DESENREDAR LA MADEJA E IDENTIFICAR SU GUÌA
Si una virtud tiene, entre otras, el Encuentro Internacional
contra el terrorismo, por la verdad y la justicia, que tiene
lugar en La Habana desde este jueves, es la de descifrar las
complejísimas conexiones existentes entre los más diversos, y en
ocasiones aparentemente ajenos, factores promotores del terror.
Así, sin profundizar mucho, se descubren mediante la simple
exposición de episodios, los hilos conductores de una virtual
madeja desatada que recorre países, cruza océanos y rebota para
reaparecer siempre en su lugar de origen.
El Plan Cóndor tramado en Chile, por ejemplo, muestra
ramificaciones, sangrientas por cierto, en Washington, muy cerca
de la Casa Blanca, con el brutal atentado a Orlando Letelier y
su secretaria Ron Moffitt, llega a la Argentina para acabar con
la vida del general chileno Carlos Prats y su esposa, visita El
Salvador para asesinar a Monseñor Arnulfo Romero, y hasta más
allá, a la lejana Europa a la caza de Pascal Allende.
Pero el hilo conductor de estos episodios se enreda en
República Dominicana, con la formación de la CORU (Coordinadora
de Organizaciones Revolucionarias Unidas), creación de la
Agencia Central de Inteligencia (CIA) de George Bush (padre),
con la finalidad de establecer el control de los grupos mafiosos
de la Florida, hasta entonces operando a su libre arbitrio.
Los personajes son en todos los casos los mismos. De ese modo
Félix Rodríguez aparece en La Higuera tras el Che, desempeña un
papel protagónico en la ilegal operación de suministro bélico a
la contra nicaragüense. Allí estará también Posada Carriles,
como antes estuvo en la tenebrosa DISIP (policía política)
venezolana y en otros muchos otros escenarios donde se cocine un
crimen, y siempre de la mano de Orlando Bosh.
Pinochet, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera, Pepe Figueres
y otros dan la bendición a Bosch, Posada, Novo Sampoll, y todos
cuando en un increíble y promiscuo carnaval irán a rendirle
cuentas al capo Bush, padre del hijo del hermano del hijo, como
prefiere identificarlos con fina intención y humorística ironía,
el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Un episodio conduce al otro: a la invasión de la CIA contra
Guatemala, se enlaza con la Nicaragua de los Somoza, a la guerra
norteamericana de agresión a Corea, el desembarco mercenario por
Bahía de Cochinos y la promoción del bandidismo en Cuba, la
escalada bélica en Viet Nam y el magnicidio de Dallas.
Ni hablar del archiconocido crimen de la nave de Cubana de
Aviación en Barbados (en el que perecieron 73 personas), la
bomba del hotel Copacabana donde pereció el joven italiano Fabio
Di Celmo, y del intento de genocidio en Panamá, los tres
hermanados por obra y gracia de la paternidad de Luis Posada
Carriles.
La relación posible se haría interminable, pero es suficiente
para demostrar que la historia expuesta a la luz pública en La
Habana es una perfecta y poderosa trasnacional del crimen.
Tantas y tan graves violaciones de la soberanía de los
países, de las leyes internacionales y hasta de las más
elementales normas de la decencia, parecen extraídas de una
colosal novela de ficción, escrita y amasada con dinero, mucho
dinero.
Pero paradójicamente esa tenebrosa y casi indescifrable
historia, constituye precisamente su Talón de Aquiles.
Tan delicado se torna el asunto que quienes todo lo pueden,
hasta invadir países con pretextos mentirosos y totalmente
inventados, se ven obligados ahora a proteger a Posada,
convertido por obra y gracia de todo lo que sabe, en una
peligrosa y molesta pieza del engranaje tejido durante años.
El Encuentro, no obstante, demuestra que las víctimas del
terrorismo no son los únicos agraviados, pues cada vez estarán
más acompañados, pues esta batalla por la justicia y la verdad
apenas comienza y avanzará como indetenible bola de nieve que
promete, más temprano que tarde, diseñar y alcanzar un mundo
donde vivir seguro no sea una quimera. (Comentario del periodista cubano Ángel Rodríguez Álvarez)
contra el terrorismo, por la verdad y la justicia, que tiene
lugar en La Habana desde este jueves, es la de descifrar las
complejísimas conexiones existentes entre los más diversos, y en
ocasiones aparentemente ajenos, factores promotores del terror.
Así, sin profundizar mucho, se descubren mediante la simple
exposición de episodios, los hilos conductores de una virtual
madeja desatada que recorre países, cruza océanos y rebota para
reaparecer siempre en su lugar de origen.
El Plan Cóndor tramado en Chile, por ejemplo, muestra
ramificaciones, sangrientas por cierto, en Washington, muy cerca
de la Casa Blanca, con el brutal atentado a Orlando Letelier y
su secretaria Ron Moffitt, llega a la Argentina para acabar con
la vida del general chileno Carlos Prats y su esposa, visita El
Salvador para asesinar a Monseñor Arnulfo Romero, y hasta más
allá, a la lejana Europa a la caza de Pascal Allende.
Pero el hilo conductor de estos episodios se enreda en
República Dominicana, con la formación de la CORU (Coordinadora
de Organizaciones Revolucionarias Unidas), creación de la
Agencia Central de Inteligencia (CIA) de George Bush (padre),
con la finalidad de establecer el control de los grupos mafiosos
de la Florida, hasta entonces operando a su libre arbitrio.
Los personajes son en todos los casos los mismos. De ese modo
Félix Rodríguez aparece en La Higuera tras el Che, desempeña un
papel protagónico en la ilegal operación de suministro bélico a
la contra nicaragüense. Allí estará también Posada Carriles,
como antes estuvo en la tenebrosa DISIP (policía política)
venezolana y en otros muchos otros escenarios donde se cocine un
crimen, y siempre de la mano de Orlando Bosh.
Pinochet, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera, Pepe Figueres
y otros dan la bendición a Bosch, Posada, Novo Sampoll, y todos
cuando en un increíble y promiscuo carnaval irán a rendirle
cuentas al capo Bush, padre del hijo del hermano del hijo, como
prefiere identificarlos con fina intención y humorística ironía,
el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Un episodio conduce al otro: a la invasión de la CIA contra
Guatemala, se enlaza con la Nicaragua de los Somoza, a la guerra
norteamericana de agresión a Corea, el desembarco mercenario por
Bahía de Cochinos y la promoción del bandidismo en Cuba, la
escalada bélica en Viet Nam y el magnicidio de Dallas.
Ni hablar del archiconocido crimen de la nave de Cubana de
Aviación en Barbados (en el que perecieron 73 personas), la
bomba del hotel Copacabana donde pereció el joven italiano Fabio
Di Celmo, y del intento de genocidio en Panamá, los tres
hermanados por obra y gracia de la paternidad de Luis Posada
Carriles.
La relación posible se haría interminable, pero es suficiente
para demostrar que la historia expuesta a la luz pública en La
Habana es una perfecta y poderosa trasnacional del crimen.
Tantas y tan graves violaciones de la soberanía de los
países, de las leyes internacionales y hasta de las más
elementales normas de la decencia, parecen extraídas de una
colosal novela de ficción, escrita y amasada con dinero, mucho
dinero.
Pero paradójicamente esa tenebrosa y casi indescifrable
historia, constituye precisamente su Talón de Aquiles.
Tan delicado se torna el asunto que quienes todo lo pueden,
hasta invadir países con pretextos mentirosos y totalmente
inventados, se ven obligados ahora a proteger a Posada,
convertido por obra y gracia de todo lo que sabe, en una
peligrosa y molesta pieza del engranaje tejido durante años.
El Encuentro, no obstante, demuestra que las víctimas del
terrorismo no son los únicos agraviados, pues cada vez estarán
más acompañados, pues esta batalla por la justicia y la verdad
apenas comienza y avanzará como indetenible bola de nieve que
promete, más temprano que tarde, diseñar y alcanzar un mundo
donde vivir seguro no sea una quimera. (Comentario del periodista cubano Ángel Rodríguez Álvarez)





