVITROGEN, para la detección del coronavirus, causante del Síndrome Respiratorio Agudo Severo.
Limitaciones impuestas por el Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta impiden igualmente a la ínsula de recibir los medios necesarios para detectar la Encefalitis por el Virus del Nilo Occidental y la Influenza Aviar.
La negativa de vender al Centro de Investigaciones del Ozono un lector de microplacas fabricado por la firma norteamericana MOLECULAR DEVICES, constituye otra muestra de la política adoptada por el Imperio cuando en 1959 perdió el control que ejercía en la nación caribeña y percibió el ejemplo de la Revolución Cubana como un claro desafío a sus planes de dominación hegemónica mundial.
Con un incremento del precio en un 25 por ciento, Cuba solicitó dicho equipo a la empresa inglesa RANDOX y su representante en la Isla planteó la imposibilidad de servir de intermediario, pues debía declarar a EE.UU. el destino de la mercancía.
No obstante y a pesar de las severas prohibiciones, la mayor de las Antillas se ubicó en el 2003 entre los 55 países con alto índice de desarrollo humano, por encima de naciones con mayor nivel económico y superior, desde 1998, al promedio en las Américas, según un informe del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).
Las cifras indican que Cuba exhibe mejores resultados que Estados Unidos en muchos de los parámetros analizados, como mortalidad infantil y materna, escolarización, distribución equitativa de la riqueza, aseguramiento del empleo y cuidado del medio ambiente.
Solo el gran esfuerzo, la entrega al trabajo y la preparación científica han permitido a la ciencia cubana contrarrestar carencias y dificultades generadas por el bloqueo norteamericano, e incluso marcar pautas en la biotecnología, farmacología, trasplantes y otros terrenos, por lo general vedados para naciones del Tercer Mundo.
(Por Francis Norniella Yaujar)
Recordatorio para un amnésico "padrino"
Mientras la dominó EE.UU. (1898-1958), Cuba sufrió atrocidades en su ambiente, muchas cometidas por compañías norteamericanas vinculadas a ganadería, minería y producción de azúcar. La Isla mermó su superficie boscosa del 54 al 13,7 por ciento, lo que acentuó la destrucción de sus ecosistemas originales.
Ahora resulta que el norteño país, el que más contamina la atmósfera y menos compromisos establece para protegerla, se autopropone como "padrino" de la Ínsula en materia medioambiental, con asombrosa amnesia histórica.
La potencia que ignora el Protocolo de Kyoto (único tratado mundial en limitar la emisión de gases que provocan el cambio climático), y cuyas trasnacionales han desmontado extensas áreas boscosas en Latinoamérica, aprobó en mayo pasado el informe de la llamada Comisión de Ayuda a una Cuba Libre.
El texto incluye unas 450 recomendaciones y propuestas de nuevas medidas para derrocar a la Revolución e instaurar un gobierno títere bajo el control de Estados Unidos, quien ejercería el completo dominio sobre la nación cubana.
Este documento dedica un capítulo a lo que denomina Identificación y corrección del deterioro ambiental.
Una vez más el Imperio desconoce que la Revolución heredó un territorio sometido durante 450 años a intensa deforestación, entre otras políticas irracionales de manejo del medio natural que disminuyeron la fecundidad de parte considerable de sus suelos.
Olvida que en la tierra de Martí se ha propiciado la institucionalización de la cultura del cuidado del entorno, con leyes, programas y proyectos concretos, y se han desplegado ingentes esfuerzos a favor de la naturaleza, a pesar del bloqueo.
Cuba elevó su área boscosa hasta 23,4 por ciento y es de los pocos países de Las Américas donde crece ese indicador.
La aplicación de una adecuada política de dinámica en este campo, deviene congruente con el estricto control del manejo de bosques, responde al equilibrio conservación-explotación y propicia el incremento de la superficie boscosa en todas sus regiones.
Tiene la Antilla Mayor una estrategia hasta 2015 para elevar el índice de boscosidad al 28 por ciento -se cubrirían todo los suelos con aptitud forestal-, mejorar y enriquecer la composición de tales áreas y brindar mayor protección a los recursos hídricos, de flora y fauna.
Cuenta con la clasificación y categorización de todos los bosques, su representación cartográfica, plan de ordenamiento y medidas de protección y conservación.
La experiencia de las fincas forestales integrales ha contribuido a la reforestación y a establecer bosques energéticos y frutales, reducido la ocurrencia de incendios rurales y elevado la supervivencia de plantaciones.
Mediante este programa ponderado por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Gobierno entrega tierras en usufructo a campesinos, los apoya en construir y acondicionar sus viviendas, y les concede un módulo pecuario, herramientas, medios e insumos para el trabajo.
El plan concibe plantar árboles en 22 mil hectáreas en las zonas de protección de los 241 embalses y 831 micropresas de la nación, y cubrir 50 mil en las márgenes de ríos y arroyos.
Según Francisco Arias, representante de la FAO en Cuba, la Isla posee los mejores programas de Latinoamérica y el Caribe en conservación de bosques y desarrollo de comunidades sostenibles.
El país fue el primero de estas regiones en disponer de un programa nacional de lucha contra la desertificación y la sequía, elogiado por organismos internacionales.
La calidad del medio ambiente cubano prosiguió mejorando en los últimos años, favorecido por el empleo del fertirriego en complejos agroindustriales, introducción de prácticas productivas más limpias, rehabilitación y mantenimiento de sistemas de tratamiento de residuales.
Durante 2003, por ejemplo, decreció en nueve por ciento la carga contaminante en relación con el año precedente.
Tal disminución favoreció las cuencas hidrográficas, incluidas las de interés nacional, como la del Cauto, cuyo proyecto recuperador premió la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (2002).
La Ínsula sobresale asimismo en la aplicación del programa para conservar la diversidad biológica, considerado entre los más integrales de las regiones latinoamericana y caribeña.
Destacan sus proyectos sobre control de la polución del aire, agua y suelo, el estudio de ecosistemas frágiles de montaña y costeros, y las acciones restauradoras en cuencas hidrográficas, donde en el decenio anterior decreció la contaminación en casi 10 por ciento.
Ahora resulta que el norteño país, el que más contamina la atmósfera y menos compromisos establece para protegerla, se autopropone como "padrino" de la Ínsula en materia medioambiental, con asombrosa amnesia histórica.
La potencia que ignora el Protocolo de Kyoto (único tratado mundial en limitar la emisión de gases que provocan el cambio climático), y cuyas trasnacionales han desmontado extensas áreas boscosas en Latinoamérica, aprobó en mayo pasado el informe de la llamada Comisión de Ayuda a una Cuba Libre.
El texto incluye unas 450 recomendaciones y propuestas de nuevas medidas para derrocar a la Revolución e instaurar un gobierno títere bajo el control de Estados Unidos, quien ejercería el completo dominio sobre la nación cubana.
Este documento dedica un capítulo a lo que denomina Identificación y corrección del deterioro ambiental.
Una vez más el Imperio desconoce que la Revolución heredó un territorio sometido durante 450 años a intensa deforestación, entre otras políticas irracionales de manejo del medio natural que disminuyeron la fecundidad de parte considerable de sus suelos.
Olvida que en la tierra de Martí se ha propiciado la institucionalización de la cultura del cuidado del entorno, con leyes, programas y proyectos concretos, y se han desplegado ingentes esfuerzos a favor de la naturaleza, a pesar del bloqueo.
Cuba elevó su área boscosa hasta 23,4 por ciento y es de los pocos países de Las Américas donde crece ese indicador.
La aplicación de una adecuada política de dinámica en este campo, deviene congruente con el estricto control del manejo de bosques, responde al equilibrio conservación-explotación y propicia el incremento de la superficie boscosa en todas sus regiones.
Tiene la Antilla Mayor una estrategia hasta 2015 para elevar el índice de boscosidad al 28 por ciento -se cubrirían todo los suelos con aptitud forestal-, mejorar y enriquecer la composición de tales áreas y brindar mayor protección a los recursos hídricos, de flora y fauna.
Cuenta con la clasificación y categorización de todos los bosques, su representación cartográfica, plan de ordenamiento y medidas de protección y conservación.
La experiencia de las fincas forestales integrales ha contribuido a la reforestación y a establecer bosques energéticos y frutales, reducido la ocurrencia de incendios rurales y elevado la supervivencia de plantaciones.
Mediante este programa ponderado por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Gobierno entrega tierras en usufructo a campesinos, los apoya en construir y acondicionar sus viviendas, y les concede un módulo pecuario, herramientas, medios e insumos para el trabajo.
El plan concibe plantar árboles en 22 mil hectáreas en las zonas de protección de los 241 embalses y 831 micropresas de la nación, y cubrir 50 mil en las márgenes de ríos y arroyos.
Según Francisco Arias, representante de la FAO en Cuba, la Isla posee los mejores programas de Latinoamérica y el Caribe en conservación de bosques y desarrollo de comunidades sostenibles.
El país fue el primero de estas regiones en disponer de un programa nacional de lucha contra la desertificación y la sequía, elogiado por organismos internacionales.
La calidad del medio ambiente cubano prosiguió mejorando en los últimos años, favorecido por el empleo del fertirriego en complejos agroindustriales, introducción de prácticas productivas más limpias, rehabilitación y mantenimiento de sistemas de tratamiento de residuales.
Durante 2003, por ejemplo, decreció en nueve por ciento la carga contaminante en relación con el año precedente.
Tal disminución favoreció las cuencas hidrográficas, incluidas las de interés nacional, como la del Cauto, cuyo proyecto recuperador premió la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (2002).
La Ínsula sobresale asimismo en la aplicación del programa para conservar la diversidad biológica, considerado entre los más integrales de las regiones latinoamericana y caribeña.
Destacan sus proyectos sobre control de la polución del aire, agua y suelo, el estudio de ecosistemas frágiles de montaña y costeros, y las acciones restauradoras en cuencas hidrográficas, donde en el decenio anterior decreció la contaminación en casi 10 por ciento.
Luz roja en la capa azul
En las últimas décadas aumentó en el mundo la frecuencia de aparición en humanos de infecciones cutáneas, cataratas, cáncer de la piel y enfermedades asociadas a la disminución del sistema inmunológico.
Estudios especializados confirman que una de las causas fundamentales de esa adversa situación de salud es el adelgazamiento de la azulosa capa de ozono, encargada de impedir la penetración de los rayos ultravioletas B provenientes del Sol, incompatibles con la vida.
También precisan que la incidencia del cáncer cutáneo sin melanoma crece en un dos por ciento, si decrece en uno por ciento el ozono estratosférico.
La disminución de las concentraciones ozónicas, conocida como "agujero", malogra cosechas y provoca modificaciones importantes en el fitoplancton marino, que absorbe grandes cantidades de dióxido de carbono, principal gas con efecto invernadero (calentamiento global).
El aumento de las radiaciones ultravioletas B compromete la vida de los peces jóvenes y larvas de cangrejos y langostinos, lo que representa una amenaza para la industria pesquera. Sépase que más del 30 por ciento de las proteínas animales consumidas por los humanos proviene del mar, proporción aún mayor en muchos países subdesarrollados.
Las investigaciones indican que el causante del fenómeno es el propio hombre, al emplear clorofluorocarbonos (CFCs), compuestos muy poco reactivos en la atmósfera baja y por ende idóneos como gas refrigerante y para la fabricación de goma espuma, extintores, aerosoles y fumigantes.
Pero su principal ventaja -la estabilidad- ha sido también el origen de sus dañinos efectos. Ascienden sin ser destruidos hasta la estratosfera, a una altura entre 10 y 45 kilómetros de la superficie terrestre, donde las radiaciones ultravioletas liberan los átomos de cloro y bromo, responsables de la destrucción del ozono.
En esas condiciones, el cloro atómico actúa como catalizador, por lo que un solo átomo puede atacar cientos de miles de moléculas de ozono.
Entre 1979-1994 el ozono en las latitudes medias de ambos hemisferios mermó un cinco por ciento por decenio, como promedio.
El "agujero", detectado en la Antártida, mide ya unos 30 millones de kilómetros cuadrados, equivalentes al tamaño de Norteamérica. Los efectos de la baja concentración del ozono se extienden a parte de América del Sur, Nueva Zelanda y Australia.
Hoy se sabe que el 90 por ciento de los CFCs se emiten desde Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa.
Varios convenios, protocolos y otros instrumentos jurídicos internacionales se han firmado en las últimas décadas para sustituir los clorofluorcarbonos en las producciones industriales. Viena'1985, Montreal '1987, Londres '1990 y Copenhague '1992 marcaron pautas en ese sentido, y sentaron las bases para acuerdos ulteriores.
Los cálculos más optimistas señalan que, si se cumple lo acordado, sólo a finales de la presente centuria volvería a sus niveles normales la concentración de ozono en la estratosfera.
Sin embargo, por lo general las naciones más industrializadas -grandes responsables de lo que se considera uno de los principales problemas ambientales de la era moderna- se muestran cautelosas al responder en la práctica a las normativas suscritas en ese sentido, sobre todo porque cumplirlas representa pérdidas por concepto de cambios de tecnologías y sustitución de producciones que ya tienen mercado seguro. Así es el gran capital: la ganancia primero; la vida después.
EL APORTE DE CUBA
Cuba es uno de los países que han tomado en serio el desafío, al suscribir y ratificar todos los convenios internacionales de lucha contra el agotamiento de la capa de ozono, y crear en 1993 un Programa Nacional que fijó las metas para lograr una paulatina reducción en el empleo de las nocivas sustancias destructoras de la llamada "sombrilla del mundo".
Este plan promueva la reconversión tecnológica e involucra a los diferentes sectores de la industria, los servicios y la agricultura, y a empresas importadoras de equipos que emplean los CFCs.
A partir de una estrategia basada fundamentalmente en la eliminación total de las importaciones de productos con clorofluorocarbonos, la Oficina Técnica del Ozono,
perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, prevé que para el 2005 se reduzca a la mitad en la Isla la emisión de aquellas sustancias, las cuales no fabrica.
La entrada de tales compuestos al país caribeño está regulada estrictamente, y se priorizan otros que cumplan similares funciones, pero sobre la base de bondades ecológicas, sociales y económicas.
Cuba se convirtió en el primero de Latinoamérica (junto con Brasil) en eliminar el empleo del bromuro de metilo como plaguicida, utilizado principalmente en el cultivo del tabaco, con lo que cumplió el plaza fijado para las naciones del Tercer Mundo.
El gobierno promueve la capacitación del personal técnico de sus empresas en torno al cambio del gas tradicional de los refrigeradores domésticos y comerciales (perjudicial a la capa ozónica), por el inocuo LB-12, obtenido por especialistas de la provincia de Santiago de Cuba.
En el archipiélago, hasta el año anterior ya utilizaban el producto sustituto unos 400 mil equipos domésticos y más de 10 mil instalaciones comerciales de pequeña capacidad.
La voluntad política de Cuba para contribuir al empeño mundial por el cuidado de la capa de ozono -manifiesta en acciones prácticas concretas- constituye un ejemplo digno de imitar.
Estudios especializados confirman que una de las causas fundamentales de esa adversa situación de salud es el adelgazamiento de la azulosa capa de ozono, encargada de impedir la penetración de los rayos ultravioletas B provenientes del Sol, incompatibles con la vida.
También precisan que la incidencia del cáncer cutáneo sin melanoma crece en un dos por ciento, si decrece en uno por ciento el ozono estratosférico.
La disminución de las concentraciones ozónicas, conocida como "agujero", malogra cosechas y provoca modificaciones importantes en el fitoplancton marino, que absorbe grandes cantidades de dióxido de carbono, principal gas con efecto invernadero (calentamiento global).
El aumento de las radiaciones ultravioletas B compromete la vida de los peces jóvenes y larvas de cangrejos y langostinos, lo que representa una amenaza para la industria pesquera. Sépase que más del 30 por ciento de las proteínas animales consumidas por los humanos proviene del mar, proporción aún mayor en muchos países subdesarrollados.
Las investigaciones indican que el causante del fenómeno es el propio hombre, al emplear clorofluorocarbonos (CFCs), compuestos muy poco reactivos en la atmósfera baja y por ende idóneos como gas refrigerante y para la fabricación de goma espuma, extintores, aerosoles y fumigantes.
Pero su principal ventaja -la estabilidad- ha sido también el origen de sus dañinos efectos. Ascienden sin ser destruidos hasta la estratosfera, a una altura entre 10 y 45 kilómetros de la superficie terrestre, donde las radiaciones ultravioletas liberan los átomos de cloro y bromo, responsables de la destrucción del ozono.
En esas condiciones, el cloro atómico actúa como catalizador, por lo que un solo átomo puede atacar cientos de miles de moléculas de ozono.
Entre 1979-1994 el ozono en las latitudes medias de ambos hemisferios mermó un cinco por ciento por decenio, como promedio.
El "agujero", detectado en la Antártida, mide ya unos 30 millones de kilómetros cuadrados, equivalentes al tamaño de Norteamérica. Los efectos de la baja concentración del ozono se extienden a parte de América del Sur, Nueva Zelanda y Australia.
Hoy se sabe que el 90 por ciento de los CFCs se emiten desde Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa.
Varios convenios, protocolos y otros instrumentos jurídicos internacionales se han firmado en las últimas décadas para sustituir los clorofluorcarbonos en las producciones industriales. Viena'1985, Montreal '1987, Londres '1990 y Copenhague '1992 marcaron pautas en ese sentido, y sentaron las bases para acuerdos ulteriores.
Los cálculos más optimistas señalan que, si se cumple lo acordado, sólo a finales de la presente centuria volvería a sus niveles normales la concentración de ozono en la estratosfera.
Sin embargo, por lo general las naciones más industrializadas -grandes responsables de lo que se considera uno de los principales problemas ambientales de la era moderna- se muestran cautelosas al responder en la práctica a las normativas suscritas en ese sentido, sobre todo porque cumplirlas representa pérdidas por concepto de cambios de tecnologías y sustitución de producciones que ya tienen mercado seguro. Así es el gran capital: la ganancia primero; la vida después.
EL APORTE DE CUBA
Cuba es uno de los países que han tomado en serio el desafío, al suscribir y ratificar todos los convenios internacionales de lucha contra el agotamiento de la capa de ozono, y crear en 1993 un Programa Nacional que fijó las metas para lograr una paulatina reducción en el empleo de las nocivas sustancias destructoras de la llamada "sombrilla del mundo".
Este plan promueva la reconversión tecnológica e involucra a los diferentes sectores de la industria, los servicios y la agricultura, y a empresas importadoras de equipos que emplean los CFCs.
A partir de una estrategia basada fundamentalmente en la eliminación total de las importaciones de productos con clorofluorocarbonos, la Oficina Técnica del Ozono,
perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, prevé que para el 2005 se reduzca a la mitad en la Isla la emisión de aquellas sustancias, las cuales no fabrica.
La entrada de tales compuestos al país caribeño está regulada estrictamente, y se priorizan otros que cumplan similares funciones, pero sobre la base de bondades ecológicas, sociales y económicas.
Cuba se convirtió en el primero de Latinoamérica (junto con Brasil) en eliminar el empleo del bromuro de metilo como plaguicida, utilizado principalmente en el cultivo del tabaco, con lo que cumplió el plaza fijado para las naciones del Tercer Mundo.
El gobierno promueve la capacitación del personal técnico de sus empresas en torno al cambio del gas tradicional de los refrigeradores domésticos y comerciales (perjudicial a la capa ozónica), por el inocuo LB-12, obtenido por especialistas de la provincia de Santiago de Cuba.
En el archipiélago, hasta el año anterior ya utilizaban el producto sustituto unos 400 mil equipos domésticos y más de 10 mil instalaciones comerciales de pequeña capacidad.
La voluntad política de Cuba para contribuir al empeño mundial por el cuidado de la capa de ozono -manifiesta en acciones prácticas concretas- constituye un ejemplo digno de imitar.
Respuesta cubana contra el "colesterol" de los suelos
En la década anterior, investigadores de Cuba crearon una tecnología propia para combatir la salinidad de los suelos, fenómeno que en el país caribeño azota a un millón de hectáreas y amenaza a una superficie similar.
De acuerdo con recientes estudios especializados, casi el 15 por ciento de la superficie agrícola de Cuba está afectado por la salinidad, y un área similar corre peligro de padecer el flagelo, si dejan de adoptarse oportunamente las medidas necesarias para impedirlo.
Se trata de un millón de hectáreas ya infestadas, y otro amenazado con un proceso que implica exceso de sales en los terrenos y la consiguiente pérdida creciente de los rendimientos de las plantas.
En nueve provincias se manifiesta con mayor o menor grado el fenómeno, que tiene en la mitad oriental de la Isla su plaza principal de "conquista".
La guantanamera es una de las regiones más dañadas, donde la fusta salinizadora se expresa con marcada nitidez.
Allí padecen el llamado "colesterol de los suelos" unas 30 mil hectáreas, concentradas en el Valle de Guantánamo, asiento de la capital provincial y por tanto fuente básica de alimentos agropecuarios para los 211 mil habitantes de esa ciudad, quienes representan el 40 por ciento del total de residentes en los 10 municipios del territorio.
La afectación en esta zona tiene mayor trascendencia aún, si tenemos en cuenta que se trata de una de las pocas áreas llanas de la región, cuyas tres cuartas partes de superficie serrana la convierten en la más montañosa del archipiélago.
LOS PRIMEROS TRABAJOS DE ENVERGADURA
A mediados de la década antepasada, técnicos e ingenieros de la después extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), llevaron a cabo con homológos cubanos los trabajos de mayor envergadura efectuados hasta entonces en el enfrentamiento a la salinidad en el archipiélago.
La tecnología empleada se basaba en el procedimiento conocido como "lavado capital de los suelos", a los cuales se les aplicaba rigurosa nivelación, subsolaciones profundas, y luego sucesivas anegaciones con agua de buena calidad.
Desalinizar una hectárea demandaba alrededor de seis mil pesos, método costoso pero hasta entonces el único a la mano para recuperar aquellas superficies tan necesarias para el cultivo de viandas, hortalizas, granos, pastos y caña de azúcar.
SE INTERRUMPE LA COLABORACION SOVIETICA
Con el desmembramiento de la URSS se interrumpió aquella cooperación, y los científicos guantanameros debieron enfrentar solos el reto del exceso de sal en los terrenos, en medio de la situación económica más difícil de la etapa
revolucionaria.
Las limitaciones materiales y financieras de la década del90 exigieron buscar vías menos costosas, pero igualmente efectivas para luchar contra la adversidad.
Fue así que se emprendieron estudios pormenorizados de todas las áreas dañadas, las cuales se clasificaron de acuerdo con los grados bajos, medios o altos de afectación.
A partir de una concepción adaptada a las nuevas circunstancias, se escogieron las zonas donde se realizarían los trabajos recuperadores, consistentes, esencialmente, en la nivelación de los suelos, riego con agua de buena calidad, y la construcción de un complejo sistema de drenajes principales y secundarios, para propiciar una adecuada evacuación del líquido e impedir la elevación del manto freático.
Se trataría de evitar, a toda costa, que las aguas mineralizadas entraran en contacto con las raíces de las plantas, una vía directa de infestación.
La nueva filosofía recuperadora incluía lo que expertos llamaron "aprender a convivir con la salinización", concepto que concebía el cultivo de plantas tolerantes a ciertos niveles de concentración salina, de modo que podía sacarse provecho a la tierra mientras "se curaba" del mal.
Antes de arribar al nuevo siglo, ya se había detenido el avance de la enfermedad en el Valle de Guantánamo, y estaban de vuelta a la producción agropecuaria más de tres mil hectáreas, que antaño quedaron ociosas frente al embate de la sal.
Para llegar a esos resultados los científicos dedicaron a los laboratorios sólo una parte del tiempo, pues la otra era destinada a los trabajos de campo, para lo cual establecieron un campamento en medio de las áreas donde aplicarían sus procedimientos.
Científicos y productores entablaron entonces una relación singular -muy revolucionaria- que permitía a los primeros enseñar a los segundos, brindarles conferencias y clases prácticas en el propio surco; en tanto estos nutrían también de conocimientos -sobre todo empíricos- a los expertos.
En la lucha contra las concentraciones salinas en los terrenos, surgía así una tecnología integral, netamente cubana, incluida en un paquete de proyectos en marcha en Guantánamo, el cual permitió a Cuba en 1999 convertirse en el primer país latinoamericano y caribeño en recibir el Premio
Salvando las Tierras Secas, que otorga el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Los especialistas de ese organismo internacional certificaron que la nueva metodología era de referencia obligada en el combate universal frente a la salinización de los suelos. (Reinaldo Santana López)
De acuerdo con recientes estudios especializados, casi el 15 por ciento de la superficie agrícola de Cuba está afectado por la salinidad, y un área similar corre peligro de padecer el flagelo, si dejan de adoptarse oportunamente las medidas necesarias para impedirlo.
Se trata de un millón de hectáreas ya infestadas, y otro amenazado con un proceso que implica exceso de sales en los terrenos y la consiguiente pérdida creciente de los rendimientos de las plantas.
En nueve provincias se manifiesta con mayor o menor grado el fenómeno, que tiene en la mitad oriental de la Isla su plaza principal de "conquista".
La guantanamera es una de las regiones más dañadas, donde la fusta salinizadora se expresa con marcada nitidez.
Allí padecen el llamado "colesterol de los suelos" unas 30 mil hectáreas, concentradas en el Valle de Guantánamo, asiento de la capital provincial y por tanto fuente básica de alimentos agropecuarios para los 211 mil habitantes de esa ciudad, quienes representan el 40 por ciento del total de residentes en los 10 municipios del territorio.
La afectación en esta zona tiene mayor trascendencia aún, si tenemos en cuenta que se trata de una de las pocas áreas llanas de la región, cuyas tres cuartas partes de superficie serrana la convierten en la más montañosa del archipiélago.
LOS PRIMEROS TRABAJOS DE ENVERGADURA
A mediados de la década antepasada, técnicos e ingenieros de la después extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), llevaron a cabo con homológos cubanos los trabajos de mayor envergadura efectuados hasta entonces en el enfrentamiento a la salinidad en el archipiélago.
La tecnología empleada se basaba en el procedimiento conocido como "lavado capital de los suelos", a los cuales se les aplicaba rigurosa nivelación, subsolaciones profundas, y luego sucesivas anegaciones con agua de buena calidad.
Desalinizar una hectárea demandaba alrededor de seis mil pesos, método costoso pero hasta entonces el único a la mano para recuperar aquellas superficies tan necesarias para el cultivo de viandas, hortalizas, granos, pastos y caña de azúcar.
SE INTERRUMPE LA COLABORACION SOVIETICA
Con el desmembramiento de la URSS se interrumpió aquella cooperación, y los científicos guantanameros debieron enfrentar solos el reto del exceso de sal en los terrenos, en medio de la situación económica más difícil de la etapa
revolucionaria.
Las limitaciones materiales y financieras de la década del90 exigieron buscar vías menos costosas, pero igualmente efectivas para luchar contra la adversidad.
Fue así que se emprendieron estudios pormenorizados de todas las áreas dañadas, las cuales se clasificaron de acuerdo con los grados bajos, medios o altos de afectación.
A partir de una concepción adaptada a las nuevas circunstancias, se escogieron las zonas donde se realizarían los trabajos recuperadores, consistentes, esencialmente, en la nivelación de los suelos, riego con agua de buena calidad, y la construcción de un complejo sistema de drenajes principales y secundarios, para propiciar una adecuada evacuación del líquido e impedir la elevación del manto freático.
Se trataría de evitar, a toda costa, que las aguas mineralizadas entraran en contacto con las raíces de las plantas, una vía directa de infestación.
La nueva filosofía recuperadora incluía lo que expertos llamaron "aprender a convivir con la salinización", concepto que concebía el cultivo de plantas tolerantes a ciertos niveles de concentración salina, de modo que podía sacarse provecho a la tierra mientras "se curaba" del mal.
Antes de arribar al nuevo siglo, ya se había detenido el avance de la enfermedad en el Valle de Guantánamo, y estaban de vuelta a la producción agropecuaria más de tres mil hectáreas, que antaño quedaron ociosas frente al embate de la sal.
Para llegar a esos resultados los científicos dedicaron a los laboratorios sólo una parte del tiempo, pues la otra era destinada a los trabajos de campo, para lo cual establecieron un campamento en medio de las áreas donde aplicarían sus procedimientos.
Científicos y productores entablaron entonces una relación singular -muy revolucionaria- que permitía a los primeros enseñar a los segundos, brindarles conferencias y clases prácticas en el propio surco; en tanto estos nutrían también de conocimientos -sobre todo empíricos- a los expertos.
En la lucha contra las concentraciones salinas en los terrenos, surgía así una tecnología integral, netamente cubana, incluida en un paquete de proyectos en marcha en Guantánamo, el cual permitió a Cuba en 1999 convertirse en el primer país latinoamericano y caribeño en recibir el Premio
Salvando las Tierras Secas, que otorga el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Los especialistas de ese organismo internacional certificaron que la nueva metodología era de referencia obligada en el combate universal frente a la salinización de los suelos. (Reinaldo Santana López)





